Cociendo habas globales

Presos de la estupidez, la desinformación y el mal gusto hay en todos lados.

Ahí están los egipcios que matarán a 300 mil animales sanos por nada. Puerquicidio masivo solapado por la soberanía de los pueblos. “Pus son sus puercos. Ni modo”. Ni modo de organizar firmas internacionales por los cerdos inocentes. Alguien tiene que pagar los platos rotos de la psicosis mundial. Ahora le tocó a la tribu porcina, cuyos gritos cuando los deshollan solo parecen de seres humanos. Temo pensar lo que se ha hecho en la historia del mundo bajo razonamientos similares.

Esta fiebre de pánico ya duró mucho y está teniendo sus consecuencias. La humanidad, como cualquier organismo con una enfermedad preexistente (en este caso la banalidad y el egoísmo en sus más variadas formas),  ya empieza a enloquecer. Decía yo antes, al principio de todo este desmadre: me da risa porque en este mundo nomás necesitamos una justificación para expresar el odio que ya traemos dentro; de inmediato nos dan ganas de estrenar la sierra eléctrica.

A los mexicanos en el mundo ya los empiezan a tratar de apestados.

“¿Hace cuánto que vives aquí, tú, eh?” Desconfianza asegún de la gripe porcina, pretexto extraodinario y políticamente correcto  para expresar mi verdadera opinión de ti. “Te recuerdo que eres extranjero, que eres perico-perro, que no perteneces, que ya quisieras mano”.

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Otro organismo con enfermedad preexistente son los medios. Cualquier gripa los desnuda.

En las últimas conferencias de prensa para reportar el estado de la influenza porcina en cadena nacional me he podido percatar de que:

-las autoridades sanitarias no son autoridad en el ámbito sanitario. Es decir, expertos no hay en las sillas burocráticas. Están allí porque son primos amigos cuñados del delegado. Seguro llegan a su casa pensando “chingá, ¿pero yo por qué?”.

-los periodistas le tienen miedo al micrófono.

-los periodistas tampoco son autoridad ni conocen a fondo el tema que los han mandado a cubrir. Están allí porque son muy feos y no han conseguido un puesto de presentador de espectáculos.

-los periodistas le tienen miedo a saber qué chingados quieren preguntar. Dan rodeos, no llevan preparada la pregunta, piensan que el sentido común es una nimiedad y entonces rebuscan la cuestión hasta que acaban por hacer una sentencia retórica. Por supuesto, el que contesta está feliz, pues hará exactamente lo mismo cuando le llegue su turno.

-lamentablemente, la diferencia entre un periodista gringo de CNN con todo y su acento mamón contra un reporterito mexicano es dolorosa.

-las autoridades mexicanas llevan dos días dando palos de ciego. Lo que sigue es un espectáculo donde se gastará mucho dinero innecesario para justificar el despliegue de fuerza de los días anteriores.

-los medios empezarán muy pronto a olvidar el asunto y nosotros también. La próxima pelea será por saber ‘quién fue el primero en decir que todo esto era una farza’. Quizás nos volvamos a acordar en diciembre, cuando (dicen) podría recrudecer el fenómeno.

-los demás nos dejaremos de cuidar muy pronto. Volveremos a darnos besos, a expresar nuestro cariño abiertamente al de al lado, pues, hay que decirlo, aparte de odio, también guardamos eso y buscamos cualquier pretexto para expresarlo.

Acá una entrevista con Marc Siegel del periódico español La Vanguardia, que supongo mucho ya habrán leído, el primero de los expertos en decir sin pelos en la lengua que “esta gripe durará lo que dure en los informativos”.

Por cierto, sostengo mi felicidad. Por fortuna tengo muchos planes para el futuro: a mí no me desilusiona que el mundo siga su curso ni me siento defraudada porque esto no se parezca a una película de zombies come carne; es una extraordinaria noticia.

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Mañana: dos leyes (o tres, las que encuentre) pasadas mientras estábamos en la pendeja metidos en casa.

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