Una o dos veces

La señora de la tienda naturista era muy simpática.

En dos minutos me enteré que era de Uruapan, Michuuacán, que está “bien cerquita de Pátzcuaro y es… uuy”.

Me entero también que su tienda tiene 5 años aquí en Calzada de las Águilas, pero que ella le sabe al negocio porque trabajó 30 años en la tienda de su hermana (mismo giro).

No se separaron peleadas, se llevan…uy re bien, se adoran, vieran … nomás que hay veces que cada quien lo suyito. A la hermana le va bien, a ella no tanto. Y es que, bueno, ¿a quién le va bien en esta ciudad? A nadie, absolutamente a nadie.

La señora de la tienda naturista tiene dos hermanos que ya son ciudadanos estadounidenses, les costó canijo, pero ya son, ya la hicieron, viven en Nueva York y ella también ya está pensando en irse porque aquí nada pasa; se irá, se irá porque aquí ya nada puede salir bien, la vida en la ciudad es una gran bajada sin frenos.

Le digo que le piense, porque luego… y me completa la frase:

“Porque luego uno se pone a llorar”.

Si, si, por eso.

“Eso que ni qué. Ya lloré una vez, cuando me vine a casar desde Uruapan, tengo que pensar si quiero llorar dos veces en la vida. No sé, no sé todavía”.

Uf. Yo tampoco sé señora simpática de la tienda naturista. Yo tampoco sé.

2 thoughts on “Una o dos veces

  1. En mi antigua chamba había una señora que vivía con depresión crónica. Siempre me decía: “Ya no quiero llorar, porque siempre que lloro me empiezo a acordar”. A mí me pasa, regularmente, al revés; pero en fin, todo mundo tiene su método.

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