Fiebre

Tengo una extraña fiebre de imágenes. No puedo pensar en letras, leeeeetraaaas, la palabra leeetras, por ejemplo, se me convierte en un animal, una cabra que salta, que saaaltRA tra tra, salta. Es un animal salvaje que golpea a la siguiente palabra.

La sobredosis de cine y caminatas últimamente me ponen en guardia: quizás ya nunca más pueda escribir, quizás tengo que sacar fotos o pintar o volverme una de esas máquinas viejas que proyectaban diapositivas. Tacatá, tacatá, tacatá.

El bosquecito de la Unam, por ejemplo, es para darse un atracón de imágenes… tacatá, tacatá.

Como lo importante no es VER sino TRADUCIR, estoy maniatada, yo traduzco regularmente en palabras (ahora mismo la palabra ‘palabras’ se vuelve una parvada de cuervos blancos que se me escapa de las manos y me deja sin ellas) pero traducir a imágenes no es lo mío.

Es lo bueno de andar con un fotógrafo:

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Así se ven los grillos pre-navideños en el bosquecito de la Unam. Mejor dicho: así los ve Dante Castillo.

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Modest mousy

Los animales están nadando en los ríos y el universo está formado exactamente como la Tierra y si te sigues derecho no llegas a ningún lado y así tenemos que las curvas sirven para regresar y para largarse también.

Y el universo está formado exactamente con la Tierra y si te sigues derecho no llegas a ningún lado, en los ríos, en los océanos los animales nadan, aunque se ahoguen, nadan y si se van derecho no llegarán a ningún lado.

Esta es mi llanta de caucho que flota en el Atlántico y nadie puede decir si voy a caerme, quizá llegue a algún lado, a un tercer planeta, a una orilla o a la orilla de una llanta de caucho más grande.

Si me sigo derecho no llegaré a ningún lado y todos los animales siguen nadando derecho, derecho ¿cómo puedes nadar derecho y no llegar a ningún lado?

El universo está formado exactamente como la Tierra.

¿Algún proyecto de vida?

Ayer me hicieron un chequeo médico para certificarme ‘apta’.

Me levantó las orejas como quien revisa a un perro roñoso y me preguntó con ahínco sobre el número de parejas sexuales. Ay no sé doctor, ¿de veras quiere que las cuente? Pues dame un estimado. ¿Tiene prisa? Yo muy jocosita y el doctorsito enjuto-aburrido-no-tengo-ninguna-motivación-en-la-vida ni me miraba.

¿Diabetescánceralopeciatuberculosis-falta de sentido común en la familia? No no. Al menos creo que no. ¿Presión altibaja? No no. ¿Locura? (Ah chingá, ¿qué el término no era ‘padecimientos mentales’?). Locura, eeeh, no no. Creo que no.

A ver respire. Libere el aire (¿Libere? Puf, qué doctor más intenso). Ajá, dice que no fuma verdad y ¿qué tal mota? (Doctor, por dios, se dice ‘mariguana’. Alguien va a pensar que es usted universitario).  Pues no no, tampoco. (Aquí alza la mirada, primera vez que me ve a los ojos después de meterme las manos en el pecho, golpearme la panza y pedirme que me baje los pantalones). ¿Segura? Pues la última vez que chequé no fumaba mota, doctor. (Me vuelve a mirar “Hahaquégraciosaestaviejamensa”).

¿Algún proyecto de vida?

¿Disculpe?

Sí, cuénteme si tiene algún proyecto de vida.

¿Ser  feliz?

Ajá. Bueno, eso es todo. Va a salir a la segunda oficina a la derecha a que le pongan un sello. Buenas tardes.

(¿Ser feliz? Ay Ira. Tienes que dejar de ver películas de Fellini).

Peces fantasmales

Tengo un miedo irracional (tengo muchos, pero al menos uno publicable): me dan miedo los peces.

Funciona así: no es que salte o corra a esconderme cuando veo un pececillo dorado, no es que alguien pueda gritar “ahí viene el pez” y yo salga corriendo. Es sólo que cuando estoy en un cuerpo de agua, aunque sea una alberca, de pronto se me nubla la mente y pienso “un pez podría pasarme entre las piernas y no sé qué haría entonces”.

