Pura fea

La lógica de este sacerdote italiano es super cajeta: convoca al concurso Miss Monja 2008 para demostrarle al mundo que las hermanas congregadas no son un fracaso como mujeres.

“Las personas en Italia creen que las mujeres que se convierten en monjas han fallado de alguna manera y que no encuentran su lugar en el mundo. Pero de hecho nuestras monjas son muy educadas. Son inteligentes, han estudiado y algunas son muy bellas. Así que queríamos frenar esta idea equivocada que existe sobre las monjas”.

O sea: mis caballos son re bonitos, están re educados, déjenlos que corran en la misma pista. (Eso sí, que sigan siendo mis caballos, pus para eso les pagamos la pastura).

Este sacerdote no entiende  (¿o si?) que forma es fondo: haciéndolas competir rescata el valor erótico-mercantil-valor-de-cambio que tantas mujeres se compran hoy en día. Ahí me imagino a todas las monjillas angustiadas depilándose las cejas y poniéndose a dieta.

(Y luego me imagino a mí y a todas mis amigas haciendo lo mismo y me empiezo a deprimir).

Este concurso se le ocurrió al cura un día que no podía dormir pensando lo que había debajo de esas túnicas negras; los gestos cachondos que podían hacer esas caras lavadas. Y se le hizo fácil (como en la canción de El Haragán), compartirle sus sueños eróticos al mundo entero.

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Germán Robles, entrevista con el vampiro

Nunca fui fan de Anne Rice, pero confieso que el título de este libro me parecía estupendo.

¿Qué clase de preguntas se le hacen a un inmortal?

Lo lógico sería, como lo hace Rice, hablar del tedio. Pero yo incluiría, a todo lo que da, el tema de la muerte. Después de todo, nadie con una visión más pulcra. Hablaría también del erotismo que va pegado a la muerte: es mi tema favorito y los vampiros, como pude comprobar ayer, son buenos conversadores.

Nadie me abrió la puerta ni me invitó a pasar. Como pude me metí en la casa de Miguel Ángel de Quevedo y busqué sola a mi entrevistado. Me topé con Germán Robles sentado en un sillón negro. Un sillón de plástico inflable que se hubiera visto chafa y barato si de él no hubiera salido esa voz subterránea, húmeda y profunda que me saludaba sobre el rumor de la lluvia.

“La estaba esperando”, dijo pausadamente y juro que me recorrió un hilito frío por la espalda hasta escondérseme en las nalgas.

El honorable Vampiro mexicano me trató con sequedad al principio y fue haciéndose más dulce conforme pasaba el tiempo:se lo agradezco. Odio que la gente me sonría de entrada, sin conocerme.

Mientras me platicaba de aquél 1957 en que la película se mantenía ocho meses en cartelera, pensaba que su voz podía llenar cualquier hueco, era una voz primigenia . (Un vampiro anciano con la potencia intacta, pues) Es extraño: la misma voz viene acompañada de un saquito de huesos diminuto y una nariz demasiado grande. Sentarse frente a él es ligeramente desconcertante.

El señor me contó que había sido amigo de León Felipe. Veía para adentro y decía Don LEÓN Felipe. Qué nombre de poeta, acoté yo.

Ahí dejó de ver para adentro y por primera vez aventuró sus ojitititititos hacia mí.

Poeta y republicano, me dijo él.

Después de tantas entrevistas, todavía me maravilla el momento exacto en que dos personas conectamos, aunque sea de forma artificial y breve.

Me maravilla porque así como uno se da cuenta *CLING* del minuto exacto *CLING* en que se empieza a estar enamorado o se deja *CLING* de ser niño o se deja de estar bien en un trabajo *CLING* , así uno sabe cuando acaba de construirse un pequeño puente con los ojititititos del otro.

Así es cuando uno, sin importar de lo que hable, estará hablando de lo mismo.

Cositititas

Tengo ganas de poner más links en este blog (no se pierdan lacolumna.wordpress.com, por ejemplo, ni el de Lluvia lipstickymamadas.blogspot.com si quieren saber lo que es estar enamorada como una perra salvaje –no offense, of course–, en un estado de total abandono, que es la única forma de enamorarse y no perder la dignidad).

Tengo ganas de cambiarle la foto de arriba, quizás intentar un nuevo template. Siempre me pasan estas cosas después de que algo o alguien toca una fibra sensible. Quiero estar linda y lista para lo que viene. Me llena de esperanza lo que viene. Cualquier cosa que esto sea.

