el entrañablemente sensato José Emilio Pacheco

A propósito de su próximo homenaje en Guadalajara (quiero ir a verlo chingaus), Pablo Ordaz le hace una entrevista en El País donde el master of puppets hace gala de su enorme sensatez  e inteligencia. Ah cómo te queremos JEP.

P. ¿Y ni siquiera la experiencia sirve?

R. Para nada, al contrario. Con 20 años piensas que tal vez un día llegues a escribir con una facilidad, con una certeza y un conocimiento… Y no, nunca. Siempre es por primera vez, siempre. Y, además, la mayoría de las cosas salen muy mal. La mayoría de los textos que haces son malísimos, para que uno te salga bien necesitas hacer 50 muy malos.

P. Tan malos no serán…

R. Sí, sí. Mayans, un neoclásico del siglo XVIII, decía: “En la poesía, lo que no es excelente es despreciable”. Y tenía razón.

P. O sea, que hay pocas cosas más espantosas que un poeta malo…

R. Sí, sí, y además hay otra cosa: ya nadie admite la crítica. Eso se acabó con los cafés. Hay que acostumbrarse de nuevo a que la gente no esté de acuerdo en todo contigo, que no te diga que todo lo que escribes está bien. Porque si yo ahora le digo a alguien: oye, no me gustó… No lo acepta. Eso es impensable ahora.

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¿Algún proyecto de vida?

Ayer me hicieron un chequeo médico para certificarme ‘apta’.

Me levantó las orejas como quien revisa a un perro roñoso y me preguntó con ahínco sobre el número de parejas sexuales. Ay no sé doctor, ¿de veras quiere que las cuente? Pues dame un estimado. ¿Tiene prisa? Yo muy jocosita y el doctorsito enjuto-aburrido-no-tengo-ninguna-motivación-en-la-vida ni me miraba.

¿Diabetescánceralopeciatuberculosis-falta de sentido común en la familia? No no. Al menos creo que no. ¿Presión altibaja? No no. ¿Locura? (Ah chingá, ¿qué el término no era ‘padecimientos mentales’?). Locura, eeeh, no no. Creo que no.

A ver respire. Libere el aire (¿Libere? Puf, qué doctor más intenso). Ajá, dice que no fuma verdad y ¿qué tal mota? (Doctor, por dios, se dice ‘mariguana’. Alguien va a pensar que es usted universitario).  Pues no no, tampoco. (Aquí alza la mirada, primera vez que me ve a los ojos después de meterme las manos en el pecho, golpearme la panza y pedirme que me baje los pantalones). ¿Segura? Pues la última vez que chequé no fumaba mota, doctor. (Me vuelve a mirar “Hahaquégraciosaestaviejamensa”).

¿Algún proyecto de vida?

¿Disculpe?

Sí, cuénteme si tiene algún proyecto de vida.

¿Ser  feliz?

Ajá. Bueno, eso es todo. Va a salir a la segunda oficina a la derecha a que le pongan un sello. Buenas tardes.

(¿Ser feliz? Ay Ira. Tienes que dejar de ver películas de Fellini).

Grimoire

La hermosísima palabra grimoire (grimorio en español) designa un libro de magia, el recipiente de los secretos más preciados del hechicero.

Existen, no los invento. Un rápido y somero wikichapuzón puede hablarles de San Cipriano, que era todo un coleccionista de estas ondas egipcias y del enorme Aleister Crowley, escritor británico loquísimo que además fue master ocultista, satanista y hasta yogi del siglo XIX. (Además, creo, tenía un nombre estupendo).

La cosa es que Alan Moore, una especie de Crowley moderno, lleva años de investigación sobre misticismo, buscando desde los orígenes pitagóricos de la Cábala hasta la verdadera historia del Dr. Faustus. El autor de Watchmen está a punto de convertirlo en un comprehensive grimoire, que espera tener listo en dos años. Moore being Moore, quiere que el libro sea, además, divertido:

We want this thing to have a lot of really fun inserts, fun features. Something that would delight a child. We want to make this not only a perfectly lucid and accurate book about magic, but we really want to make it a book about magic that would not disappoint an 8-year-old child if they came across it.

Back when I was a child and I first heard about magic, then I kind of knew instinctively what a book of magic would be. It would be unimaginably wonderful. It would have fantastic things in it. It would be much better than the children’s comics annuals I got at Christmas, and they were pretty wonderful.

