Cada día, los días

Será que cada día me queda menos: cada día los días se me vuelven más valiosos.

Solía ser más tolerante con el desperdicio, sobre todo con el tiempo, pero ya no es tan fácil. Empiezo a envejecer, me pongo de malas si las cosas se postergan, me pongo de malas (peor) si soy yo quien posterga.

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En la red, pu, cuánto desperdicio.

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Como decía Kurt Vonnegut: el talento es muy común. Lo que es poco común son las ganas de trabajar.

Lo oigo lo oigo y pienso que el cabrón me conocía y conocía a muchos de mis amigos.

Entonces me pongo una fecha de entrega, una disciplina de trabajo, la empiezo a cumplir, me empiezan a salir cosas.

(Y de inmediato se me hace un hoyo en el corazón. Es un arco reflejo del alma diciendo: nooooovaaaaaasaaaaaapoddeeeeeeeeeer! Pinchi alma cabrona con la que nació uno.)

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Pero nada. Apagamos la bocina y seguimos trabajando.Que no se diga que somos unas lloroncitas. A veces hay que mandar a la chingada a todos, hasta el alma propia.

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Fuimos el otro día a divertirnos a la calle de Jerónimas, paralela a la de Regina en el Centro. (Somos un gran equipo en eso de la diversión).

Allí vimos este letrero y no podemos olvidarlo:

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Hay mucho desperdicio en la red, pero el sitio colaborativo de Cory Doctorow Boing Boing no es uno de ellos. Su muy canadiense idea del copyright y los archivos compartidos es indispensable para el buen gobierno de esta cosa que se llama Internet. La razón más importante por la usted debe interesarse en estos conceptos de autogobierno de la red es que, ejem, usted me lee desde una terminal electrónica conectada a ella.

Además es buen novelista (Doctorow, no usté). Le hace a la ciencia ficción, como casi todos quisiéramos hacerle, pues. Si usté lee en inglés, puede bajar acá de a grapita china la novela Makers la más reciente del buen Doctorow.

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Desde 2004, Doctorow pone sus novelas a disposición de los lectores en la red, bajo licencia de Creative Commons, que permite usarlas siempre y cuando se atribuya la autoría y  se haga sin fines comerciales.

“… one can now make derivative works from the book without permission, provided the license and attribution is retained with each new work and the derivatives are not used commercially. Already, fans of the book have begun Russian and Spanish translations, an audio book version, and several amusing re-arrangements of the text. Doctorow has noted that he is pleased that people are building on his work, and that he hopes that further innovations will follow”.

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El trabajo derivativo no es pirataje, es creación.

Las ideas no son de nadie. El TRABAJO lo es.

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Lo que pase en la red pasará en nuestras vidas, no lo dude usté.

Por eso, es muy interesante cuando Doctorow pone en práctica el pensamiento de izquierda y no pierde oportunidad para analizar los efectos del miedo.

Este es un fragmento de su post de hoy, sobre un fotógrafo de la BBC al que detuvieron por quererle hacer una foto a la Catedral de San Pablo en Londres.

“The real damage from terrorist attacks doesn’t come from the explosion. The real damage is done after the explosion, by the victims, who repeatedly and determinedly attack themselves, giving over reason in favor of terror. Every London cop who stops someone from taking a picture of a public building, every TSA agent who takes away your kid’s toothpaste, every NSA spook who wiretaps your email, does the terrorist’s job for him. Terrorism is about magnifying one mediagenic act of violence into one hundred billion acts of terrorized authoritarian idiocy. There were two al Quaeda operatives at St Paul’s that day: the cop and her volunteer sidekick, who were about Osama bin Laden’s business in London all day long”.

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Izquierda mexicana, ¿cuándo empezaremos a dejar de pelear por huesos sin carne para desmenuzar los tramos más sutiles del pensamiento de derecha? Eso son los tramos que importan, digo yo.

