Everything that happens will happen today

Vi pasar a Ruben Bonet, con esos ojos desbordados, ofreciendo sus libros y su intensidad, su falta de vergüenza, su cara de dolor jajajesco. Alto, muy alto, como sus vuelos  y su sentido del arte. (Luego leí a Villareal en Milenio hacer una modesta apología de este hombre que adoptó a México como su sucia musa desde 1992.  Rogelio no lo sabe, ni lo sabrá, pero cuando leí su artículo se dibujó un círculo sobre mí, decidí cosas).

Nos quedamos solos en esa calle, me acababan de sacar del Mestizo, esperaba a mis amigos, encerrados Bonet y yo por fuera del bar, sin nada que decirnos. Se subió a su bicicleta. “Mucho Bonet, eres una pistola”, solo eso, no me dio el mezcal para más. Hizo un medio-caballito con el artefacto y antes de alejarse me gritó “Estamos vivos, hermanita”.

Algunos dicen que Bonet está loco. El runrun lo señala como violento y mamila. A muchos otros ha ofendido, arañado. No sé. Quizás yo solo lo admiro por desigual, por querer que lo adopten, por calzonoudo, por huérfano, por frágil, por buen escritor.

Lo admiro por todo lo que desprecio a gente famosita, alterntivita, que pontifica sobre el rocksito, el metalito (o el indiesito, que para estas alturas, cómo se ha jodido la cosa, es exactamente lo mismo). Por todo lo que no admiro al tipo que sólo sabe criticar, al que se preocupa demasiado por qué apesta y qué no, a quien usa instrumentos para medir a los otros.

También dejé de admirar hace mucho a la gente lista porque para mí ser inteligente es como haber nacido con una nariz bonita. No merit at all. (Lo que se hace con esa inteligencia requiere de más nalgas planas y de constancia que de neuronas. Eso si que es meritorio).

Me gusta más la gente que acumula pequeñas victorias diarias contra sí mismo. Pinches héroes que todavía se indignan cuando ven las cifras de asesinados, que todavía se molestan porque les roban algo. Admiro al que asiste embrutecido a una cogida, un concierto o una plática con amigos, el que evita trivializar las caminatas de una sola cuadra, donde se amarran amores para siempre.

(Quizás no se den cuenta, pero trivializarlo todo, apolitizarlo todo, darle chance a su ser blandengue nos está matando).

La lengua de fuego del DF me lamió tres veces este fin de semana.

Esta es una ciudad y no mamadas.

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Sasha Baron Cohen en Milenio

Un fragmento de mi artículo para Milenio Semanal:

“Con cada nuevo personaje, Sacha Baron Cohen parece recordarnos que no es suficiente proferir lamentos políticamente correctos contra la rigidez y el fascismo disfrazados de buenas conciencias: hay que sacar ámpula hasta en el trasero de nuestra propia madre, si es preciso. Y sí, lo vamos a odiar: todos tendremos un buen motivo para hacerlo después de ver Brüno, película donde interpreta a un presentador de TV austríaco, gay y con una fijación fálica que levantaría la ceja del mismísimo Sigmund. Allí están las amenazas de muerte lanzadas por el grupo terrorista palestino de los Mártires de Al-Aqsa cuando en el filme su personaje le dice a uno de sus líderes, Ayman Abu Aita: “Quiero ser famoso. Quiero que me secuestren los mejores. Al-Qaeda es tan 2001”.

Es así como Baron Cohen obtiene lo que quiere de nosotros, pues prefiere orillarnos al horror que dejarnos sudar el asiento de pura indiferencia: “Cuando estaba en la universidad —Cohen tiene una licenciatura en Historia por la universidad de Cambridge, nada menos; su tesis habla de la participación judía en la Guerra Civil estadunidense— recuerdo que el profesor Ian Kershaw, experto historiador del Tercer Reich, nos dijo: “El camino hacia Auschwitz estaba pavimentado de indiferencia…”. Creo que es una idea interesante el que no todos en Alemania fueran antisemitas radicales; sólo tuvieron que mostrarse apáticos y ya”, le dijo a la revista Rolling Stone en 2006, en una de las pocas entrevistas que Cohen ha dado sin estar caracterizado como alguno de sus personajes.”