El hecho de que Moore vea el paralelismo entre recibir esos comics para navidad y un libro de magia es absolutamente entrañable.

Estoy segura de que si a más gente le enseñaran el placer de leer cómics, este sería un mundo donde la magia iría caminando por las calles como si nada.

La entrevista completa con Moore está acá. Está buenísima, por cierto.

***

rorschach

Claro que vimos Watchmen en Imax (acompañantes de lujo, por cierto) y claro que me divertí y amé el momento y me emborraché un poco a la salud de una película que, sin embargo, sigo pensando que no tenía ningún sentido de ser realizada. Dinero mal gastado, que como dice el propio Moore, serviría más en un rescate a víctimas de algún desastre natural.

Zack Snyder, pobre fan deshuevado, respetó tanto que se diluyó en un megamultimillonario tributo a Moore. Un Moore que no necesita ni quiere ni entiende por qué diablos alguien querría hacerle un tributo así, quitándole la oportunidad a tanta gente de interesarse y leer la novela. Ok, ahora todo el mundo sabe de qué se trata Watchmen, en qué acaba y cómo se ve…¿y? Después de verla nadie va a sentirse ni más subversivo ni más disgustado con nada. Puro empacho palomero y a casa a querer comprar más.

Parece mentira que haciendo un filme político (por que eso es Watchmen, aunque al director se le escape) Snyder no se preguntó por qué madres era relevante hoy. No tiene ni un sólo comentario, ni un solo ensayo sobre lo que pasa ahora…me atrevo a decir que a quienes nacieron después del 90 (quienes ya tienen casi 20 años, god I’m old) van a salir pensando que en los 80 teníamos un gusto malísimo para la ropa y nada más.

Perdió la oportunidad Snyder de enfurecer a los fans (me hubiera encantado salir furiosa del cine), perdió la oportunidad de volverse autor y se quedó en maquilador de páneles directamente sacados de los dibujos de Gibbons. Las mejores líneas de la película por cierto, también son de Moore.

Fue lindo recordar algunas:

Night Owl (tratando de evitar un muerto más): What’s happened to America? What’s happened to the American dream?


The Comedian (después de disparar a un civil): It came true. You’re lookin’ at it!

Y ésta, que hizo particular mella en mi cansada memoria amorosa:

Rorschach: Used to come here often, back when we were partners.

Dan Dreiberg/Night Owl: Oh. Uh, yeah… yeah, those were great times, Rorschach. Great times. Whatever happened to them?


Rorschach: You quit.

***

Eso sí, la veré tres o cuatro veces más: porque para mí es relevante, porque quiero volver a llorar la (spoiler…) muerte de Rorschach, porque no mamen, ¡dónde encontraron ese actor! Es más Rorschach que Rorschach himself, porque The Comedian está increíblemente quesito (se parece a Robert Downey pero en mamado), porque la cogida es hiper ochentera y extrañaba esa estética de 9 1/2 semanas cursi-caliente, porque nomás en la secuencia inicial Snyder, tan estupendamente pop él, hace un video extraordinario á la MTV-1986, porque el cabrón  la hizo para complacernos y, masturbatoriamente, tristemente, lo logró.

Art Basel Miami (celular invitado)

Esa cámara mía que también recibe llamadas está herida de muerte. Algo terrible le pasó. Tiene cancer o algo así y quizás mañana me den la noticia de que es terminal o que aún podemos operarlo. Espero que la señorita de Atención a Clientes Telcel tenga la misma cara de consternación que yo cuando se lo entregue en las manos para  que lo examine.

Otrora grabadora de entrevistas, cámara, pseudo-iPod, agenda y despertador, ahora ya nada más recibe llamadas. ¿Pues qué es eso? Mi celular solía tener personalidad propia y una reputación que cuidar, carajo.

Ahora en Miami nomás lo oía quejarse desde su cama en la parte delantera de mi backpack. Quería ver ese Picasso de 6 millones de dólares y grabar al diseñador de interiores Philippe Starck. Estás enfermo y te callas, le dije. Le vamos a dar chance al ‘celular invitado’ de mi amiga Paty.

El Nokia de Paty se rifó… aunque siendo sincera, mientras sacaba estas fotos tuve la sensación de estar cogiendo con otro celular, sin amor, –productivo pero no tan sabroso–.

