Los cuadernos

No soy nada especial. Casi todas las personas que conozco  aman los cuadernos de hojas blancas, con empaste lucidor.

El placer de hundir una pluma que escriba “rico” lo conocemos bien. La tinta se deliza por la hoja, la punta de la pluma baila con ritmo, sentimos el gordito de las hojas como cuando nos acostamos sobre alguien y ese alguien huele bien. Cierra los ojos y piensa un cuaderno nuevo, un nuevo blog.

Luego siento que esos garabatos y las palabras, (no importa si dicen lo que quieren decir o no) se deslizan, se me van cayendo. Cierro y abro el cuaderno…unas horas después, hasta el dibujo más insignificante significa.

Supongo que todos lo han sentido.

Movie remake contest

Alguien va a regañarme por comentar tanto sobre Slate.com, pero me vale. Me gusta y qué.

Me encantó el concurso para pensar en remakes. (http://www.slate.com/id/2193943/?wpisrc=newsletter) Sorry, esto es post desde la ofi y no puedo poner linksss.

Un tipo propuso que se hicieran Los Cuatro Fantásticos politizados (Hillary sería la mujer invisible, la Antorcha Humana sería George W. Bush, un idiota incendiario ignorante de lo que él mismo provoca).

Otro quería que hicieran Troya con los Muppets (El añadido de los viejitos ácidos en el balcón leyendo La Iliada y sus diferencias con la película es francamente genial).

En fin. Eso es a lo que yo llamo buen periodismo.

Esta es una idea bizarra que se me ocurrió cuando entré a ver V for Vendetta:

-En lugar de Hugo Weaving, V tendría que ser actuado por Alan Moore. No conozco otro ser vivo que pueda darle tanta oscuridad a un personaje. Siempre he pensado que V es el personaje más autobiográfico de Moore.

***
En otra carta a Santa Claus cinematográfico le voy a pedir que:

-Ang Lee haga una versión de todas las películas de superhéroes: le quitaría lo simplón a Spiderman y le daría un verdadero enemigo a (papito) Tony Stark, uno a su altura psicológica al menos.

Que sea Ang Lee por favor quien dirija esta secuela imaginaria de destape: Batman goes Brokeback.

-Que Wong Kar-Wai musicalice Sonata de Otoño, de Bergman. Es todo lo que le falta para ser perfecta.

Perdiendo

Cuando algo muy duro me pasa (cuando recuerdo pérdidas y escribo sobre ellas, por ejemplo) empiezo aactuar como el protagonista de Memento.

Ayer saqué dinero del cajero, pensé todo lo que tenía que pagar este fin de semana y acto seguido (acto fallido) lo metí en la bolsa de mi pantalón. Cuando busqué ya no estaba. 1’500 pesos tirados a la basura.

O mejor, en la bolsa del pantalón de alguien más.

También dejé mi gabardina preferida en un consultorio. Así. Nomás me paré y la ignoré. Como si no hubiera sido anaranjada. Como si no hubiera sido la única gabardina que he tenido en mi vida. Como si no la fuera a extrañar.

Hoy en la mañana busqué mi celular y tardé dos horas en encontrarlo. Lloré, por supuesto, porque allí está la mitad de mi vida: fotografías que aún no bajo, grabaciones irrepetibles (entrevistas, sonidos de los lugares a los que viajo, la voz de personas a las que grabo sin que se den cuenta para luego oírlas a solas).

Afortunadamente el celular fue encontrado debajo de las cobijas.

No recuerdo haberlo metido allí.

Estoy tratando de diagnosticarme solita: quizás la pérdida que estoy recordando es tan grande que pierdo otras cosas para no acordarme de esa.

Suena como algo que yo haría.

Perversitito

Perversiones van, perversiones vienen, pero ésta es una de las más lindas que he escuchado.

Una mujer pregunta a una columna mochilona qué hacer después de que su marido, con quien lleva dos años de feliz de relación, le ha confesado que le excita llevar pañales puestos. Me encantó. La columnista no perdió la oportunidad de mearse de risa del tipo: la carta se titula “He likes to Pamper himself”.

