“I never expected…”

Gaiman y yo… diablos qué bien se siente decir eso, ejem… últimamente Gaiman y yo andamos vibrando algunos temas de forma simultánea. Aquí un extracto interesante de por qué este magnífico escritor sigue apoyando al Comic Book Legal Defense Fund (CBLDF), una organización dedicada a preservar la libertad de expresión en los cómics:

When people ask me about why I support the CBLDF and what it’s for, I talk about the First Amendment, and the countries that don’t have it — places where, as you’ll learn in in this Wall Street Journal article, you can be arrested for drawing cartoons…

On a sunny May morning, six plainclothes police officers, two uniformed policemen and a trio of functionaries from the state prosecutor’s office closed in on a small apartment in Amsterdam. Their quarry: a skinny Dutch cartoonist with a rude sense of humor. Informed that he was suspected of sketching offensive drawings of Muslims and other minorities, the Dutchman surrendered without a struggle.

“I never expected the Spanish Inquisition,” recalls the cartoonist, who goes by the nom de plume Gregorius Nekschot, quoting the British comedy team Monty Python. A fan of ribald gags, he’s a caustic foe of religion, particularly Islam. The Quran, crucifixion, sexual organs and goats are among his favorite motifs.

Mr. Nekschot, whose cartoons had appeared mainly on his own Web site, spent the night in a jail cell. Police grabbed his computer, a hard drive and sketch pads. He’s been summoned for further questioning later this month by prosecutors. He hasn’t been charged with a crime, but the prosecutor’s office says he’s been under investigation for three years on suspicion that he violated a Dutch law that forbids discrimination on the basis of race, religion or sexual orientation.

If you’re offended by something, you talk about it. You make your own cartoons. You out-argue your opponents. You don’t stop them talking, or cartooning. That’s wrong. Because if you can do that to them, someone else can do that to you.

It’s why supporting freedom of speech so often involves defending the indefensible, and is, often uncomfortably, the right thing to do.

Supermercado

Sólo quería decir que encuentro en las pequeñas tareas domésticas un descanso para mi mente atribulada.

Encuentro en esos pasillos alumbrados por gases nobles una especie de confort, la insoslayable vuelta a lo que me une con mi vecino: los vales de despensa, los preciosos minutos desperdiciados meditando si el papel de baño es realmente un artículo de primera necesidad y, si lo es, por qué nadie me explica entonces la diferencia entre un rollo supermax de hoja doble y uno de resistencia triple. ¿Vale más la pena comprar 24 rollos sencillos que 12 dobles? Un pasillo entero se les dedica a estas cosas, alguna importancia tendrán.

¿Y en las salsas botaneras? El misterio se eleva. ¿Quiero que mis palomitas piquen más? ¿Valentina roja o negra? ¿O salsa Buffalo para acordarme de mi hermano muerto de la risa frente a una película de Steve Mcqueen? Y pensándolo bien, yo no debería estar comiendo palomitas…lo que es peor: yo como palomitas, deba o no hacerlo, así que igual debería protegerme y sólo para cuando no alcance a hacer caso a mis propios regaños, comprar salsa Valentina. La compro.

Ya en las cajas pienso que la mitad de lo que traigo en el carrito mi mamá lo hubiera tirado por la ventana. ¿Agua embotellada? ¿Para qué quieres eso? ¿Endulzante bajo en calorías? ¡Si no quieres calorías, no le pongas endulzante y ya!

Mi mamá era muy práctica.

(Por eso siempre que viajo destino una noche para visitar a conciencia un supermercado local, no siento que conozco la vida de un lugar hasta que veo por cuántos tipos de rollos de papel sanitario pierden la cabeza).

Yo soy Batman, pero no ese Batman

¿A quién puede gustarle la idea de ser el Batman de Christopher Nolan? No no. Yo soy el de Moore (I wish). En una de esas (en mis más adictivas y autodestructivas épocas) soy el de Grant Morrison o el de Frank Miller.

Muy guapo muy guapo (¡chiquito!), muy American Psycho, muy carita bronceada y perfecta, pero a Nolan se le olvida que Batman es (y uno es cómo es, ni pa dónde hacerse) un verdadero hijoeputa. Es justamente su condición hijoeputesca lo que le permite a) lidiar con otros del calibre b) lidiar con ese dolor subyacente de ser un príncipe caído -en donde a) y b) son causa y consecuencia, se entiende-. Muy à la Lucifer Morningstar.

Batman es también Hamlet. Lo mueve el dolor, la soberbia, la mordacidad y en última instancia, la duda. ¿Existe tal cosa como una elección personal?

