Murió Milorad Pavic, snif

Hace un año empecé a leer a Milorad Pavic. Me enteré (mientras lo leía) que su Diccionario Jázaro se publicó el año en que murieron mis padres. Ese diciembre tuve unas repentinas e irrefrenables ganas de hablar con ellos y el Diccionario me sirvió de traductor.

Como dicen que dijo Francisco de Quevedo “la lectura nos permite escuchar a los muertos con nuestros propios ojos” y para mí, leer es también hablar con los míos.

Siento mucho esta muerte.

Siento que ahora la que va a tener que  escribir un libro soy yo, para ver si nos traduzco esta conversación que seguramente no ha terminado con Pavic.

Donde quiera que estés, nomás sigue hablando.

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Reproduzco aquí una parte de ese post del año pasado:

Aún no puedo hablar del libro porque no lo he terminado de leer. Sólo puedo decir que de lejos parecía un libro inofensivo.

Se le veían apenas unas garritas pero es como el comercial de la margarina que todo mundo recuerda: de repente Pavic abre la boca y lo traga a uno bondadoso y desprevenido lector.

Copiaré regularmente algunos párrafos de este interesante libraco, de aquí a que lo termine, en honor a aquel lector de zoológico que prefiere ver a estos animales detrás de una zanja. (No los critico: ahora me doy cuenta que ver de lejos a los libros no significa pasar por alto su majestuosidad).

“Imagínese que dos hombres tengan cogido a un puma con dos cuerdas. Si quieren acercarse uno al otro, el puma atacará, pues los lazos se aflojan: sólo si los dos tiran al mismo tiempo, el puma quedará a la misma distancia de uno y de otro. Este es el motivo por el que el que lee y el que escribe difícilmente se acercan: entre los dos, capturado, está el pensamiento en común, atado con cuerdas que tiran en direcciones opuestas. Si ahora le preguntásemos al puma, es decir al pensamiento, cómo ve a estos dos hombres, podría responder que los seres comestibles están tirando con las cuerdas de algo que ellos no pueden comer…”

“…y obtendrá de este diccionario, al igual que de un espejo, tanto cuanto invierta en el mismo, pues de la verdad -como se apunta en una de las páginas de este léxico- no puede obtenerse más de lo que se pone.”

Away we go

Sam Mendes y el matrimonio Dave Eggers/Vendela Vida colaborando.

Algo pa’ver, cómo no.

Away we go será una película menor en la carrera de Sam Mendes (nada que hacer frente a Revolutionary Road o American Beauty) y a pesar de inconsistencias en el tono y el ritmo, será esa peli con la (algún día) darán clases de cómo se construyen personajes y escenas memorables.

Psicologizando diabólicamente lo poco que sé del escritor Dave Eggers, guionista de esta película (de quien ya todo el mundo conoce mi fanitud) creo que a Eggers se le ven los calzones no en el personaje masculino, sino en el femenino.

Es a él a quien se le murieron los padres.

Es él quien se siente perdido cuando sabe que va a tener un hijo.

Sólo otro huérfano sabe cómo luce la idea de una generación posterior sin que la anterior esté viva. Sólo un huérfano sabe qué solos y qué pequeños nos hace sentir la idea de un bebé nuevo.

Suertudota

No quería que se me fuera la semana sin decir que a veces, –cuando camino por esa calle empedrada de regreso al coche y noto que fuimos al cine y vimos una buena peli, noto que vengo del brazo de alguien que amo, que mi familia está bien, que mi sobrina duerme calientita, que hay super en el refri, que en la revista Sonidero van a colaborar personas inteligentísimas godknowswhy y que a veces puedo levantar el teléfono y sentir el consuelo de tener grandes amigos, –a veces, me dan ganas de saltar de gusto y decir gracias gracias gracias tres veces, a ver si así me oyen en algún lado y se ríen o algo.

Cada día, los días

Será que cada día me queda menos: cada día los días se me vuelven más valiosos.

Solía ser más tolerante con el desperdicio, sobre todo con el tiempo, pero ya no es tan fácil. Empiezo a envejecer, me pongo de malas si las cosas se postergan, me pongo de malas (peor) si soy yo quien posterga.

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En la red, pu, cuánto desperdicio.

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Como decía Kurt Vonnegut: el talento es muy común. Lo que es poco común son las ganas de trabajar.

Lo oigo lo oigo y pienso que el cabrón me conocía y conocía a muchos de mis amigos.

Entonces me pongo una fecha de entrega, una disciplina de trabajo, la empiezo a cumplir, me empiezan a salir cosas.