He tenido terribles pesadillas donde soy una especie de entrenadora de delfines (ya ya, sé que no son peces, pero para mi miedo no hay clasificación biológica que valga), me piden que me meta al tanque con ellos pues necesitan nadar conmigo. Ay en la madre. Son hermosos, enormes, poderosos y, si les da la gana, serían capaces de matarme de un solo coletazo. Estoy tan indefensa, tan sobrecogida por la absoluta belleza de los cabrones delfines y las orcas y los miles de otros peces que nadan allí y la pinche angustia está al tope. Me despierto siempre sudando.

Todo esto porque en Mónaco fuimos a uno de los acuarios más espectaculares con que me he topado y saqué muchas fotos, la mayoría malísimas (hay que ver qué difícil es sacar foto de estos adminículos vivientes ultra móviles), pero hoy que las revisaba me llamó la atención esta:

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Fue parte importante de mi viaje: sufrír gozosamente la visita a un acuario en uno de los sitios más estúpidamente lujosos del mundo. (A pesar de mi miedo, soy absoluta fanática de los hijosdesumojadamadre).

Dinero o público, that’s it?

Ahora resulta que si no hace dinero la película es criticable, vergonzosa y hasta inmoral.

En el link pueden leer cómo un analista de Wall Street inaugura el nuevo puesto editorial: Crítico de la Industria del Cine.

Lo inaugura allá, en Wall Street, por que lo que es en México, la politóloga Denise Maerker también siente la extraña necesidad de criticar la entrega de los Arieles ‘porque no le hacen caso al púlbico’. Ajá.

Dándose unos golpes de pecho que ni ella se cree, condena en su columna de El Universal :

“El elitismo y el sectarismo dominan todas las esferas de nuestra sociedad(…) Podría ser una fiesta nacional (se refiere a la de la entrega de los Arieles) que convocara no sólo a un puñado de conocedores, sino a millones de espectadores que disfrutaron de este arte mucho más popular que la literatura o el teatro, pero no es así. Quienes están al frente de los Arieles no buscan compartir su fiesta con quienes, sin ser expertos, disfrutamos del cine; todo lo contrario, hacen hasta lo imposible por excluirnos. Algunos datos que lo prueban: el año pasado se estrenaron en nuestro país 52 películas mexicanas. En conjunto fueron vistas por 13 millones 813 mil 402 espectadores. Las más vistas fueron: La misma luna con 2 millones 535 mil 869 espectadores, Arráncame la vida con 2 millones 382 mil 834, Rudo y cursi con 1 millón 939 mil 614 y Navidad S.A. con 1 millón 265 mil 967. Ninguna fue nominada como mejor película”.

Mis oídos casi no pueden creerlo: ¿así que ahora una academia de cinematografía debe otorgar premios de POPULARIDAD? Geeez.

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Up es la nueva película de Pixar que cuenta la historia de un viejo septuagenario que viaja a Sudamérica con todo y casa, elevándola con globos de feria.

No he visto la peli, pero de entrada, el punto de vista de un viejo y no de un pez humanizado o de una abeja niuyorka es refrescante. Promete, pues.

El inusual rumbo de los comentarios en los medios sobre el arte debería hacer que nos plantéaramos, ya sin tanta mojigatería, la necesidad de nuevos tipos de críticos. Tampoco digo que esté mal, nomás digo que hay que saber a qué dios le estamos rezando…god Money, you have so many followers.

Renegando/Mindless good time

Ayer caí sin querer a una fiesta burlesque, organizada en el corazón de la colonia Nativitas. Me resistí a entrar todo lo que pude pues me sentí incómoda cuando vi una tribu de darketos-emos-punks-talla-cero y 18 años, pero (gracias diosito porque mis amigos  no me toman tan en serio como a veces lo hago yo) entramos.

En realidad era una especie de Babilonia-Barrio-Pobre. Me sentí como Tom Cruise en la fiesta de las mujeres encueradas de Eyes Wide Shut, nomás que sobre Calz. La Viga y Eje 6.

Hombres vestidos de mujeres, mujeres de hombres. Grupos con mohawks-retro-punk y otros, los más interesantes, con look rockabilly de los 50. Niñas de 19 en calzoncitos, quitándose las faldas rojas de can-can. Un hombre como de 50 años con chamarra de flecos y botas vaqueras, mirando. Un escuincle vestido de Pachuco y actitud de Zoot Suit. Un güey con un bozal tipo Hannibal Lecter en la puerta se me quedó viendo (casi puedo asegurar que me sonrió).