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No todo puede estar mal

Tiene días, ¿meses? que no posteo con calma y con amor porque siento que ya nada importa.

No hay consensos, no hay proyecto, no hay ganas. El país es como yo: un cerebro en funciones (porque parezca lo que parezca, no somos tan pendejos como nos gustaría creer) y una voluntad en huelga.

La clase media se jalonea, se derrumba. Pedir que asuman una postura es demasiado, pedir que vean más allá de sus narices inimaginable.

Nosotros los mexicanos promedio creemos que las acciones individuales son apolíticas. Pffffff. Qué cansado explicarle a alguien que tenga o no una postura consciente, la tiene. Por acción o por omisión.

En fin, lo que quería decir hoy es que por fortuna, no todo está mal.

El ejemplo más tarado de cómo la falta también trae cosas espectaculares es el caso de Islandia, donde por la crisis removerán todos los McDonald’s. Menos mal.

En lo que a mí respecta, también se me van aclarando cosas con esta crisis política y ética del país. Ya sé a dónde pertenezco, ya puedo medir qué personas simplemente  no me interesan.

Son esas que creen no tener una postura, esos que mejor no expresan su opinión, esos que opinan como si vivieran solos en un mundo aparte.

Ojalá hubiera opiniones encontradas: lo único que encuentro son no-opiniones. Ratoncitos que mueven las orejas hacia abajo ante el peligro. Somos un chingo de ratones, ya podríamos hacerle un hoyo a esta plataforma idiota y en su lugar escogemos una parcela segura debajo de una alcantarilla maloliente.

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Pero hay otras personas: gente sin la voluntad mutilada que escribe novelas y tiene proyectos incluyentes como Yuri Herrera, director de la revista El Perro (multielogiado por Volpi el pasado sábado en Laberinto de Milenio y a quien entrevistarán en El País esta tarde), gente que critica desde una postura adulta, desde adentro, como Heriberto Yépez (quien con una columnita en el antes mencionado suplemento, que no debe pasar de los 3000 caracteres, pone a toda la clase intelectual a remojar sus barbas cada sábado), gente como Raymundo Riva Palacio, como Leo Augusto con La Columna. Incluso que gente de la que no soy nada fan, como Mauricio González, quienes usan la independencia como un arma en sus blogs periodísticos. Lo hace también  Ramón Alberto Garza con IndigoMedia,  Eduardo García en Sentido Común y, chingá, por qué no, personas como mi carnal Ernesto Priego, quien integró a los angloparlantes a la discusión #internetnecesario desde su blog Neverneutral y su twitter. Por ahí  Pascal Beltrán del Río dirige Excelsior y hace lo que puede, creo. Los que hacen Emeequis lo hacen re bien y algunos todavía en Proceso.

Están Betteo y Bef , dibujando como si les pagaran lo que vale su trabajo, otros comiqueros como Bachan y escritores como Alberto Chimal quien además de una obra extensa y respetable hace patente su vocación de verdadero maestro.

Están mis amigos más jóvenes que organizan lecturas de poesía y rock. (El Andrei con Anuar, Oliver, Jorge Posada y Jorge Sosa que de entrada saben que no hay ni habrá nunca dinero en la poesía ¿Qué otro acto de resistencia hay, digo yo?)

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Ya sé ya sé. Muchos son mis amigos. ¿Y de quienes diablos podría hablar que no lo fueran? No conozco a todo el mundo, pero todo el mundo conoce la valía de Carmen Aristegui, la de Enrique Gánem (divulgador de ciencia en MVS Radio y en Reporte Índigo) la de de Témoris Grecko dando vueltas en el mundo (reportando el mundo), la de los cientos de periodistas, escritores, ganaderos, valetparkings, zapateros, moneros, veladores, jardineros, escultores, herreros, veterinarios, porcelanistas, webmasters que saben que sin una postura y un actuar ético este pinche mundo no vale ni tres pesos.

