Los no lugares

Hace tiempo le ayudé a mi hermana a redactar un trabajo de la escuela, un reporte sobre un libro del antroplólogo Marc Augé cuyo título (Los no lugares) bien podría hacer referencia al día de hoy.

“Los no lugares no existían en el pasado. Son espacios propiamente contemporáneos de confluencia anónimos, donde personas en tránsito deben instalarse durante algún tiempo de espera, sea la salida del avión, del tren o del metro que ha de llegar. Apenas permiten un furtivo cruce de miradas entre personas que nunca más se encontrarán”, dice la contraportada.

Hoy es un día-sala-de-espera. No es fiesta, pero tampoco es hábil. Estamos aquí porque no podemos acelerar el tiempo y hacer que un treinta se convierta en un treinta y uno.

En un fragmento del libro se lee algo que le ocurría por ejemplo, al poeta Baudelaire:

“Se puede señalar que la posición del poeta que mira es, en sí misma, espectáculo. En ese cuadro parisiense, es Baudelaire quien ocupa el primer lugar, aquel desde donde ve la ciudad pero que otro yo, a distancia, constituye en objeto una segunda visión:

Las dos manos en el mentón, desde lo alto de mi buhardilla, / veré el taller que canta y que charla/ las chimeneas, los campanarios…

Así Baudelaire no pondría simplemente en escena la necesaria coexistencia de la antigua religión y la industria nueva, o el poder absoluto de la conciencia individual, sino una forma muy particular y moderna de soledad.”

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