All this talk of getting old

It’s getting me down my love.

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Memoria olímpica

¿Te acuerdas qué grande se veía Jimmy Hendrix cuando ibas en la secundaria?

Y luego va uno y cumple la edad en la que Hendrix murió (27) y la sobrepasa por varios años y sigue sin sentirse ni tan sexy ni tan barbón ni tan capaz ni tan grande como Jimmy Hendrix.

Y luego me acuerdo que sólo pienso en la edad de Hendrix cuando siento el paso del tiempo arrastrándoseme por las piernas y también pienso que las Olimpiadas son buenas para llevarte al pasado… ¿qué estabas haciendo en Sydney 2000? ¿Y en Atenas 2004?

¿Con quién compartías la cama? ¿A quién ibas a ver esa tarde, después de ver los clavados femeniles?

O, mejor aún ¿por culpa de quién no viste ni una sola competencia y las olimpiadas se te pasaron en blanco?

Estaría bien llevar un diario olímpico: el año en que Michael Phelps, el del wingspan de 2.10 rompió todos los récords y ganó ocho medallas de oro; el año en que el de Jamaica, el mamililla del Bolt, rompió la barrera de los 9.70 en los 100 metros planos, ese año estuve contigo.

Contenerse

Un día Benjamín me dijo que Björk le caía mal. Sus razones eran extrañas. Me dijo “es talentosísima, pero no se sabe contener. Vomita talento y eso no me gusta.”

Benjamín es un artista plástico con un gusto casi japonés y está bien.

La contensión es importante (sobre todo cuando mero se te queman las habas) porque hace que la luz se vuelva un rayo dirigido en lugar de una lamparita fofa, pero cuando uno escribe la novela que yo estoy escribiendo, contenerse es absolutamente imposible.

No sé si es la novela que se derrama en otras partes de mi vida o al revés. Sólo a veces, mientras escribo tengo ganas de gritar.

A petición del respetable

Una pausa en la self-obsession, self-absortion.

Hoy no hablaré de mí. Hay millones de cosas más interesantes en la red:

-En Sinaloa prohibieron el uso de la minifalda en las prepas. ¡Eso, chinga! Lo que no entiendo es por qué aún no prohiben las paletas Tutsi-Pop. ¿No se han dado cuenta de qué gran invitación al sexo oral? ¿No? Pues qué lentos.

-Quentin Tarantino prepara una peli, una verdadera colisión entre el pulp y los nazis. Habrá que ver.

-La periodista en Georgia a quien hieren en vivo y cuyo estado de shock raya en lo sexy. (Y ya no empiecen con que tengo rasgos lésbicos, por dios).

-La obsesión en los medios con la estampa del Winnie Pooh en el medallón de la camioneta del secuestro Martí. Es tan absurdo como el crimen mismo.

Una nota visual para aquellos que no leen mucho. ¿No aman las fotos industriales? No sé. Yo adoro los cables. Hoy todo lo veo sexy, creo. Las fotos que me gustaron, por si no quieren picarle al link de la Wired, las copio a continuación:

Mis libros

Todo empieza a renovarse solito. No es que lo busque, solo pasa. Ayer le dije a la mushasha:  ¿podrías darle una sacudida a esos libros? Llego por la noche y me encuentro que los acostó todos en pilas, no puedo ver los títulos, sólo distingo entre distintos tipos de amarillo en las hojas viejas. 

Me ha dejado un recado extraordinario que cito letra por letra con plumón morado, el mismo que uso para dibujar mientras escribo (ah sí, esto de ser bipolar):

“Ya limpie los livros y el mueble. Ya usted escoge los libres que va a tirar o a comodar”.

Ahora bien, si yo no creyera en el destino la cosa sería diferente. (Y en realidad no creo, pero es que la combinación inconsciente/destino luego se hace indivisible). Pero ¿de dónde escuchó  Lupita en la frase “sacude los libros” un “estoy pensando deshacerme de algunos libros, siento que me atrapan? Quiero dejar ir algunos para que lleguen los nuevos. Nada mejor que nuevos libros (aunque sean viejos)”.

Además está la onda de que Lupita, tan sincera, cometió uno de esos fallidos que le dicen en psicología:

“Usted escoge los LIBRES”. Libra los escogidos. Tira los acomodos. A-comoda los tirados, los escogidos, los líbridos. Libre escoge usted sus libros libres. Libre, usted escoge.

Ay Lupita.

Vengan fotos

Empiezo a cansarme de este template. Estoy buscando uno nuevo, uno con letra más grande, menos sobrio quizás.

(¿Se podrá cambiar de cara, de color, de onda, de peinado y seguir siendo el mismo? ¿De qué depende tu personalidad? Intuyo que de cosas bien simples, como la forma en que caminas, si miras o no a los ojos, si hablas con fuerza o con dulzura. Pero también de tu peinado y tus colores, creo).

Debería postear más fotos, hacer este blog más visual. Igual hasta mis dibujos horribles voy a empezar a postear.

Dibujo horrible horrible, de veras. Pero me da un placer que no se compara con nada, así que igual estaría bien postearlo.

Dibujo así:

Si ella no puede nadie podrá

Hablo de la literatura.

Ayer me fui a la cama pensando lo de siempre: el camino más largo, pero más exquisito para llegar a donde necesito es la literatura.

Esta máquina anónima de la memoria humana -entendida como un todo, suma de las partes, sin importar cuántos libros inservibles haya uno leído, sin importar también quién haya firmado esos libros- ofrece la más potente salvación.

Ni la religión ni el psicoanálisis (y miren que últimamente soy fan de la última) son capaces de hacer que tu lavadora interna centrifugue con tal espectacularidad. Y es que cuando uno lee un libro no abreva sólo del que tiene en las manos: cuando lees un libro estás leyendo todos, todos los que has leído y los que leyó el autor al escribirlo.

La vedadera evolución de tu memoria, incluso de tu memoria corporal, se detiene cuando dejas de leer y avanza exactamente desde el punto en que la habías dejado cuando vuelves a tomar un libro.

Powerful those little thingies.

Y eso que todavía no llego a lo que puede hacer un libro por la realidad. Hace un momento, en mi lectura matutina de blogs saludé a Bef, quien últimamente ‘blande’ su blog como exquisita arma contra la ignorancia.

En su más reciente post, discute aquella falacia de que la Ciencia Ficción es un género muerto. ¿De qué hablan cánones, acaso no han echado un vistazo a la cartelera cinematográfica ultimamente?

Jeez.

Concuerdo completamente con Bef en aquel señalamiento (enorme, punk y lapidario por cierto, I’m certainly impressed):

“Y es que estoy convencido de que si el estado totalitario que vislumbraba Orwell en 1984 no existió nunca se debió, en parte, a la propia existencia del libro“.

Termina su post con una frase hermosísima, que he tenido la suerte de oírle en viva voz:

“El futuro no será de nadie. Pero alguien tendrá que soñarlo”.

So, let’s.