Después de dormir un día entero

Llegué. Otra vez.

En el confinado espacio de mi asiento durante diecisiete horas pensaba ¿será que vivo otra vida en los aviones? Allá soy más joven,  más ingenua. Todo me sorprende, los libros son medicina, el iPod es un portal, una ruta.

La comida (siempre la misma), una pasta que sabe a estar del otro lado del espejo. Viajar cayendo en un agujero habitado por azafatas, salas de espera, piezas de pollo estándar, correosas, saladas, panes duros, jugos de manzana que hacen palidecer de envidia a la misma fruta: el jugo de tetrapack sabe más a ella que ella misma. Mientras caigo voy aprendiendo modales: no se patea el asiento de enfrente; al terminar de usar el baño se pasa una toallita ‘as a courtesy to the next passenger’; los zapatos se quitan, pero sólo en un vuelo largo y cuando en la cabina han decidido que “es de noche”. No siempre será de noche para ti, pero desde que eres un niño aceptas el día y la noche como convención, qué caray, no hay porqué asustarse. Si las azafatas deciden que es de noche, lo es.

Al pararte, cuando vas al baño, no se le miran las nalgas o los calzones a aquellos recostados en tres asientos (ni los calcetines rotos), no se notan las bocas abiertas de los durmientes, no te imaginas las máscaras de The Wall, por dios, qué imagen; no se piensa que el gordo ‘roncante’ debería ponerse a dieta, ni se vincula su ronquido de avión, su terrible vorágine sedentaria con una pobre esperanza de vida. ¿Cuánto para que este pobre se muera de una trombosis? No se piensa en la muerte de los otros como tampoco se piensa en la propia. Estás en un avión, compórtate.

Tampoco deberías notar el sollozo de una mujer en el último asiento que toma de pretexto la mini pantalla con la mini película para despedirse de algo que dejó atrás.

No deberías ser la única persona en notarlo, pues.

No empieces a pensar la vida en canciones. Y menos canciones de U2, no chingues.

El número de veces que le pones títulos de canciones a las llegadas de avión es vergonzoso.

On borderland we run…

And your heart beats so slow
Through the rain and fallen snow
Across the fields of mourning
Lights in the distance

Oh don’t sorrow, no don’t weep
For tonight, at last
I am coming home

Sobretodo, no sueñes. ¿Qué tal que tienes una pesadilla? Acabas de leer un pasaje de las Historias de Herodoto (a través de Kapuscinki, of course), aquel donde los egipcios se rasuran las cejas cuando se muere el gato de la casa y tienes la peor pesadilla de avión que puedas recordar. A tu gata la encuentran rasgada, empolvándose y luego frita, como a Bubastis en Watchmen. Un poco también como a Bast en el sueño del Sandman.

Arrgh.

¿Serás tú ese sueño? ¿Serás tú la Morgana llena de polvo y desintegrándose?

No sueñes en los aviones, te digo.

Aprende.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s