It seems that she can be anything she wants to be

Ay chingaos, qué fan soy. ¿No los lleva a un lugar horrible/espasmódico/intenso/salvaje/de dulzura/infancia perdida inconsciente?

A mí sí, caray. Hasta pena me da ser tan fan.

La gustada sección “el post de hoy es la columna de mañana”

2010: el año que haremos contacto (con las listas)

No quiero amargar la década a nadie, pero el 2010 nos pisa los talones y es hora de inaugurar la avalancha de listitas de nostalgia pura y baratona…que si las diez mejores, que si las once peores… y lo hago ahorita pues el que pega primero, pega dos veces (señor, señora, señorita, usted lo vio aquí primero, no se le olvide). Lo interesante de tratar de configurar una lista de lo mejor de la década en términos cinematográficos es que, para empezar, este será el siglo que ya no se puede dividir por décadas. El mundo va muy rápido y ni la tecnología ni la creatividad multiplicada aguantan diez años sin dar giros espectaculares: hace muy poco aún hablábamos del video digital como la forma ‘alternativa’ de hacer cine, ahora hasta Coppola filma en ese formato. Las campañas publicitarias virales solían ser una novedad hasta hace sólo… dos años. Hoy a nadie espantan con sus tráilers de película sin nombre. Es más, “espantar” es un verbo que usaba mi abuelita cuando veíamos películas de terror y, contando lo que han hecho cineastas orientales últimamente, hoy el término correcto es ‘hacer un agujero profundo y progresivo en el inconsciente del espectador’. En esta tesitura va mi selección: son los últimos cinco hechos cinematográficos que me volaron la cabeza, sólo para abrir boca en la previsible listitis del 2010:

1) La manera de despedirse de la vieja Norteamérica y la vieja forma de ser hombre de Clint Eastwood en Gran Torino.

2) El borroneo cizañoso de la línea siempre débil entre realidad y ficción de Sasha Baron Cohen en Borat .

3)El taladro a las certezas éticas perpetrado por el coreano Park Chan Wook en su trilogía de la venganza (Mr. Vengeance, Old Boy  y Lady Vengeance).

4) La revancha de los nerds: la triste aceptación hollywoodense de que el seso se les secó y ahora tienen que apelar a eso que han despreciado por tantos años para contar buenas historias: los cómics, los videojuegos y la ciencia ficción —desde The Dark Knight hasta Coraline, y District 9—.

5) La búsqueda del monito blanco y muerto en cada alacena de mi casa, cortesía de los excelsos japoneses en mis noches sin luz, especialmente con Llamada Perdida de Takashi Miike.

Añado un runner-up a las imperdibles de la década, Where the Wild Things Are, por múltiples razones, pero más aún por esa lapidaria frase del autor del cuento, mi nuevo héroe Maurice Sendak:

“Si una historia para niños no causa miedo, está fallando a su audiencia”.

Odio a Mickey Mouse

Me enteré que el año pasado el pinche ratón ese cumplió 80 años y nomás por no dejar, tenía en la agenda sacármelo del sistema: no lo soporto.

Disney en general me pudre un poco. Recuerdo funesto el de aquella vez que me mandaron a cubrir un viaje a Orlando (un complejo arquitectónico espantoso, todo idéntico, como casa Geo pero salido de lo peor del alma gringa); me hospedé en un hotel temático aledaño donde, absolutamente todo, desde los patrones de las alfombras en el lobby hasta la sopa de pasta tenía la reconocible forma de las orejas del cabrón del Mickey Mouse.

La expresión Aaaaaaaargh es un verdadero understatement cuando recuerdo este viaje.

Lo peor fue cuando en mi llamada de despertador, en lugar de una señorita con voz nasal me despertó un juuuju juu ju joooyy! This is Goofy and this is your wake up call!!! joo jo joo jooooyyy!

Ríanse, ríanse. Algún día les tocará que los despierte el pinche Tribilín.