Sobre el viejo y el nuevo Rock 101

¿Seré yo una buena fuente (con mi memoria de queso gruyere) para analizar el regreso de esta estación de radio?

No.

De hecho no soy buena fuente para casi nada… mis recuerdos están distorsionados, en este caso por el putazo de hormonas que recibió mi cuerpo justo a los 11 años, cuando entré a la secundaria y me corté el pelo como niño; me empecé a poner mousse; me crecieron las tetas y de repente me di cuenta de que mi mamá era mi peor enemiga. Jo jo jo.

Entrábamos a las 7 am a la escuela; mi enemiga mami tenía debilidad por despertarnos de las formas más extrañas. Desde la violencia verbal hasta la música. Ésta última era la que más me gustaba. Le subía el volúmen al único aparato de sonido que existía en la casa, alrededor del que nos juntabamos a ¡oír discos completos! algunas tardes de domingo, aunque por las mañanas la onda era prender el radio. La niña de 11 años empezaba a soñar que estaba “dancing, with tears in her eyes” o que vivía una historia de “tainted love” y así, tarareando “where did our love go?” se quitaba las lagañas y recorría enojadísima el camino a la adolescencia.

El recuerdo de esas canciones durante el día hacía menos pesado que ese güey de prepa, Alberto Victoria, nunca pasaría de ser un letrero hecho con plumones en el cuaderno.

Luego llegaron las voces, los tipos que narraban conciertos insólitos (cualquier concierto era insólito en esta ciudad donde se habían prohibido, ajá, sí, los conciertos, estaban P-r-o-h-i-b-i-d-o-s ¿no es de risa loca?). Llegaron unos tipos que le daban importancia a los nombres de los álbumes, al productor, al compositor, al género. Bueno, con ellos hasta se enteraba uno de que el arte de las portadas tenía un autor y un significado…

Yo sé que para usted que creció cuando ya había internet esto es pecata minuta, pero en ese tiempo, donde las canciones (los éxitos pop) parecían sacados de un sombrero por las pocas estaciones de radio que las tocaban, la acción de documentar la música era un verdadero rompehielo cultural.

(ya ya…no faltará quién me diga que eso no lo hicieron ellos, que sus papases les habían enseñado a hacer eso en sus casas y no sé qué cosa. Pues a mí no. A mí nadie me había dicho que los productos culturales creaban redes profundas y que si las conocía podía disfrutarlas más ).

Si no por otra cosa, eso sí se le reconoce a Rock 101: en tiempo de secas, unos loquitos se pusieron a repartir vasitos de agua.

***

Ahora bien, si esta ciudad no ha podido superar esa época es otro cantar.

Rock 101 sólo puede regresar en este caldo de cultivo defeño, que no olvida, no puede sacar de su conciencia y de su deseo, los malditos años ochenta.(Ahora hay unos chamacos que confunden los ochenta con los noventa, pero hablamos de la misma melancolía pitera).

Luis Gerardo Salas et al son dueños (no sé si legales, pero por derecho propio, faltaba más) de una marca. Y la van a usar: al tiempo que abren su estación de radio por internet también están abriendo un bar “101”, en el merito corazón de la Condesa, para que no quede duda de a qué le tiran. Dirán “aayyy qué manera de querer hincharse de dinero con nostalgias pasadas” y yo me quedo fría y pregunto:

¿De verdad creen que las industrias culturales deben seguir viviendo del aire? ¿O es que los de Rock 101 deberían buscar escuincles que trabajen por cacahuates y pretender que la gente no necesita dinero para vivir? O qué, ¿una bequita del gobierno? ¿Volverse a meter al cuarto de servicio en casa de papá para que alguien financie sus sueños? ¿O cómo?

Me parece extraordinario que los de Rock 101 aparejen su estación de radio gratuita con un side project que les deje dinero. Eso quiere decir que, al menos para algunos, los ochenta quedaron atrás.

Ellos tienen una marca que todavía vende y sería medio idiota no ponerla a trabajar. Dirán que la gente que ahora hace Rock 101 vía internet ronda los 50 años y en mi opinión, esa edad es tan buena como cualquier otra para dirigir una estación de radio.

Súper ochentera es esa imbécil idea mexicana de que los géneros músicales están pegados a una cierta edad. Que uno debe vestirse de cierta forma, que debe acudir o dejar de hacerlo a ciertos centros bares según la edad.

