Chilangos

Muchos de mis amigos tienen adonde irse. Yo nada más tengo esta ciudad. Cuando algo sale raro y me crece la colita melancólica/enferma/triste yo no puedo decir: “me voy a mi tierra, me guardo como calcetín en otro lado del buró mientras se me pasa lo chipil”. Mis raíces están aquí, creo que en algún lugar de Av. Toluca. Soy agotadoramente chilanga.

El D.F. no da tregua con eso de pertenecer. Las calles no son tuyas. Los chilangos no somos muy afectos a presumir  ‘nuestro terruño’. Cuando mucho tenemos un centro comercial menos odiado que otro. Tal vez la casa de nuestros amigos de la infancia, pero ahora que pasamos por ahí está derruida, abandonada o es un Burger King.

Además, el D.F. está continuamente en reparación. Es como si te mandaran el mismo mensaje a diario: ”todavía no, pero pronto podremos empezar a vivir-vivir, lo que se dice vivir. Mientras tanto, uste’ nomás haga como que vive…ah y disculpe las molestias que le esto le ocasiona.”

Así en Viaducto, en Constituyentes, en Periférico, en Churubusco, en los nuevos edificios ¡tipo loft! en la Portales, el pavimento en Villa Verdún, en las varillas como promesa de un ramal que nunca se hizo en Altavista.

Las leyendas urbanas coinciden: “dicen que van a hacer un túnel subterráneo que empezará en Reforma y terminará en Puebla/Marte/Nuevo León, pero van a cobrar”; “dicen que el plan era mucho más arriesgado, mucho más extenso, pero los vecinos tiraron el proyecto y esto fue lo que quedó. Ni modos.”

A mí el D.F. me hace feliz cuando se desvanece en la noche, cuando las luces de los autos se hacen culebritas o estelas en el segundo piso del Periférico, a la altura de Barranca del Muerto.

Ésa es mi ciudad: una mera imagen, una toma nocturna.

Lo malo es que no me puedo ir allá a pasarme unos días. Mi terruño no existe más que en mi mente.

6 thoughts on “Chilangos

  1. Bueno, cuando al chilango le toca irse a vivir a la provincia, ciertamente no siente lo mismo que un potosino que se regresa a su requetechiquito pueblo en la huasteca, pero ciertamente siente un confort especial cuando, entrando por Periférico NOrte, reconoce Cuatro Caminos y luego Chapultepec.
    Para tener nostalgia del terruño y sentir el jalón de las raíces, basta en realidad con ser un exiliado fuera de acá.

    Salud

    La esponja

    PD: ¿De niño ibas también al Cine Continental?

  2. Pero piensa también que estos días son los días en los que los chilangos pueden (¿podemos?) recuperar una ciudad que se sabe abandonada por los que están eternamente “de paso”. Besos.

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