Vampiros mormones, colmillos de derecha

(como ando tapada, hoy comparto mejor la colugna chilanga de noviembre, que es justo lo que postearía hoy si pudiera postear).

Los fans me van a aventar toda su colección de My Chemical Romance en la cabeza pero al final tienen que tomar con cierto humor la coincidencia: New Moon (Weitz 2009), la recalcitrante, victoriana y profundamente conservadora segunda parte de la saga vampírica Twilight se estrena en México el próximo 20 de noviembre, el mero día de la Revolución.  Ok, ok, no tiene nada que ver, es sólo un intento fallido y enchalecado para darle cierto significado al evento, pues por más fenómeno social en que la hayan convertido las inteligentes editoriales gringas, la saga no deja de ser un triste pegote mal cortado de muchas buenas historias, similar al otro recontrapseudoportento Harry Potter—con lo que uy, ya me eché encima a otro clan más, qué caray— que si bien tenía el respetable mérito de hacer leer a los niños, también les tatuó en el alma lectora el lamentable vicio del mínimo esfuerzo. Antes de entregarse al placer tragapalomero que nadie te va a quitar (al fin y al cabo, asistir al cine todavía es un acto anónimo) estaría bien analizar por qué esta saga se ha vuelto, o  mejor dicho, por qué te la vendieron como un gran fenómeno social. ¿A qué hora nos volvimos tan mochos, tan racistas, tan cuidadores del orden establecido y aprendimos a empacarlo en el irresistible mito del vampiro adolescente? ¿Será coincidencia que la autora más exitosa de Estados Unidos sea una señora que vive en Utah (el estado más bushiano del mundo) y pertenezca a la iglesia mormona? No fumo, no bebo, el sexo es para procrear y las armas para matar, pues qué diablos. Hagamos un aleatorio recuento histórico: para la flower-power generation fue Easy Rider (Hopper, 1969) que, con un score que incluía a Hendrix y a Steppenwolf, se adentraba en los viajes de LSD y la Norteamérica hippie; en los 80 hubo se retornó a la ñoñez rosita con The Breakfast Club (Hughes, 1986), aunque ahí todavía los pubertos pretendían, de perdida, escaparse de la escuelita. Quizás Trainspotting (Boyle, 1996) con sus luchas de clase y su inmersión heroinómana fue una aberración en la línea del tiempo, que estaba a punto de ver nacer la primera generación de este siglo, para quienes la gran cosa es permanecer vírgenes, chillones, ricos, inmaculados y sobre todo blancos, en el amplio sentido de la palabra. (Yo que tú, declaraba mi independencia).

Ira Franco piensa ir a distribuir condones al estreno de Twilight, a ver si puede compartir la tentación a un par de almas perdidas.

2 thoughts on “Vampiros mormones, colmillos de derecha

  1. Debido al enorme grado de ignorancia que impera en mi, me creerás que este fue el único post que entendí completamente, y ademas estoy de acuerdo, y no se si es felicidad pero algo raro siento dentro de mi, es que ya creía yo que no era posible encontrar una(si solo una aunque sea) mujer que viera la realidad de esa nefasta novela de vampiros tan lights y ñoños, ademas de adolescentes, en que cabeza cabe esa abominación. vampiros adolescentes, si claro yo el patriarca voy a infectar a mozalbetes mas fuertes y “lindos” que yo, para que ?¿?¿,para que me bajen a mis vampiritas..puees no verdad…en fin creo que si, es felicidad y esperanza. aa saludos.

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