Estoy segura de que Nolan leyó los cómics. ¿Entonces por qué se le escapa este héroe cansado, doloroso y ojete? Un héroe que se ríe de sí mismo cada vez que puede, que se sabe pareja eterna de quien también se sabe archiantagonista. Bueno, no todos pueden ser Moore.

Lo que me parece es que a Nolan no se le escapó nada. Deliberadamente lo dejó fuera porque quería que su película hablara de cómo se vive el terrorismo en el corazón de los conejitos espantados. (¿No es el Joker un novísimo malo, de esos que la sociedad norteamericana no sabe cómo tratar, un malo sin raíces en el barrio ni disposición para los tratos como la hyperglamorizada Cosa Nostra?). La falta de sentido del humor en The Dark Knight se debe, creo, a que uno no puede hablar de terrorismo y atreverse a lanzar ni media broma.

Christopher Nolan es un buen director de explosiones, un excelente director de actores, sabe enredar  la trama como pocos, escoge bien sus paletas de colores, sus locaciones (fantástica elección la ciudad de Chicago como Gotham City. NY era un miscast), pero su dramaturgia deja mucho que desear. Desde mi punto de vista, dramaturgo es aquél que se sabe manchar las manos. No todos pueden ser Moore.

…bueno bueno. Ya la vi dos veces. Y la volvería a ver, qué caray. Tampoco se me va a quitar lo fan nomás porque a Nolan le estorba la realidad.

Ni modo.

***

Por otro lado…¡cómo te fuiste a morir, chingado!

Nada de que el papel te movió tanto que te dio por el suicidio. Te metiste un chingo de pastilla de prescripción médica por imbécil, ¡pero qué bello y qué talentoso imbécil, caray!

***

Antes de irme quiero sintonizarme con mi admirado Ernesto Priego a quien le rechazaron una renovación de su beca de doctorado. Tal vez en el Fonca no lo sepan, seguro ni les importa, pero le están negando la beca a una de las mentes más brillantes de su generación.

Recuerdo cuando quise hacer mi tesis sobre un cómic. Cursaba la carrera en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en Ciudad Universitaria.

Fui con un maestro, hoy director de la Facultad, doctorado en Semiótica por la Sorbona de París. Cuando le conté mis planes de tesis me preguntó para qué le serviría al mundo analizar el discurso de un cómic. ¿Crees que valga la pena? ¿No sería más honroso dedicar tu tiempo a otro tipo de análisis?

Terca y necia, unos meses después me metí a un curso de ‘apreciación de la historieta’ en esa misma facultad. El tipo sólo conocía a Rius. Hasta Mafalda (no se diga Moore ¿Moore, quién es ese?) le parecía un  rollo “extranjerizante” “Lo importante es reconocernos en nuestras propias expresiones artísticas”. Aaaargh. Un maestro de la FCPyS de la UNAM. (Ok, yo sé que en Filosofía y Letras hay otras perspectivas, pero eso fue lo que me tocó a mí). Recuerdo que le dije, con mi natural soberbia, que él sabía de cómics lo que yo sabía de tocar el trombón. Se enojó mucho y me corrió. (Je. Con esa cabeza tapada, seguirá, a la fecha, sabiendo -y enseñando que es peor- lo mismo de cómics que yo de trombón).

Por suerte y a diferencia del maestro egresado de la Sorbona, Ernesto Priego cree que los cómics, como cualquier otra expresión profunda de humanidad, valen la pena de ser analizados, poetizados, reconocidos, estudiados.

¿De verdad en el Fonca creen que los Ernestos Priegos no son necesarios?

No sé cómo, pero confío en que Ernesto terminará. Pero ¿había que ponérsela tan difícil, con una y dos?

El pub

Iba con la compañía correcta: cuatro o cinco personas con ese aire de no pertenecer.

Nos dedicamos a ver. No ‘estábamos’ (bueno, ella ‘estaba’ sólo mientras cantaba, él mientras veía el futbol, él mientras me miraba), pero el resto del tiempo buscamos un motivo, casi sociológico para quedarnos allí.

Se llamaba pub, que en otros lugares quiere decir pub, pero aquí quiere decir “sitio especialmente diseñado para los treintones solitarios cuyos gustos musicales se encuentran extrañamente homogeneizados”.

Un sitio oscurecido artificialmente, lleno de pósters de rockeros de los ochenta y motivos futboleros. Dos teles prendidas en un partido nacional, una mesera chilena con el rubio deslavado, un grupo de covers con un cantante washawashero vestido con un desafortunado crossover entre skato y early punk. (No hay nada peor que unos pelos mal parados con gel) Un guitarrista aburrido. Un bajista que, mientras acompaña OTRA, OTRA, OTRA de los Killers, piensa en su hija y su mujer, en la mensualidad de la casita que quiere comprar. Un baterista que sólo piensa en largarse.