No mamen.

Hace poco recordábamos cómo aquellos chiquillines pendejos que les mordían los talones a los de Rock 101, los ‘Radioactivos’ se quejaban amargamente de que la radio para jóvenes la hacían treintones. Hoy, ese chiquillín que asustaba a todos programando hip-hop en un país cegado por las guitarras se llama Rulo, tiene 38 años y sigue programando una estación de música ‘joven’ (whatever the fuck that means).

Lo que quiero decir es: bajémosle a los golpes de pecho de pureza. (¿Por qué somos tan dados a esto en México? Si alguien tiene una respuesta o una teoría, me encantaría escucharla).

Si en Rock 101 tienen aún algo que decir, algo que aportar y lo vuelven a hacer bien está por verse.

Démosle unos meses y regresemos a medir el experimento.

Y en otras noticias…estas son nuestras librerías…

La foto fue tomada por Dante en Huehuetoca, Puebla Edomex, en un evento teletonesco donde pretendían que ‘el pueblo’ (así, en abstracto) donara.

Según lo que me platican, los organizadores hablaban de donar ‘a los necesitados’. No había una agenda clara ni un responsable de a dónde se irían esos fondos.

Dante iba a sacar fotos de un grupo de rock que tocó allí de forma gratuita, para entretener la tertulia donadora, pues.

Los asistontos les gritaban ‘¡Que los del grupo también donen, que den dinero!”.

No era suficiente donar su chamba, su música, pues. Pagar su caseta y dar cinco u ocho horas de su vida, pararse a tocar allí. Había que donar, no se sabe a quién o para qué.

Esta librería estaba por allí, haciéndola de metáfora metálica. Así son las librerías del país, así son nuestras fuentes de conocimiento: están cerradas, viejas, vacías y parecen puestos de tacos.

Así aprendemos a pedir en este país: poniendo la mano en cunita, encabronados porque todo lo merecemos. ¿Qué se están creyendo? ¡Que nos den, que se organicen Teletones, que se organicen mítines políticos y se prometan cosas!

Al final nadie va a pedir cuentas. Nadie hará el trabajo duro de dar y recibir: verificar que lo dado forme parte de un ciclo productivo. O ponerse a chambear para que al rato no me tengan que dar, por ejemplo.

Bienvenidos a las librerías mexicanas, pegadas a esa mexicanidad que luego, paseando por Santa Fé, se nos olvida a todos.

No todo puede estar mal

Tiene días, ¿meses? que no posteo con calma y con amor porque siento que ya nada importa.

No hay consensos, no hay proyecto, no hay ganas. El país es como yo: un cerebro en funciones (porque parezca lo que parezca, no somos tan pendejos como nos gustaría creer) y una voluntad en huelga.

La clase media se jalonea, se derrumba. Pedir que asuman una postura es demasiado, pedir que vean más allá de sus narices inimaginable.

Nosotros los mexicanos promedio creemos que las acciones individuales son apolíticas. Pffffff. Qué cansado explicarle a alguien que tenga o no una postura consciente, la tiene. Por acción o por omisión.

En fin, lo que quería decir hoy es que por fortuna, no todo está mal.

El ejemplo más tarado de cómo la falta también trae cosas espectaculares es el caso de Islandia, donde por la crisis removerán todos los McDonald’s. Menos mal.

En lo que a mí respecta, también se me van aclarando cosas con esta crisis política y ética del país. Ya sé a dónde pertenezco, ya puedo medir qué personas simplemente  no me interesan.

Son esas que creen no tener una postura, esos que mejor no expresan su opinión, esos que opinan como si vivieran solos en un mundo aparte.

Ojalá hubiera opiniones encontradas: lo único que encuentro son no-opiniones. Ratoncitos que mueven las orejas hacia abajo ante el peligro. Somos un chingo de ratones, ya podríamos hacerle un hoyo a esta plataforma idiota y en su lugar escogemos una parcela segura debajo de una alcantarilla maloliente.