Aquí algunas fotos cortesía del Nokiesito ese:

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Esta es una obra que disfruté mucho, pero creo que necesita una breve explicación:

La pieza no estaba dentro del centro de convenciones, donde se lleva a cabo la feria de arte más grande de todo el continente americano (¿ya dije que estuve ausente porque me asignaron un reportaje sobre esta feria ? Ok, perdón, estuve ausente por eso, pues).

A los hartistas nóveles y galerías super super ultra hi-fi propuestosas las mandaron a la playa; les prestaron un contenedor de esos que cargan los buques comerciales y les dijeron “ahí metan sus cositas”. Como en todo el arte propuestoso había cosas buenas y malérrimas (NO siento decir que la única galería mexicana allí, Proyectos Monclova, era la peorcita…una pieza medio boba que mostraba una serie de marcos de madera vacíos, aguardando, asegún, los lienzos que el artista había embotellado y tirado al mar. Un jueguito de tiempo que sinceramente me pareció muy mamón).

En fin.

Me gustó mucho la que se ve en la foto de arriba porque el artista decidió ‘pelar’ el contenedor y meter a la realidad dentro de su pieza. Su pieza es el cielo de Miami, el hotel W que está atrás y todos los espectadores que entren por ella. La pieza también es la perspectiva, las líneas continuas, quizás una manera mucho más efectiva y menos cursi de atrapar el tiempo. La adoré, pues.

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Esta es de un escocés. La verdad no sé por qué me gustó, pero me conmovió mucho que las lamparitas, idénticas a una que tengo en mi cuarto, se estuvieran mirando y se prendieran y apagaran una tras otra, la luz dando vueltas al centro, y ellas ni enteradas de que no nacieron para serie de arbolito navideño.

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Aquí un estupendo espacio junto a los contenedores especialmente preparado para el arte sonoro. Esos montecitos blancos no son más que tapetes de ‘foam’ (ucha, no sé cómo se llama ese material, pero se usa en construcción y se parece mucho al hule espuma pero más chafita). Allí te sentabas a comer una hamburguesa o a beber una chela y oías los experimentos sonoros de un dj/artista invitado en una caseta elevada al centro del lugar. Uf.

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La caseta que les digo.

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De regreso al Centro de Convenciones, Miami Beach me sorprendió con unos bellísimos cafés y hoteles art deco y un estilo de vida sacado de los cincuenta.

Hay pasado ahí en Miami, aunque uno sólo pretenda ir de shopping.

Quizás suba alguna otra foto de las obras dentro de la feria. Por lo pronto sólo quiero compartirles esta chulada que todavía me quita el aliento:

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Fue mi pieza favorita. Un cuadrito como de 30 x 15 cm. No sé qué me dan las cosas de Mathias Goeritz que me hacen querer robármelas y salir corriendo.

Hablar de Rulfo me pone triste

Y feliz, qué caray.

Sin embargo, no  pude evitar estremecerme cuando escribí la entrevista a Juan Carlos:

Su apellido cae suave pero certero sobre esa voz melancólica con la que contesta “si, si, soy yo, Juan Carlos Rulfo”, el cineasta, el documentalista, pero también el extraordinario y pausado conversador, el gran heredero de una dinastía de viento y polvo del mero San Gabriel Jalisco…


Algo me duele cuando recuerda a su padre como si fuera yo misma:

“Al año que murió mi padre regresé al punto exacto donde él se hizo un autorretrato. Atrás del templo de la Virgen de Guadalupe, ahí en ese cerro, me detuve a recordarlo pero no por buscar las referencias literarias sino por volver a él”.


Aunque la referencia literaria en esta entrevista debiera se lo de menos, también entraña  Juan Carlos cuando describe una cierta colina:

…está la satinada loma donde su padre –nuestro Juan a secas– imaginó que volaban papalotes Susana San Juan y Pedro Páramo.
“Es una loma muy suavecita, un pasto muy cortito, donde el sol pega de forma tersa, es como cenizo, puedes correr muy a gusto por allí y tener el pueblo a tus pies un rato”.

Como se te pegan los días

Hace mucho, cuando era maestra de inglés, les explicaba irresponsablemente a mis alumnos que la memoria funciona como una red: si un elemento está solito puede que se filtre entre los agujeros del olvido, pero si está arraigado a otro(s) elementos, será más fácil de recordar.

Ayer fue un día de esos difíciles de olvidar.

