Vivo para ti, cuaderno

En los muchos años, no me acuerdo cuántos, de este blog, nunca había estado tan absolutamente segura de que la cordura de mis escritos comerciales, por llamarles de alguna forma, depende por completo de lo que pueda decir aquí.

Lo que escribo es lo que leo, pero también es lo otro que escribo.

Ayer, por ejemplo escribí cosas del Twitter para una revista de viaje que me pidió algo para lectores ‘promedio’ (según yo esto no puede decirse NUNCA de la gente, pero es una certeza falsa con la que duermen tranquilas las revistas). Al cabo de un rato me di cuenta de que el artículo me gustaba y si me gustaba era porque, según yo, se leía como post.

Mientras lo escribía, parecía que estaba blogueando. Una sección distinta de mi cerebro se prende cuando escribo aquí y empiezo a intuir que es la parte que me salva de mí misma, de mi idiotez, de mi cerrazón natural.

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Aquí algunos fragmentos de ese artículo:

“¿Alguien se acuerda cómo hacíamos amigos antes de que existiera Facebook o Twitter? Hagan memoria: solíamos ir a bares,  paseábamos al perro, hablábamos por teléfono, nos inscribíamos en cursos, sonreíamos por la calle, abordábamos a gente en el Metro o en el asiento contiguo del avión. Los más sofisticados hasta respondíamos cadenas de mails durante la prehistoria de las redes electrónicas, es decir, hace unos cinco o seis años.  “Ja, el mail es taaan 2001”, diría un twittero…”

…el potencial que tienen para reconocer y almacenar todos y cada uno de nuestros gustos, opiniones y patrones de conducta, que más tarde podrían ser utilizados (y ya se hace, aunque de forma ilegal) como bases de datos legibles por computadoras diseñadas para interpretación y la predicción por referencia cruzada; sistemas de mercadotecnia de nueva generación que usarían todo lo que saben de ti para ofrecerte exactamente lo que ‘aún no sabes’ que quieres comprar. Si ellos saben que me gustan los cómics y que este mes estoy eufórica o que estoy por el contrario muy triste, acabo de tronar con mi novio, por ejemplo ¿qué los detendría, en un maquiavélico futuro de marketing personalizado ofrecerme, qué sé yo, chocolates o un servicio de apoyo psicológico o simple pornografía a mi medida? Las  implicaciones de ser una persona ‘semi-pública’ (a través de un blog o un microblog o mi status del Facebook) que señala todos los días y a cada minuto lo que quiero, lo que me gusta y cómo pienso, podría también poner en riesgo la esencia de la red como la conocemos: la circulación libre de datos e información. ¿Qué detiene a los gobiernos o a los poderes fácticos de analizar mi información y venderme propaganda política o de plano censurar mis opiniones? (Como ya lo hace la cuenta de Facebook de la Presidencia de Felipe Calderón, por cierto, como lo documentó el mes de agosto la revista Proceso). De alguna forma, es como si la misma red estuviera escribiendo su propio epitafio, en 140 palabras a la vez

…las redes también modificaron ya las costumbres de etiqueta social. En estos momentos, cualquier persona interesada en saber más de otra puede empezar por hacer una búsqueda en Google con su nombre y ver en cuántas cosas está implicado. A lo mejor tiene un blog (taaan 2001) o una cuenta de Facebook donde además sube fotografías, su estatus marital y se puede conocer a su red de amigos. Todas esas cosas tomaban años antes, pero ya no es así. ¿Quién puede prever lo que le hará esta dinámica a las relaciones interpersonales? Se  ha dicho de estas redes “son parte de aquello que no sabíamos que necesitábamos hasta que lo tuvimos en las manos”, como el celular, el procesador de texto, la lavadora y mucho antes la electricidad, la imprenta o el papel de baño.”

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Es extraño tratar de ‘bajarle de watts’ a un tema y una discusión que en plataformas electrónicas ya se encuentra a años luz de distancia. No sé si llamarle triste, pero encuentro que es así: los medios impresos siguen en el siglo XX, adiós, se quedaron allá, su discurso (¿quizás forma es fondo, después de todo?) está en un idioma viejo.