***

Pero hay otras personas: gente sin la voluntad mutilada que escribe novelas y tiene proyectos incluyentes como Yuri Herrera, director de la revista El Perro (multielogiado por Volpi el pasado sábado en Laberinto de Milenio y a quien entrevistarán en El País esta tarde), gente que critica desde una postura adulta, desde adentro, como Heriberto Yépez (quien con una columnita en el antes mencionado suplemento, que no debe pasar de los 3000 caracteres, pone a toda la clase intelectual a remojar sus barbas cada sábado), gente como Raymundo Riva Palacio, como Leo Augusto con La Columna. Incluso que gente de la que no soy nada fan, como Mauricio González, quienes usan la independencia como un arma en sus blogs periodísticos. Lo hace también  Ramón Alberto Garza con IndigoMedia,  Eduardo García en Sentido Común y, chingá, por qué no, personas como mi carnal Ernesto Priego, quien integró a los angloparlantes a la discusión #internetnecesario desde su blog Neverneutral y su twitter. Por ahí  Pascal Beltrán del Río dirige Excelsior y hace lo que puede, creo. Los que hacen Emeequis lo hacen re bien y algunos todavía en Proceso.

Están Betteo y Bef , dibujando como si les pagaran lo que vale su trabajo, otros comiqueros como Bachan y escritores como Alberto Chimal quien además de una obra extensa y respetable hace patente su vocación de verdadero maestro.

Están mis amigos más jóvenes que organizan lecturas de poesía y rock. (El Andrei con Anuar, Oliver, Jorge Posada y Jorge Sosa que de entrada saben que no hay ni habrá nunca dinero en la poesía ¿Qué otro acto de resistencia hay, digo yo?)

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Ya sé ya sé. Muchos son mis amigos. ¿Y de quienes diablos podría hablar que no lo fueran? No conozco a todo el mundo, pero todo el mundo conoce la valía de Carmen Aristegui, la de Enrique Gánem (divulgador de ciencia en MVS Radio y en Reporte Índigo) la de de Témoris Grecko dando vueltas en el mundo (reportando el mundo), la de los cientos de periodistas, escritores, ganaderos, valetparkings, zapateros, moneros, veladores, jardineros, escultores, herreros, veterinarios, porcelanistas, webmasters que saben que sin una postura y un actuar ético este pinche mundo no vale ni tres pesos.

Menciono a mis amigos pero cada quien tendrá otros. Me vale madre si creen que estoy haciendo amigonepotismo. Eso es lo que creo y ni modo.

Lo terrible, según yo, es que hay muchos otros (yo incluida) que seguimos lanzando piedras desde afuera, pensando que la resistencia se puede realizar desde el margen. Algo así como “no me meto, pero pienso que todos son unos pendejos y si puedo me quejo y me voy”.

Tiene razón Alberto Chimal cuando viene y contesta mi idea de exilio fácil (ver post anterior):  no somos ratones, no corremos a la primera. Nos quedamos, Alberto, nos quedamos pero no porque no nos quede de otra, sino porque todavía nos quedan cosas por hacer aquí.

Si algo nos enseña Yépez es que desde el otro lado de la barda las pedradas no entran: son puras chaquetitas adolescentes. Se tiene que hacer un esfuerzo por criticar y modificar desde adentro. Los precios a pagar son altos: horas nalga, prudencia (que no tibieza), celeridad, pasión.

Esas son las personas que me interesan, esa es la persona que me interesa ser.

Aún no llego y lo siento mucho.

Perder cosas / que te las roben

En la familia sufrimos una pérdida material. Aún no puedo creerlo.

Una persona que trabajó 15 años con nosotros.

Absolutamente descreída, triste, reviso mi mail: la invitación a una exposición de Jimena Padilla (una chica extraordinaria y buena artista además) que al final firma:

Nothing is yours, No one is yours, Thieves prove that…

Tome chango su banana.

En caso de que nosotras todavía pusiéramos algo de valor sentimental a los objetos (se robaron, entre otras cosas, una moneda que pertenecía a mi padre, uno de los últimos objetos que teníamos de él), el ladrón nos vino a recordar que nada es nuestro. Quizás sólo el recuerdo de sus manos ajadas tocando aquella moneda.

Reto al ladrón a quitarnos eso.

***

Tampoco la gente que amas es tuya: se muere, se va o cambia de opinión. Un día decide que he/she no longer loves you. Así que, vamos valorando los momentos en que nos saca la lengua y habla con nosotros por messenger o que nos escribe un mail largo y amoroso. (cuando nos prepara el desayuno o cuando se queda callado para no lastimarte).

Digo, m’anque sea.

