The illusion of permanence

Doy vueltas pensando, dios qué novela tan tan no sé qué diablos estoy escribiendo chingá. Entonces tomo  prestados otros cerebros y juego al libro (es decir abro cualquier libro al azar y veo lo que tienen que decirme):

1.

-¡Qué bonitas lágrimas vierten tus nalgas!-le dice Ultrapop a mi chica.

Ella responde con el timbre de fax japonés y yo, congelado underground, no sé si creérmelo o no. Un descuido placentero para decir: “Some things come from nothing”, modifica nuestra situación.

(Lejos del Noise, Rafa Saavedra, Ed. Moho, 2002)

2.

Julia Castillo ya sabe que de vez en cuando debe levantar la mano, hacer un señal y decir: “¡Pido!, ya no juego”, antes de que le digan “encantada”.

(primera página de la revista “el perro”, editada por Yuri Herrera, año dos, número siete)

3.

I like the stars. It’s the illusion of permanence, I think. I mean, They’re always flaring up and caving in and going out.

But from here I can pretend…

I can pretend that things last. I can pretend that lives last longer than moments.

Gods come, and gods go. Mortals flicker and flash and fade.

Worlds don’t last; and stars and galaxies are transient, fleeting things that twinkle like fireflies and vanish into cold and dust.

But I can pretend.

(la voz del personaje Destruction, pág 13 de la novela gráfica Brief Lives escrita por Neil Gaiman, ilustrada por Jill Thompson y Vince Locke, Vertigo, DC Comics, 1994)

2 thoughts on “The illusion of permanence

  1. Yo cuando estoy así como que no sé ni cómo, ni pa’ dónde, ni por qué… Nadamás escucho “space oddity” de don bowie y, alguna que otra vez, de repente ya aterricé.

    Saludos.

  2. Ojalá sirva, y apoyando un poco:

    “… Cynthia y yo permanecimos sentados en silencio, escuchando su respiración. Estaba claro que habia envejecido diez años en los ultimos días y probablemente otros diez en los dos últimos años. Pensé que éste no era el mismo hombe que hacía poco tiemp regresara del golfo rodeado de gloria y de triunfo. Era sorprendente -pensé- que incluso los reyes, los emperadores y los generales pudieran caer a causa de las discordias domésticas, por la ira y la furia de una mujer agraviada. De algún modo, entre la sofisticación y las diversiones de este mundo, olvidábamos lo básico: cuidar de los asuntos hogareños primero y no traicionar nuestra sangre… ”

    La Hija del General, Nelson Demille. Ed. Grijalbo 1998

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