Hay una mesa en que celebran un cumpleaños (¿32, 33?) Cuando se paran a bailar, (sobre todo el peloncito) señalan al cantante.

¿Por qué señalan al cantante? Quieren que el cantante los mire y recite para ellos. Quieren sentirse atendidos, conectados por una canción. Quieren demostrar que se la saben.

Ya entiendo por qué los gustos homogeneizados. Sería demasiado doloroso salirse del grupo. Sería odioso en una buena peda no tener qué cantar. ¿Entonces qué hacer? No pertenecer. (Y aunque en mi mesa, decía, nos las damos de ‘no pertenecer’ también nos las sabemos. Diosito).

Detroit, rock city. Qué extraña selección. Seguida por Wonderwall y OTRA de los Killers. Y yo que me había reconciliado con los Killers hace poco. Ya me los volvieron a hacer sopa (diría Mafalda).

Pero si parecen estarse divirtiendo, ¿por qué me amargan tanto? ¿por qué la pena ajena? Ahhh, pienso. Ahí está la respuesta. La pena no es ajena. Su frustración, esa que saca el peloncito cantándole al cantante, ES mi frustración, pero yo me la guardo y la posteo.

Chilangos

Muchos de mis amigos tienen adonde irse. Yo nada más tengo esta ciudad. Cuando algo sale raro y me crece la colita melancólica/enferma/triste yo no puedo decir: “me voy a mi tierra, me guardo como calcetín en otro lado del buró mientras se me pasa lo chipil”. Mis raíces están aquí, creo que en algún lugar de Av. Toluca. Soy agotadoramente chilanga.

El D.F. no da tregua con eso de pertenecer. Las calles no son tuyas. Los chilangos no somos muy afectos a presumir  ‘nuestro terruño’. Cuando mucho tenemos un centro comercial menos odiado que otro. Tal vez la casa de nuestros amigos de la infancia, pero ahora que pasamos por ahí está derruida, abandonada o es un Burger King.

Además, el D.F. está continuamente en reparación. Es como si te mandaran el mismo mensaje a diario: ”todavía no, pero pronto podremos empezar a vivir-vivir, lo que se dice vivir. Mientras tanto, uste’ nomás haga como que vive…ah y disculpe las molestias que le esto le ocasiona.”

Así en Viaducto, en Constituyentes, en Periférico, en Churubusco, en los nuevos edificios ¡tipo loft! en la Portales, el pavimento en Villa Verdún, en las varillas como promesa de un ramal que nunca se hizo en Altavista.

Las leyendas urbanas coinciden: “dicen que van a hacer un túnel subterráneo que empezará en Reforma y terminará en Puebla/Marte/Nuevo León, pero van a cobrar”; “dicen que el plan era mucho más arriesgado, mucho más extenso, pero los vecinos tiraron el proyecto y esto fue lo que quedó. Ni modos.”

A mí el D.F. me hace feliz cuando se desvanece en la noche, cuando las luces de los autos se hacen culebritas o estelas en el segundo piso del Periférico, a la altura de Barranca del Muerto.

Ésa es mi ciudad: una mera imagen, una toma nocturna.

Lo malo es que no me puedo ir allá a pasarme unos días. Mi terruño no existe más que en mi mente.

Sobre el respeto

Parece que Neil Gaiman (quien por cierto cada año se ve más guapo) y yo estuvimos leyendo lo mismo; fueron exactamente los mismos dos párrafos de la entrevista a Salman Rushdie en The Guardian los que llamaron nuestra atención:

Does he agree there should be discrimination against Muslims? “I don’t think there should be discrimination against anyone. Nor do I think Martin was advocating that. The point is this: I don’t have to agree with what you or anybody says to defend their right to say it. To have Martin articulating a public fear in this rather knockabout way was justified. If we don’t say what we think or articulate what is being generally thought, then we are self-censoring, which is wimpish.

“I thought the attack on Martin in the Guardian by Ronan Bennett [in an article published last November and condemned by McEwan] was out of order. To say he is racist because of that is wrong. I may not like the things you believe and, by the way, the fact that you believe them makes me think less of you as a person. I may despise you personally for what you believe, but I should be able to say it. Everybody needs to get thicker skins. There is this culture of offence, as though offending someone is the worst thing anyone can do. Again, there is an assumption that our first duty is to be respectful. But what would a respectful cartoon look like? Really boring! You wouldn’t publish it. The nature of the form is irreverence and disrespect.