Esta vez fue lo de la carta. El fantástico desmadre que se armó por ella y que esperemos arme dos o tres fueguitos más.

Luego se extinguirá, como se extingue casi todo. Y ahí es donde, confío, entrará al quite la eterna juventud de esta vieja Ira, esta vieja yo que se rehusa a envejecer como Peter Gabriel y más bien quiere hacerlo como David Bowie: alimentado por esa furia controlada con la que aún disfruto todo y con la que siento que todo me atañe, me concierne, me ocupa.

Tengo ganas de decirles a todos “no estamos desviando la máquina, pero le estamos haciendo unas ronchotas al maquinista”.

Confío en mi. Espero no defraudarme.

***

Ayer le decía a Andrei que no sé si unas cuantas opiniones encontradas y vertidas en blogs son suficientes para que alguien cambie de opinión o por lo menos lo piense. Creo que a este respecto (si ser escritor o ser jardinero, si ser un animal político o no) casi todos ya tomaron una decisión. Unos lo saben, otros no.

Lo que me encanta es saber que hay gente callada, asustadita detrás de sus blogs políticamente correctos pensando “yo pa’ qué me embarro”. Gente cuyo silencio es de lo más elocuente. Están al pendiente del asunto (si no ¿por qué han subido casi al triple la vistas diarias de este blog?) pero se guardan.

Esa es justamente la postura política más interesante. La más despreciable, pero la más interesante desde el punto de vista sociológico. Porque el silencio y la abulia SON POSTURAS POLÍTICAS. ¿A poco creen que con no pensar en eso deja de existir? ¿A poco creían que por no opinar dejan de participar en la vida política? Je je. Ni madres. Ojalá fuera tan fácil.

Así estamos todos (sobre todo la izquierda exquisita, a la que no pertenezco por supuesto, nunca tuve tanta lana) en este país, calladitos detrás de nuestros autitos, nuestros departamentitos, nuestras fiestecitas, nuestras droguitas, nuestras chelitas.

Aquí todo es chiquitito.

Free range

Hace casi un año que no como pollo.

No el pollo anaranjado que venden en el supermercado, en todo caso.

Lo último que comí fue un pollo criado en un ranchito michoacano. Un pollo que, me aseguraron, corrió alguna vez y picoteo una lombriz viva.

La fina dureza y palidez de su carne me lo confirmaron: este bato hizo un poco de ejercicio cuando estaba vivo. (Luego pensé que yo sería un gran manjar. Suavecita suavecita. Pero esa es otra historia).

No dejé de comer pollitos porque me duela que los maten o algo así.

La muerte es lo de menos…

Todos moriremos más temprano que tarde y formaremos parte de alguna cadena de reaprovechamiento. Más temprano que tarde.

La muerte además, duele. No hay para donde hacerse.

Salvo raras excepciones de muertes aburridas de contar, la agonía nos estará esperando en el vestíbulo –toda de blanco, como Alex en La Naranja Mecánica, quizás con una sinfonía del divino-divino Ludwig de fondo y un bat en la mano–, lista para nosotros, un poco antes de la inevitable cita con la putrefacción.

La razón por la que dejé de comer pollo es muy simple: siento que me estoy comiendo un animal torturado en vida. Está cabrón nacer en prisión y nunca salir de ella.

De plano no me puedo sacar eso de la cabeza.

Y me gusta el pollo, de veras. O solía gustarme antes de que ver una chicken patita (una chicken tri-patita) me produjera una tristeza inexplicable.

Parece que no soy la única además. Por eso me encantó este texto de L.E. Leone, una peculiar granjera urbana.

Como muchos, yo también he pensado tener mis animalitos en el patio trasero de mi casa. Plantar algunas verduras. De perdida hierbas de olor. Tal vez hasta hacer negocio.

Mi día consistiría en: levantarme al alba con el kikirikeo, tirar unos cuantos granos de maíz en el piso para mis amigas, tomar los huevos de los nidos, desayunarlos con tortillas y de noche, degollarlas.

Caldo, sopa, mole. Quizás meterle un ‘segundo piso’ al gallinero y empezar el negocio familiar. Venderle mis ‘productos orgánicos’ a la gente mamerta o a la gente no mamerta que pueda pagarlo.

Free range chicken, putos. Carísimo.

