Perdiendo

Cuando algo muy duro me pasa (cuando recuerdo pérdidas y escribo sobre ellas, por ejemplo) empiezo aactuar como el protagonista de Memento.

Ayer saqué dinero del cajero, pensé todo lo que tenía que pagar este fin de semana y acto seguido (acto fallido) lo metí en la bolsa de mi pantalón. Cuando busqué ya no estaba. 1’500 pesos tirados a la basura.

O mejor, en la bolsa del pantalón de alguien más.

También dejé mi gabardina preferida en un consultorio. Así. Nomás me paré y la ignoré. Como si no hubiera sido anaranjada. Como si no hubiera sido la única gabardina que he tenido en mi vida. Como si no la fuera a extrañar.

Hoy en la mañana busqué mi celular y tardé dos horas en encontrarlo. Lloré, por supuesto, porque allí está la mitad de mi vida: fotografías que aún no bajo, grabaciones irrepetibles (entrevistas, sonidos de los lugares a los que viajo, la voz de personas a las que grabo sin que se den cuenta para luego oírlas a solas).

Afortunadamente el celular fue encontrado debajo de las cobijas.

No recuerdo haberlo metido allí.

Estoy tratando de diagnosticarme solita: quizás la pérdida que estoy recordando es tan grande que pierdo otras cosas para no acordarme de esa.

Suena como algo que yo haría.

Advertisements