Fehaciente

La prueba indiscutible de que leer (y hacer caso de ) noticias de forma compulsiva no es vida, es esta declaración de Ingrid Betancourt a The Guardian:

“She had an old radio which was a lifeline for the messages her mother regularly broadcast and for keeping up with news. She has said the biggest event was the war in Iraq, and described crying with emotion when she heard her friend Dominique de Villepin address the UN as French foreign minister, cautioning against the war. She also clung to any news on the BBC of the journalist Alan Johnston held in Gaza.

“I followed all his ordeal, every day. I remember the BBC transmitting messages to give him hope. I listened to his press conference and when I heard his words, I was thinking this guy has gone through what I’ve gone through. He knows perfectly what I’m feeling.”

Debe ser terrible asirse a la realidad por las pequeñas bocinas de una radio de pilas. Por eso a nosotros se nos olvida todo, nos vale madres todo: es más importante planear a dónde vamos a chupar o con quién vamos a dormir.

Cuando leí esta nota pensé que mis cuentas por pagar, la mala memoria para los nombres de los políticos (Mouriño era…secretario ¿de qué?, termino preguntándome siempre); esos compromisos sociales que detesto, las idas al supermercado y el tráfico a veces pueden ser vistos como prueba fehaciente de que estoy viva y semi-libre (no en el concepto de libertad filosófica, pues, nomás as opposed to not-kidnapped-in-the-jungle).

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El triste

No sé si ya han visto este video, pero equivale a una medalla de oro nunca otorgada para el concursante mexicano, el jovencísimo José José en el Festival OTI (o como se llamó antes, II Festival de la Canción Latina, aunque era el mismo).

Vestido de Principito, José José hizo llorar a Angélica María y por dos minutos tuvo con la boca abierta, literal, a Marco Antonio Muñiz.

Siempre he pensado que los grandes cantantes viven de ese agujero profundo, imposible ya jamás de rellenar, que se le hace a todo ser humano cuando acaba de romper con el amor de su vida.

¡Qué manera de cantar con una y dos chingadas! Por estos cinco minutos con veinte segundos, José José se merece una estatua en Reforma.

La placa puede decir algo así, “Este es el hombre, aquél principito que encarnó la tristeza humana durante cinco minutos (20 segundos), un 14 de marzo de 1970: José José.”