1. Casi tan extraña como aquella noticia de la elefanta atropellada en la carretera México-Tulancingo, fue la de una avioneta cayendo en pleno periférico. Un animalote metálico y explosivo que los transeúntes entrevistados registraron con una curiosa palabra: “Parecía la guerra. Por mí mejor, pero es curioso que en esta ciudad la guerra sea algo que pasa en las películas y que por arte de magia se puede implantar una tarde de otoño en medio del periférico.

Además, bueno…la avioneta traía a ya saben quién.

2. Mientras tanto, incluso el tendero de la esquina estaba ‘con el pendiente’ por saber el resultado de Florida. Fuimos a comprar unos chicharrones y la conversación entre el tendero y el frutero se parecía a esto:

“No, es que todavía no dicen qué onda con Florida y por ahí es por donde nos la dejan ir”(pardon his french).

Fantástico. Era casi como ver a un aficionado del Pachuca esperando la decisión de un árbitro vendido.

3. En medio de tanto desmadre, una entrevista telefónica a Juan Carlos Rulfo. Estuvimos una hora hablando de San Gabriel, el pueblo de sus abuelos; de sus películas; de su padre. La loma aquella donde Susana San Juan volaba papalotes con Pedro Páramo; el lugar exacto donde su papá se hizo un famoso autorretrato.

De pronto me dice, ‘aguarda un minuto’, contesta su número fijo y alguien (asumo que su suegra) le comunica lo del avionazo. ‘No sabía, te paso a Vale’, dice, con su voz triste, monótona, llena de una  tranquilidad desesperanzada que, intuyo,  mamó del mismísimo San Gabriel, Jalisco.

Eran las 10:08 pm (ya llevamos un buen rato, no importa, hace mucho que nadie me preguntaba de esto) cuando empezamos a hablar de la aridez del Padre, el Padre como figura elusiva a la que uno cazará eternamente.”Sólo que en tu caso, la cosa se complica, le dije”. Hizo una pausa larga, extrañamente larga para una conversación entre dos personas que no se conocen. “Si, supongo que en el tuyo también, ¿verdad?”

Pocas veces he lamentado tanto terminar una entrevista. Estábamos ambos tan cerca de nuestros respectivos Pedros Páramos.

4. Y claro. Todo esto tuvo un principio. Un principio donde hubo un respiro, una emoción cruda, una sorpresa (el que haya inventado las sorpresas merece un altar pagano), un acomodarse de cosas, la alegría que da el mindless good time, la alegría que da conectar, saber que en algún lugar uno no está solo, uno conecta porque es humano y porque es mujer, hombre o algo.

5. Amo a mis amigos. Prometo no decirlo tan seguido.

Germán Robles, entrevista con el vampiro

Nunca fui fan de Anne Rice, pero confieso que el título de este libro me parecía estupendo.

¿Qué clase de preguntas se le hacen a un inmortal?

Lo lógico sería, como lo hace Rice, hablar del tedio. Pero yo incluiría, a todo lo que da, el tema de la muerte. Después de todo, nadie con una visión más pulcra. Hablaría también del erotismo que va pegado a la muerte: es mi tema favorito y los vampiros, como pude comprobar ayer, son buenos conversadores.

Nadie me abrió la puerta ni me invitó a pasar. Como pude me metí en la casa de Miguel Ángel de Quevedo y busqué sola a mi entrevistado. Me topé con Germán Robles sentado en un sillón negro. Un sillón de plástico inflable que se hubiera visto chafa y barato si de él no hubiera salido esa voz subterránea, húmeda y profunda que me saludaba sobre el rumor de la lluvia.

“La estaba esperando”, dijo pausadamente y juro que me recorrió un hilito frío por la espalda hasta escondérseme en las nalgas.

El honorable Vampiro mexicano me trató con sequedad al principio y fue haciéndose más dulce conforme pasaba el tiempo:se lo agradezco. Odio que la gente me sonría de entrada, sin conocerme.

Mientras me platicaba de aquél 1957 en que la película se mantenía ocho meses en cartelera, pensaba que su voz podía llenar cualquier hueco, era una voz primigenia . (Un vampiro anciano con la potencia intacta, pues) Es extraño: la misma voz viene acompañada de un saquito de huesos diminuto y una nariz demasiado grande. Sentarse frente a él es ligeramente desconcertante.