Todo indicaba que habíamos llegado a un sitio de excepción, al purgatorio o a una película de David Lynch: la luz roja, las lonjitas cheleras de las darketas que se iban encuerando, una tras otra, en la tarima central al ritmo de los Tiger Lilies, mientras alguien mezclaba música y efectos de sonido en una laptop.tetitas

Luego un grupo de rock de la colonia Escuadrón 201, morenos a rabiar y muy malos con los instrumentos, cantando en inglés. ¿Por qué en inglés? No importa, pensé. ¿Qué nomás los güeros pueden?

La fiesta entera un performance; los asistentes disfrazados de sí mismos, la casa abandonada con techos post art-decó, con escalinatas y candiles sucios de imitación; la sordidez caminando por ahí con su guadaña, lista para rebanar cabezas.

Fue la sordidez quien me mostró, ya cuando nos íbamos, una darketa casi de guardería, no tendría más de 15 años, a quien no pude evitar pedirle me dejara tomar una foto.

Estaba allí, recargada en un muro de dos colores y le pegaba una extraña luz en la corbatita tornasol que traía alrededor del cuello.

Cuando me respondió la oí gangosa, de un terrible y mal operado labio leporino o paladar hendido o god knows, con una nariz aguileña y enorme que sólo la hacían más interesante, (más un personaje y menos una niña que seguramente sufre burlas cada minuto del día).

Le pregunté cómo se llamaba. “No me vas a entender”, me contestó. Broma macabra de sus padres que le pusieron un nombre con una ’eme’ y una ‘ene’ demasiado cerca. Samanta, “saaammmnamnmnmnttta” en labio leporino mal operado.

Posó para la foto, con todo y su impedimento para hablar. Quise decirle que era sexy y que esa noche se veía hermosa. Quizás no lo supiera, quizás nunca lo va a saber, pero de verdad se veía hermosa.

Salí de allí con el corazón arrugado pero feliz de que haya lugares donde hay tantos disfrazados que la gente se entrena a ver más allá del disfraz.

Aquí algunas fotos, aunque de ninguna forma  hacen justicia a la noche de ayer:

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La niña bonita.

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El niño rockabilleando/vaquero-de-leningrado.

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La Punka.

Mr. Grieves na na na na hope everything is alright

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Es más fácil verlo cuando pegan las fotos de los muertos en una pared.

Lo que sigue son fotos de mi visita al Newseum en Washington, donde estaba de cursi y lloré en cada uno de los pisos.

Salía de una sala y pensaba “ya por dios, qué vergüenza, límpiate las lágrimas” y nomás no podía. Las historias detrás de las historias, las historias de periodistas haciendo su chamba son conmovedoras. Justo allí me pienso no-periodista, me pienso dolorosamente entretenedora, me muerdo las uñas y me pregunto si alguna vez sería capaz de ponerme en riesgo. Ahora lo único que arriesgo son adjetivos. No puedo evitar sentirme una gallina, una gallina con un aviso futuro…

you can run on for a long time, sooner or later god’s gonna cut you down, decía Johnny Cash.

Y luego llega uno al memorial de los asesinados y no hay más que contar la incidencia de la palabra “México” con letras bien claritas para darse cuenta que en este país nos cuentan mucho menos de lo que realmente ocurre. ¿Será que no nos cuentan, Ira? ¿Será que nosotros no nos tomamos la molestia de preguntar? Ni le buigas compadre, no vaya a ser que nos toque también a nosotros.

A quien se lo menciono me mira con descreimiento: en 2006 la organización Reporteros sin Fronteras reportaba que era más peligroso ser periodista en México que en Irak.

Hoy, el listado de abusos al periodista más largo en el sitio electrónico de Reporteros Sin Fronteras tiene las mismas letritas: “México”. A veces uno ya no sabe qué significan esas letras. ¿Es un país, una sucursal, un llano de tiro libre, un búnker? ¿Qué mierdas es esto?

