El dios que se convierte en león

De tanto redescubrir el “K” de Kula Shaker, Luc no tuvo remedio: ya le dio el fan from hellazo. Es raro porque me bota cualquier disco, hasta hace poco parecía que mis deseos de convertirlo en melómano desde el vientre eran inútiles. De muy bebé decía bogüi cuando le ponía Heroes, pero hasta allí.
Esta vez se me ocurrió decirle que Govinda, la canción número 4 de “K”, era acerca de un dios que se convertía en león. Luc no tienen noción de lo que es un dios, por supuesto. Sabe lo que es rezar por un pajarito muerto, pero nada más. El rezo, contrario al resto del crisol religioso, es absoluto: puedes no creer en nada, pero el lenguaje, la repetición en voz alta, el mantra, aquella electricidad que quema cuando varios rezan; eso es poderoso, cómo madres no.
Le dije que Govinda era un dios que se hacía león y de inmediato empezó a cantar: “lo están saludando”, me dijo. “Están saludando al león”.
Luego de oírla tres o cuatro veces de camino al kinder regresé a casa pensando que deberíamos tener mas dioses como Govinda. Cuánto necesitamos un dios que muerda y muestre sus garras, un dios con brinque con gallardía encima de los coches, por ejemplo, un dios que salga por completo del contexto de las ciudades y que nos recuerde que no somos esto: tiempo reducido, muerte, sed, un cansino ser voluble y frágil.

Así que:
Govinda, en esta casa te cantamos, que por ahora es lo mismo que rezarte. Eres bienvenido.

 


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Después de dormir un día entero

Llegué. Otra vez.

En el confinado espacio de mi asiento durante diecisiete horas pensaba ¿será que vivo otra vida en los aviones? Allá soy más joven,  más ingenua. Todo me sorprende, los libros son medicina, el iPod es un portal, una ruta.

La comida (siempre la misma), una pasta que sabe a estar del otro lado del espejo. Viajar cayendo en un agujero habitado por azafatas, salas de espera, piezas de pollo estándar, correosas, saladas, panes duros, jugos de manzana que hacen palidecer de envidia a la misma fruta: el jugo de tetrapack sabe más a ella que ella misma. Mientras caigo voy aprendiendo modales: no se patea el asiento de enfrente; al terminar de usar el baño se pasa una toallita ‘as a courtesy to the next passenger’; los zapatos se quitan, pero sólo en un vuelo largo y cuando en la cabina han decidido que “es de noche”. No siempre será de noche para ti, pero desde que eres un niño aceptas el día y la noche como convención, qué caray, no hay porqué asustarse. Si las azafatas deciden que es de noche, lo es.

Al pararte, cuando vas al baño, no se le miran las nalgas o los calzones a aquellos recostados en tres asientos (ni los calcetines rotos), no se notan las bocas abiertas de los durmientes, no te imaginas las máscaras de The Wall, por dios, qué imagen; no se piensa que el gordo ‘roncante’ debería ponerse a dieta, ni se vincula su ronquido de avión, su terrible vorágine sedentaria con una pobre esperanza de vida. ¿Cuánto para que este pobre se muera de una trombosis? No se piensa en la muerte de los otros como tampoco se piensa en la propia. Estás en un avión, compórtate.

Tampoco deberías notar el sollozo de una mujer en el último asiento que toma de pretexto la mini pantalla con la mini película para despedirse de algo que dejó atrás.

No deberías ser la única persona en notarlo, pues.

No empieces a pensar la vida en canciones. Y menos canciones de U2, no chingues.

El número de veces que le pones títulos de canciones a las llegadas de avión es vergonzoso.

On borderland we run…

And your heart beats so slow
Through the rain and fallen snow
Across the fields of mourning
Lights in the distance

Oh don’t sorrow, no don’t weep
For tonight, at last
I am coming home

Sobretodo, no sueñes. ¿Qué tal que tienes una pesadilla? Acabas de leer un pasaje de las Historias de Herodoto (a través de Kapuscinki, of course), aquel donde los egipcios se rasuran las cejas cuando se muere el gato de la casa y tienes la peor pesadilla de avión que puedas recordar. A tu gata la encuentran rasgada, empolvándose y luego frita, como a Bubastis en Watchmen. Un poco también como a Bast en el sueño del Sandman.

Arrgh.

¿Serás tú ese sueño? ¿Serás tú la Morgana llena de polvo y desintegrándose?

No sueñes en los aviones, te digo.

Aprende.

Renegando/Mindless good time

Ayer caí sin querer a una fiesta burlesque, organizada en el corazón de la colonia Nativitas. Me resistí a entrar todo lo que pude pues me sentí incómoda cuando vi una tribu de darketos-emos-punks-talla-cero y 18 años, pero (gracias diosito porque mis amigos  no me toman tan en serio como a veces lo hago yo) entramos.

En realidad era una especie de Babilonia-Barrio-Pobre. Me sentí como Tom Cruise en la fiesta de las mujeres encueradas de Eyes Wide Shut, nomás que sobre Calz. La Viga y Eje 6.

Hombres vestidos de mujeres, mujeres de hombres. Grupos con mohawks-retro-punk y otros, los más interesantes, con look rockabilly de los 50. Niñas de 19 en calzoncitos, quitándose las faldas rojas de can-can. Un hombre como de 50 años con chamarra de flecos y botas vaqueras, mirando. Un escuincle vestido de Pachuco y actitud de Zoot Suit. Un güey con un bozal tipo Hannibal Lecter en la puerta se me quedó viendo (casi puedo asegurar que me sonrió).