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Con todo lo que está pasando, creo que también nos están robando lo que nos quedaba de país, en sentido literal, pero también en sentido simbólico:

-al permitir (abiertamente, vamos, que se permite hace mucho) la siembra de maíz transgénico están dando el último plumazo para el fin del padre-madre patria.

-al permitir que saquen a patadas a miles de trabajadores de LyFC, al justificar la violencia de estado, estamos viendo cómo boquea la última inteligencia que teníamos: nuestra capacidad para negociar. Con ella se nos va también nuestro buen humor, nuestra medianía que cuando no se convertía en mediocridad nos daba ese lugar chingón de mexicanos que no conocen un buen ejército, que no saben lo que son los policías ojetes, porque pus, nosotros éramos buenos para el choro. Negociábamos.  (Cuando eso no era corrupto, cuando, repito, no era mediocre, era una inteligencia involuntaria y funcionaba).

No sé. Yo empiezo a pensar SERIAMENTE en el exilio.

UPDATE: Creo que dije una pendejada: por supuesto que conocemos a los polis ojetes. A lo que me refería es a este tipo de cuerpo policíaco con el que se puede hablar, con el que se negocia: los polis de crucero…unos pinches chaparritos (ojetes) que en ciertos niveles nos los pasamos por el arco del triunfo. Me refiero a los polis que veo echando novia en las esquinas, los polis que todavía ríen o que te dejan ir porque se asustan, se avergüenzan, o porque los hiciste reír.

Sé que es una inconsistencia y que precisamente esa falta de profesionalización los hace tremendamente peligrosos, pero también los hace un brazo menos amenazador de la ley.

Es difícil explicar esto, pero todos hemos visto un poli así en México. Igual pienso en los otros lugares del mundo en donde he sido abordada o detenida por un policía (Estados Unidos, Hungría, España); me han puesto el susto de mi vida nada más de acercarme sus caras de perro, me han gritado, me han escupido y me han tomado del brazo del modo que nunca un policía mexicano lo ha hecho.

En París, por ejemplo, tuve chance de ver cómo atrapaban a un magrebí en pleno camellón de Pigalle, como a eso de la 1 am. La forma en que lo golpearon a macanazos en el suelo es algo que no se me olvida.

En fin… qué digo, aquí los extorsionan por años y luego les cortan la cabeza. Polis ojetes hay en todos lados.

La filosofía es de todos

La filosofía es DE todos, (muy diferente a decir que es  “PARA todos”).

Quiero decir que aunque yo no sea una luminaria, tengo el derecho de apropiarme de que cualquier herramienta de conocimiento y aunque poco estudié para entender los vericuetos del discurso filosófico, también tengo el derecho juguetón de interpretarla de la forma que me sirva y me sane.

Por eso leo filosofía últimamente: me sana. (Intenté con Haruki Murakami, pero no estoy para ‘pop’ -adas. No esta semana donde uno tiene que estar muy pendiente de las sutilezas en todos lados.

Acá les comparto un par de párrafos que hablan sobre la necesidad de la incertidumbre.

Vamos a olvidar lo que sabemos, carajo. ¿Por qué todo el mundo está tan seguro de lo que piensa? No me lo explico:

Se trata de reencontrar, más allá del temor y la inseguridad, un mundo de libertad y

creatividad, de realizar la desbordante alegría que se manifiesta en la capacidad de crear,

dejando de lado la producción de ficciones defensivas y encubridoras. La experiencia

trágica del absurdo deja en nosotros el consuelo no decadente de que “en el fondo de las

cosas, y pese a toda la mudanza de las apariencias, la vida es indestructiblemente poderosa

y placentera”. La fuerza demoledora de la exaltación permite superar el mundo de

divisiones y falsedades, asumiendo y logrando una completa identificación con el mundo

de la transformación y el ser continuamente distinto, redimiendo así, todo elemento de

mentira, engaño u ocultamiento. Es una capacidad de producir el mundo de apariencia

como mundo cambiante de la vida, logrando por esta vía la identificación del ser con el

devenir de las apariencias mismas.

en “Nietzsche y la experiencia trágica del absurdo” de Felipe Curcó, Tomado de la Revista Astrolabio, año 2005, núm. 1

Aún

¿Qué palabra describe mejor esa sensación de no tener calma para algo, a pesar de tener varios años de práctica ininterrumpida?

Nadie me lo va a creer pero todavía no se me quita el miedo a publicar.

