Entre ruedas

En mi oficinita de arriba duermen dos gatos.

Este es el cuarto donde mejor pega el sol de la mañana y ellos lo van siguiendo como girasoles vivos hasta cerca de las seis, al ocaso; después proceden hacia la cama, a esperar la hora de la cena.

Hay un momento del día, como a las dos de la tarde, en que los rayos de calor se reflejan exactamente debajo de la silla donde trabajo, una silla con rueditas, como de oficina; y mi gata Morgana se acuesta allí, justo allí; pone su cabecita junto a la rueda, obviando el peligro de ser atropellada por una dueña con prisa que pudiera levantarse distraída y arrollarla mientras duerme.

Algo pasa que la dueña siempre está consciente del daño que le puede hacer, hay un cuidado subyacente, un mimo que no tiene tiempo, algo que se hace por instrumentos.

La confianza de ella de poner su cabecita allí y mi cuidado pererenne de no hacerle daño, eso creo que es amor.