(Y de inmediato se me hace un hoyo en el corazón. Es un arco reflejo del alma diciendo: nooooovaaaaaasaaaaaapoddeeeeeeeeeer! Pinchi alma cabrona con la que nació uno.)

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Pero nada. Apagamos la bocina y seguimos trabajando.Que no se diga que somos unas lloroncitas. A veces hay que mandar a la chingada a todos, hasta el alma propia.

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Fuimos el otro día a divertirnos a la calle de Jerónimas, paralela a la de Regina en el Centro. (Somos un gran equipo en eso de la diversión).

Allí vimos este letrero y no podemos olvidarlo:

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Hay mucho desperdicio en la red, pero el sitio colaborativo de Cory Doctorow Boing Boing no es uno de ellos. Su muy canadiense idea del copyright y los archivos compartidos es indispensable para el buen gobierno de esta cosa que se llama Internet. La razón más importante por la usted debe interesarse en estos conceptos de autogobierno de la red es que, ejem, usted me lee desde una terminal electrónica conectada a ella.

Además es buen novelista (Doctorow, no usté). Le hace a la ciencia ficción, como casi todos quisiéramos hacerle, pues. Si usté lee en inglés, puede bajar acá de a grapita china la novela Makers la más reciente del buen Doctorow.

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Desde 2004, Doctorow pone sus novelas a disposición de los lectores en la red, bajo licencia de Creative Commons, que permite usarlas siempre y cuando se atribuya la autoría y  se haga sin fines comerciales.

“… one can now make derivative works from the book without permission, provided the license and attribution is retained with each new work and the derivatives are not used commercially. Already, fans of the book have begun Russian and Spanish translations, an audio book version, and several amusing re-arrangements of the text. Doctorow has noted that he is pleased that people are building on his work, and that he hopes that further innovations will follow”.

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El trabajo derivativo no es pirataje, es creación.

Las ideas no son de nadie. El TRABAJO lo es.

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Lo que pase en la red pasará en nuestras vidas, no lo dude usté.

Por eso, es muy interesante cuando Doctorow pone en práctica el pensamiento de izquierda y no pierde oportunidad para analizar los efectos del miedo.

Este es un fragmento de su post de hoy, sobre un fotógrafo de la BBC al que detuvieron por quererle hacer una foto a la Catedral de San Pablo en Londres.

“The real damage from terrorist attacks doesn’t come from the explosion. The real damage is done after the explosion, by the victims, who repeatedly and determinedly attack themselves, giving over reason in favor of terror. Every London cop who stops someone from taking a picture of a public building, every TSA agent who takes away your kid’s toothpaste, every NSA spook who wiretaps your email, does the terrorist’s job for him. Terrorism is about magnifying one mediagenic act of violence into one hundred billion acts of terrorized authoritarian idiocy. There were two al Quaeda operatives at St Paul’s that day: the cop and her volunteer sidekick, who were about Osama bin Laden’s business in London all day long”.

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Izquierda mexicana, ¿cuándo empezaremos a dejar de pelear por huesos sin carne para desmenuzar los tramos más sutiles del pensamiento de derecha? Eso son los tramos que importan, digo yo.

Este azulito…

De pronto lo veo y me parece lindo y otras veces entro al blog y pienso, aaaah qué jotería.

No sé no sé.

Soy tan pinche indecisa.

Es como cuando me enteré que cuando se estudiaba filosofía era válido preguntarse si es o no cognoscible el ser. Pensaba “eso salía como chiste en El Santos. ¿Les cae que alguien pierde la vida pensando en la vida?”

Y de inmediato me arrepentía y pensaba “pero claro que es necesario pensar la vida. Vivirla solamente es dejarla escapar entre las manos, como agua”.

Así igual me saca de onda este azulito que le puse al blog.

Ya no más guilty pleasures

Una crítica de cine que respeto y disfruto como enana loca (doblemente) se llama Dana Stevens. Escribe para Slate, la revista electrónica del Washington Post y esta vez abre su reseña con una idea interesante sobre el guilty pleasure.

Hace tiempo que el concepto me rebana la cabeza: la mera idea de que un placer (que no daña a nadie) se considere culpable me parece peligrosa; uno de esos juicios morales disfrazados de coolness. Hacer una diferencia entre aquello que disfrutamos y aquello que podemos llamar ‘bueno’ está bien, supongo, pero diferenciar entre lo que le podemos contar al mundo y el gusto privado sólo porque nos destronaría ante los ojos de otros me parece ridículo (y peligroso, como dije).

Nuestra necesidad de ser amados es un hoyo negro, sin duda.