Acá pueden ver de lo que hablo.  (vía, ya saben quién, claro).

Mientras tanto, y hasta que sean los medios electrónicos me den de comer, seguiré padeciendo esta esquizofrenia.

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You know how Einstein’s grades were bad? Well mine are even worse

Cada año mi blog se trata un poco menos de mí. Empezó siendo un blog de “me siento así” “me duele aquí” pero cada vez tengo menos ganas de hablar de mí y más ganas de discutir películas, libros, narcos, música, medios, letras, palabras.

Estoy de suerte porque además, mis amigos andan en las mismas.

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Hay cosas más importantes que publicar aquí cuánto extraño a quien extraño y cuan perdida me siento por momentos.

Estoy a punto de escribirlo pero sale el policía de los posts que me enseña la placa, se para frente a mí para decir ‘te sientes perdida ¿y? Perdidos estamos todos, pero con self-pity no se ganó nunca una batalla, ni en la guerra más insignificante’.

(Así que no voy a decir cuánto te extraño, hoy no).

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Tampoco es que no me ponga en riesgo.

He perdido varias cosas con este blog. Amigos, un trabajo, el beneficio de la duda.

Nada mal para un blogsito impune.

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(La del título es una línea de Calvin & Hobbes que no tiene nada que ver con nada, excepto que Bill Watterson sabe que a todos nos gustaría creer que algunas de las cosas idiotas que hacemos a diario son síntomas de genialidad sólo reconocibles a posteriori).

Lo creativo

Pasaba por la Biblioteca Central y quise releer libros de autores conocidos (por mí). En su lugar, un libro de portada mínima, letras negras sobre fondo blanco, nothing fancy, me tomó de la pierna y me dijo “si no me lees hoy, me pierdes para siempre”.

Entonces dejé el libro famoso y entré en este, sin tener idea ni remota de qué voz, en qué época o en qué corriente de pensamiento me iba a involcrar.

La primera parte de nuestra conversación fue placentera. El libro me habló de Jack Kerouac (al parecer el autor había sido su carnalito del alma) y dije, “quizá deba seguir platicando”… leí un par de páginas más hasta que me di cuenta de que esto ya no era un encuentro con un libro,  sino con un hombre. Estábamos en un bar y el tipo se me había acercado, tomándome del brazo y yo que regularmente no les doy más de un minuto a estos pelados, pensé que el encuentro terminaría muy pronto. Pero dijo algo interesante, ladeo la cabeza y me invitó otra cerveza. ¿Quiero otra cerveza con este libro, con este hombre?

El tipo estaba reconciliándose con la idea vieja esa de que toda escritura es autobiográfica. No fue realmente lo que dijo, sino cómo lo dijo que me llamó la atención:

“¿Por qué no hablar de uno mismo? Tarde o temprano uno tendrá que hacerlo. No hay inversiones seguras. Mira la sucia flotación del dólar –como una mente, una idea muerta, que se extingue.”

Sí. Sí quiero otra chela con este librhombre.

Entonces me dijo:

“Estoy cansado y quiero acabar de mascullar estas cosas. Pero me he propuesto algo y quiero cumplirlo. Es verdad. ¿Qué otra experiencia del “yo” es interesante, salvo la que pone de manifiesto su composición, las leyes de su imaginación y de su experiencia posible? Dime quién soy”.

Le dije que no sabía quién era. Ni él ni yo. Le dije que no sabía si quería saber. Le dije que yo tenía un blog que era a la vez mi autobiografía y el apócrifo relato de un personaje de mí misma.

“Amnesia. Pero la persona sigue comiendo, durmiendo, comienza de nuevo”.

Claramente, respondí.