Menciono a mis amigos pero cada quien tendrá otros. Me vale madre si creen que estoy haciendo amigonepotismo. Eso es lo que creo y ni modo.

Lo terrible, según yo, es que hay muchos otros (yo incluida) que seguimos lanzando piedras desde afuera, pensando que la resistencia se puede realizar desde el margen. Algo así como “no me meto, pero pienso que todos son unos pendejos y si puedo me quejo y me voy”.

Tiene razón Alberto Chimal cuando viene y contesta mi idea de exilio fácil (ver post anterior):  no somos ratones, no corremos a la primera. Nos quedamos, Alberto, nos quedamos pero no porque no nos quede de otra, sino porque todavía nos quedan cosas por hacer aquí.

Si algo nos enseña Yépez es que desde el otro lado de la barda las pedradas no entran: son puras chaquetitas adolescentes. Se tiene que hacer un esfuerzo por criticar y modificar desde adentro. Los precios a pagar son altos: horas nalga, prudencia (que no tibieza), celeridad, pasión.

Esas son las personas que me interesan, esa es la persona que me interesa ser.

Aún no llego y lo siento mucho.

Los días, los motivos

Ahora debo escribir una carta de motivos. Redactar bien, enganchar al académico que leerá las primeras dos líneas, un par de enmedio, las del final. Hacerle una especie de ‘cht, cht’ en la voluntad, ‘ei, acá, acá fíjate en mí, soy elegible, soy lo que buscas’…zip zap zoe, sea el alma de las fiestas, decía la Pantera Rosa.

Aquél que pueda escribir una buena carta de motivos, creo que puede con una novela. Es el mismo principio, nomás que las nachas duelen más.

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Dice Vila-Matas en una entrada de su Dietario Voluble: “A veces, el humor se revela como el único sentido del universo”.

El universo hace cosas graciosas como dejarte sin dinero para comprar pan mientras te asigna un trabajo de reportar el estado de los pastelitos de frambuesa.

O te da una intuición de miedo para casi todo pero no te da disciplina para ejecutar.

Sentidazo del humor, pues.

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DC, as in DC Washington, as in DC Comics, as in Batman, as in I’m Batman, as in I miss my happy self, as in I have a mask that covers up my ophanhood, as in I miss you bastards a lot, as in don’t you think it’s been enough? DC as in Driving Cars, as in Dying Cars, as in Dios Castiga, as in Damage Control, as in Don’t Care, as in Dionisios Celebra, as in one of these days I’ll just be Bruce Wayne and leave everything behind me.

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This time tomorrow. Qué sanquintín esto de viajar. A esta hora mañana ya estaré sentada en las piernas de Lincoln, como la Lisa Simpson que siempre quise ser.

Vanity

En la Vanity Fair España de octubre sale un artículo de Marin Amis que toca el tema de la vanidad de refilón, mientras trata de explicarse por qué el número de atentados terroristas suicidas ha crecido de manera tan exhorbitante.

Amis advierte que en la mayoría de los casos, se trata de jovencitos-borrego y no de verdaderos fanáticos rabiosos.

Jovencitos que harían cualquier cosa por ser famosos, aun explotar.

No es igual pero se parece a lo que les ocurre a muchos miembros de la clase media mexicana, algunos de los cuales eligen el arte para llegar a tan preciado destino.

“La necesidad de causar una impresión es abrumadora, y una impresión negativa es mucho más fácil de conseguir que una positiva. En nuestra época, esto se traduce a la sed de fama. Probablemente, nadie menor de 30 años pueda comprenderlo totalmente, pero la fama se ha convertido en un tipo de religión, de opio, y ahora en el “polvo de ángel” del individuo en masa”.

…en su lectura de la psique terrorista Joseph Conrad (en El agente secreto) enfatiza persistentemente las cualidades de la vanidad y la pereza, esto es, del deseo de la máxima distinción con el mínimo esfuerzo”.