Este mes tres de mis artículos son portada. Tres portadas al mismo tiempo, alguien pensaría que estoy de moda. Sin embargo, cada vez que intento escribir un nuevo artículo me lleno de angustia.

Eso y que tres artículos de portada apenas y pagan media deuda.

Eso y que mis dosmilpalabrasdiarias tienen que escribirse financiadas por cinco, diez, catorce mil palabras extranjeras, con un propósito definido, unidas por un cheque.

Las catorcemil le dicen a las dosmil: “Chaparritas, ojalá salgan chingonas porque ese café que las despierta y esa gasolina que las llevó al 1-day road trip por la ciudad y donde se inspiraron tanto y donde vieron a tanta gente abordar el Metrobús y donde hablaron con los semáforos, ese tiempo libre lo pagamos nosotras. You better be damn good, you silly little dosmil”.

***

Todos lo saben y lo sufren, pero no deja de sorprenderme el caminito escarbado de la música hacia la memoria. Tengo que recordármelo: si algún día enfermo de olvido, todo lo que debo hacer es ponerle play.

Listas

Me levanté con ánimo de listas.

No soy la mejor en esto, pero creo que puedo mejorar con la práctica.

Hoy el número es 10.

***

10 síntomas de que la Ciudad de México y yo pulsamos al mismo ritmo:

-se nos salen las varillas por todos lados.

-Estamos en constante construcción, remodelación, cambiamos de sentido nuestras calles, abrimos hoyos para taparlos y luego  en vez de un hoyo tener un bache, ponemos topes donde antes se corría libremente. Aún así, por la noches hacemos como que no pasa nada y lucimos re chulas poniéndonos lucecitas en la boca.

-organizamos coloquios a los que nadie asiste.

-sembramos en donde de antemano sabemos que nada va a crecer.

-nos ponemos lindas para Día de Muertos y para Navidad.

-celebramos nuestra Independencia conscientes de que es un concepto elusivo, situacionista y mentirosón; pero ah qué bonito es gritarla como si fuera real.

-fomentamos los paseos ciclistas, pero sólo los domingos.

-cuando algo nos asusta, nos escondemos debajo de las cobijas.

-tenemos un chingo de deudas económicas e históricas.

-no deja de sorprendernos que después de todo lo caóticas que somos, alguien todavía nos quiera.

Mientras tanto, un muerto

Ricardo Valderrama de la Rosa tenía dos ingresos a Reclusorio relacionados con narcomenudeo.

Antier lo mataron en el estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras. El chisme va así: Ricardo era el nuevo dealer y el viejo dealer se encabronó. Lo golpearon en otro lugar, se escapó y lo persiguieron hasta llegar a ese estacionamiento (¿por qué corrió precisamente a la FFyL? Who knows. Quizás allí tenía amigos/refuerzos/armas. Quizás allí está su centro de operaciones, o no se le ocurrió ir a otro lado; como quien corre en dirección a su casa). Chismosos reportan que fue un flacucho que no pasaba de los 20 años quien sacó una pistola y lo mató.

Otros aseguran que los viene-vienes y ‘las mamacitas’ habituales observaron todo impávidos y que el de los tacos de canasta (pues sucedió en su esquina) casi se muere del susto.

Yo debí haber emprendido mi caminata al CELE justo a esa hora; debí haber sido testigo, pero se me hizo tarde platicando con Yolanda. Puf.

***

Definitivamente no me siento parte de esa facultad. Soy una turista fascinada en todo caso. Mi ojo espía se sorprende gratamente ante el nivel de discusión que se traen los alumnos. Hablan del fondo del problema: los cabrones mafiosos en el Justo Sierra, la dejadez politiquera de las autoridades, el miedo a otra huelga, los espacios secuestrados, la forma individual de hacer algo: no comprar.

En mi facultad no era así. (Me pregunto si tiene algo que ver con que a nosotros nunca se nos pidió leer a Blanchot, por ejemplo. Demasiado Ariel Dorfmann y poco Deleuze, creo). Tampoco estoy tirándole mierda a Políticas. Digo lo que pienso: que los directores de mi anterior facultad han hecho más por adoctrinar que por estimular la razón y la crítica. Tristemente, se nota en las aulas.