Entonces me contó una anécdota:

“En la terapia de grupo, las investiduras de la experiencia del “yo” se abandonan, incluso son expulsadas por la fuerza. Richard Alpert recuerda su primera experiencia con LSD como una pérdida de todo apoyo del ego. La percepción de sí mismo como joven brillante psicólogo, profesor de Harvard, hijo exitoso, y mucho más, se derritió como hielo al sol. ¿Puede uno derretirse autobiográficamente? ¿Soportar, verdaderamente, no ser algún ausente sueño de gloria, justo lo que tu madre siempre quiso?

Aún seguimos bebiendo en mi cabeza, el librohombre y yo.

*Lo Creativo y otros ensayos, Robert Creeley, Colección Poesía y Poética, Universidad Iberoamericana / Artes de México. 1998.

Cambié y me regresé

Para el que haya visto, había puesto otro template pero alguien, un alguien me hizo ver que mi blog ahora era color ‘cremita’.

No mames.

Antes muerta que beige yo.

Cualquier color menos ese.

Sigo buscando template. Algo que se lea mejor (me han dicho que duelen los ojos de leer El Taza). Mientras tanto seguiremos azules, nomás no puedo con la deshonra de ser un blog ‘cremita’.

Le dije

…entre otras cosas, que su blog era como llegar a una isla tranquila y cálida donde bellos edecanes te ofrecen, nomás pisandito tierra firme, un martini helado.

Hice una analogía medio bruta de cómo era llegar a otros blogs: había unos que te hacían sentir que ibas todo acalorado en el tráfico de las 2 de la tarde, otros como si te sumergieras en un espacio sordo, un tanque de agua donde hay animales vivos nadando junto a ti.

Hay blogs como carreteras empedradas o ruidosos como supermercado en domingo; monolitos ancestrales, pinturas abstractas. Hay blogs que nomás llego y ya me quiero ir. Otros que extraño hasta dormida.

Es que así también hay personas.

Uy premios

En realidad me da un poco de vergüenza.

La gente duda de mi timidez. (Aquél que me conoce está pensando: esta bitchyry bitch ¿a quién cree que engaña?) Pero el que me conoce hardly knows me.

La mitad de mi vida me he sentido fuera del lugar y la otra mitad he estado fuera del lugar.

Los premios me recuerdan ese fuera-del-lugar-ness.

En fin.

Es un alivio que alguien tenga tiempo (aún) de leer cualquier cosa. Es un honor que alguien pase un ratito aquí, acompañando mi pensamiento público. Es un verdadero privilegio escribir y que alguien te preste sus ojos en cómplice desacuerdo (así imagino que leen éste blog, en cómplice desacuerdo).

Algunos generosos bloggers (my favourite londoner, la mujer con futuro prometedor y mi teacher Vega) le otorgaron el “Premio al Esfuerzo Personal” a este su blog con una sola oreja.

Mucha muchas gracias. bow bow bow.

Se supone que yo haga lo mismo con otros siete, pero no sé. El Taza está pasando por un periodo de guardar (como pueden ver por el cambio en la imagen de arriba) y ahora mismo no podría decir quién le mete más galleta a su blog.

Sé que escribir un blog es una actividad mucho más exigente que escribir un libro, al menos en lo inmediato. En la red el abandono se castiga pronto y claro con un montón de indiferencia.

No hablo de “callar” o dejar de postear. (Hay blogs inactivos ‘flotando’ por ahí, que no se sienten abandonados).

Hablo de otros tipos de abandono… a) el que alguna vez tuvo un blog pulsante, vivo y se ha vuelto demasiado flojo para pensar y nomás pone links de autopromoción y fotos de anuncios cagaditos de un pueblo recóndito de la República con faltas de ortografía b) el que se ha vuelto demasiado famoso y tiene tantos callos que pisar que ya no puede postear a gusto, así que recurre a links, fotos y autopromociones c) el que nunca entendió que a los blogs les corre sangre (es decir, se enferman, se asustan, se bloquean, cogen y contemplan atardeceres) y huyeron despavoridos al tercer intento.

Sé que los blogs que leo no están abandonados.

