Perdiendo

Cuando algo muy duro me pasa (cuando recuerdo pérdidas y escribo sobre ellas, por ejemplo) empiezo aactuar como el protagonista de Memento.

Ayer saqué dinero del cajero, pensé todo lo que tenía que pagar este fin de semana y acto seguido (acto fallido) lo metí en la bolsa de mi pantalón. Cuando busqué ya no estaba. 1’500 pesos tirados a la basura.

O mejor, en la bolsa del pantalón de alguien más.

También dejé mi gabardina preferida en un consultorio. Así. Nomás me paré y la ignoré. Como si no hubiera sido anaranjada. Como si no hubiera sido la única gabardina que he tenido en mi vida. Como si no la fuera a extrañar.

Hoy en la mañana busqué mi celular y tardé dos horas en encontrarlo. Lloré, por supuesto, porque allí está la mitad de mi vida: fotografías que aún no bajo, grabaciones irrepetibles (entrevistas, sonidos de los lugares a los que viajo, la voz de personas a las que grabo sin que se den cuenta para luego oírlas a solas).

Afortunadamente el celular fue encontrado debajo de las cobijas.

No recuerdo haberlo metido allí.

Estoy tratando de diagnosticarme solita: quizás la pérdida que estoy recordando es tan grande que pierdo otras cosas para no acordarme de esa.

Suena como algo que yo haría.

6 thoughts on “Perdiendo

  1. Ay, chingao. Me llegó la pedradota. Yo también soy muy olvidadiza o ¿”perdediza”?. Últimamente me he dado cuenta que me concentro más en lo que hago (cuando lo hago) pa’ no andar sufriendo las consecuencias.
    Un día dejé la llave pegada en la puerta, llegué muy tarde del periódico, y al otro día, cuando desperté, mi mamá estaba sentada en la cama preguntándome si acostumbraba a hacer eso siempre, je, le había ahorrado un mensajito de texto diciéndome que le abriera. Eso estuvo bien, un buen susto me pegué, pero bueno. No me imagino si hubiera sido un príncipe azul (o uno no tan azul).
    Qué caray…
    ¡Saludos, Ira!

  2. Tal vez deberías de ver “Old Boy” o tal vez ya la viste, yo a veces me siento como el protagonista cuando trata de… ok ok, vela y estoy casi seguro que entenderás a qué parte me refiero.

    Saludos.

    P.D.: Si ya la viste, espero sepas de qué parte hablo, si no, ps no. Y siento que cantinflié.

  3. Holi hola. Aquí nomás, de visita…
    y de lo que comentas, qué mal plan😦
    La vez que me robaron el cel me sentí completamente vulnerable. Mi primer pensamiento (un poco pendejo, la verdá) fue: “¿y ora cómo voy a saber la hora?” pero poco a poco fui cobrando conciencia de la gravedad del asunto. Había que reportar el fono robado… y yo no me sabía el número. Quise llamarle al Albert pa pedirle que lo reportara… y descubrí que tampoco me sé su n+umero. Acabé llamando a casa de mi papá para pe4dirle el no. de Alberto y etcétera.
    Luego, descubrir todos los datos perdidos. Muy triste.
    Y eso, por no contarte de mi truco de magia: “cómo desaparecer cualquier papel importante -incluyendo papel moneda- en menos de dos minutos”. Hace poco encontré en un cajón un rollito de billetes… de cuando el dinero tenía tres ceros más.
    Así de güey. Al menos no me robaron esa lana :S
    En fin, mucho choro, perdón.
    Un saludote.

  4. Una se pierde y el mundo resulta tan pequeño. Entré al blog de Armodio para leer a Aristegui, también soy fan, y resulta que salen las fotos de la presentación en el Instituto Cervantes aquí en parigi, ahí estaban todos los cuates, incluído el presentaor. Y concuerdo contigo que el “presentado” tiene cara e buena gente. Y yo escribiendo tanta pendejada en otro de tus posts que no puedo borrar (mi blog si lo permite). Total, que el mundo es un pañuelo y que ya le pediré a alguno que me pase Musofobia. Saludos.

  5. Híjole, a mí se me perdió la semana pasada un gorro cubano de piel que había sido de mi madre y antes de una tía y desde niña se lo bajé porque me gustaba, gastado, sin forro, pero significaba mucho. Yo pierdo cosas cuando se avecina una etapa de stress, como si para poder enfrentar la vorágine tuviera que perder cosas y mi cuota para enfrentar la tensión de la realidad fuera perder lo más querido o necesitado; como si no me mereciera sortear el mundo sin perder nada. Dejé paegadas las llaves incontables veces, se me fue el dinero de la renta un par, un gato y un chingo de objetos insustituibles. Cuando pasa, me parece que me lo hice yo en una especie de obstinación masoquista. Jajaja ya también me diagnostiqué. Tu blog tiene juego y sabor, gracias. Me atrevo a comentarte aunque te conozca más por acá que por el mundo de afuera.

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