The real thing

Una amiga y yo estamos en la misma etapa en la escritura de nuestra novela.

Leímos una parte de su novela en que su personaje le reclama a una naranja (palabras más, palabras menos) no ser lo suficientemente dulce,  no ser capaz de inspirar imitación.

Hace mucho, mi primo Memo señalaba la imposibilidad de una pobre manzana de saber “tanto a manzana” como un jugo. Pobre manzana, me acuerdo que dijo.

Hoy, desayunando mi guapo co-desayunante me platicó cómo truqueaban los alimentos para fotografiarlos:

-al bisteck le ponen vaselina y mermelada de arándano para que brille y se mantenga roja.

-el líquido en pleno splash de una foto no es líquido, sino un vidrio esculpido.

-a las frutas y a las verduras se les pone agua con glicerina para que se peguen las gotas de “rocío”

-el hielo es de hidrogel para que no se mueva.

-el whisky es té negro. Según me explican, el alcohol ‘se agarra’ del vaso y lo mancha. (No iremos para allá, es una metáfora muy chafita).

-la verdadera lluvia no se ve en el cine. Hay que tirar litros y litros de agua para poner regaderas con chorros dirigidos.

The real thing is not enough for us.

Ever.

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