Todo indicaba que habíamos llegado a un sitio de excepción, al purgatorio o a una película de David Lynch: la luz roja, las lonjitas cheleras de las darketas que se iban encuerando, una tras otra, en la tarima central al ritmo de los Tiger Lilies, mientras alguien mezclaba música y efectos de sonido en una laptop.tetitas

Luego un grupo de rock de la colonia Escuadrón 201, morenos a rabiar y muy malos con los instrumentos, cantando en inglés. ¿Por qué en inglés? No importa, pensé. ¿Qué nomás los güeros pueden?

La fiesta entera un performance; los asistentes disfrazados de sí mismos, la casa abandonada con techos post art-decó, con escalinatas y candiles sucios de imitación; la sordidez caminando por ahí con su guadaña, lista para rebanar cabezas.

Fue la sordidez quien me mostró, ya cuando nos íbamos, una darketa casi de guardería, no tendría más de 15 años, a quien no pude evitar pedirle me dejara tomar una foto.

Estaba allí, recargada en un muro de dos colores y le pegaba una extraña luz en la corbatita tornasol que traía alrededor del cuello.

Cuando me respondió la oí gangosa, de un terrible y mal operado labio leporino o paladar hendido o god knows, con una nariz aguileña y enorme que sólo la hacían más interesante, (más un personaje y menos una niña que seguramente sufre burlas cada minuto del día).

Le pregunté cómo se llamaba. “No me vas a entender”, me contestó. Broma macabra de sus padres que le pusieron un nombre con una ’eme’ y una ‘ene’ demasiado cerca. Samanta, “saaammmnamnmnmnttta” en labio leporino mal operado.

Posó para la foto, con todo y su impedimento para hablar. Quise decirle que era sexy y que esa noche se veía hermosa. Quizás no lo supiera, quizás nunca lo va a saber, pero de verdad se veía hermosa.

Salí de allí con el corazón arrugado pero feliz de que haya lugares donde hay tantos disfrazados que la gente se entrena a ver más allá del disfraz.

Aquí algunas fotos, aunque de ninguna forma  hacen justicia a la noche de ayer:

nina-b

La niña bonita.

nino-rocka

El niño rockabilleando/vaquero-de-leningrado.

punka

La Punka.

Contra mí

Saberse triste es saberse sin ideas. El punto de vista se me empantana y me siento, como dice el gran Witold Gombrowicz, un poeta en lengua extranjera. “Fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales”.

Lo dice en un texto muy divertido llamado por Tumbona Ediciones “Contra los Poetas”.

“Sería más razonable de mi parte no meterme en temas drásticos porque me encuentro en desventaja. Soy un forastero totalmente desconocido, carezco de autoridad y mi castellano es un niño de pocos años que apenas sabe hablar. No puedo hacer frases potentes ni ágiles, ni distinguidas, ni finas, pero, ¿quién sabe si esta dieta obligatoria no resultará buena para la salud? A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellos entonces”.

Desde hace un par de semanas que mi cerebro no carbura ni español ni en inglés y empiezo a sentir en polaco, un idioma del que por supuesto no entiendo ni jota.

Necesito, me urge un diccionario Ira-polaco-Gombrowicz-Ira.

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Me extraño.

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El ejercicio es bueno: ¿qué extrañas de la gente cuando la extrañas?

Y más difícil aún: ¿qué es lo que más extrañas de ti mismo cuando estás ausente?

You know how Einstein’s grades were bad? Well mine are even worse

Cada año mi blog se trata un poco menos de mí. Empezó siendo un blog de “me siento así” “me duele aquí” pero cada vez tengo menos ganas de hablar de mí y más ganas de discutir películas, libros, narcos, música, medios, letras, palabras.

Estoy de suerte porque además, mis amigos andan en las mismas.

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Hay cosas más importantes que publicar aquí cuánto extraño a quien extraño y cuan perdida me siento por momentos.

Estoy a punto de escribirlo pero sale el policía de los posts que me enseña la placa, se para frente a mí para decir ‘te sientes perdida ¿y? Perdidos estamos todos, pero con self-pity no se ganó nunca una batalla, ni en la guerra más insignificante’.

(Así que no voy a decir cuánto te extraño, hoy no).

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Tampoco es que no me ponga en riesgo.

He perdido varias cosas con este blog. Amigos, un trabajo, el beneficio de la duda.

Nada mal para un blogsito impune.

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(La del título es una línea de Calvin & Hobbes que no tiene nada que ver con nada, excepto que Bill Watterson sabe que a todos nos gustaría creer que algunas de las cosas idiotas que hacemos a diario son síntomas de genialidad sólo reconocibles a posteriori).

Ser gato

Chingan de un hilillo desde las 8 en punto.

Miau. Miau. Miau.

“Tenemos hambre. Danos de comer, ándale, párate”. Qué pinche prisa caray, déjenme dormir 15 minutos más, es domingo, no chinguen. Pero miau miau miau… saltan en la cama, me lamen la cara, me pasan por encima de la cabeza con sus patitas afiladas, Ouch, yaaaaa.

Y me paro medio encabronada pero con gusto porque pus son míos y los quiero y hasta los veo comer pensando ay qué buena onda que están sanos los cabroncitos, la mayorcita ya ‘me’ tiene 15 añotes y todavía fuertezota, la quiero, ay qué lindo se traga sus croquetitas.

Pero hasta hoy me di cuenta de cuál es la prisa.

Acabando de comer y después de estirarse y quitarse un poco la lagaña lamiéndose el cuerpo, se acuestan a tomar el sol.

¿Esa era la actividad urgentísima por la que no me pudieron dar dos minutos más de descanso?

Tomar el sol.

Y lo peor es que, como siempre, tienen razón. Bastards.