La cárcel de uno solo

Traen colgando sus propias rejas. Te sonríen desde el otro lado de su ventanita. Se creen que alguien los metió ahí en ese calabozo, no recuerdan quién ni cuanto tiempo llevan dentro; si tan sólo pudiera salir de allí, serían felices.

Se enojan si les dices que todo es como en la caricatura esa del dragón, la princesa y el perrito con nariz suelta. La chingada llave la traes puesta.

Nunca vi el final de Ahí viene Cascarrabias, pero el lore sugiere que la llave de la cueva de las Orquídeas Susurrantes estaba en la punta del globo en el que viajaban.

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