Kippelizados

En plena relectura voraz y express de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick.

Es curioso, pero la primera vez que la leí fui incapaz de notar la belleza del siguiente párrafo:

“–¿Y va a entrar sola en los apartamentos? –no lo podía creer.

–¿Por qué no? –volvió a estremecerse, e hizo una mueca, consciente de haberse equivocado.

–Una vez lo hice –dijo Isidore–. Después me metí en mi casa y no volví a pensar en el resto. Apartamentos donde nadie vive…, son centenares. Están llenos de cosas de la gente; fotos de familia, ropas… Los que murieron no pudieron llevarse nada, y los que emigraban no querían… Aparte de mi piso, este edificio está completamente kippelizado.

–¿Kippelizado? –ella no entendía.

–Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a la cama y deja un poco de kippel en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más. Cada vez hay más.

–Comprendo –la chica lo miraba con duda, no sabía si creer o no, ni siquiera si él hablaba en serio.

–Esa es la primera Ley de Kippel –dijo él–. El kippel expulsa al no-kippel…”

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