En el sitio de RSF hay esperanzadores encabezados como los siguientes:

-El Fiscal Especial excluye que el asesinato de dos periodistas comunitarias en Oaxaca tenga alguna relación con la profesión

-Secuestran y torturan durante doce horas a periodista de Noticias de Oaxaca

Casos Brad Will y Roberto Mora : “Las autoridades federales se empeñan en permitir la impunidad”, según Reporteros sin Fronteras

Asesinado en el Estado de Tabasco un periodista radiofónico en lucha contra el crimen organizado

-Asesinado un periodista en el Estado de Chihuahua, en un contexto de violencia generalizada

-Agredido en la redacción el subdirector de un diario de Nayarit; un periodista chihuahuense obligado a exiliarse

El director de un semanario de Veracruz sale ileso de un atentado a disparos; un colega de un diario de Tabasco recibe una cabeza cortada

Caso Lydia Cacho: la justicia del Estado de Quintana Roo se niega a dictar las órdenes de detención de los principales sospechosos

Todos fechados los últimos seis meses.

Chingado, me pone hiper sensible hablar de periodistas muertos.

***

Acá unas fotos del memorial en Washington:

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Y aquí cinco paginitas nomás con el conteo de periodistas mexicanos ‘oficiales’ muertos on duty.

Chale.

Pan de muerto

Llegaré apenas a México para la celebración de Día de Muertos.  Amo ese pan. Es el que más me gusta en el año. Creo que no como pan dulce en seis meses para poderme atiborrar del de muerto. Sabor a naranjita, azuquitar, los huesitos, hijos, cómo me gusta. Remojarlo en chocolate caliente ya es medio obsceno, pero igual se hace, cómo no.

Es extraño que para mí la celebración signifique pan, mientras que para Lupita, la señora que me hace la limpieza en la casa una vez a la semana desde hace 15 años, realmente significa recordar a MIS muertos.
Ella pone su ofrenda en su casa, compra sus velas, le pone un caballito de chupe a alguien, no me ha dicho a quién y compra flores, muchas flores.

Lo hace para sus muertos, pero desde que vivo sola también se ofrece para ‘hacerles el servicio’ a los míos. Siempre me avisa, con religiosa puntualidad una semana antes: “Esteee, me deja dinero para la ofrenda, no se le vaya a olvidar”.

NO me pregunta, nomás me avisa.

Yo le agradezco profundamente su gesto. Pone los retratos de mis muertos sobre una cama de papel picado y zempasúchil deshojado, pone un trastecito de comida que ella prepara y un frasco de cualquier alcohol disponible al centro de la ofrenda.

Este año estaré de viaje mientras ella pone la ofrenda, pero no le importa. Me parece curioso que no le importe. Me dice cosas. Por ejemplo, me dice que las ofrendas no se ponen para que nadie ‘las disfrute’ o ‘las admire’ o ‘las vea’. Las ofrendas se ponen para LOS MUERTOS, quienes, esté yo o no en casa, las agradecerán igual.

Ella no ‘cultiva’ sus tradiciones. Nomás las vive.

Yo en cambio nunca podré vivirlas de otra forma más que amando el pan de muerto chopeado con chocolate caliente. No sé si algún día poner una ofrenda sea un acto lleno de fé ciega.

***

Además tengo que aceptarlo, por ahí mi primaria bilingüe hace de las suyas: tengo este día  totalmente entrelazado con el Halloween y las celebraciones paganas.  Acá en el crucero vamos a celebrar esa onda y me encanta la idea.

***

El Día de Muertos conserva una fantástica cualidad: está dignamente lejos de la Navidad.

Encontronazo

Mi muy particular ‘encuentro de escritores’ en una sola noche.

Unos estaban comiendo pastel en el Covadonga. Parecían contentos, fueron a pagar respetos bien merecidos. Felicidades por cierto Mr. Ch.

Más tarde en la noche, la otra camada de escritores chupaba en una casa llena de vodkas raros y bebés dormidos en otros cuartos. Allí bailé salsa con uno que me dijeron que trabajaba de payaso los fines de semana. ¿Habrá sido cierto?¿Cómo es que uno puede bailar con alguien que jamás ha visto? ¿Lo reconocería si lo viera con la cara pintada de blanco? Y eso que bailé con él. El gato de un amigo y ver a mi amigo, sentir entrañas por él, aún sin verlo casi nunca, me hizo feliz.