Quizás por eso hay ahora tantos libros de publicación reciente que prefiero saltarme. Siento que no son recíprocos: no se exponen, no echan carne al asador, no arriesgan piel, puro perfume. Y cuando yo leo creo estar haciendo todo eso.

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Lo que quise articular ayer con un amigo, se encuentra escondido en alguna interlínea de este artículo. Pasa que soy bien burra para hablar (siempre me consuela ganarme la vida de escribir y no de hacer locución), así que luego llego a mi casa y me doy de topes en las paredes porque sé que no pude comunicar lo que pensaba realmente.

My Melody

La última semana he buscado desesperadamente una canción que acompañe una particular sensación que recorre mi cuerpo, pero hasta ahora la melodía correcta me elude. Estoy empezando a sospechar que necesito abrirme a otros géneros musicales para encontrarla.

Busco un poco de teoría para documentar mi derrotismo y me encuentro esta entrevista en el archivo de la Wired de agosto del 2006, en la que se insinúa que mucho antes de Prozac existió la música.

Una de las razones evolutivas por las que pudimos haber desarrollado la música como seres humanos fue esa sempiterna comezón por proporcionarnos un poco de placer y guiar nuestras emociones. Tantito después de las palabras, de la capacidad para articular ideas en ellas –o quizás porque nunca hemos podido articular del todo en ellas, justamente– vino la música.

Otra teoría expone que la música es un asunto evolutivo: señala algunos tipos de superioridad intelectual, física y de potencia sexual que preferimos en una pareja.

Levitin: (Research has shown that) if women could choose who they’d like to be impregnated by, they’d choose a rock star. There’s something about the rock star’s genes that is signaling creativity, flexibility of thinking, flexibility of mind and body, an ability to express and process emotions — not to mention that (musical talent) signals that if you can waste your time on something that has no immediate impact on food-gathering and shelter, you’ve got your food-gathering and shelter taken care of.

Lástima que ese atractivo se termine una vez que uno habla con ellos. Salvo honrosísimas excepciones, la mayoría de los rockeros que conozco no podrían encontrarse el propio trasero en un cuarto con la luz apagada.

Sin embargo, hay algo en las personas altamente musicales (no tanto los músicos) que se me figura insobornable; quizás sea la seguridad que otorga conocer el delirio y la embriaguez de primera mano.

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Hay otra parte de la misma entrevista que habla sobre el talento:

Daniel Levitin: I think we’ve debunked the myth of talent. It doesn’t appear that there’s anything like a music gene or center in the brain that Stevie Wonder has that nobody else has.

There’s no evidence that (talented people) have a different brain structure or different wiring than the rest of us initially, although we do know that becoming an expert in anything — like chess or race-car driving or journalism — does change the brain and creates circuitry that’s more efficient at doing what you’re an expert at.

Meaning: sígale chingando a lo suyo, el ‘talento’ llega en el tren que sigue.

Mucho mucho mucho

No sé por qué luego me da la tonta y pienso que no hay nada de qué escribir.

De qué escribir, sobra.

Si uno ha cultivado cierta habilidad, de hecho es imperativo ponerse a escribir.

Olvidémonos de ser famosos, lo que importa es nadie puede ver lo que yo veo como yo lo veo. No solo eso, este fin de semana me di cuenta de que es mi RESPONSABILIDAD escribir. (Y aprender a hacerlo mejor es parte del paquete). Este país no está para desperdiciar la poca educación que logró filtrar en una persona.

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Carta abierta a quien se ponga el saco, a propósito del encuentro de escritores (de Editorial Almadía) en Oaxaca

Estimados Escritores Publicados:

Además de escribir ficción que tan linda les sale, piensen en la posibilidad de ser un ente político. No hablo aquí de partidismo. Hablo de entender que la relativa notoriedad de que gozan puede ser usada para otra cosa que lucir su incompetencia en las relaciones interpersonales, o sea su (nuestra) nerdez.