Y talvez, agarrarle gusto a la sangre. Acechar a mi presa. Devolverme la humanidad y el instinto. Ver las gallinas vivas y solo pensar en caldo. Saboréarmelas mientras me ven con sus ojitos estúpidos.

Ahh, soñar.

Bueno bueno, ya estuvo

(Disculpen no haberles contestado a todos, andaba en verdadera chinga en la revista. Hay días que ni ir al baño puedo.  Además fue mi cumpleaños y las fiestas estuvieron de a peso).

Ya pues.

Voy a dar cierre a esta onda de la carta para seguir escribiendo de otros temas:

-Como dije en el blog de Ernesto, no tengo absolutamente nada contra Editorial Almadía.  Guillermo Quijas es un tipazo, valiente y jovencísimo. La organización del encuentro fue extraordinaria. El dueño del rancho no es responsable de cómo rebuznan ALGUNAS bestias invitadas. Quijas no es papá de nadie y bastante hace con organizar un espacio de discusión, cotorreo y retroalimentación.

-Parezca lo que pareza (ay, cómo me duele la cabeza) tampoco tengo nada en contra de que los escritores beban alcohol.

-Escritores que admiro como Bef y Jorge Harmodio, por citar sólo dos, están publicados allí. Es más, son parte de esa tan mentada antología. Y como dice el primero ¡Qué bueno! No puedo más que celebrarlo. A Bef lo conozco y puedo decirle cuánto me gustó su cuento. No tengo el gusto con Jorge, pero acá tiene una nueva fan. Es el escritor mexicano más interesante que he leído (en libro) en lo que va del año.

-Nos urge discutir cosas. A los herreros, los plomeros, los contadores, los fontaneros y a los escritores. Como dice Andrei, nos urge discutir sin miedo a cagarla porque dizque somos muy listos. Hay que darse menos importancia. Decir más seguido “No sé” en lugar de “estoy por encima del tema”.

-El cinismo es chafísima. La abulia y la apatía son sus compadres.

Miriam, una chica muy simpática que luego nos visita me mandó en un correo triangulado un texto de Susan Sontag sobre el quehacer de los escritores.

Sontag, dieciocho millones de veces más lista que yo, no lanzó una carta abierta a nadie (quizás porque no tenía blog) pero una vez, antes de morir, escribió esto:

“A menudo se me pregunta si en mi opinión hay algo que deban hacer los escritores, y en una entrevista reciente me oí responder: “Varias cosas. Apasionarse con las palabras, preocuparse mucho por las oraciones. Y prestar atención al mundo”.

Prestemos, pues, más atención.

Asociaciones insólitas

Así como uno a veces anda besando a un apestoso que quién sabe cómo llegó a tu vida, así hay obras de arte que se asocian.

O que yo asocio.

No puedo sacarme de la cabeza que la canción Is she weird de los Pixies comparte algunas cualidades con Kashmere de Led Zeppelin.

Ambas me asustan.

Apelan a la noche, a esos enanos con los que mi mamá solía atemorizarme. Mi mamá era muy Led Zeppelin, muy oscurita. Me cantaba eso de “¡…y los enAnos les DAN pezcozooones…para que se porten bien!” Ay jija de la suya.

Estas canciones navegan en aguas heladas y profundas, abisales. Hay peces con lamparita navegando por ellas. Son para cantarse el 31 de octubre e invocar a las Furias.

Amo a las Furias, por cierto.

Aquél que no sepa de estos seres mitológicos, más le vale aprender de ellos.

Las Furias son como tu mamá y tus tías cantando a los Pixies y a Led Zep. (Un poquito más cabronas, quizás).

For today I am a boy

Anthony (el de los Johnsons) piensa lo mismo que yo; a veces uno tiene cosas que hacer de hombre y a veces de mujer.

El otro día me soñé como hombre, protegiendo a una mujer (que era yo misma, of course). La abrazaba, como me abrazaba mi papá y le decía que todo iba a estar bien.

Luego pensé que proteger en femenino es diferente que en masculino. En mi experiencia lo femenino odia y araña y grita para proteger. Lo masculino aguanta vara y embiste sólo cuando está dispuesto a que lo maten.

No sé qué me da que me obsesiona ese hombre en mí.