La pobre chava no sabe si seguir con su felicidad o tirarla al caño porque al hombre se le antoja traer boludito el culo y perseguirla por el cuarto vestido como el patito Huey.

Lo quiere, pero ya no lo desea. Un sacón de onda. Un mar de lágrimas en ese hogar, pues.

Yo digo que le diga: “Me quedo contigo, pero eso DEPENDs“.

***

Dos años son apenas una probadita de alguien. En realidad uno conoce poco de con quién duerme. ¿Qué nos estaremos escondiendo? Ya se verá.

Germán Robles, entrevista con el vampiro

Nunca fui fan de Anne Rice, pero confieso que el título de este libro me parecía estupendo.

¿Qué clase de preguntas se le hacen a un inmortal?

Lo lógico sería, como lo hace Rice, hablar del tedio. Pero yo incluiría, a todo lo que da, el tema de la muerte. Después de todo, nadie con una visión más pulcra. Hablaría también del erotismo que va pegado a la muerte: es mi tema favorito y los vampiros, como pude comprobar ayer, son buenos conversadores.

Nadie me abrió la puerta ni me invitó a pasar. Como pude me metí en la casa de Miguel Ángel de Quevedo y busqué sola a mi entrevistado. Me topé con Germán Robles sentado en un sillón negro. Un sillón de plástico inflable que se hubiera visto chafa y barato si de él no hubiera salido esa voz subterránea, húmeda y profunda que me saludaba sobre el rumor de la lluvia.

“La estaba esperando”, dijo pausadamente y juro que me recorrió un hilito frío por la espalda hasta escondérseme en las nalgas.

El honorable Vampiro mexicano me trató con sequedad al principio y fue haciéndose más dulce conforme pasaba el tiempo:se lo agradezco. Odio que la gente me sonría de entrada, sin conocerme.

Mientras me platicaba de aquél 1957 en que la película se mantenía ocho meses en cartelera, pensaba que su voz podía llenar cualquier hueco, era una voz primigenia . (Un vampiro anciano con la potencia intacta, pues) Es extraño: la misma voz viene acompañada de un saquito de huesos diminuto y una nariz demasiado grande. Sentarse frente a él es ligeramente desconcertante.

El señor me contó que había sido amigo de León Felipe. Veía para adentro y decía Don LEÓN Felipe. Qué nombre de poeta, acoté yo.

Ahí dejó de ver para adentro y por primera vez aventuró sus ojitititititos hacia mí.

Poeta y republicano, me dijo él.

Después de tantas entrevistas, todavía me maravilla el momento exacto en que dos personas conectamos, aunque sea de forma artificial y breve.

Me maravilla porque así como uno se da cuenta *CLING* del minuto exacto *CLING* en que se empieza a estar enamorado o se deja *CLING* de ser niño o se deja de estar bien en un trabajo *CLING* , así uno sabe cuando acaba de construirse un pequeño puente con los ojititititos del otro.

Así es cuando uno, sin importar de lo que hable, estará hablando de lo mismo.

Me caigo re mal

5 razones por las que ud no querría, ni regalado, cambiar cuerpos conmigo:

-Leo a gente y la quiero. No quiero querer a nadie, pero me dan ganas de decir, por ejemplo: Jorge Harmodio, ¿qué te tomas? Yo te invito. Ven a mi casa, platiquemos toooda la noche de pinche literatura. Veamos unas pelis y cuando te vayas porfa, escríbeme algo, mándamelo a mi correo, lo que sea. No tienes idea qué curativa me resulta tu escritura.

(Soy tan burra).

-Me importa madres la opinión de casi todo el mundo. CASI de todo el mundo. Ahí está el detalle. Lo peor es que muchos de mis ‘casi’ conocen mi hipersensibilidad a sus comentarios y a veces como que no quiere la cosa, se ensañan.

-Soy tímida de clóset. Si alguien me gusta me escondo y no puedo verlo a los ojos, por ejemplo. Como niña chiquita, chingá; y mientras más me gusta más idiota me pongo. Lo peor es que con esta crónica y closetera timidez, todo el desmadre de la carta me ha vuelto una neurótica del post. Llevo tres posts hiper concientes de sí mismos. Casi extraño cuando pensaba que nadie me estaba leyendo.

