Nacer del cine

No es cierto, no odiamos realmente a los gringos. Sin ellos, los cines no venderían palomitas: quizás la gente iría realmente a ver la película.

Los estados de Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México son, según los propios de la región, de las cosas más bonitas que dios dejó caer cuando estaba dormido. (Parece que la imagen Mafaldesca es internacional).  Son precisamente esos Estados los que se intersectan por territorio perteneciente a indios Navajo y Ute, (principalmente). Las famosas reservas.

Las fotos que puede sacar, hasta una camarita taruga como la mía, son espectaculares porque el paisaje no puede dar menos.

Lo terrible ocurre cuando se deja de ver el paisaje. Entonces vemos a la gente.

Es difícil no salir dándose golpes de pecho occidentales/freudianos/católicos/culpígenos: pobres indios, occidentalizados, son los payasitos que cobran por función, pinches gringos ojaldras.

Bueno sí, todo eso es cierto. Pero tiene sus contradicciones y sus asegunes.

Cuando uno llega a la reserva de los Navajos en Utah y se baja del inefable jeep turístico (hay partes a donde no está permitido entrar en vehículo particular), ya lo espera a uno un indio subido en un caballo que se deja tomar fotos.

La foto es así:

Habrá unas trescientas fotografías diarias idénticas a esta, pues todo lo que ven es un simulacro, una representación que los indios tienen bien estudiada de ellos mismos. Por hacer esto cobran propinas “ahí lo que sea su voluntad por darte el placer de ser lo que tú piensas que yo soy“.

(Ya sé, ya sé, tengo que leer a Baudrillard).

Venden artesanías, joyería de una plata que importan de dios sabe dónde, hecha dios sabe por quién, copiada de un catálogo de joyería de fantasía tipo Avon o similar. Es exactamente la misma artesanía que venden aquí en Xochimilco, en Coyoacán o en Rumania. No sé si son los chinos, los gringos, qué diablos, no sé qué es, pero en este mundo ya no hay cabida para la diferencia. Todo tiene un eco desechable, homogéneo, triste.

Por una corta lana, los navajos se dejan sacar fotos y responden tooooda clase de preguntas idiotas de los gringoides retirados, su público ideal. ¿Usted todavía vive así? ¿Tiene agua y luz en su casa? ¿Habla usted Navajo, qué significa Navajo, esas ovejas son suyas, le rezan a las rocas?

Pendejas que pueden parecer las preguntas, es de lo mejor que se puede oír en ese jeep. La mayor parte de los comentarios son de un tipo de gringo tan centrado en sí mismo que no alberga en su cerebrito la más mínima curiosidad: están más preocupados por lo que puede hacerle a su pielecita el sol y el viento y en qué restaurante va a comer después. Llevan gorras, lentes, bloqueador solar y hasta tapa-bocas. Que no los toque nada, nada, nada.

Pasamos junto a un conejo. El jeep se detiene para que lo veamos de cerca. “Miren miren, están en un lugar donde los conejos no son dibujos animados y no hablan con una zanahoria en la mano”, parece decir nuestro guía. Una de las gringas frente a mí jura que es un ‘animatronic’.

Así lo dijo “That’s not real, that’s one of those animatronics”.

Es extraordinario, (triste pero extraordinario) comprobar cómo los gringos están tan embebidos en su simulacro, que no saben reconocer la realidad cuando la ven. Pero quizás ellos no sean los únicos culpables. Quizás es que en esas tierras la imaginación es un tesoro perdido: cuando el guía Navajo nos mostraba las formaciones rocosas a lo lejos, sus referencias eran hasta dolorosas: “Y allá a lo lejos, pueden ver el dedo de E.T. y la cabeza de Ross Perot”:

Los gringos, claro, se cagaban de la risa. Yo me iba poniendo triste triste, pensando que sus referentes están igual de vacíos que los de los gringuetes que van en el jeep, pero luego me puse aún más triste porque sé perfectamente bien quién era el imbécil de Ross Perot y me acuerdo perfecto del dedo de E.T.

Estamos perdidos, todos.

***

Luego me contaron la historia del lugar: dicen que el primer gringo que vino  a vivir aquí fue por allá de la década de los 30 y lo primero que se le ocurrió (of all things possible) fue venderle la idea de una locación al cineasta John Ford.

Dicen que quería “reactivar económicamente” el lugar, un eufemismo de “ya chingamos paleta, de aquí se puede hacer negocio”; así que se le plantó al director en sus oficinas de Hollywood y lo convenció de que Monument Valley, Utah, era el escenario perfecto. Ford ya  había escogido a John Wayne para hacer sus épicas de vaqueros y la onda le encantó. Parece que ya nunca filmó en otro lado.

Es curioso porque entonces los habitantes de Monument Valley se convirtieron en extras (como lo son ahora, qué cabrón, extras de sus propias vidas).

Toooodos los Cheyennes, Chipewas, Shoshones y anexas en las películas, son en realidad Navajos haciéndola de Cheyennes, Chipewas y Shoshones. ¿Lindo, no?

Desde entonces, en este lugar se filman a cada rato toda clase de películas: de aquí son las carreteras polvosas de Thelma & Louise y la llanta ponchada de las National Lampoon Vacation con Chevy Chase; de aquí es un pedazo de Marte de Total Recall y un escenario de Back to the Future III (que me disculparán, tuve a bien saltarme). Hasta el juego de Playstation 3, Motorstorm, está basado en Monument Valley.

Ánnndale, ya caigo.