Ayer oía a los Emos en el Canal Once. Le decían al entrevistador, un tal Ricardo Raphael (del que jamás había escuchado una palabra, pero que se parece sospechosamente a Héctor de Mauleón) que había otras formas de sentirse hombre. “A lo mejor a nosotros nos gusta sentir, antes que otra cosa”, dijo el Sugu (¿qué no era el Sugus?). “Nos gusta sentir como sólo se les permite sentir a las mujeres y eso no tiene nada que ver con nuestra preferencia sexual”. Tómela.

Yépez dice que los Emos nacieron sin agenda política y a pesar de mi profunda admiración a Yépez permítome diSENTIR: creo que tienen una que nunca se revisó en el pasado: ¿qué es ser hombre/mujer? ¿cómo vamos a vivir ahora lo femenino/masculino? Porque ya nos desclosetamos de con quién cogemos –ser gay ya no es un crimen tan grande– ahora queremos desclosetarnos de nuestras propias imposiciones: yo soy niño, tú eres niña y se acabó.

Pos nel. Ahí no se acaba nunca.

Ahí en medio del deseo y la eterna pregunta de quién chingados soy, ahí está la pregunta que nos hacen los Emos. (No UN emo, sino todos juntos. Entre todos saben todo).

Por eso mi nuevo motto es: ¿semos o no semos emos? (gracias Andrei).

One day I’ll grow up and be a beautiful woman…
One day I’ll grow up and be a beautiful girl…
For today I am a child
For today I am a boy

One day I’ll grow up and feel the power in me…
For today I am a child
For today I am a boy

Mientras cocinaba

Un día me dijeron que los animales domésticos vienen al mundo como ‘muletas evolutivas’.

Es un concepto medio despreciable homocentrista y mamón, pero va así:

Si un perro te salva o te avisa de un incendio, por ejemplo o si el que se muere es él en tu lugar, ya la hizo. Bonus karma instantáneo y en su reencarnación le tocarán cosas buenas y regresará como, no sé, Slim o algo.

Si esto es cierto, el ejército negro de homiguitas que se sube a la estufa tendrá una vidaza en la próxima reencarnación. Vendrán al mundo como  rockstars o filósofos o bailarinas o cantantes estupendas (una que otra puede tener mi trabajo y nomás tener lo bueno de mi trabajo).

Cada día les paso el trapo por encima -las mato- y siento horrible. Pero si la teoría es cierta, son ellas las que me ayudan todos los días a ser más limpia. Con hormigas no se puede dejar tirada una cocina.

Exciting times

Qué simpática la vida cuando uno puede decir: están pasando cosas en mi computadora.

O en mi cuarto.

Hay días que me sorprendo ganándole la partida a Pascal:

“La infelicidad humana proviene de no poder estar inactivo dentro de una habitación” (Mil veces citada en la red y ahora se la encuentra con tantos añadidos que ya no se sabe qué chingados dijo realmente Pascal. Para joderla no tengo el libro.)

Bien, lo que hayas dicho Pascal, te reto a verme ahora mismo que blogueo desde mi casa, que me encuentro con mis libros y, ja, ¡casi siento ganas de comérmelos o de invitarles unas chelas!

Abro el archivo de mi novela (esa que, efectivamente, publicaré algún día) y quisiera abrazarlo. Le pregunto a Pascal que cómo se abraza un archivo de Word, pero no me contesta.

(Qué bueno. La pregunta tendría que derivar en cómo se coge con un MP3 y ahí si, para que le andamos tentando las nalguitas al demonio…son un chingo y a todos me los echaba).

Política

Mi maestro de historia del cine dijo: “Se conoce el carácter de una persona cuando debes elegir entre dos cosas: una mala y otra pésima.”

Es rarísima su máxima, pero ocurre que hoy sirvió de ancla porque escogí a un político príista.

¿Quién es tu presidente de México preferido? Preguntó mi roomy de la oficina.

Traté de zafarme, pero al final me acorralaron. “Zedillo, chingá”, contesté. “Al menos”, dije, “su esposa tenía una enfermedad mental declarada pero él se quedó con ella; creo que todavía se gustaban, un presidente que cogía (¡y con su esposa pues!), no en balde cinco hijos. Además renunció a su pensión vitalicia de presidente.”

Si, bueno… también está el error de diciembre y los chistes de ‘no cash’ y las leyendas del bolerito y todo eso.

Ahora entiendo al maestro de cine: cuando no hay para dónde hacerse, como sucede en México, las elecciones de los habitantes son aún más interesantes.