Música política

Debido a un bache de tiempo en el que se le salió el aceite de la dirección a mi vida (calculo unos 8 años perdidos entre corazones rotos, duelos varios y solipsismo desmedido) a pesar de que intuyo muchas cosas, casi nunca puedo articular metódica y racionalmente lo que pienso.

El hecho es que lo pienso y voy a intentar lanzar una hipótesis: que los grupitos de estudiantes acostados en los jardines de la UNAM sigan escuchando  a los Fabulosos Cadillacs, Molotov y Los Héroes del Silencio es síntoma de un rezago socioeconómico, una avenida de ida y vuelta hacia un menor acceso a la información, incluso en esta supuesta democracia del MP3 downloadeable y el disco pirata.

Mentimos al generalizar ‘¡pero si ahora todo el mundo oye lo que quiere por internet!’

¿Qué hacen estos niños oyendo eso tan viejo? Si se tratara de una moda revisionista podrían igual estar interesados, qué sé yo, en los Beach Boys o en Agustín Lara.

No es eso. No oyen cualquier cosa. Oyen bandas semi-rockeras, pseudo contestatarias (algunos hasta trova, pues, que ya es exceso), grupos de hace 15 o 20 años que nunca fueron muy buenos pero que hace 15 años al menos eran la novedá.

Mientras tanto, los hijos de los empresarios y políticos se atiborran de indie en Ibero90.9 y ‘descubren’ un grupo nuevo cada tres días (no se pierden Jobo Novo, pues). “Escucha esto, es súper desconocido güey, son como TV on the Radio cuando todavía eran buenos güeeeey” …es decir hace dos meses.

Este es justo el vicio contrario, insulsos ambos, casi se tocan de tan similares.

El caso es que los dos fenómenos -el de la nostalgia sensiblera que no cambia de grupo favorito y el de ‘todo debe ser nuevo y medio desconocido o ya no es cool- responden a roles sociales opuestos.

Aventuro: el empleado y el empleador.

¿Los gustos en la música marcarán diferencias cuando ambos estudiantes quieran acceder a un puesto de trabajo?

Después de todo, arte también es información.

Y ya embarrándome bien, (por qué no chingao, si el derecho que mejor ejerzo es el derecho a cagarla), ¿no será que ningún gusto es inocente? ¿No será que algunas obras de arte que apreciamos, no todas, vamos, pero algunas, no serán inducidas también, copiadas, aspiracionales, vehículos para perpetuar el status quo, vehículos de poder?

No sé si estoy observando de más o haciéndome demasiadas preguntas.

It’s a dirty job, but someone’s gotta do it.

***

Si aceptamos la hipótesis anterior (o su espíritu, vamos) tenemos como corolario 1 que:

Aquellos exquisitos que juzgan a los otros por sus gustos, que se la pasan gritando a los cuatro vientos cuán malos son todos los grupos y que maten a los fans de no-sé-quién y que prohiban los discos de no-sé-qué, no son más que unos inseguros ham-burguesitos come-uñas queriendo reivindicar/inflar/esconder la clase sociocultural a la que pertenecen desde que nacieron.

SOMOS, quise decir.

***

No tiene que ver con nada, pero creo que mis caminatas por los jardines de la Facultad son el medicamento que tomo ahora en dosis pequeñas y constantes para apartarme de los baches de tiempo.

Es un medicamento lento, pero eficaz.

13 thoughts on “Música política

  1. No creo que se pueda generalizar, yo pasé una maestría con mención honorífica en filosofía escuchando a Shakira y no pasando de Alejandro Fernandez, luego conocí a The Smiths, así de tarde, no sé si eso ayude a que termine un doctorado, pero pensándolo bien, mis neuronas deben estar infectadas de mala música.

  2. Hay muchas cosas con las que coincido en este post. Una es que claro, “el gusto” es una forma de marcación (perdón por el sustantivo) de clase. Si no lo conoces todavía, pues Pierre Bourdieu (aunque no hablando específicamente de músicas contemporáneos, o de fenómenos subculturales o tecnológicos recientes) es de rigor. Qué música oyes no es solamente una forma de construcción de la identidad, de creación de sentimiento de pertenencia a un grupo/nación/comunidad/subcultura/clase social, es también una forma de revelar en qué ideologías estamos atrapados, consciente o inconscientemente. (Si nos ponemos estrictos, la ideología siempre funciona de forma “invisible,” así que en el momento en que “te das cuenta” que la música popular es una forma de control y de clasificación social, ya estás del otro lado, aunque eso no sea suficiente). En GB Raymond Williams es el papi de la crítica de la cultura popular desde la perspectiva de la guerra de clases. Sobre lo que dices sobre empleado/empleador, no te puedes perder el último libro de Bordieu, quizá ahí, aunque no directamente, queda más clara la relación entre “el gusto,” las clases sociales y el mercado.

    Otro punto que me interesa en tu post es que claro, la supuesta “democratización” de la tecnología digital no ha hecho realmente que la gente (incluso aquellos universitarios que, con todo y todo, ya tienen un pie del otro lado de la alienación) se preocupe por ampliar sus horizontes culturales. Neta hay gente que antes no salía de su hotmail, ahora no salen de Facebook. Pero, ¿ponerte a investigar algo? Hueva….

    Saludines.

  3. Disculpa Ernesto, es que se me había ido a spam.
    He oído hablar de lo que dice Bordieu, pero no soy la feliz lectora de los ensayos. Los voy a buscar, creo que es un tema importante si uno se dedica a la generación de contenidos, de cualquier tipo.

    Gracias por tomarte el tiempo de poner links y toda la cosa. Los leeré con cuidado y quizás otros escuchas que vienen aquí y que no hablan mucho también.

  4. Sí, pensé que por poner tanto link me mandó al spam. Resulta que no es el último libro de Bordieu, pero es uno de los últimos. Es el último que yo leí, que es otra cosa distinta… saluditos.

  5. Perdón. Otra vez yo. Me acordé que “el gusto” y “el buen gusto” son nociones por supuesto relacionadas pero no son lo mismo. Además son contradictoriamente 1) relativas y 2) normativas. Recuerdo que en la secundaria, en México DF, me decían que era un “naco” porque me gustaban Pixies, The Cure y Love and Rockets (que en esa época justo tocaron juntos en el Prayer Tour). A mis compañeritos les gustaba lo que estaba de moda, que eran Fine Young Cannibals, el Seeds of Love de Tears For Fears… ser “fresa” era ser de clase alta y escuchar música mainstream chafa, ser “naco” era escuchar cualquier cosa que no fuera “fresa” y por lo tanto “cool.” Ahora por supuesto las cosas han cambiado, pero no dudo que vuelvan a cambiar… lo importante es también recordar que esas nociones son localizadas geográficamente y no son universales. Yo me sentía muy cool por escuchar a los Happy Mondays y a Primal Scream, pero acá en el UK, en la misma época y hasta la fecha, son música de boda o de fiesta de año nuevo, hasta las abuelitas los conocen.

  6. Ernesto: voy saliendo a una clase muy tempra, y no tengo mucho tiempo, pero quiero decirte que van dos personas a las que respeto mucho que me dicen que a veces esperan con ansia un comentario tuyo. Parece que para algunas personas piensan que somos una especie de equipo, un think tank que se da cita en este espacio.

    A mí no me queda más que agradecer el tiempo que inviertes en ellos y decirte no sólo mi blog, también yo, aprendo de ti todos los días.

    Un beso colectivo, también de parte de aquellos que no comentan pero bien que te leen.

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