***

Esto tampoco quiere decir que en Filos sean dioses. Quizás sea un asunto de edades, pero ayer me pareció escuchar también un par de discursos con tendencias totalitarias y soberbias, de quien sabe que sabe más que el otro, de quien impone sus métodos por ser los más cultos y los más civilizados.

Estan indignados y nunca, que yo sepa, ha salido algo bueno de la indignación. Indignarse es llegar al conflicto desde un lugar de superioridad.

Ayer escuché a un chavillo decir: “Es horrible, al rato esto va a parecer Chihuahua o Ciudad Juárez. Ya no está tan lejos, ya está aquí en nuestro estacionamiento”. Y otra “Es que no es posible que ya no te puedas sentir segura NI en tu escuela”.

Está bien. Entiendo. Se asustaron. Pero ¿a poco estos chamacos se sienten ‘seguros’ en alguna parte de esta ciudad? Se me hace que, además de a Deleuze, también hay que leer periódicos. Aprender a leer entre líneas los periódicos, digo.

Es extraña la ilusión de seguridad que todavía compramos la mayoría de los defeños, sobre todo los léidosyescrébidos de clase media, porque lo que es los demás, hace mucho que viven a salto de mata.

Cociendo habas globales

Presos de la estupidez, la desinformación y el mal gusto hay en todos lados.

Ahí están los egipcios que matarán a 300 mil animales sanos por nada. Puerquicidio masivo solapado por la soberanía de los pueblos. “Pus son sus puercos. Ni modo”. Ni modo de organizar firmas internacionales por los cerdos inocentes. Alguien tiene que pagar los platos rotos de la psicosis mundial. Ahora le tocó a la tribu porcina, cuyos gritos cuando los deshollan solo parecen de seres humanos. Temo pensar lo que se ha hecho en la historia del mundo bajo razonamientos similares.

Esta fiebre de pánico ya duró mucho y está teniendo sus consecuencias. La humanidad, como cualquier organismo con una enfermedad preexistente (en este caso la banalidad y el egoísmo en sus más variadas formas),  ya empieza a enloquecer. Decía yo antes, al principio de todo este desmadre: me da risa porque en este mundo nomás necesitamos una justificación para expresar el odio que ya traemos dentro; de inmediato nos dan ganas de estrenar la sierra eléctrica.

A los mexicanos en el mundo ya los empiezan a tratar de apestados.

“¿Hace cuánto que vives aquí, tú, eh?” Desconfianza asegún de la gripe porcina, pretexto extraodinario y políticamente correcto  para expresar mi verdadera opinión de ti. “Te recuerdo que eres extranjero, que eres perico-perro, que no perteneces, que ya quisieras mano”.

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Otro organismo con enfermedad preexistente son los medios. Cualquier gripa los desnuda.

En las últimas conferencias de prensa para reportar el estado de la influenza porcina en cadena nacional me he podido percatar de que:

-las autoridades sanitarias no son autoridad en el ámbito sanitario. Es decir, expertos no hay en las sillas burocráticas. Están allí porque son primos amigos cuñados del delegado. Seguro llegan a su casa pensando “chingá, ¿pero yo por qué?”.

-los periodistas le tienen miedo al micrófono.

-los periodistas tampoco son autoridad ni conocen a fondo el tema que los han mandado a cubrir. Están allí porque son muy feos y no han conseguido un puesto de presentador de espectáculos.

-los periodistas le tienen miedo a saber qué chingados quieren preguntar. Dan rodeos, no llevan preparada la pregunta, piensan que el sentido común es una nimiedad y entonces rebuscan la cuestión hasta que acaban por hacer una sentencia retórica. Por supuesto, el que contesta está feliz, pues hará exactamente lo mismo cuando le llegue su turno.

-lamentablemente, la diferencia entre un periodista gringo de CNN con todo y su acento mamón contra un reporterito mexicano es dolorosa.

-las autoridades mexicanas llevan dos días dando palos de ciego. Lo que sigue es un espectáculo donde se gastará mucho dinero innecesario para justificar el despliegue de fuerza de los días anteriores.

-los medios empezarán muy pronto a olvidar el asunto y nosotros también. La próxima pelea será por saber ‘quién fue el primero en decir que todo esto era una farza’. Quizás nos volvamos a acordar en diciembre, cuando (dicen) podría recrudecer el fenómeno.

-los demás nos dejaremos de cuidar muy pronto. Volveremos a darnos besos, a expresar nuestro cariño abiertamente al de al lado, pues, hay que decirlo, aparte de odio, también guardamos eso y buscamos cualquier pretexto para expresarlo.

