Ser gato

Chingan de un hilillo desde las 8 en punto.

Miau. Miau. Miau.

“Tenemos hambre. Danos de comer, ándale, párate”. Qué pinche prisa caray, déjenme dormir 15 minutos más, es domingo, no chinguen. Pero miau miau miau… saltan en la cama, me lamen la cara, me pasan por encima de la cabeza con sus patitas afiladas, Ouch, yaaaaa.

Y me paro medio encabronada pero con gusto porque pus son míos y los quiero y hasta los veo comer pensando ay qué buena onda que están sanos los cabroncitos, la mayorcita ya ‘me’ tiene 15 añotes y todavía fuertezota, la quiero, ay qué lindo se traga sus croquetitas.

Pero hasta hoy me di cuenta de cuál es la prisa.

Acabando de comer y después de estirarse y quitarse un poco la lagaña lamiéndose el cuerpo, se acuestan a tomar el sol.

¿Esa era la actividad urgentísima por la que no me pudieron dar dos minutos más de descanso?

Tomar el sol.

Y lo peor es que, como siempre, tienen razón. Bastards.

One thought on “Ser gato

  1. Ay, extraño a mis gatos. Los dejé en México cuando vine a Paris y Adriano que mientras le ponía sus croketas me acariciaba las piernas con su cola y me hacía carita de pobre de mí quiero croketas. (para luego, claro, ir a tomar el sol en el sillón y hacerse un baño de lamidas), pero los extraño, no es lo mismo dormir sola que sentir el ronroneo a las cuatro de la mañana y pelos en la nariz. Incluso besos. Ah, c´était l´amour fou.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s