Misma noche, más tarde o más temprano ya ni sé, otros escritores nos encontramos en la Avenida Álvaro Obregón. Mr. Saavedra incluído. Mauricio Bares estaba allí porque presentó un libro. Al despedirse me dijo que ya me había visto en otra fiesta. Si si yo también. En varias. ¿Y por qué será que vamos siempre a las mismas fiestas y no nos saludamos, nomás nos despedimos?

Platiqué de la Colonia Buenos Aires con alguien que yo sólo conocía por blog. Me cayó requete bien con su sombrerito.

Del escritor con quien conecté a nivel peda no puedo recordar su nombre. Lo único que recuerdo es que me decía que yo no era Teresa Margoles. ¡Y qué bueno! pensaba yo, mientras chocaba mi dosequisambar o mi indio o algo que traía yo en las manos. Me contaron cosas de los ausentes que ya no sé si fueron chisme o ficción o las dos cosas.

Que si un tal Herrasti se apellida Fernández (antes del Herrasti) pero no va a permitir que lo confundan con un vil cantante de ranchero. Juar juar. Así, tantas cosas.

Una de las mejores cosas de la noche fue zamparme un taco de bisté con Rafa mientras le decía, con esa extraña sobriedad que a veces me dan cinco chelas, que su Lejos del Noise ha sido mi libro de cabecera en este mes de extrañezas. Ningún otro libro me habla tan claro. Le dije con toda el alma Gracias Rafa.

Sonrió así:

Aquí el fragmento donde Lejos del Noise hizo contacto con lo que yo estaba pensando justo hoy:

“La vida: un disparo y punto final.

¿Qué va a cambiar entre el día de hoy y mañana? Algo, todo, nada, Nevermind, las cosas pasan por una razón. A veces no pasan por la misma razón. Estamos hartos de ser razonables. Si no te haces preguntas, no te decepcionas. La mayoría de las veces todo nos decepciona. ¡¿Darnos cuenta?! Fuck, ni siquiera lo entendemos.

Whatever.

Para qué queremos preguntas, para qué queremos respuestas, si ya sabemos que de lo que pasa no tenemos ni puta idea.

Game over!

Game over!

Game over!”

Este animal vivo que es Lejos del Noise fue publicado por Editorial Moho en 2003. Esto lo saqué de la página…ajá, no tienen numeración las páginas son muy contraculturosas, bueno, el libro, todo un tesoro, está en Tower Records Altavista. El otro día lo ví y cuesta 100 pesitos.

Satanás

Las proyecciones de películas para periodistas son un cuento. Los periodistas son gente con el span de atención de un niño de seis años, no porque sean tontos, sino porque tienen al mismo tiempo doce cosas urgentes que terminar antes que acabe la mañana.

Salen a hablar por teléfono, están jugando, se avientan palomitas (sssii, las distribuidoras a veces dan palomitas) o de plano van con la novia a cachondear (lo juro lo juro, yo lo he visto) y la peli bien gracias.

Es divertido porque a pesar del desmadre que se traen, hay cierto respeto: el celular lo traen en modo de silencio, el faje no suena o se van hasta hasta atrás y el aventón de algún pedazo de galleta no suele ser en momentos desafortunados. Son periodistas, hasta eso tienen buen timing. Con no clavarse y tomársela con leche es más que suficiente.

La onda es que hoy una chava llevó a su mamá. Y qué mamá, jesús. Yo pensé que esas señoras sólo las dibujaba Quino o Jim Henson.

De esas señoras con una estola de plumas, papada a la Jabba The Hut y peinado alto. Yo miraba la desproporción de su cabeza con respecto a su cuerpo, sus cachetotes, su estola/bufanda brillosa y pensaba: la física miente, ¿cómo es que esta señora no se cae de boca?

Como buen personaje de Jim Henson, además, se la pasó tapando el proyector, cambiando de posición y, lo que es mejor, hablando sobre la ‘barbaridad’ que ocurría en pantalla.

¿Y qué esperaba la hija con una película sobre un asesino colombiano, un sacerdote cogelón y una madre homicida?

(Por cierto, qué chingón es Damián Alcázar, tiene enorme variedad de registros).

De plano, la señora se salió cuando la madre homicida, encerrada en una mugrienta celda, tomada de espaldas y en cuclillas mea alegremente en el piso mientras recita un pasaje de la biblia y luego arranca una página para limpiarse.

Bueno, ya era mucho.

Mi vida se pone divertida, pues. Fue lo que quise decir.