Las promesas a los muertos

Me parece bien que se arrebaten los restos. Que los Jackson se saquen los ojos. Que los parientes de Farrah Fawcett se dividan esa foto de póster donde se le notan los pezones.

Siento claramente vengada la vida y no la muerte cuando se violan las últimas voluntades.

Esto a propósito del éxito de ventas de “El Original de Laura”, la novela póstuma de Nabokov que Dmitri, su hijo decidió publicar treintaytantos años después de que murió el padre .

Las promesas a los muertos no son importantes.

El poder de las palabras que se les confiaron se extingue con ellos…a menos que no lo hagan. Eso lo decide la memoria del vivo, pues a quien honrará no es a su padre o a su abuelo, sino a sí mismo.

Creo entender por qué Dmitri Nabokov decidió vender estas tarjetas llenas de apuntes a mano. Como lectora y entusiasta de Vladimir, lo celebro; como hija de muertos le envidio.

No quiero asustar a nadie -amo esta frase- pero los muertos no nos están viendo. No les debemos nada.

La que nos mira constantemente es nuestra memoria que no es, como te hacen creer en los libros de historia “un archivero lleno de fotos y hechos reales” sino una cinta que corre y siempre es distinta aunque sea igual, pues el que recuerda es siempre distinto aunque sea el mismo.

Felicidades a Dmitri que a sus 76 años está tomando por fin la memoria de su padre en sus manos.

3 thoughts on “Las promesas a los muertos

  1. Coincido en que los muertos no nos están viendo. Pero creo que las promesas (a los muertos, a los vivos) sí son importantes. El énfasis de la importancia –por decirlo de algún modo– no está en el objeto indirecto sino en el objeto directo y por lo tanto en el sujeto: Yo hice una promesa a alguien. Lo que importa es que “yo” prometió. (En el caso de Nabokov él no prometió nada, era el padre quien no quería que algo se publicara, que es distinto). En el caso literario que nos atañe, pues, coincido, qué bueno que el hijo compartió lo que se hubiera quedado sepultado con el padre a quien ya no le puede importar que se comparta. Algo paralelo a cuando vemos ruinas arqueológicas de significación profunda: lo que antes merecía absoluta devoción ahora son atracciones de museo. A los dioses del Olimpo y a los muertos mayas les importa un bledo. A los que les importa es a los vivos. Las promesas son pues con uno mismo. Hasta que la muerte nos separe (de nosotros-mismos).

  2. Por supuesto que todo mi rollo de arriba lo dices tú con la línea “Eso lo decide la memoria del vivo, pues a quien honrará no es a su padre o a su abuelo, sino a sí mismo.”😉

    Besinhos.

  3. concuerdo:
    los regalos que damos a los muertos son un regalo que nos damos
    un guiño al recuerdo que tenemos de ellos
    un recuerdo que siempre cambia porque cambiamos el ángulo con que lo miramos

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