-Me saca mucho de onda la grosería humana. ¿Quéee? No mames Ira, pero tú eres la persona más pelada de todo Lomas de las Águilas… Sí, sí, lo sé y esa es la cuestión. Cuando yo digo groserías nunca quiero ofender a nadie. Casi nunca, pues. La mayor parte de las veces, las groserías son para mí una forma de jugar.

-He hecho muchas pendejadas en mi vida y mis amigos, tan memoriosos, últimamente se dan a la tarea de recordármelo. Qué bueno. No esperaba menos de ellos. Nomás que no se pongan de acuerdo, chaaale.

Una columna de cine

Ya me había hecho shameless self-promotion aquí, pero ahí va de nuevo.

Este mes salió en Chilango mi columna despotricadora sobre Sex and the City. Sale la columna impresa y cuando se estrena la película, la suben al sitio web. Es gratificante leer los comentarios en el sitio y ver tanta mentada de madre. Algunos ejemplos de niñas chilanguitas ofendidas:

-“tomarse un cosmo y platicar de 1000 cosas con tus amigas es lo mejor del mundo”

-“obvio, jamás entendiste la serie. Es uno de los mejores ejemplos de mercadotecnia y así como construyó o terminó de posicionar a muchas marcas también hizo revivir el glamour de una de las ciudades más cosmopolitas del mundo como es NY”.

-“Por supuesto que estoy más que enojada con este comentario epro beuno estas en tu derecho. Desde que lei la revista me indigno pues no pusieron el otro punto de vista… Sex and the city refleja mil cosas de nuestra vida diaria y los problemas en las relaciones con los chicos y la amistad con las chicas… siempre nos identificamos con uno u otro personaje. Además glamour y el romance no le hacen mal a nadie…”

Creo que pronto tendré que postular para The most hated girl on earth. (Aunque es inútil, nadie iría a la ceremonia de premiación).

Tampoco soy cínica. A veces me duele el corazoncito de tanto madrazo…naaaa, no es cierto… me vale mil madres. Lo que sí quisiera saber es por qué mis comentarios supuran antagonismo. La gente lee algo mío y avienta piedras.

Suerte dirán algunos.

***

Hace un mes también hablé de Iron Man y antes del biopic poético de Bob Dylan, I’m not there (cuyo link ya no encontré). En la crítica de Iron Man nomás molesté a un bato que se enojó porque comparé al Hombre de Hierro con Batman.

Bueno, bueno, 1. yo avisé que fanfromhelleo cuando se trata de hablar de Robert Downey Jr. Qué puedo decir, amo a los hombres que conocen su propio abismo. 2. Mi superhéroe encapotado favorito es y seguirá siendo Batman. Sobre todo porque YO soy Batman.

Nada más dije que Iron Man nació, en las manitas santas de Kirby, como un ser retacado de malicia as opposed to Batman que nació como un paladín hasta que Frank Miller lo hizo neurótico en los 80 y lo dotó de una fragilidad extraordinaria (fragilidad con la que me identifico plenamente. Por eso soy Batman).

***

Me encanta hablar de cine, chingado. Esta columna me sostiene de muchas formas, aunque no reciba yo ni un peso por escribirla.

Gracias Felipe.

Cositititas

Tengo ganas de poner más links en este blog (no se pierdan lacolumna.wordpress.com, por ejemplo, ni el de Lluvia lipstickymamadas.blogspot.com si quieren saber lo que es estar enamorada como una perra salvaje –no offense, of course–, en un estado de total abandono, que es la única forma de enamorarse y no perder la dignidad).

Tengo ganas de cambiarle la foto de arriba, quizás intentar un nuevo template. Siempre me pasan estas cosas después de que algo o alguien toca una fibra sensible. Quiero estar linda y lista para lo que viene. Me llena de esperanza lo que viene. Cualquier cosa que esto sea.

Esta vez fue lo de la carta. El fantástico desmadre que se armó por ella y que esperemos arme dos o tres fueguitos más.

Luego se extinguirá, como se extingue casi todo. Y ahí es donde, confío, entrará al quite la eterna juventud de esta vieja Ira, esta vieja yo que se rehusa a envejecer como Peter Gabriel y más bien quiere hacerlo como David Bowie: alimentado por esa furia controlada con la que aún disfruto todo y con la que siento que todo me atañe, me concierne, me ocupa.

