Psicoanálisis y olor a calzoncillo

Hace un rato me disponía a largar al cine, pero empecé a leer blogs, a bajar libros de filosofía, a leer periódicos, sitios de tecnología, el twitter de Don David Lynch que tiene ligas con el de Trent Reznor y me clavé.

Leí al Omar Pimienta, a quien conozco poco, pero igual es una de mis personas favoritas en la frontera norte. Leo que es bien pinche feliz, que hasta saca a su perrita a mear y me da gusto porque otra vez me empiezo a sentir igual (como Omar, no como la perrita).

Dice que es bien pinche feliz y que le caga porque no sabe qué puede hacerle eso a su escritura. Justo me pasa al revés, thank god. Yo nomás no puedo escribir cuando estoy deprimida.

El animal que me golpea la cabeza (toc toc oyes acá hay una historia buenísima, una imagen que no puedes olvidar) se jetea. Me dice “ahí escribe sin mí”. Cuando estoy triste hasta dejo de soñar (literal, no así como “he dejado de soñar con un mundo mejor”).

Decía José Agustín que Janis Joplin tenía lo voz así de cósmica por tanto alcohol y olor a calzoncillo…y yo digo lo mismo de mí, pero como ya no tomo, ahora se lo atribuyo al psicoanálisis. El olor a calzoncillo ayuda, cómo no.

Estoy segura de que la felicidad viene con una novela terminada antes del verano, sé que viene con muchos posts y guiones, pero necesito pedirle al psicoanálisis que me regrese, aunque sea por las noches, al rizoma del que habla Deleuze.

***

Leo también que una amiga de Omar acaba de morir en un accidente automovilístico.  Tenía blog y se llamaba Alba.

La pregunta obvia, que se va a la mar de las obsesiones de los vivos que a los muertos les valen madres: ¿qué se hace con el blog de un muerto? ¿Los familiares toman el control, lo hackean, lo levantan, lo dejan allí?

Porque eso de morirse no avisa –si lo sabré yo–, creo que dejaré a la gente que me quiere decidir qué hacer con mi blog, mi cuenta de correo y esos secretos que descubrirán muy a mi pesar. Lo que sí podrán decir es esto: ella sólo podía escribir cuando estaba feliz, así que estas son (casi) puras moneditas de jelicidad.

3 thoughts on “Psicoanálisis y olor a calzoncillo

  1. Hoy hablabábamos con cierto escritor que obtuvo cierta fama debido a cierto premio, y sacó la reflexión de cajón: que el narrador es más feliz cuanto más miserable se siente la persona que lo contiene. No lo sé.

    Para mí, la tristeza es sinónimo de apatía. Sólo cuando tengo el diablo dentro, ese diablo feliz y gozoso, puedo escribir con libertad. En parte como tú.

    Y bueno, particularmente me llamó la atención lo de la muerte de la bloguera, la cual lamento. Ya Hernán Casciari escribió una disertación harto interesante, que responde exactamente tu pregunta.

    Aquí:

    http://orsai.es/2008/11/una_charla_sobre_la_muerte_de_los_blogs.php

    Abrazo

  2. Del perfil de Blogger de Jorge Pedro:

    “¿Qué ocurrirá con este blog cuando me muera? Seguramente continuarán visitándolo y notarán que no lo habré actualizado en varias semanas o meses. Entonces perderán el interés y poco a poco se olvidarán de todo lo que aquí vieron y leyeron. Y aun de mi existencia. Pero este blog continuará en la red como Laika en el espacio.”

  3. Por ahí en mi bló tengo varios posts pasados sobre qué quiero que pase con mi blog cuando me muera. O sea que ahí te encargo el changarro, manita.

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