A un año de Obama (post invitado)

Este es un poste-amiento gráfico que Dante subió a su página y que me pareció interesante. No estoy del todo de acuerdo, pues a mí me emocionó la elección de Obama, aunque ahora, a un año, todos tengamos muchos más elementos para juzgar si era para tanto o no lo era.

En fin. Me parece que una mirada sutil alcanza a ver cosas que la mía no puede.

Este es el texto con el que abrió Dante sus fotografías:

Hace mas de un año, me tocó estar en Nueva York el día de las elecciones. La gente parecía muy emocionada por la victoria de Barack Obama.

Hoy como ese día mientras tomaba las fotos, sigo sintiendo que todo forma parte de la misma vitrina y se vende por el mismo precio.

Vote

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Liberty

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Bush's Last Day

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Fiebre

Tengo una extraña fiebre de imágenes. No puedo pensar en letras, leeeeetraaaas, la palabra leeetras, por ejemplo, se me convierte en un animal, una cabra que salta, que saaaltRA tra tra, salta. Es un animal salvaje que golpea a la siguiente palabra.

La sobredosis de cine y caminatas últimamente me ponen en guardia: quizás ya nunca más pueda escribir, quizás tengo que sacar fotos o pintar o volverme una de esas máquinas viejas que proyectaban diapositivas. Tacatá, tacatá, tacatá.

El bosquecito de la Unam, por ejemplo, es para darse un atracón de imágenes… tacatá, tacatá.

Como lo importante no es VER sino TRADUCIR, estoy maniatada, yo traduzco regularmente en palabras (ahora mismo la palabra ‘palabras’ se vuelve una parvada de cuervos blancos que se me escapa de las manos y me deja sin ellas) pero traducir a imágenes no es lo mío.

Es lo bueno de andar con un fotógrafo:

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Así se ven los grillos pre-navideños en el bosquecito de la Unam. Mejor dicho: así los ve Dante Castillo.

Un ojo

Dante acaba de abrir una cuenta de Flickr para mostrar sus fotos. Quizás yo no sea la más objetiva, pero realmente me gustan algunas. Parecen criaturas de cuentos o películas de ciencia ficción.

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Esta en particular, me recuerda al cuento The Troll Bridge, de Neil Gaiman del libro Angels & Visitations:

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Y quién sabe qué tiene este burrito meridano que nomás no puedo dejar de verlo:

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Quiero un golem

Extraño ser poeta. Ahora que mandaron una convocatoria para bloggers-poetas se me metió una basurita en el ánimo.

Cuando tenía 15 años escribía poesía horrible que me hacía sentir la muy mala, la muy subversiva. Como que tenía en mis manos un secreto o un golem de tierra diminuto que jugaba solo conmigo.

Entonces leo que hay eclipse de luna. Los periódicos madrileños explican que será visible desde América (también) y me dan ganas de ser poeta-blogger, poeta mala malísima, para lanzar mi golem hasta mi casa y estar allí y ver la luna con la gente que quiero.

Estar en mi casa un segundo, ver cosas con ellos y luego regresar a este café internet aquí en el barrio de Chueca, donde puedo extrañar mi casa a gusto.

***

Pues claro que me importa. He notado que mi blog se empieza a volver aburridísimo.

Y aquí en Chueca me acabo de dar cuenta por qué: estoy dejando entrar esa oficina en mi imaginación. Chueca es el barrio gay de Madrid y algo tienen los gays (dolor enterradito debajo de todo ese oropel barato) que me conmueve profundamente.

El paralelismo entre el baile espontáneo de los veracruzanos en Tlacotalpan y los cantaores de esquina en la frontera de Chueca y Lavapiés me devolvió algo que había querido poner a dormir.

*** 

O quizás haya sido Goya, el dios Goya y este perrito que se hunde en la arena indefenso. O que no está indefenso, pero que mira hacia el cielo (un eclipse de luna o a su amo que pa’l caso es lo mismo) como sabiendo que va a morir y que está solo y que no hay ni habrá nunca nadie en ese cuadro.

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Las zapatillas Mi Alegría

Cuando estoy de malas en el trabajo me pongo a hablar. Antes que todos se muestren cansados de mis cuitas, allá voy yo mera, a odiarme solita, pero de parar ni madres…antes muerta que callada, chingado.

Es como si no pudiera detener la boca. Libero las múltiples angustias; por ejemplo, de la supuesta lucha de los sexos. “Los hombres son (llene usted aquí con cualquier frasecita hecha), en cambio, las mujeres todo lo hacemos para (igual que la anterior)”.

Lo peor es que todos traemos la misma angustia y el tema prende como chispita en polvorín. Al rato ya no sé cómo decir que los hombres son fantásticos, un misterio eterno y una fuente de verdad. Al rato ya no puedo decir que la regué y que ni madre que me compro eso de la lucha de los sexos, tema sólo fabricado para vender revistas de corazón disfrazadas de posmodernidad.

No señor, ninguna lucha. Puro dolor de no ser capaz de meterme en la piel del otro.

Para mí es una cuestión ¿Qué se siente mear parado; ser capaz (sin entrenamiento previo) de golpear a alguien en un bar; hacerse más guapo mientras se envejece; no poderse embarazar?

Platicaba con Dante sobre los juguetes Mi Alegría cuando vi una luz al final del pasillo: con razón somos distintos, tú querías un juego de química y yo pedía a grito pelado unas zapatillas rojas de plástico.

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Tal vez ahí empezaron nuestros problemas, los problemas entre un hombre y una mujer:

Secretamente ambos deseabamos desear lo otro, tú mis zapatillas y yo tu juego de química (o tal vez lo hicimos, siempre secretamente) y aún cuando obtuvimos lo que deseábamos (tú el juego de química, yo las zapatillas), cuando abrimos la caja entendimos que los comerciales nos engañaban y que

1. no venía el ácido clorhídrico con el que íbas a quemar a esos insectos muertos que guardabas en aquellos tuppers

2. la bata se vendía por separado

3. el humo también

o que

1. las princesas tenían el pie mucho más grande que el tuyo

2. las princesas no querían correr por las calles de Lindavista como tú o no tenían chorreadas las pantorrillas de lodo (como tú) así que las zapatillas les duraban sin romperse más de 10 minutos (no como a tí)

3. las princesas se vendían por separado

Furia

Esta es una de mis fotos favoritas en los últimos días. La tomó mi novio.
Me gusta porque la foto es infinitamente más interesante que el objeto real (una escultura olvidada fuera del museo Dolores Olmedo).
Me gusta porque la única manera de ser libres es reventarle el sentido a lo “real”.

Esta sería la imagen perfecta para ilustrar cómo me siento hoy –después de darme cuenta que llevo un mes furiosamente triste–.

***

What’s in a name?

En la tribu espinosa de los monteros les parece que el apellido connota cierta “realeza” y que yo debería utilizarlo para firmar.

Les digo que me gusta así, Ira Franco, que no empezaría a firmar con el apellido de mi mamá aunque me lo pidiera ella misma.

Ira Franco es un nombre corto, como yo, chiquito, como yo. Fuerte, plantado, sonoro. Hasta ahora sigo tratando de llenar ese nombre que me gusta tanto.

Ira quiere decir furia y furia es lo que necesitaríamos todos para encabronarnos con Telmex, con los obispos pedófilos, con los cínicos de la Condesa, con la pobreza de espíritu propia.

Furia es también mi tabla de surf.

Además está la onda de que Ira es nombre de hombre.

Habría que explorar nuestra dualidad, digo yo.