Luego no digan a Chuchita la violaron

Usté disculpará, querido lector de blog, (usté lector paciente, con un rango de atención mayor que el de la mosca de la fruta), pero mi chingau twitter no funciona desde ayer cuando el ‘atentado’, así que hay dos o tres pequeñas molestias de las que me quiero desembarazar.

-Mucho golpe de pecho con el horror de la pedofilia, pero titulan la nota “Las chiquitas más sexys”. Ok imbéciles, hagan como que no ven.

-El hecho de que inevitablemente se mojen pensando en una niñita de 15 años no lo hace legal, pendejos.

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-Eso de llamarle ‘narcoliteratura‘ me parece un poco irresponsable. ¿De dónde se les ocurrió a los editores de Babelia poner en el mismo saco a Élmer Mendoza, Arturo Pérez Reverte y a los Tigres del Norte?

-El mundo espera con ansia que México empiece a exportar su vasto producto nacional, la sordidez surgida de la crisis del narco. Tantas ganas tienen de disfrutarlo desde la comodidad de sus casas que hasta nos ofrecen un buen empaque. “Acá tenemos sus plásticos, sus etiquetas, sus cajitas listas con todo y su sellote made in the land of the living dead“.

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-Tengo un super crush con Warren Ellis. Ayer soñé con él. Que sea comiquero talentoso no ayuda. Pero sobre todo, que salude todos los días con una frase oscura  (masculina hasta el cliché) como “Buenos días pecadores” en el Twitter me mata.

Aquí la portada de su nueva miniserie.

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Qué bonito era el futuro, antes

Contradigo el título del post pues nunca tuve una idea fija de cómo iba a ser mi adultez. Cuando mucho esperaba el día en que me iban a salir las primeras canas. Eso ocurrió hace un par de meses.  (Me perdonaron la vida muchos años). Estuvo bien, un pequeño susto en el espejo del baño y nada más.

No tengo nostalgia de mí, noto perfectamente que estoy cambiando, envejezco cada día. Está bien. Youth is overrated, anyway.

La nostalgia que disfruto, (además de fantasear todos los días con que hubiera robots caminando por las calles de esta ciudad)  es la gráfica: siempre acabo preguntándome por qué los colores han cambiado tanto, por qué las texturas de las revistas ahora se sienten tan lisitas, como si a nuestros dedos realmente les gustara patinar. Extraño sentir papel barato, rotito, áspero. Extraño las tintas, los puntitos con los que se hacían los rojos y los azules en los cómics.

Yo digo que a mis manos lo que les gusta es detenerse en las imperfecciones.

Ahora en Ontario le saqué una foto a un pelirrojo que me dejó pensando en el lienzo de su cara y de su cuerpo. Pintó sus brazos y perforó sus orejas en un acto de libérrima belleza. Sus tatuajes y sus pecas van a envejecer con él, esos puntitos rojos de su piel se tornarán un poco más oscuros, su pelo también.

De anciano, este hombre será como el pánel de un cómic viejo y arrugado, pre-impresión digital.

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Lamento no tener ningún tatuaje.

Sobre todo, ¿por qué madres no hubo robots?

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Shannon y Mr. Mark

Para cerrar la saga de la Comicon solo quiero contar un par de encuentros menos espectaculares pero igual de lindos:

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Cuando vi el título pensé “ojalá no esté muy caro porque igual lo tengo que comprar”. Había muchos monos de pvc del Too Much Coffee Man, pero este atrapó mi atención. Lo miré laaargo rato. En realidad ni siquiera quise hojearlo, el título me noqueó desde el principio, de los mejores que he visto en toda mi vida.

“Que se joda el puto cielo, cuando muera quiero irme a Marte”.

Lo dije así, en español y un hombre muy blanco me preguntó: “Spanish?” No, mexican. “Can you say that again for me, please?”

“Que se joda el pinche cielo, cuando muera quiero irme a Marte”.

Sonrió. Yo ya había pagado el cómic, pero me lo pidió de regreso. Lo abrió en la primera hoja y me lo firmó. “Ay, usté es el autor, perdón, no lo conocía”. Además de chulear my accent (siempre he querido salirme de mí por un momento para ver mi cara de frente y de paso escuchar mi acento), me regaló un boleto para la ópera que se presentaba esa misma noche de Too Much Coffee Man.

Gracias, Shannon.

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Luego pasé junto a un tal Marc Hempel que muy irónico, luego de ver mi emoción, me preguntó si había esperado este momento tooooda mi vida.

“No, no toda mi vida, nomás unos años, pero tú tienes la culpa de que me caigan tan bien las ratas”.

Mark firmó mi Kindly Ones justo al lado de la grandilocuente firma de Neil.

La suya es chiquita y mucho más maliciosa. Es re punk el Mark. Qué bien me cae la gente que no blande una naturalidad que no posee.