Entonces, mi idea de vacío frente al referente cinematográfico está al revés: tal parece que este lugar no tendría la vida que tiene de no ser por el cine. Los indios se habrían retirado de un sitio inhóspito sin agua ni posibilidad de prosperar en el sistema capitalista. Los turistas jamás habrían venido y yo no les estaría contando esto.

Como vil pueblo minero, los indios Navajos de Monument Valley encontraron una veta que inauguró un estilo de vida y sigue dándoles de comer: el cine.

No sé si eso está bien o está mal, pero no creo que me toque juzgarlo.

12 thoughts on “Nacer del cine

  1. Buenísimo, gracias, casi lloro.
    Hace dos años estaba en una feria internacional de artesanías en Colombia. Habían invitado a todas las culturas indígenas del continente para llevar sus vasijas, collares, pulseras, etc.
    En un rinconcito de tres por tres estaba la sección Estados Unidos: era una chamarra de mezclilla “intervenida” por los navajo: le habían cosido figuritas de lentejuela en la parte de atrás. Quise preguntar el precio pero no había nadie que atendiera el local.

  2. no. y menos cuando venimos de un país como México. aquí al menos tienen qué comer los nativos. del cine o de las propinas pero viven mejor que los purhépechas. y sí, hay muchos gringos que son como los que tuviste que soportar en el jeep, pero no son todos así. la gente de acá también piensa cosas horribles sobre los mexicanos porque alguna vez fueron a México y les tocó conversar con pura gente tonta. pero después uno y ellos descubrimos que en todos lados hay gente kitsch y gente chida, yo no sé bien qué soy, pero yo hasta novia gringa chida (chaira chaira) tengo.

  3. Por cierto, la verdad es que la sección de arte indígena norteamericano que está aquí en el British Museum es impresionante. Quizá esas expresiones ya no existen porque mataron a todos los que hacían eso y sólo quedaron los “extras”. Pero de que tenían una artesanía única y bellísima, muy diferente a otras, eso que ni qué.

    Ahora, qué chingados hace eso en Londres es otra discusión…

  4. Hola. Me encantó tu texto, nacer del cine, vivir del cine, viajar por el gabacho como de película, ser el extra del chofer o de Baudrillard, tomarle foto al actor de sí mismo, etc, etc. Las fotos son hermosas. (y Baudrillard no lo tienes que leer, ya entendiste más de lo que te puede decir, claro, en mi opinión).

  5. Pablation, qué bueno verte a ti. Tu cara se vuelve cada vez más angulosa y tus ojos más interesantes.

    Sámano, gracias por tu comentario. Tengo una amiga gringa periodista que es, además de simpática, guapa, culta e inteligente. No pretendía generalizar sin ton ni son, sólo contar lo que ví.

    Ernesto, caray, salud! Hace tiempo que no te veía por aquí (nuestras otras realidades virtuales son bien distintas y no siempre tan placenteras como platicar contigo de blog a blog, como si durmiéramos en litera), Ahora que lo pienso, estaba tratando de pescarte un comentario. Fantástico que lo logré. Besitos.

    Hola Miriam. Nooo, en serio, después de que acabe estos dos reportajes que me traen asoleada, le voy a dar una vuelta al Monsier Baudrillard que lo tengo muy olvidado. Ay, si hubiera tiempo para todo chingao. Si hubiera tiempo quisiera estudiar más.

  6. Wow. El texto está cañón. Y despierta reflexiones como pensar si el dedo que muestra ET en este sitio, ¿será el índice de la película o el medio?
    Acá también hay que escuchar a los guías turísticos, desde los de Palacio Nacional y sus murales; hasta los de las grutas subterráneas. En las grutas subterráneas de Cuetzalan, p. e., los guías te enseñan la piedra de “la tortuga ninja” y la de “Dumbo”.
    Yo me quedo con los tchatoogas de Oesterheld.

  7. Qué miedo das. No por ser mujer, sino por tus palabras. Me das tanto miedo como si me estuviera viendo al espejo tanto tiempo que al final ya me reconozco. Has de ser más grande que yo, sin duda. Tú vives de escribir en revistas y yo aspiro a eso apenas. Escribes bien. Yo no me expongo de esta manera, cai en tu blog por accidente buscando fragmentos de Palinuro que no queria taquimecanografiar (vaya engorro de palabra, pero no pudo haber sido de otra manera, desde luego no pudo haber sido de otra manera porque yo no acostumbro blogs, me da tanta hueva y la verdad yo no me expondria asi pero vaya que sin duda y porsupuesto es una actividad que te ayuda a afinarter como cagatintas, y eres mujer, pero eso no me espanta, solo me emociona) ASi que fue por accidente y en buenahora. Quiero ser como tú cuando sea mujer, o cuando viva de revistas, o cuando por un accidente natural tenga tu edad. Escribes casi tan bien…. como yo tengo en mente escribir. Pero casi.

  8. Daniel, bienvenido, aunque no leas blogs. Gracias por tu comentario, eres muy amable y en un domingo por la noche donde la realidad no anda nada benévola conmigo, créeme que leer tu comentario me hace pensar que a veces el consuelo sólo te lo pueden dar extraños.

    Todos: gracias por chulear el texto, chingaos! Son un chingao alivio. Siento de poca madre al saber que no les hago perder su tiempo cuando le pican a este blog.

    Besitos agradecidos y miedosos; me disculparán si luego, como hago seguido, lanzo alguna cotidiana y espectacular idiotez.

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