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Yo digo que sí estudian para eso. Al menos debe ser un semestre de cómo ser un ojete/inútil  por teléfono…

-Oiga me robaron la placa del coche. Quiero saber qué tengo que llevar.

-Ah. ¿No sabe?

-Estee, no…por eso llamo.

-Pues traiga el coche y luego vemos.

-No, pérese, cómo que luego vemos, ¿y qué documentos llevo?

-Ah. ¿No sabeS? (Ahí ya me hablaba de tú el cabroncito)

-Pues no, no sé, por eso TE estoy preguntando.

-Ah. Pus traite todos y acá vemos.

-¿Todos?

-Ajá.

-Está bien. Muérase.

-Ja, ja.

Click.

Chin, pensé. Ya ni lo seguí tuteando.

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Merecedora

9 de la mañana.

Pienso en la palabra merecedora. Leo una reseña de los Diarios, de John Cheever. Una de las casas de las que me aprenderé cada rincón ahora en mi maestría. (Una maestría que mientras más hablo de ella, más castillo, más ficción, más metamaestría se me vuelve).

Dice “obra merecedora del Premio Pulitzer”.

Merecedora.

Yo estoy por vestirme (desayuné bien, lo que uno debe desayunar pensando en que me espera un día como a quien lo espera atrapar un salmón en un río helado) no sé qué ponerme: ¿me visto para ver a un amigo, para ir a la escuela, para el frío, para la tarde, para tomar una siesta en la biblioteca, para hacer una entrevista, para escribir en el blog, para comer con una amiga, para andar cavilando sola por la calle, para ir a la puta delegación a levantar un acta de que me robaron la placa trasera del auto, para engañar al poli de que voy a la puta delegación a levantar un acta, para caminar filosóficamente por la calle y pensar en eso que dije de la fila india y tratar de salirme de ella?

Yo no sé si soy merecedora, pero a las 9 de la mañana, habiendo escrito desde las 6 y sin saber qué madres ponerme, ciertamente parece.

Fila india

Me cuenta un amigo que leyó un libro muy malo donde había una idea muy buena.

“Quizás es que el amor es algo así como una fila india: el de atrás está condenado a enamorarse de ti y tú del de adelante y así sucesivamente…por eso nunca nos vamos a encontrar.”

20 años después…no more heroes

Me acabo de dar cuenta de que soy re fan de Los Stranglers. Dios sabe que los desprecié todo el tiempo que pude.

Vas a llorar… la la la … ¡96 lágrimas cabrón! Guau. Amo el ardor sentimental.

(Ok, esta canción no es original de ellos y el baterista acaba de cumplir 70 años y se oyen y se ven viejos y cansados y todo, pero me encantan).

Florea

El árbol de durazno de mi casa ya no se calla. Tiene unas boquitas rosas que hacen ruiditos por la mañana. Hoy me fui a ver qué decían…puros secretos familiares que no voy a repetir aquí.

Pero qué tal las boquitas, son una preciosidá.

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Snap back to reality, oh there goes gravity

Ya pues, tengo que decirlo: el imbécil que piensa que el pozolero es cool, nomás porque antes lo vio en una película de Tarantino, por mí puede morirse con dolores insoportables y Alzheimer invasor.

No puedo creer cómo es pendeja la gente. Hace mucho que no escribo peladeces en este blog, pero mis oídos curiosos luego escuchan comentarios que me hacen pensar, con estas precisas palabras: la humanidad vale para pura chingada.

La risa es un arma imbéciles, no un sucedáneo.

“Ja ja, qué padre lo del pozolero, nuestro narco por fin se está profesionalizando”. Tres veces pendejos.

***

Tampoco soy fan de Ciro Gómez Leyva, pero hoy escribió en Milenio algo acerca del conteo de muertos. No me parece poca cosa, así que lo reproduzco íntegro.

¿Qué hacemos con los 300 del Pozolero?

Miércoles, 28 Enero, 2009

Sé que no es elegante reducir este caso a un asunto de aritmética, ¿pero en qué contabilidad ponemos a las más de 300 personas que dice haber pozoleado el Pozolero?

Con Roberto López, soy corresponsable de impulsar desde hace 25 meses el recuento de ejecutados de MILENIO en la guerra contra el narcotráfico. Van 170 en diciembre de 2006, 2 mil 773 en 2007, 5 mil 661 en 2008 y 383 al lunes 26 de enero de 2009.

Roberto y su equipo han ido perfeccionando la metodología. Sólo entran a la lista negra los ejecutados con algún registro oficial. Pero los del Pozolero nadie sabe cuántos son, ni cuándo ni en dónde los mataron. Se tiene únicamente la confesión, al parecer más que verosímil, que él mismo hizo el viernes.

El problema es que la verosimilitud no se suele llevar con la estadística. ¿Qué se debe hacer entonces con los “por lo menos 300 cuerpos”? Roberto dice que no se cargarán a la lista, que en todo caso habrá que crear una paralela, la de desaparecidos. Buena salida metodológica, pero muy corta para ayudar a comprender la magnitud del fenómeno de sangre que se vive en México.

