Yo soy Batman, pero no ese Batman

¿A quién puede gustarle la idea de ser el Batman de Christopher Nolan? No no. Yo soy el de Moore (I wish). En una de esas (en mis más adictivas y autodestructivas épocas) soy el de Grant Morrison o el de Frank Miller.

Muy guapo muy guapo (¡chiquito!), muy American Psycho, muy carita bronceada y perfecta, pero a Nolan se le olvida que Batman es (y uno es cómo es, ni pa dónde hacerse) un verdadero hijoeputa. Es justamente su condición hijoeputesca lo que le permite a) lidiar con otros del calibre b) lidiar con ese dolor subyacente de ser un príncipe caído -en donde a) y b) son causa y consecuencia, se entiende-. Muy à la Lucifer Morningstar.

Batman es también Hamlet. Lo mueve el dolor, la soberbia, la mordacidad y en última instancia, la duda. ¿Existe tal cosa como una elección personal?

Estoy segura de que Nolan leyó los cómics. ¿Entonces por qué se le escapa este héroe cansado, doloroso y ojete? Un héroe que se ríe de sí mismo cada vez que puede, que se sabe pareja eterna de quien también se sabe archiantagonista. Bueno, no todos pueden ser Moore.

Lo que me parece es que a Nolan no se le escapó nada. Deliberadamente lo dejó fuera porque quería que su película hablara de cómo se vive el terrorismo en el corazón de los conejitos espantados. (¿No es el Joker un novísimo malo, de esos que la sociedad norteamericana no sabe cómo tratar, un malo sin raíces en el barrio ni disposición para los tratos como la hyperglamorizada Cosa Nostra?). La falta de sentido del humor en The Dark Knight se debe, creo, a que uno no puede hablar de terrorismo y atreverse a lanzar ni media broma.

Christopher Nolan es un buen director de explosiones, un excelente director de actores, sabe enredar  la trama como pocos, escoge bien sus paletas de colores, sus locaciones (fantástica elección la ciudad de Chicago como Gotham City. NY era un miscast), pero su dramaturgia deja mucho que desear. Desde mi punto de vista, dramaturgo es aquél que se sabe manchar las manos. No todos pueden ser Moore.

…bueno bueno. Ya la vi dos veces. Y la volvería a ver, qué caray. Tampoco se me va a quitar lo fan nomás porque a Nolan le estorba la realidad.

Ni modo.

***

Por otro lado…¡cómo te fuiste a morir, chingado!

Nada de que el papel te movió tanto que te dio por el suicidio. Te metiste un chingo de pastilla de prescripción médica por imbécil, ¡pero qué bello y qué talentoso imbécil, caray!

***

Antes de irme quiero sintonizarme con mi admirado Ernesto Priego a quien le rechazaron una renovación de su beca de doctorado. Tal vez en el Fonca no lo sepan, seguro ni les importa, pero le están negando la beca a una de las mentes más brillantes de su generación.

Recuerdo cuando quise hacer mi tesis sobre un cómic. Cursaba la carrera en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en Ciudad Universitaria.

Fui con un maestro, hoy director de la Facultad, doctorado en Semiótica por la Sorbona de París. Cuando le conté mis planes de tesis me preguntó para qué le serviría al mundo analizar el discurso de un cómic. ¿Crees que valga la pena? ¿No sería más honroso dedicar tu tiempo a otro tipo de análisis?

Terca y necia, unos meses después me metí a un curso de ‘apreciación de la historieta’ en esa misma facultad. El tipo sólo conocía a Rius. Hasta Mafalda (no se diga Moore ¿Moore, quién es ese?) le parecía un  rollo “extranjerizante” “Lo importante es reconocernos en nuestras propias expresiones artísticas”. Aaaargh. Un maestro de la FCPyS de la UNAM. (Ok, yo sé que en Filosofía y Letras hay otras perspectivas, pero eso fue lo que me tocó a mí). Recuerdo que le dije, con mi natural soberbia, que él sabía de cómics lo que yo sabía de tocar el trombón. Se enojó mucho y me corrió. (Je. Con esa cabeza tapada, seguirá, a la fecha, sabiendo -y enseñando que es peor- lo mismo de cómics que yo de trombón).

Por suerte y a diferencia del maestro egresado de la Sorbona, Ernesto Priego cree que los cómics, como cualquier otra expresión profunda de humanidad, valen la pena de ser analizados, poetizados, reconocidos, estudiados.

¿De verdad en el Fonca creen que los Ernestos Priegos no son necesarios?

No sé cómo, pero confío en que Ernesto terminará. Pero ¿había que ponérsela tan difícil, con una y dos?

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