Sé por ejemplo que hoy me pasé tres horas de mi tarde noche (esta vez no exagero) leyendo puros blogs, mis blogs favoritos y fui muy feliz.

Ustedes me hacen muy feliz.

Comic erótico jo jo

Así llega la mayoría de gente a mi blog: buscan en google “Cómic erótico”.

Hace mucho que escribí algo de eso y la verdad  ni me acuerdo qué decía. No soy de las que releen el blog.

Ah pero cómo me genera tráfico ese post. Así que ahí les va de nuevo, nomás quería atraer gente para que leyeran lo que me pasó el otro día que seguramente les vale madre y no vendrían sin engaños.

Cómic erótico, cómic erótico, cómic erótico.

Los que se fueron, ni modo. “Nunca fueron míos”.

***

Busco un dato sobre un cuadro de Francis Bacon que tuve la suerte de ver en la Feria de Arte Contemporáneo en Madrid.

Google, el dictador, lanza más de 100 mil páginas como respuesta a la consigna “Bacon ARCO 08”. Abro la primera (que terminará siendo la única) de la lista. (***nota a mí misma*** el mundo real no debería funcionar como google pero a veces lo hace).

Empiezo a leer la nota: efectivamente, el Bacon fue la pieza más cara de toda la Feria este año, 20 millones de euros. Efectivamente, recuerdo esa pieza porque a Benjamín se le hacía cagado: “MIs piezas son las más baratas de todo ARCO y la de Bacon la más cara. Alguien se fijó en un periódico y me pusieron junto a él, en la misma oración.” Je. Je.

Qué suerte estar en algún lado junto a Bacon, pienso yo.

Recuerdo esa pieza y recuerdo más cuando el Benjamín me dijo: “No creo que la puedas volver a ver, así que vamos, te llevo al stand de la Marlborough Gallery.

Lo que no recuerdo es a qué horas nos tomaron esta fotografía (la de abrigo, pelo rojo y backpack es su servilleta):

Tampoco nos dijeron que sería usada para ilustrar la nota de un periódico electrónico de Vizcaya, el nunca bien ponderado El Correo Digital (y como no sirve el linkeo hoy para WordPress, pueden leerlo acá: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20080214/cultura/bacon-impone-arco-20080214.html

Así que ahora estoy, yo también, conectada bella e irremediablemente a ‘Man at washbasin’ del buen (Black) Francis Bacon.

***

Otra de mis aventuras en la metarealidad tiene que ver con una persona que luego de saber de mi existencia ‘física’ y (seamos francos) parecerle de alguna forma un poco molesta, se dio cuenta de que me leía y tuvo la gran amabilidad de hacérmelo saber.

Estábamos en una fiesta y se acercó a decirme que me leía desde hace tiempo, antes de saber que la que esto escribe también era yo, la otra, la que tiene pasado y es bien mamona cuando no conoce a la gente.

La yo mamona la había visto feo un día –creo– y además, qué cosa, compartíamos el conocimiento carnal de un bato, yo 10 años antes que ella.

El caso es que yo era, para ella, dos yos, una mamona y otra que la divertía por blog hasta que se dio cuenta de que las dos era yo.

Fuck.

Ni pa donde hacerse.

Así que me dijo: Yo te leo hace mucho tiempo. Me gusta leerte.

Yo me moría de pena porque lo escondo muy bien pero en realidad soy una tímida enferma que nomás escribe porque cuando habla casi siempre la cajetea.

Estuvo bien.

Para cuando terminamos de contarnos que si los hijos (los de ella, claro) que si las cosas diarias que si el novio que estuvo conmigo y luego con ella, ya se me había pasado un poco la pena.

Luego se fue y me quedé pensando cuál de las dos estaría ese día en la fiesta. La mamona yo, la bloguera yo, la que nunca sabe dónde meterse cuando le pasan estas cosas.

¿Cuál de todas llevaré a la fiesta de hoy, por cierto

45 comments

Ya ya, perdón, la neta hoy me googlée.

