Regresar

Hace tiempo que no me iba.

A veces pienso que cuando me voy algo se me queda allá y regresar me cuesta al menos una mañana entera y dos buenas noches de sueños pachecos.

Sueño que estoy allá en blanco y negro y me urge estar aquí, pero a colores. Sueño que vivo en un programa de televisión, a veces es un documental, otras un programa de concursos. El programa está en inglés y yo me enojo porque creo que secretamente todos hablan español, pero no pueden revelarlo ante las cámaras.

Me intriga saber si este viaje hubiera sido el mismo si no estuviera tejido con Hola América, una novela de J.G. Ballard que leí en el avión; o si los Flaming Lips no hubieran sentado un precedente anímico para hacerme dulce y doloroso el ocre de los bosques o el rojo de las grandes rocas a la orilla de la carretera.

Hola América me hizo tener pesadillas en tres hoteles del estado de Utah: pesadillas de sus primeras páginas, que me situaban en Manhattan proyectada hacia el futuro, donde la herrumbe carcome los grandes rascacielos después de una crisis energética. La primera imagen de Ballard, –calles desiertas de vida pero saturadas de oro puro brillando de forma imposible– me hacía cerrar los ojos de manera artificial.

Así cerré los ojos un día:

(Ah, por cierto, esa soy yo).

Fue un intenso viaje hacia adentro, hacia un lugar de mí que se contentó con decir ‘qué bonito’, sin buscarle más. Mi acompañante se llevó el récord del fotógrafo más silencioso del universo, así que aproveché y usé el tiempo de carretera (recorrimos de norte a sur, casi todo el estado de Utah y parte del de Colorado) para bloguear mentalmente. Lo raro es que nunca llegaba a la computadora para hacerlo en realidad.

(Me pregunto si mi manera de ver las cosas no se echó a perder para siempre desde que pienso en ‘blog’. Aunque no lo escriba, lo pienso así, como posteando).

Ayer estuve aquí, por ejemplo:

No se ve, pero en estos lugares el protagonista no es el magnífico sol, ni las nubes. Ni siquiera las formaciones rocosas. Es el viento. El viento hace su propia música, esculpe sus propias montañas, te empuja el coche si se le da la gana y, como buen abuelo jodón, juega con tu pelo hasta que te volteas y le dices “bueno ¡yaaaa!”. Pero acaba ríendose de ti y te vuelve a despeinar. Cuando por fin se va, lo extrañas un montón.

Con “Suddenly everything has changed” de fondo y estos arcos de piedra fue encabronadamente difícil no sentirse insignificante (y agradecida de serlo, por cierto):

Antes de llegar acá, estuvimos en un bosque de árboles Aspen que degradaban sus colores, preparándose para el invierno. Subiré fotos en el siguiente post, ya más preparada para decir cosas.

Ahora mismo el silencio está haciendo de las suyas dentro de mí.

Eso de regresar es un verdadero arte.

6 thoughts on “Regresar

  1. Bienvenida a casa Ira. Yo también empiezo a pensar en blog, es como si se preparara en la experiencia el próximo post. Las fotos son hermosas. Es curioso ver tu foto, curiosa esta relación de la lectura sin imagen del autor, no te imaginaba así, tampoco tenía una idea concreta. Un abrazo.

  2. Siempre sorprendes, tampoco te imaginaba asi, tampoco imaginaba un viaje a UsA como interesante (puro vegas, compras y estudios).
    Me gusta que estes de regreso pues entraba (al blog) a leer, por recomendaciones musicales, por una buena critica o reflexion, y nada.
    Este da para releerlo varios dias.
    Bienvenida al DF

  3. Miriam y Javier, gracias por la bienvenida, así uno hasta se siente uno con ganas de darle bofetadas al al mundo.
    Es curioso, entiendo perfecto que uno no pueda asociar la escritura de alguien con una cara específica, pero, pos ni modo, como decía mi madre que era una bárbara: ‘no tengo otra, es lo que hay’.

    Estaría padre si me pudieran decir cómo me imaginaban, sería divertido saber que alguien, mientras leía mis mentadas de madre por ejemplo, pensaba “seguro esta es rubia y narizona y por eso le tiene tanto odio al mundo”.

    Omar, chingao canijo, qué pinche gusto me va a dar verte el viernes. Allá nos vemos Libertario.

  4. Omar Mr. Pepper, ya ni la hace, le estuve marcando al celular pero nel.

    Chiale, yo también quería echar la chela con usté. No sabe, acá se le extraña y se le evoca muy seguido.
    Abrazo hasta la Liber.
    Nomás tú podrías vivir en un barrio con ese nombre, me cae.

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