***

A partir de la visita de Gaiman a Brasil, me enteré que a las historietas o a los ‘cómics’, en portugués se les dice ‘histórias em quadrinhos’.

Es una expresión tan dulce.

***

Alberto Chimal anda buscando versos. Entérese aquí.

The real thing

Una amiga y yo estamos en la misma etapa en la escritura de nuestra novela.

Leímos una parte de su novela en que su personaje le reclama a una naranja (palabras más, palabras menos) no ser lo suficientemente dulce,  no ser capaz de inspirar imitación.

Hace mucho, mi primo Memo señalaba la imposibilidad de una pobre manzana de saber “tanto a manzana” como un jugo. Pobre manzana, me acuerdo que dijo.

Hoy, desayunando mi guapo co-desayunante me platicó cómo truqueaban los alimentos para fotografiarlos:

-al bisteck le ponen vaselina y mermelada de arándano para que brille y se mantenga roja.

-el líquido en pleno splash de una foto no es líquido, sino un vidrio esculpido.

-a las frutas y a las verduras se les pone agua con glicerina para que se peguen las gotas de “rocío”

-el hielo es de hidrogel para que no se mueva.

-el whisky es té negro. Según me explican, el alcohol ‘se agarra’ del vaso y lo mancha. (No iremos para allá, es una metáfora muy chafita).

-la verdadera lluvia no se ve en el cine. Hay que tirar litros y litros de agua para poner regaderas con chorros dirigidos.

The real thing is not enough for us.

Ever.

Fehaciente

La prueba indiscutible de que leer (y hacer caso de ) noticias de forma compulsiva no es vida, es esta declaración de Ingrid Betancourt a The Guardian:

“She had an old radio which was a lifeline for the messages her mother regularly broadcast and for keeping up with news. She has said the biggest event was the war in Iraq, and described crying with emotion when she heard her friend Dominique de Villepin address the UN as French foreign minister, cautioning against the war. She also clung to any news on the BBC of the journalist Alan Johnston held in Gaza.

“I followed all his ordeal, every day. I remember the BBC transmitting messages to give him hope. I listened to his press conference and when I heard his words, I was thinking this guy has gone through what I’ve gone through. He knows perfectly what I’m feeling.”

Debe ser terrible asirse a la realidad por las pequeñas bocinas de una radio de pilas. Por eso a nosotros se nos olvida todo, nos vale madres todo: es más importante planear a dónde vamos a chupar o con quién vamos a dormir.

Cuando leí esta nota pensé que mis cuentas por pagar, la mala memoria para los nombres de los políticos (Mouriño era…secretario ¿de qué?, termino preguntándome siempre); esos compromisos sociales que detesto, las idas al supermercado y el tráfico a veces pueden ser vistos como prueba fehaciente de que estoy viva y semi-libre (no en el concepto de libertad filosófica, pues, nomás as opposed to not-kidnapped-in-the-jungle).

El triste

No sé si ya han visto este video, pero equivale a una medalla de oro nunca otorgada para el concursante mexicano, el jovencísimo José José en el Festival OTI (o como se llamó antes, II Festival de la Canción Latina, aunque era el mismo).

Vestido de Principito, José José hizo llorar a Angélica María y por dos minutos tuvo con la boca abierta, literal, a Marco Antonio Muñiz.

Siempre he pensado que los grandes cantantes viven de ese agujero profundo, imposible ya jamás de rellenar, que se le hace a todo ser humano cuando acaba de romper con el amor de su vida.

¡Qué manera de cantar con una y dos chingadas! Por estos cinco minutos con veinte segundos, José José se merece una estatua en Reforma.

La placa puede decir algo así, “Este es el hombre, aquél principito que encarnó la tristeza humana durante cinco minutos (20 segundos), un 14 de marzo de 1970: José José.”

Los Sopranos

Llámenme lenta, pero apenas voy en la segunda temporada.

Pasa que yo no veo tele, la rento.

No pago cable y nunca le he permitido a nadie, mucho menos a una televisora, disponer de mi tiempo (como “en el lunes a las 8:00 pm te chingas y llegas a tu casa a ver no sé qué”).

Estoy en pleno proceso de enamoramiento. Tony Soprano es esa vieja fuerza de la naturaleza que funciona con absolutos. Se cuestiona sí, pero tiene un sistema moral a prueba de balas que le contesta todas sus preguntas de forma conveniente y lo deja completamente tranquilo.

Es curioso que dicha característica resulte despreciable en una persona normal pero sea justamente lo que nos haga adorar a un personaje de ficción.