La gente espera de ustedes inteligencia (god knows why). Sobre todo cuando participan en una mesa de reflexión. Se vale ser borrachito, coquito o de plano un imbecilazo, pero no se vale perder el tiempo de los demás.

No chinguen.

Quizás piensen que no es su chamba, pero se engañan. El pinche país se está cayendo a pedazos y ustedes usan los foros públicos y las notas en Reforma para hablar de lo mucho que se admiran mutuamente. (Lo mismo va para los periodistas culturales/writers wannabe, que cubren nomás los temas que no confrontan y se la pasan chupando con los escritores en estos encuentros, claro está).

¿Qué mal podría haberle hecho a este país que en este sonado Encuentro alguien hubiera puesto un tema nacional sobre la mesa?

Y me dirán, como algún sabio ex-presidente dijo alguna vez ¿y yo por qué?

En privado y con un par de chelas encima les diría “¡por que hay que tener madre!”, pero como esta es una carta en serio y hay que guardar las formas les doy al menos tres razones:

-la materia antes llamada “Historia” está por desaparecer en el programa de las preparatorias. Así, de golpe y porrazo. Ya no hablamos de arrancar ‘algunas páginas’ de los ya vilipendiados libros de texto, sino de suprimir la materia por completo. Supongo que los nuevos estudiantes sólo necesitan “el presente” para maquilar.

-el petróleo, el gas, la electricidad que nunca fueron nuestras pero que por lo menos tenían una etiquetita con nuestro nombre, ahora nos los van a sacar, como decía mi bienhablada madre, por las nalgas.

-los hijos de puta (ponga usted aquí el nombre de su favorito) siguen cobrando por serlo. Ahí están los gobernadores poblanos, los ministros pederastas de la iglesia, los diputados, el presidente que ya se lleva de a cuartos con el ejército. El conservadurismo está a la alza, los pobres ahora son de derecha. Escritores capaces (Tryno Maldonado) de hacer un escándalo estúpido contra Conaculta por supuesta censura y retractarse con la cola entre las patas un mes después, ahora son antologadores.

¿Les parece de verdad que no hay temas que tratar?

No es cool ni padre ni se ganan premios ni se publican antologías si uno se asume animal político.

Al contrario, uno pierde muchos amigos y quién sabe, quizás después los necesite.

Yo, por lo pronto, me desmarco.

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Hablaba el sábado con dos escritores publicados que me caen a toda madre, ganadores de sendos premios, Mauricio Alvarado y Ernesto Murguía, sobre la necesidad de armarla de pedo. (excusarán mi francés, s’il vous plaît, hoy ando muy peladita).

Bastante menos “pertardistas” que yo, ellos decían que primero hay que tener una obra que te avale para hacerla de pedo. No estoy de acuerdo, pero bueno. Ellos tampoco están de acuerdo conmigo en que si te invitan buenamente a uno de estos encuentros hay que hacerse enemigos gratis llamándoles pendejos a tus compañeros de banca.

Ok ok.

Después de mucha discusión, ambas partes llegamos a un productivo acuerdo: ok, armarla de pedo puede sacar un par de ronchas y las ronchas son importantes, pero TAMBIÉN hay que usar el poco o mucho don que uno tiene para documentar cosas que se han perdido en la memoria.

Es decir, está bien ladrar, pero también hay que morder.

Murguía y yo decidimos hacer un trato: tenemos tres meses para documentar un tema nacional, escribirlo y publicarlo donde podamos. (Este blog, por supuesto, tendrá primicia).

Si alguien pregunta

Mi ausencia se debe a:

-lo frito de mi cerebro después de varias horas de reescribir una cuartilla para mi novela (para la que no hay link of course).

-un blogartículo para el blog de periodistas Mundo Abierto que está super lindo y le llega a un chingo de gente que no lee blogs. Me place decir que dicho EMO article encontró su semillero en El Taza un par de semanas atrás. Como quien dice: ¡usté lo vio primero! (o más bien, usté vio su forma primigenia).
Porfa, visite ud Mundo Abierto y si puede, dígame qué piensa de este primer artículo.

