Minha irmâ

No lo digo seguido porque pos como para qué, pero estoy muy orgullosa de mi hermana.

Es restauradora y encargada de obra en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. La verdad no sé por qué no voy a verla más seguido, pues el Colegio, así nomás pelón me parece bellísimo. Me encanta ir porque además me siento como la hija del embajador: los de seguridad me ven llegar, con sus trajes negros luidos y sus corbatas de Looney Tunes y me dicen “¿tú eres la hermana de Ilya, verdad? Pásale, pásale por favor, orita encontramos a tu hermana que anda en las salas” y entonces me cuelo a deshoras y visito los pasillos con la luz apagada y las escaleras desmontables, con los cuadros a medio poner, antes que ningún turista o niño de secundaria.

Se nota que mi hermana es muy querida, sobre todo por esos de seguridad, que a veces la tratan como “a uno de los muchachos” aunque también he visto cómo se le cuadran. (Es cabrona mi hermana…supongo que con esa madre no se puede ser de otra manera, entre todos sus hijos, ‘el más chimuelo -o sea yo- masca rieles’, como dicen por ahí).

Lo que quería decir es que de los ¿5? años que lleva mi hermana trabajando allí, esta es, por mucho, la exposición más interesante que he visto. Se llama “Cicatrices de la Fe. El Arte de Las Misiones de la Nueva España 1600 a 1821″, y como me sé la historia detrás de la exposición, me parece un logro extraordinario. (Acá pueden ver la nota de periódico).

Se trata de veinte años de investigación de la Dra. Clara Bargellini quien fue recuperando piezas de arte misionero por el norte del país. Piezas que en la mayoría de los casos tuvieron que sacar de capillitas arruinadas o en contra de la voluntad “del pueblo”, es decir del sacerdote cuadradote del pueblo, quien, a veces, también tenía objetos del siglo XVII  ‘privados’, en la sala de su casa.

“No, pero cóooomo se va usté a llevar a mi San Francisquito, ¿y luego, si no nos lo regresan? ¿Y si noslorompe oiga?”.

En fin. Hay algunas piezas extraordinarias. No se pierdan el Cristo de marfil, labrado de un solo colmillo, sobre un cruz estupenda de madera tallada; ni las representaciones de la martirización de Cristo y el cuadro circa 1700 sobre el Juicio Final, francamente gore y  divertidísimo.  Este fin de semana me lanzaré otra vez a darle una revisada a los tomos de catecismo de 1800 traducidos a lengua indígena y a las túnicas sacerdotales bordadas con hilo de oro. Soy fans.

Casi a la entrada de la expo, pasen a verle los ojitos verdes a San Francisco de Asis, restaurado por la mano (santa) de mi hermana quien con este trabajo además realizó su ‘manda’ personal, pues nació justo un cuatro de octubre, día de SanPancho. Si le pueden ver esos ojitos italio-franceses es porque mi hermana se los limpió. Le quedó re bonito mano.

(Otra lectura de la expo la hice sobre el propósito del viaje. ¿No eran aquellos misioneros cristianos grandes viajeros? Los conocedores sin tregua del verdadero choque de culturas…pero de eso hablaré otro día).

La onda es que sinceramente ya y sin echar chayotazos a lo menso, si esta exposición salió así (sin obviar la extraordinaria investigación de la Dra. Bargellini) , tiene que ver con que mi hermana no durmió bien un mes. Le chingó como nunca la había visto y valió la pena.

Ray Loriga

Mi regalo de Navidad para los que se regresaron a jugar escondidillas conmigo (déjenlos, el futbol no hace más que lastimar los tendones) son fragmentos de un texto de Ray Loriga que me encontré en la revista semanal de El País (gracias Mariana).

Es proto navideño y melancólico. Habla de la música de Cole Porter y se puede leer completo acá.

Estos son los regalos que yo recibí y que paso a las manos de otros para que se aprovechen bien:

“Qué importa en realidad que las canciones también se acaben y los cariños se abandonen, cualquier cosa que nos distraiga del rencor es suficiente.”

“En contra de la creencia popular (me consta que tal cosa no existe, pero me gusta cómo suena esa expresión), el encanto es una cosa muy seria. Las crías de todas las especies lo utilizan, sin ir más lejos, para protegerse de la muerte, y la vida, bien mirada, no es sino el triunfo del encanto entre las fieras.”

“No se me escapa que no todo se soluciona con un dry martini, pero está claro que un dry martini no empeora nunca nada. No es un asunto pequeño, teniendo en cuenta que la mayoría de las cosas que tenemos que arreglar las hemos roto nosotros. ”

“No hemos inventado más que la raya de los pantalones y todas las grandes palabras no valen lo que un cuchicheo cerca de la nuca adecuada.”