Independientemente de en dónde se ponga a las almas que pasaron por el perol del Pozolero, el endemoniado descubrimiento prueba que la contabilidad más confiable de muertos en esta guerra, la de MILENIO, es apenas un acercamiento a la dimensión de la masacre. Ahora tendremos que decir: 9 mil muertos en lo que va del sexenio, sin contar desaparecidos.

¿Y cuántos pueden ser los desaparecidos? Los que la imaginación o el interés de alguna de las partes quiera calcular. Alguna vez escuché al presidente Calderón referirse a una cifra negra que duplicaba la oficial. Hablaba, claro, de los años previos a su gestión.

***
Nomás para seguirle con la reality, acá hay una nota de Dow Jones Newswire que pasó sin pena ni gloria. No me siento muy capacitada para hablar (casi nunca) de los conflictos centrales, quizá por eso me interesan las historias paralelas.
Mientras la comunidad judía se rompe los huesos por decidir su postura; mientras algunos mal informados mexicanos satanizan el conflicto para luego darse la vuelta y encoger los hombros; mientras algunos bien informados gringos desarrollan una especie de malsano comentario silencioso… algunos cubanos ven el judaísmo como un boleto a otra parte.

Elección

Siempre me ha parecido una estupidez ese lugarcillo común de que ‘tú no eliges, las cosas te eligen a ti’.

Uno que es imán de frivolidades debe pensar dos veces ese dicho; de lo contrario me encontraría nadando en mierda muy pronto. Todos los días hago un esfuerzo consciente por no menguar ante lo que me elige: me elige mi pereza, me elige mi indolencia, me elige mi indiferencia. Me elige el paso de las horas, la melancolía y la abulia.

***

En paralelo creo que imposición y autoconvencimiento son dos ratas muy listas que seguido se visten de elección.  Esto es cierto para los novios, para los políticos y para los temas de maestría.

Yo que más quisiera investigar algo sesudísimo o super cool como lo hacen mis amigos. Pero tengo que encontrar algo que sea yo, por más deleznable que eso resulte.

Ah…¿mencioné que tengo que encontrarlo hoy?

La gente hace círculos

Se me olvida que la gente en las playas también vive. Es decir, no todos somos bañistas trashumantes, hay gente ha tocado la misma arena desde niño, se sabe los corales como nosotros nos sabemos la mancha en el muro del metro o a qué vagón hay que subirse para agarrar buen lugar.

Entonces estamos todos, gringos, turistas, semituristas, newcomers, niños y gente, nos asoleamos frente al océano turquesa, sobre el talquito que es esta arena y vemos una procesión llegar, unas 15 personas con algo blanco en las manos que forman un círculo y se abrazan. Primero pensamos que son evangelistas, cinturóndeorionistas o pertenecientes a un culto que todavía no hace escándalo, pensamos que están ungiendo al recién llegado o algo.

Al principio nos reímos y seguimos jugando con las pelotas como chupirules y volamos nuestro papalote dragón.

Luego, los 15 hechos un círculo se acercan a las olas, se enfrentan al mar hasta las pantorrillas y lanzan esas cosas blancas que traían en las manos.

Los demás siguen ríendo, pero yo empiezo a sospechar.

Una mujer abraza a un hombre.

Es un funeral.

Las cosas blancas son alcatraces y le están diciendo adiós a alguien. Alguien que jugó mil veces en esta playa, como lo hago yo ahora mismo.

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No cabe duda, la gente es un círculo. Todos damos las mismas vueltas, hasta que un día ese círculo deja de girar.

Escribir de…

Que monserga escoger.

¿Cómo hacemos para no volvernos idiotas con tantas opiciones?

Mi columna de este mes puede ser de dos pelis. Yo escojo.

Si hablo de una encontraré primero placer y luego zozobra, si hablo de otra encontraré primero zozobra y luego más zozobra.

No faltará quién me tope en una fiesta y me diga “Leí lo que escribiste sobre es a peli, ¿no te parece que eres muy dura en tus opiniones?” A lo que me being me, contestaré “Esteee, si, bueno, no me hagas mucho caso, ni siquiera recuerdo lo que escribo”, aunque realmente estaré pensando “Putamadre, en este país hasta lo que no se comen les hace daño” o bien, si el tipo es medianamente listo, me quedaré callada y correré al Sanborns más cercano a releer mi columna y pensaré, “¡me lleva el diablo, qué madres estaba pensando cuando escribí esto!”

Así que cuando la vida se pone guapa con sus opcioncitas, siempre me queda la satisfación de que el pinche destino es tan cabrón, ya sabe de antemano cuál voy a tomar.

***

Mi primera opción era el portugués, quizás porque tengo ganas de morriña, o quizás porque tengo ganas de cantar; luego quise italiano pues quiero leer a Pavese y luego terminar el francés como si eso me fuera a acercar mágicamente a Derrida o a Barthes. El alemán era para leer a Kafka y a Trakl.

Parece que este semestre estaré leyendo a Pessoa.