-una columna de cine que hago ahora mensualmente para la revista Chilango.

-y last but not least la emoción de coche* que me dio cuando supe la noticia: MAÑANA ME VOY A LONDRES.

¡Ah su mecha, mano!

*en Chiapas los cerditos bebés se ponen a correr con sus cuatro patitas cortas alrededor de la granja cuando algo les emociona. Les dicen ‘coches’.

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Me encantan las oficinas de gobierno. En la entrada deberían tener un anuncio con la leyenda “Frustrándome aprendo”.

No falta el güero mamón que ve a todos por encima del hombro y como no sabe leer, no trae la copia correspondiente. Se enoja (¿por qué la gente rica es tan berrinchuda?), si pudiera pataleaba y se tiraba al piso.

Pobre güero. Llama al ‘gerente’ que se tarda otros 45 minutos en decirle lo mismo: usté no trae la copia correspondiente. Venía en las instrucciones.

Entonces el güero grita: ¡Por eso no progresamos, carajo! Y sale dando portazo.

Traducción (punto de vista del güero): este país no progresa porque ustedes, pinches nacos, no hacen lo que yo quiero cuando yo quiero.

Traducción (punto de vista del gerente): este país no progresa porque cada vez menos güeros saben leer las instrucciones.

Estoy enamorada

Algo pasó y no pude postear por una semana entera. Algo pasó dientrito de mi. Se me ocurrió que esta novela en realidad me importa, me importa como si fuera una persona a la que ya quiero y ya se chingó la cosa.

Al principio era como cuando te gusta el tipo de enfrente; un amor bobo, platónico, de secundaria, al que nomás no se le ve a los ojos porque nos da pena. El amor que nos sonroja y nos moja.
Esos amores son estupendos porque en realidad no se está poniendo nada en juego: se tiene el riesgo medido, nada pasará porque a nada me atrevo y luego ¡pum! se chingó la cosa. De repente uno ya está clavadísimo y haría cualquier cosa porque el otro sintiera lo mismo que tú.

El deseo del deseo del otro. Deseo que mi novela me desee y no me deje escapar.

Hoy por ejemplo, como le pasa a cualquier enamorado, me desperté a las 5 a.m. a pensar en ese texto.

Hasta ganas me dan de comentar pendejadas de la novela, como si tuviera 15 años y le contara a mis amigas: “¿te ha pasado que de pronto estás oyendo una canción y te acuerdas?”

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He de pedir una disculpa por no responder todos los comentarios en su momento, luego me gustaría hacerlo pero casi que he llegado a la conclusión de que nadie se lo espera. Por otro lado creo que los comments tienen una vida propia, en la que dios prohiba que el dueño del blog se inmiscuya.

Los leo todos, todos son importantes. Me dejan pensando más de lo que creen. No suelo decir esas cosas nomás porque sí.

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Exciting times

Qué simpática la vida cuando uno puede decir: están pasando cosas en mi computadora.

O en mi cuarto.

Hay días que me sorprendo ganándole la partida a Pascal:

“La infelicidad humana proviene de no poder estar inactivo dentro de una habitación” (Mil veces citada en la red y ahora se la encuentra con tantos añadidos que ya no se sabe qué chingados dijo realmente Pascal. Para joderla no tengo el libro.)

Bien, lo que hayas dicho Pascal, te reto a verme ahora mismo que blogueo desde mi casa, que me encuentro con mis libros y, ja, ¡casi siento ganas de comérmelos o de invitarles unas chelas!

Abro el archivo de mi novela (esa que, efectivamente, publicaré algún día) y quisiera abrazarlo. Le pregunto a Pascal que cómo se abraza un archivo de Word, pero no me contesta.