Tengo ganas de decirles a todos “no estamos desviando la máquina, pero le estamos haciendo unas ronchotas al maquinista”.

Confío en mi. Espero no defraudarme.

***

Ayer le decía a Andrei que no sé si unas cuantas opiniones encontradas y vertidas en blogs son suficientes para que alguien cambie de opinión o por lo menos lo piense. Creo que a este respecto (si ser escritor o ser jardinero, si ser un animal político o no) casi todos ya tomaron una decisión. Unos lo saben, otros no.

Lo que me encanta es saber que hay gente callada, asustadita detrás de sus blogs políticamente correctos pensando “yo pa’ qué me embarro”. Gente cuyo silencio es de lo más elocuente. Están al pendiente del asunto (si no ¿por qué han subido casi al triple la vistas diarias de este blog?) pero se guardan.

Esa es justamente la postura política más interesante. La más despreciable, pero la más interesante desde el punto de vista sociológico. Porque el silencio y la abulia SON POSTURAS POLÍTICAS. ¿A poco creen que con no pensar en eso deja de existir? ¿A poco creían que por no opinar dejan de participar en la vida política? Je je. Ni madres. Ojalá fuera tan fácil.

Así estamos todos (sobre todo la izquierda exquisita, a la que no pertenezco por supuesto, nunca tuve tanta lana) en este país, calladitos detrás de nuestros autitos, nuestros departamentitos, nuestras fiestecitas, nuestras droguitas, nuestras chelitas.

Aquí todo es chiquitito.

Free range

Hace casi un año que no como pollo.

No el pollo anaranjado que venden en el supermercado, en todo caso.

Lo último que comí fue un pollo criado en un ranchito michoacano. Un pollo que, me aseguraron, corrió alguna vez y picoteo una lombriz viva.

La fina dureza y palidez de su carne me lo confirmaron: este bato hizo un poco de ejercicio cuando estaba vivo. (Luego pensé que yo sería un gran manjar. Suavecita suavecita. Pero esa es otra historia).

No dejé de comer pollitos porque me duela que los maten o algo así.

La muerte es lo de menos…

Todos moriremos más temprano que tarde y formaremos parte de alguna cadena de reaprovechamiento. Más temprano que tarde.

La muerte además, duele. No hay para donde hacerse.

Salvo raras excepciones de muertes aburridas de contar, la agonía nos estará esperando en el vestíbulo –toda de blanco, como Alex en La Naranja Mecánica, quizás con una sinfonía del divino-divino Ludwig de fondo y un bat en la mano–, lista para nosotros, un poco antes de la inevitable cita con la putrefacción.

La razón por la que dejé de comer pollo es muy simple: siento que me estoy comiendo un animal torturado en vida. Está cabrón nacer en prisión y nunca salir de ella.

De plano no me puedo sacar eso de la cabeza.

Y me gusta el pollo, de veras. O solía gustarme antes de que ver una chicken patita (una chicken tri-patita) me produjera una tristeza inexplicable.

Parece que no soy la única además. Por eso me encantó este texto de L.E. Leone, una peculiar granjera urbana.

Como muchos, yo también he pensado tener mis animalitos en el patio trasero de mi casa. Plantar algunas verduras. De perdida hierbas de olor. Tal vez hasta hacer negocio.

Mi día consistiría en: levantarme al alba con el kikirikeo, tirar unos cuantos granos de maíz en el piso para mis amigas, tomar los huevos de los nidos, desayunarlos con tortillas y de noche, degollarlas.

Caldo, sopa, mole. Quizás meterle un ‘segundo piso’ al gallinero y empezar el negocio familiar. Venderle mis ‘productos orgánicos’ a la gente mamerta o a la gente no mamerta que pueda pagarlo.

Free range chicken, putos. Carísimo.

Y talvez, agarrarle gusto a la sangre. Acechar a mi presa. Devolverme la humanidad y el instinto. Ver las gallinas vivas y solo pensar en caldo. Saboréarmelas mientras me ven con sus ojitos estúpidos.

Ahh, soñar.