El señor me contó que había sido amigo de León Felipe. Veía para adentro y decía Don LEÓN Felipe. Qué nombre de poeta, acoté yo.

Ahí dejó de ver para adentro y por primera vez aventuró sus ojitititititos hacia mí.

Poeta y republicano, me dijo él.

Después de tantas entrevistas, todavía me maravilla el momento exacto en que dos personas conectamos, aunque sea de forma artificial y breve.

Me maravilla porque así como uno se da cuenta *CLING* del minuto exacto *CLING* en que se empieza a estar enamorado o se deja *CLING* de ser niño o se deja de estar bien en un trabajo *CLING* , así uno sabe cuando acaba de construirse un pequeño puente con los ojititititos del otro.

Así es cuando uno, sin importar de lo que hable, estará hablando de lo mismo.

Me besó me besó me besó me besó me besó

Quisiera mantener una pizca de dignidad aquí, pero la dignidad no va muy bien con nosotros los die-hard fans.

Ni modo, otra vez fuera calzones y así, sin malicia, quiero contar como se siente cerrar un ciclo, realizar un sueño y que te tiemble hasta la cola cuando ves a tu héroe de toda la vida.

Fui besada (besuqueada ilustra mejor lo que me hicieron) por el todavía hija-de-putamente-guapo-inteligente-dulce-astuto Mr. Neil Gaiman.

No sólo eso, además estuve a 30 centímetros (bueno, tal vez 50 o 60) de su conversación con Matt Groening. Ahh, se me olvidó también besé a Matt Groening.

Como dijo Gaiman un poquito antes: eso es lo bueno de ser yo. (Claro, él se refería a levantar el teléfono y preguntarle a Ray Bradbury si le importaba que usara una referencia suya, pero igual, se siente lindo poder decirlo aunque uno, mortal que es no tenga el celular de Ray Bradbury).

Dioooos.

Me tembló la voz, me dolió la panza, se me aceleró el corazón, el aliento, la imaginación.

Me trataron tan bien que me invitaron un vaso de agua o un refresco. Dije que no, por supuesto. No puedo creer lo ñoña que soy para aceptar cosas que me dan. No puedo creer lo tímida que soy, lo físicamente enferma que me puede resultar la verguenza de sólo ser yo y sentirme encuerada frente a gente lista.

En eso estaba pensando cuando el dueto ¨abrióse¨hacia miguelita y me invitaron con el cuerpo a platicar.

Baba de perico para ellos, cosa del backstage, entre actos, para ellos.

Puuuuf.

Para ellos. Yo sí que me estaba (pardon my french) meando.

Como en automático le dije a Groening sobre la familia mexicana, de cómo los Simpsons de pronto se le parecían y se rió mucho.

Es un hombre gordito, canoso, con sonrisa franca y ojos cabrones.

Risa y risa. No sé exáctamente qué chingados dije (o cómo lo dije), pero los hice reír a ambos.

Puf, puf, y más puf.

Mañana sigo contando. Ahora debo irme. Usted solo debe saber que hoy voy a dormir como un recién nacido, con un beso de Gaiman y otro de Groening en la mejilla izquierda.

Puf.

Avistamientos

Atestigüé y quería compartir con los que viven en el DF y se preguntan ¿qué pitos hace Carmen Aristegui en sus ratos libres?

La periodista va al cine. (¿Tiene ratos libres?)

El domingo llegamos tarde a la peli y tuvimos que sentarnos en la primera fila. Junto a nosotros había un hombre de pants brillosos atajándose la presentación más grande de palomitas amarillo sulfuro. A los cinco minutos, sobre los primeros diálogos de Anthony Hopkins, una figura menudita, inofensiva, pidió perdón para cruzar hasta su lugar junto al sulfúrico palomoso.

Nada decían, ella muy quedito asentía de vez en cuando. Luego alzó un poco el tono y me trasladó al noticiero de la mañana. De perfil es inconfundible. Su nariz flaca e inteligente no dejaba dudas. Traía botas cómodas y un pantalón de mezclilla demasiado claro, del azul de moda en los 90.

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Es bien bonita. De hecho, es de esas mujeres que pondrían en peligro mi straightedness. Ni hablar del peluquín.

¿Será que llegó tarde para que nadie la reconociera? Debe ser terrible NO ser artista de Televisa y que te hablen en la calle.

Además me sentí mal pero quería saber si ese hombre era (no sé por qué no lo podía creer) su romance. Casi al final de la cinta se tomaron de la mano.

