Germán Robles, entrevista con el vampiro

Nunca fui fan de Anne Rice, pero confieso que el título de este libro me parecía estupendo.

¿Qué clase de preguntas se le hacen a un inmortal?

Lo lógico sería, como lo hace Rice, hablar del tedio. Pero yo incluiría, a todo lo que da, el tema de la muerte. Después de todo, nadie con una visión más pulcra. Hablaría también del erotismo que va pegado a la muerte: es mi tema favorito y los vampiros, como pude comprobar ayer, son buenos conversadores.

Nadie me abrió la puerta ni me invitó a pasar. Como pude me metí en la casa de Miguel Ángel de Quevedo y busqué sola a mi entrevistado. Me topé con Germán Robles sentado en un sillón negro. Un sillón de plástico inflable que se hubiera visto chafa y barato si de él no hubiera salido esa voz subterránea, húmeda y profunda que me saludaba sobre el rumor de la lluvia.

“La estaba esperando”, dijo pausadamente y juro que me recorrió un hilito frío por la espalda hasta escondérseme en las nalgas.

El honorable Vampiro mexicano me trató con sequedad al principio y fue haciéndose más dulce conforme pasaba el tiempo:se lo agradezco. Odio que la gente me sonría de entrada, sin conocerme.

Mientras me platicaba de aquél 1957 en que la película se mantenía ocho meses en cartelera, pensaba que su voz podía llenar cualquier hueco, era una voz primigenia . (Un vampiro anciano con la potencia intacta, pues) Es extraño: la misma voz viene acompañada de un saquito de huesos diminuto y una nariz demasiado grande. Sentarse frente a él es ligeramente desconcertante.

El señor me contó que había sido amigo de León Felipe. Veía para adentro y decía Don LEÓN Felipe. Qué nombre de poeta, acoté yo.

Ahí dejó de ver para adentro y por primera vez aventuró sus ojitititititos hacia mí.

Poeta y republicano, me dijo él.

Después de tantas entrevistas, todavía me maravilla el momento exacto en que dos personas conectamos, aunque sea de forma artificial y breve.

Me maravilla porque así como uno se da cuenta *CLING* del minuto exacto *CLING* en que se empieza a estar enamorado o se deja *CLING* de ser niño o se deja de estar bien en un trabajo *CLING* , así uno sabe cuando acaba de construirse un pequeño puente con los ojititititos del otro.

Así es cuando uno, sin importar de lo que hable, estará hablando de lo mismo.

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