Me besó me besó me besó me besó me besó

Quisiera mantener una pizca de dignidad aquí, pero la dignidad no va muy bien con nosotros los die-hard fans.

Ni modo, otra vez fuera calzones y así, sin malicia, quiero contar como se siente cerrar un ciclo, realizar un sueño y que te tiemble hasta la cola cuando ves a tu héroe de toda la vida.

Fui besada (besuqueada ilustra mejor lo que me hicieron) por el todavía hija-de-putamente-guapo-inteligente-dulce-astuto Mr. Neil Gaiman.

No sólo eso, además estuve a 30 centímetros (bueno, tal vez 50 o 60) de su conversación con Matt Groening. Ahh, se me olvidó también besé a Matt Groening.

Como dijo Gaiman un poquito antes: eso es lo bueno de ser yo. (Claro, él se refería a levantar el teléfono y preguntarle a Ray Bradbury si le importaba que usara una referencia suya, pero igual, se siente lindo poder decirlo aunque uno, mortal que es no tenga el celular de Ray Bradbury).

Dioooos.

Me tembló la voz, me dolió la panza, se me aceleró el corazón, el aliento, la imaginación.

Me trataron tan bien que me invitaron un vaso de agua o un refresco. Dije que no, por supuesto. No puedo creer lo ñoña que soy para aceptar cosas que me dan. No puedo creer lo tímida que soy, lo físicamente enferma que me puede resultar la verguenza de sólo ser yo y sentirme encuerada frente a gente lista.

En eso estaba pensando cuando el dueto ¨abrióse¨hacia miguelita y me invitaron con el cuerpo a platicar.

Baba de perico para ellos, cosa del backstage, entre actos, para ellos.

Puuuuf.

Para ellos. Yo sí que me estaba (pardon my french) meando.

Como en automático le dije a Groening sobre la familia mexicana, de cómo los Simpsons de pronto se le parecían y se rió mucho.

Es un hombre gordito, canoso, con sonrisa franca y ojos cabrones.

Risa y risa. No sé exáctamente qué chingados dije (o cómo lo dije), pero los hice reír a ambos.

Puf, puf, y más puf.

Mañana sigo contando. Ahora debo irme. Usted solo debe saber que hoy voy a dormir como un recién nacido, con un beso de Gaiman y otro de Groening en la mejilla izquierda.

Puf.

San Diego Comicon

Ok, esta vez hasta yo estoy en shock. Este trabajo entra definitivamente en las categorías “getting away with murder” y “no puedo creer que me paguen por hacer esto”.

Mañana parto (¿parto?) hacia un destino largamente esperado, lo confieso, nunca antes vistado. Cómo envidiaba a aquellos que se iban en bola en los 90, mis cuates pudientes o mejor dicho, mis cuates que trabajaban tooodo el año para asistir con cierta dignidad.

Dicen que este año va la friolera de 150 mil personas a esta convención, por mucho la más grande de todo el continente.

Créanlo, me lo merezco. ¿Alguna vez han intentado explicarle las dimensiones, la importancia, la riqueza, las posibilidades de una crónica de la San Diego Comicon a personas que nunca ha sostenido un cómic en sus manos?

Difícil, pero según puedo corroborar, realizable. Ujjuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.

Espero que mi vida pinte así por mucho tiempo. Esta chamba es a veces el cielo con patas.

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Fontanarrosa murió y dolió mucho. Ayer tuve tiempo de hacer my own private mourning. Sólo tuve que ir a mi librero y volverme a reír cuando un rayo parte a Inodoro Pereyra o cuando la Eulogia le pega al Mendieta porque piensa que es un cojinillo parlante.

Hace como 15 años AAAAAYYY 15 años 15 años…fui a una protoconvención de cómics en el D.F. Yuri, el ex-novio al que le debo gran parte de mi geekiness, me llevó a ver a Fontanarrosa. Un poco a fuerza hice mi chamba de novia querendona y hasta me formé en la fila de los autógrafos.

Nos firmó un par de cuentitos. Yo no entendía ni pio de gaucho, por lo que  Inodoro Pereyra todavía no estaba en mi top. Cuando Fontanarrosa me dibujó un Mendieta con un globo de diálogo que decía Ira! salí un poco decepcionada (tarugo que es uno luego). Yo hubiera querido un Boogie, como el que siempre leíamos en el baño mis hermanos y yo, en la contratapa de la revista Proceso. Tardaría unos años en darme cuenta de que muchos hogares de izquierdas teníamos la misma costumbre: Mafalda era un pasquín materno para enseñarnos de undercover  el significado de impertinencia, nostalgia de la niñez y  militancia monera, mientras que Boogie nos daba instrucciones para reírnos de nuestras ganas de pegarle a las viejitas indefensas.

A qué ganas de pegarle a una viejita me dieron. Usté disculpe mi incorrección política.

Fontanarrosa murió la semana pasada muy muy muy joven. Todos estamos muy tristes.

Saludos mour-neros a Yuri y gracias, muchas gracias.