Me sorprende que no haya más ensayos pop-culturales sobre el ‘guilty pleasure’. Espero que muchos comunicólogos/psicólogos sociales/ sociólogos estén haciendo alguna tesis al respecto.

Por lo pronto, aquí el clavo que pega Dana Stevens (por cierto en una  reseña sobre la odiosita Luna Nueva, republicanteenage peli hiperexitosa que ya hasta ganas me dieron de ver):

Sometimes a critic’s aesthetic judgment is impossible to extricate from what you might call her cinematic libido. There are movies that bring us a pleasure that’s neither definable nor defensible. These used to be called “guilty pleasures,” but that phrase seems too judgmental, too pre-Vatican II, for our postmodern era of omnivorous cultural consumption. The distinction between high and low culture, between what we’re allowed to enjoy publicly and what we must sneak off to savor in private, has effaced itself to the degree that “guilty pleasures” needs to be replaced by a more morally neutral term. For our purposes here, I’ll go with a term that a friend and I coined in college and that I still deploy on occasion: movies we couldn’t intellectually defend but still unapologetically loved we called “juicebombs.”

Feliz feliz Mr. Moore

Trato de decir que si en el mundo hubiera dos o tres más, el desbalance llegaría a tirar algunos gobiernos.

Suertudos gobernantes e idiotas al frente de casi todas las cosas de que sólo exista un Alan Moore.

Hoy es su  cumpleaños 56.

Que su nacimiento nos recuerde lo peligroso y lo necesario que puede ser un escritor.

Que su cumpleaños nos obligue hoy por la noche a dedicar hasta la última gota de lo que somos a esa paginita chafa y blanca que nos elude.

(Feliz cumple también a mi gran amigo Paulo).

De aquí en mientras…

Hola hola. Nomás para avisar a quien pase por aquí que el proyecto mcsweenezco de nombre tentativo “Sonidos y silencios de la Ciudad de México” empieza a respirar.

Se nos acaba de unir Erika, una lingüista; Edgar, escritor; Ernesto S, licenciadote en letras inglesas; un novelista que me confirmará por la tarde; La Marus que es re buena diseñadora gráfica y otro periodista que vive en NY.

Somos un rechingo y ay chingaos, qué vivos nos vamos a sentir cuando lo tengamos en nuestras manos (o en nuestras compus).

Muy importante, también se unió otro diseñador, don Pepe, que se sabe manejar el inCopy por delante y por detrás y en cuyo trabajo confío mucho.

Este sábado abriré una pestaña en el blog para lanzar la convocatoria formal.  Les adelanto que aunque sean escritores pueden pensar en una colaboración gráfica/musical/virtual o whatever.

En esta propuesta añadiré algunos enfoques (tirando línea la editora, pues) que pueden hacer suyos por si quieren participar pero no saben por dónde.

También les adelanto que nadie está poniendo ni recibiendo varo de esto, aunque el varo que milagrosamente se llegara a recibir (así sean dos o tres pesos) se repartirá en partes exactamente iguales pa que no se me pelieen.

En realidad, lo único que este proyecto podría ofrecerles es un escaparate, una manera erótica de protestar o de reír con los demás. Lo otro que pueda venir, (como el matrimonio y los hijos cuando uno se enamora) será una afortunada casualidad.

Lo que yo de antemano les ofrezco es que habrá un trabajo curatorial/editorial férreo y creativo, digno de sus libreros.

Mañana los veo por aquí.

Averpérense…

Uy pues mi anzuelo ese del McSweenazo surtió algunos nada nada nada despreciables efectos. Hasta el momento tenemos:

-un escritor

-un escritor

-una filósofa

-un escritor

-un fotógrafo

-una periodista escritora

-una escritora periodista

No necesitamos 185 plumas. Nomás otras cuantas más. Y como dice Ernesto, hacer un ‘leiau’ en InCopy y ponerlo para print in demand en Lulu o algo así.

Igual podemos buscar patrocinios (busco busco estoy buscando) …pero lo más importante es tener un tema.Y ni eso. Lo más importante es que algo nos provoque. (No puedo sacar a mis amigos de pobres pero entre todos podemos hacer sopa de piedra, digo yo).

Un tema no corsetero, más bien delimitador.

Me gustaría hablar de los sonidos (y el silencio improbable) de la Ciudad de México.

Tú que eres muy bueno para hablar de música, pues haces algo, tú que desgranas muy bien el léxico de la banda, tú que haces poemas que parecen transmisiones de futbol, tú que sabes cómo aturde el silencio, tú que conoces cómo se ven mejor las notas en papel.

A ver…poco a poquito podemos llegar a algo…¿les gusta el tema? ¿Tienen otro? ¿Algo que se complemente?