Es que estaba googleando a gente que me interesa o de la que no sé nada hace mucho y como encontré casi a todos (qué onda con nuestra total falta de anonimato: hoy vi un comentario como del 2000 de un tipo con el que me flipaba en un foro viejo y me sentí totalmente fuera del lugar. No era para mis ojos ese comentario y haciendo cuentas sí era para mis años…qué poca madre, chingao, pinchi google retroactivo).

El caso es que el googleo de otros terminó por llevarme al maldito e improductivo autogoogleo que a su vez me llevó al blog de una chava que comentami blog seguido pero que no pone  link por lo que no hay forma de trackearla.

Otro blog que habla del mío reproduce (con crédito y todo, re buenas gentes) un post mío sobre el asesinito de Monterrey.

El que mató al hermanito de su novia.

Creo que acá en El Taza ese post tuvo tres comentarios cuando mucho. Allá alcanzó los 45 comments, sí siñor.

Todavía no decido si me puedo sentir orgullosa de tal hazaña bloguística.

Go figure.

***

Me divertí muchísimo leyendo los comentarios, dicho sea de paso.

El primero, un tal ‘Koyote Lagañas’,  me corrige algo que no dije nunca. Amo a la gente que comenta en los blogs. Nunca leen ni madres.

Además es fantástico si lo pienso bien: 45 personas me mentaron la madre o me dieron palmadita en el hombro y nunca les pude contestar porque le hablaban a un fantasma que era yo pero sin link.

Conclusión: tu blog es un fantasmablog, sin link no somos nadie.

No me quiero descoser…

…pero estar en mi casa me hace bloguear ‘como hilo de media’.

Ah cómo los extrañaba. Me di un paseo de dos horas por mis blogs favoritos.

La semana pasada trabajé de 9 am a 10 pm (dominguito incluído, pos qué chingaos, al fin, no tengo vida fuera y ni quería, pinchis batos).

En el blog del querido Rafa Saavedra me encontré su ‘Crossfader version’ de los siete pecados sociales , a propósito de los nuevos pesscados católicos rat-zingerianos.

Al leer a Rafa, me dieron ganas de intentarlo, así que aquí va mi propuesta de pecados sociales:

1. La falta de malicia. El otro día le conté a un tipo que de niña, a los ocho años, la imagen de Cristo en la cruz me prendía. Me respondió que ‘a los niños no les prenden esas cosas y que verdaderamente estaba yo un poco zafada’. (No sé si esto califica como falta de malicia o falta de cultura: basta leer de forma somera –literatura, poesía, a Freud– para saber que a los ocho años uno está perfectamente capacitado para desear a quien se deje, Cristo incluído).

2. Y en este coincido con Rafa: La corrección política en las pláticas de oficina. Ok, yo sé que me paso de lanza, ¿pero a poco no es un poquitito gracioso que hayamos mandado a una colaboradora apellidada Kaiser a entrevistar a una chava ultrajudía? Casi mandamos le mandamos a Pepe Goebbels. Es natural que se haya sacado un poco de onda y no haya querido posar para la foto. (Bueno, a mí me dio risa, pues).

3. La self-righteousness en todas sus modalidades. Que yo soy mejor que tú porque sí existo (y está impreso) en donde tengo que existir. Que yo nunca te habría hecho algo así. Que yo no tengo de qué avergonzarme. Buuu. (En mi libro, aquél que no tenga de qué avergonzarse es medio idiota).

4. El cinismo ramplón. “Pues leve eh, no creas que mucho. Aquí estamos en un glaciar de miles de años y pus leve eh, no te creas que es la gran cosa”.

5. La práctica del mal beso. Rest my case.

6. La imposición del miedo (como dice Rafa) y que yo completo con lo que me toca vivir ocho horas diarias: la imposición del miedo al ridículo como método de control social, en el que estar passé –por hablar de política, por ejemplo, por discutir si lo que hacemos es periodismo, si en esa cuna de lobos existe o no la ética, por discutir, pues– es arriesgarse a ser el outcast, el “d”, el menos propenso a un aumento. Añado otro subproducto del miedo al ridículo: nadie en el medio ‘periodista de entretenimiento/creativo” se viste realmente como le da la gana, nada más gastan una fortuna en que así parezca.