Y la última que es de una crooner-like sensibility que revienta el papel:

“¿Quién no prefiere el daño puntiagudo de unos tacones bien afilados al runrún de las cadenas que arrastran los fantasmas?

***

Por encargo de mi hermana, ilusa yo que hoy no pensaba cocinar, tengo que probar mi poca suerte con una receta de papas al gratín. Ay dios, ya quiero ver las caras esta noche.

Me considero buena para el Turista Mundial y para el Risk, aunque ya nadie quiera jugar conmigo, soy buena para reírme y para beber. Para la fiesta, para responder rápido (siempre y cuando el tipo no me guste o algo), para tirarme los domingos a leer en el suelo; soy la mensajitos sms más rápida del sureste defeño, me estaciono en dos patadas, a veces presiento cuando va a sonar el teléfono –lo más raro es que además sé quién es y qué me va a decir–, veo con los ojos redondos, de niña virgen, cada película en el cine, bailo mal pero con un chingo de ganas, si alguien va de mi mano me aviento casi a cualquier cosa: montaña rusa, paracaídas, amor. Todavía tengo cosquillas y me meto a ver películas de terror porque disfruto muchísimo tener miedo.

Pero eso de cocinar…

Domino la mitad del componente: el sabor nunca es tan deleznable. Nomás que mis platillos nunca nunca nunca están bien presentados. Es un problema porque no conozco a nadie a quien la comida no le entre por los ojos. Algo pasa que acomodo mal los ingredientes, soy capaz de meter las cosas en cualquier tupper feíto, sirvo a cucharazos como si estuviéramos en una línea de comida para presos de guerra.

Ah y otra cosa: tampoco domino bien el ingrediente tiempo. Mi comida es la última en llegar, se me cae en el coche la lasaña y está buena pero ‘ya no a alcancé a gratinarla’.

A ver cómo salen esas papas.

***

Hoy se empieza a acabar el tiempo para postear, seguir leyendo, doblarme de flojera en la cama. Ya están aquí los ocupadísimos días de fiesta. Los que la leímos siempre recordamos a Mafalda: “Estos son los preparativos de las vacaciones que nos tomamos para descansar de los preparativos de las vacaciones que nos tomamos.

Además, si me toca comprar y hacer colas hoy voy a tener a Susanita en la bolsa, lista para odiar a gusto:

“Amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente”

El coche de mi hermana

Los coches nuevos traen conexión bluetooth y micrófonos en el volante. Yo no sabía.

En mi infancia los coches cuando mucho hablaban. Te decían “la puerta está abierta”. Eran un poco monotemáticos, pero te hacían sentir menos solo.

Ahora traen conexión para el iPod y espejos retrovisores electrónicos, abatibles al pulsar un botón.

Yo digo que no compraré un coche nuevo hasta que los coches aprendan a bloguear.

Hasta que los fabricantes entiendan que la ciudad entera es un gran post.

Quiero un golem

Extraño ser poeta. Ahora que mandaron una convocatoria para bloggers-poetas se me metió una basurita en el ánimo.

Cuando tenía 15 años escribía poesía horrible que me hacía sentir la muy mala, la muy subversiva. Como que tenía en mis manos un secreto o un golem de tierra diminuto que jugaba solo conmigo.

Entonces leo que hay eclipse de luna. Los periódicos madrileños explican que será visible desde América (también) y me dan ganas de ser poeta-blogger, poeta mala malísima, para lanzar mi golem hasta mi casa y estar allí y ver la luna con la gente que quiero.

Estar en mi casa un segundo, ver cosas con ellos y luego regresar a este café internet aquí en el barrio de Chueca, donde puedo extrañar mi casa a gusto.

***

Pues claro que me importa. He notado que mi blog se empieza a volver aburridísimo.

Y aquí en Chueca me acabo de dar cuenta por qué: estoy dejando entrar esa oficina en mi imaginación. Chueca es el barrio gay de Madrid y algo tienen los gays (dolor enterradito debajo de todo ese oropel barato) que me conmueve profundamente.

El paralelismo entre el baile espontáneo de los veracruzanos en Tlacotalpan y los cantaores de esquina en la frontera de Chueca y Lavapiés me devolvió algo que había querido poner a dormir.

*** 

O quizás haya sido Goya, el dios Goya y este perrito que se hunde en la arena indefenso. O que no está indefenso, pero que mira hacia el cielo (un eclipse de luna o a su amo que pa’l caso es lo mismo) como sabiendo que va a morir y que está solo y que no hay ni habrá nunca nadie en ese cuadro.

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