(Qué bueno. La pregunta tendría que derivar en cómo se coge con un MP3 y ahí si, para que le andamos tentando las nalguitas al demonio…son un chingo y a todos me los echaba).

Sobre Rimbaud y los rants: por fin, ¿semos o no semos?

Rimbaud es el poeta del que siempre me quedo con hambre.

Es un cabrón que me saca, que me exprime antes de ponerme en un estado de cinismo triste.

Pobre Verlaine. Nunca supo qué le pegó.

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Me gusta que los blogs sean diálogo. Dearest Ernesto lanzó uno de sus rants acá. Es curioso pero aquellos que lo conocen al menos un poco (myself included) sabrán que se trata de un rant bastante contenido, incluso cordial. Su capacidad para aborrecer la fealdad o la estupidez es casi mítica.

De la rabia ocasional, lo que importa es el sedimento. De las respuestas a ese rant le sobrevino a Ernesto un post en español (con eñe), que sobrepasa, creo, la temporalidad: se trata de una de las declaraciones más hermosas de amor a la escritura que he leído nunca.

Ernesto propone que la escritura no sea un medio, sino un fin. “…no un proceso para lograr una meta (un libro, un concurso, un premio, un dinero, algún tipo de reconocimiento público), sino un destino aparentemente incambiable, el devenir mismo.”

Me permito quitarme el sombrero además ante una suerte de declaración de principios:
“En mi escritura mediocre, diletante, nunca terminada, revelo y me revelo partes de mí mismo.”

Puf. Eso dice el escritor.

Como cuate, además le da comezón en lugares donde yo me estoy rascando:

“Sería trabajo de psicoanálisis extenso descubrir por qué un par de libros, que podrían considerarse listos para ser publicados, siguen inéditos en un oscuro lugar de mi computadora.”

Mariana, la maravilla de analista que tengo (quien además de tener una maestría en corchoanálisis winicottiano es guionista y cineasta porque según sus propias palabras “una sola cosa, a veces no es suficiente”) me pregunta muy seguido por qué escribo.

Cuando uno se quiere adornar es más fácil contestar esta pregunta.

Cuando se ve al techo en un pinche diván y no hay ni pa dónde hacerse (porque hacerse para otro lado sería producto del improductivo autoengaño) la respuesta se tropieza donde una vez los dedos sintieron un teclado (casi no escribo a mano) o por donde a uno le gustan los hombres o por donde a uno le duele la muerte de la madre.

La respuesta más torpe que le he dado a Mariana, si bien la menos tramposa es la siguiente: “Escribo para descubrir lo que realmente pienso”.

Así que publicar, entrarle al circuito comercial, seguir las recomendaciones de Sada de ‘mantenerse en el circuito comercial’ (whatever the fuck that is supposed to imply) o del bienintencionado Bef, son recomendaciones muy útiles (sin ánimo mamón o suficiente) pero a la luz de lo otro, parecen en todo caso, secundarias.

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Antes hablaba de Rimbaud porque ahora mismo leo su biografía. Hoy por la mañana, antes de echar a andar la máquina de ‘me tengo que ir a trabajar’, me quedé acostada, sintiendo una admiración y una envidia inmensa hacia el niño prodigio, ese cabrón cínico punk de mierda que entendió cosas a los 19 años que yo sigo sin comprender del todo (aunque la envidia viene precisamente del atisbo, eso que uno intuye: “todavía no entiendo, pero el muy cabrón tiene verdad”).

Pinchi Rimbaud odioso.

Pienso también en el Rimbaud que dejó de escribir. En el que sólo publicó un libro que costaba ‘un franc’, de cómo las cosas eran distintas antes de la Segunda Guerra Mundial.

O cómo escribir siempre ha sido lo mismo: amigos que te leen, amigos que te aman o te odian, fantasmas que nunca se van. Soledades compartidas y suerte. Mucha suerte.

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A la pregunta del título respondo con cinismo triste, prestado del gran Arthur: a güevo que semos ¿o qué chingados?