El perrito

No quiso que lo salvara.

Me hizo pedazos el alma y casi se lleva mi dedo índice. Vengo rota, rota; como la muñeca fea.

Me quiero ir a acostar pero se me hunde algo adentro  porque no pude salvarlo. Detuve el tráfico en esta calzada de porquería donde estrenan Hummers. Me detuve en medio de la calle; paré el auto, salí de él y me puse enfrente. No hubo un sólo cláxon que no me odiara por tres minutos. Caminé para detener a los que venían en contrasentido. Era chiquitito, del tamaño de un chihuahua, estaba asustado, muy asustado. Le dije ‘ven chiquito’ y vino, pero cuando quise agarrarlo me mordió.

A pesar de la mordida volví a buscarlo, lo empujé como pude hasta la acera; me volvió a morder, esta vez gruñó y chilló de tal forma que no tuve más remedio que dejarlo ir. Se echó a correr.

Su desconfianza a todo bípedo color rosa hizo el resto. El perrito se sentía más seguro en el arroyo vehicular que junto a las personas que pasaban por la calle.

Ay.

Los perros son tan como uno, carajo. Ahí hay alguien diciéndote, házte pa’cá, te van a atropellar y uno nomás no puede confiar ni un poquito.

***

Luego alguien puso Sonnet en la radio y entonces dije, ya estoy triste, ¿pus qué? Chingue su madre vamos a ponerle limón. Ay.

2 thoughts on “El perrito

  1. Concuerdo completamente con lo de que los perros son como nosotros o nosotros como los perros… Más por aquello de lanzar mordidas.

    Saludos.

    PD: Odio las snap previews del maldito wordpress.

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