¿Y a tí qué te importa, pinchi chismosa?

Horribles preconcepciones abarcan mi mente. ¿Con quién esperaba que saliera Carmen Aristegui? No sé.

Nota mental (gracias Carmen, otro de tantos favores que te debo): la gente sale con quien le hace sentir rico, no con quien tu cochambrosa mente espera que salga. Punto.

***

Hoy a las 8:30 escuchaba el programa de Aristegui. Entre sus invitados estaba Denise Dresser. Es una tipa muy lista, a la que pude entrevistar hace unos meses en su mansión del poniente de la ciudad. Es muy rica y muy lista. (Me confesó que tiene acciones en Starbucks, ahí nomás).

Justo las escuché reírse juntas cuando pasaba frente a la casa de Dresser (paso diario por allí). Me las pude imaginar con las arrugas que ya sé que tienen y una suerte de realeza que las embalsama en este momento histórico del país.

***

Por si alguien se preguntaba, el otro favor que le debo a Carmen Aristegui es que mi terapeuta la usa como ejemplo de disciplina. “Sé que te gustaría levantarte antes que Carmen Aristegui para lograr todas esas cosas que quieres lograr”, me dijo una vez.

Antes está cabrón, pero ahí la llevo.

Getting away with it

Hace poco más de un mes, mi jefe lanzó la pregunta. “Oigan, tenemos que hacer algo sobre Tijuana, ¿alguien sabe qué hay allá, aparte de sordidez?”
Yo salí al quite; juré, prometí que en Tijuana, más allá de gringos buscando niñitas para avergonzar a la raza humana, también había talento.
“Sí, si, ya salió Nortec, es un tema muy sobado”.
“No, no. Me refiero a que en Tijuana hay rebuenos escritores.”
“¿Ah sí?”
“Oooh sí siñor”.
Está el Yépez, el LH, el Rafa, la Mayra, el Omar, la Lore, y otros que yo no tenía idea, como el Pablo y el Juan Carlos.

Seguro hay muchos más, pero con eso de que el ser no es cognoscible, pues nomás no se puede ser enciclopédico. Y menos en una revista de viajes. (Cualquiera diría ‘viajes, viajes, hello? A quién le importa la escritura en una revista de v-i-a-j-e-s.

La onda es que mi jefe pidió una foto “vanitifairesca” (whatever that means these days) para aceptar este artículo, cosa que costó muchos mails de ida y vuelta; citar a mucha gente en un solo tiempo y lugar es un rollo, pero terminó por armarse.

Los Klintgerardo02.gif

tomaron unas fotos fantásticas (aqui una muestra de lo que puede hacer con la luz el buen Gerardo Montiel Klint. Desgraciadamente no puedo publicar las fotos de los escritores porque tienen copyright.)

El texto quedó bueno (or so I think) y sus respuestas, aunque no cupieron carajo, estaban re interesantes.

Casi todo ensaya en torno a incidencia de la ciudad de Tijuana en su obra.

Este mes que lo vi publicado, me di cuenta que habíamos conseguido de forma casi malévola “glamorizar” a personas cuyo trabajo, en lo práctico, es lo menos glamoroso del mundo.

(Sé que todos hemos querido ser escritores alguna vez en la vida, o cineastas, o artistas plástico,s pero lo que todos hemos querido ser en realidad es FAMOSOS. Lo otro, el trabajo de sentar nalguitas a leer o escribir desechando pinche mil ideas para que una sola sea parida dolorosamente y luego rechazada mil veces dolorosamente, ese trabajo no lo quieren muchos)

Y glamorizamos por una razón sencilla: cuando algo se ve bonito se antoja, pues’n.

Como en lo de periodista a uno le toca glamorizar muchas tarugadas, al menos hoy me da gusto glamorizar la lectura (cada uno tendrá sus preferidos, sin duda) como antídoto a mi glamorización del shopping.

Ok, ok. Aquí se acaba la pretensión.

Es posible que muchos pasajeros en los vuelos de Mexicana pasen sin pena ni gloria las páginas del artículo, pero si a 10 pelaos se les antoja leer (lo que sea, pero de preferencia a estos escritores tijuanenses) yo ya la hice.

I’m getting away with murder, como quien dice.
Ojalá puedan leerla (o pedirle a alguien que viaje por Mexicana que se las traiga, son gratis).