7. El abuso de ciertos conceptos a los que otorgamos una cualidad positiva por default: la circularidad (cuando hablamos de una obra de arte, por ejemplo o filosofamos de la vida), ‘la cultura de…’ (de servicio cuando hablamos de por qué los españoles avientan el dinero), la buena educación (cuando hablamos de por qué decimos ‘provecho’ al salir de un restaurante), la honestidad…

Facebook vs. Blogger

Mi hermana me tira una oveja.
Rafa pide que me conteste una pregunta, siempre cerca del Noise.
Andrei no tiene sus tres palabras, pero ya las va a poner. En realidad tiene más de tres, pero le gusta decir que no.
El Felipe tira netas y novias.
Raquel pregunta si falso o verdadero.
Mauricio quiere que le diga una verdad en su face.
Betty me manda un tatuaje.
Rebeka pregunta por qué.
Hugo manda chelas.
Guillermo me guiña un ojo.
Kevin me llama bonita.
Rose me enseña fotos de la boda.
Alberto me invita a terminar su historia.
Noé insiste en que el teatro es una buena causa.
Erick me quiere mordisquear de vampirito.
Pablo quiere jugar piedra papel y tijera.
Alguien, uno que no conozco pero que me dio no sé qué negarle la autorización, vuelve a arreglar las letras de mi refrigerador virtual.

El Facebook me tiene muy entretenida.

…mientras tanto, el blog espera que le diga cosas y yo le digo, pero como ahora empiezo a hablar en Superpokes no me entiende.


El jueves fui a la presentación del libro Vilamatas Portátil en la Casa Refugio Pico de Orizaba.
Por tonta quizás o por ingenua, pienso que se trató de un asunto de vida o muerte: hablar de literatura. La presentación de un libro solía ser todo un evento y ahora, la mayoría de las veces, es una reunión valorativa: quién es quién y de qué lado masca la iguana.

Pero este, por alguna razón, parecía distinto. Aunque Christopher Domínguez hizo lo suyo cuando empezó su comentario con: “Yo fui la primera persona que leyó a Vila-Matas o al menos la primera que le hizo una crítica en México y adivino que en Latinoamérica”, lo que siguió fue una charla que se alejó de la ‘personalidad’ del escritor y habló, por fin, del libro. Cosa rara en este tipo de presentaciones, huelga decir.

Allí estaba Juan Villoro con su sonrisa del Colegio Alemán. Habló dos segundos conmigo. Le pude decir que lo admiro. Me hizo feliz.

Andrei y yo volvimos a dejar(nos) claro que el blog era un género único y difícil de domar.
Decíamos que aquél que abra un blog en 2008 tendrá muchos problemas para darle una posición y que aquél que lo mantenga limpito, interesante por una decada (con la condición de haberlo empezado hace por lo menos dos años) se convertirá en una especie de héroe. Hagan sus apuestas.

(Aquél a quien no lo haya atrapado antes un hijo, un matrimonio, un divorcio, una novela, un largometraje, un Alzheimer o el puritito síndrome del adulto contemporáneo).

Yo me imaginé un futuro cercano en el que hubiera un gran crítico de blogs, tipo Christopher de la republiquita de las letras mexicanas, pero del blogspot.

No puedo creer lo nerd que soy.

Ayer me encontré a Juan Carlos Reyna en el Tower Records. Lo saludé con mucho cariño, aunque sólo lo he visto una vez, 45 minutos.

Después de ver lo que sentí al ver a Rafa Saavedra y a chelear con Omar Pimienta empiezo a pensar Tijuana put a spell on me. No vayan allá o una parte del alma se les quedará en la línea irremediablemente.

Pinchi Tijuana. Me caes a toda madre.