Cosas que no haría ni aunque me pagaran

Lista de una cosa sola. Uno es un número intersante.

-Tengo la suerte de poder sentarme en la sala de mi casa los sábados por la tarde y esperar a que los gorriones y los colibrís den vueltas por el rosal o por el durazno. Después de verlos perseguirse unos a otros y de estar allí nomás, cantando porque son eso, canto y saltitos, no se me ocurriría jamás meterlos en una jaula.

***

De niña me compraron un pájaro de colores brillantes, azul rey con violeta creo, y  al siguiente día de verlo allí encerrado me solté a llorar. Le pedí a mi papá que lo dejara salir; había sido un regalo suyo y lo dudé mucho antes de decírselo. No se ofendió pero me dijo que era más cruel esa opción pues esos pájaros nacidos ‘de pajarero’ estaban acostumbrados a que les dieran de comer. “No tiene a dónde ir, nunca tuvo nido, ni amigos, ni parvada. Esta es su vida, déjalo aquí tranquilo”. El argumento era muy lógico y en primera instancia acepté, aunque algo dentro no podía concebir que el pájaro estuviera mejor encerrado.

Propuse una solución: le dejaríamos comida todos los días en el patio, para que regresara cuando le conviniera. (Siempre he sido así de ingenua).

Mi papá había nacido en un rancho. Respetaba la vida pero no tenía miramientos con ella. No sé si me explico. Es que no es lo mismo respetar la vida que hacer de un pobre Poodle un dildo imaginario.

En fin…Convencí o no a mi padre, no me acuerdo, pero sé que en lo siguientes días dejé abierta la puertita de la jaula y esperé un día entero a que el pájaro huyera solo. Le tomó muchas horas darse cuenta de que era libre.

Quisiera tener la memoria intacta, quisiera pensar que ese día soñé un mal sueño con el pájaro al que había nombrado algo así como Apolo o Morgan o alguno de esos nombres rimbombantes que me encantaba ponerle a los animales. Había soñado con un Apolo hambriento que no sabría donde meterse en la lluvia, perdido como perro fino en Calzada de las Águilas.

Me desperté, quizás no soñé nada. Lo cierto es que algunos días después, el Apolo se apareció en la barda: me miró una dos tres cabeceadas de pájaro y salió volando.

5 thoughts on “Cosas que no haría ni aunque me pagaran

  1. Así como el poodle imaginario, los pajaritos enjaulados son como una falsa impresión de que la belleza puede ser apresada o apropiada o encerrada. Ingenuos todos. Como los que creen que casa-camioneta-perro-sueldo-hijitos es una forma de enjaular a la felicidad. Humanos, nadie es culpable.

    • Es cierto la libertad física debe ser algo maravilloso, algo que ningún ser humano de a pie, estoy seguro, vamos a conocer, nuestras jaulas tienen diferentes nombres CAPITALISMO, COMUNISMO, SOCIALISMO, DEMOCRACIA(jaajaja…jajaja), etc., así que disfrutemos de nuestra libertad mental, eso si es nuestro.

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