Acá una entrevista con Marc Siegel del periódico español La Vanguardia, que supongo mucho ya habrán leído, el primero de los expertos en decir sin pelos en la lengua que “esta gripe durará lo que dure en los informativos”.

Por cierto, sostengo mi felicidad. Por fortuna tengo muchos planes para el futuro: a mí no me desilusiona que el mundo siga su curso ni me siento defraudada porque esto no se parezca a una película de zombies come carne; es una extraordinaria noticia.

***

Mañana: dos leyes (o tres, las que encuentre) pasadas mientras estábamos en la pendeja metidos en casa.

El día que los mexicanos nos percatamos de nuestro mal aliento

No sé los demás, pero eso es lo que me ha enseñado el tapabocas. ¿Te cae que así me huele la boca? Mis amigos dicen que no, que tienes estar muy cerca para oler tanto, pero por si las dudas me fui de inmediato a comprar un simi-bote de clorofila líquida y muchos chiclitos de yerbabuena, después de hacerme un profuso enjuague bucal.  Aún siento que huele raro.

(Por si a alguien le interesa, creo firmemente que hay que quitarnos el cubrebocas ya. Nos vemos medio idiotas, como posando para la foto internacional y nomás le damos negocio a los viene-viene convertidos en agentes de salud. Es obvio que no podremos mantener esta anomalía todo el año. Le encuentro una utilidad apenas: te recuerda no llevarte las manos a la cara, pero lavarse las manos constantemente reduce de modo más certero la posibilidad de contagios).

***

Gracias a todos los que ayer y hoy hicieron que este blog llegara a un pico insospechado de visitas. Gracias sinceras. Lo único malo (totalmente cosa mía) es que hoy en la mañana me disponía a postear flojita, con lagaña y todo cuando…madres… me asomé de bestia a revisar las estadísticas. De inmediato se apoderó de mí ese viejo estado de inadecuación, la idea de que no importa cuánto lo intente, empezaré a echarlo todo a perder. De ahí el repentino silencio.

***

Bueno y por lo demás, estoy exhausta. Si algo me está enseñando esta crisis es que el miedo es una pulsión extraordinaria, pura, intensa, demoledora y harto interesante (¿había dicho que me meto a las pelis de terror sola para retorcerme de miedo?) aunque tremendamente agotadora.

Ayer busqué las riendas de mis pensamientos en un libro y las encontré. Como soy yo, lo mejor era una terapia de choque: The Road de Cormac McCarthy me regresó a mis cabales…piensa, siente mucho mucho mucho miedo y contrólalo.

Ya estuvo.

Ahora sí estoy lista para regresar a mentárles la madre a las farmacéuticas, que ya sabían que esto podía ocurrir y vinieron a poner un laboratorio hace unos meses ;a los panistas, que están usando esto para ganar terreno en el control de la vida privada y ya le midieron el agua a los tamales en cuanto a reacción-miedo de las personas (ahora saben que with fear dances the people); a los diputados y senadores que están aprovechando para pasar leyes fastrack en el momento en que todos andamos en la pendeja; a los tapaboqueros clandestinos, que hicieron de un pinchi trapo un artículo de primera necesidad que se cotiza hasta en 100 pesos; a los blogueros y famositos de espíritu condesero que ni en un momento así dejan de ser aspiracionales; y sobre todo a mí que la curiosidad no fue suficiente para obligarme a salir a VER lo que estaba ocurriendo y por un momento me quedé pasmada frente a una ventana tan parcial de la realidad como es el Internet.

No mames Ira.

***

Acá una foto que me cedió Dante de cómo sigue la ciudad estos días.  Me gusta por sutil.

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Y esta es una foto mía sobre la ausencia en Av. Insurgentes. ¿Imaginan qué difícil no ver ni una sola persona sobre una avenida principal a las 9 pm en una ciudad con 20 millones de cabrones? El miedo nos la puso melancólica.

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***

Do you remember that little boy, Papa?

Yes. I remember him.

Do you think that he’s all right that little boy?

Oh yes. I think he’s all right.

Do you think he was lost?

No. I don’t think he was lost.

I’m scared that he was lost.

I think he’s all right.

But who will find him if he’s lost? Who will find the little boy?

Goodness will find the little boy. It always has. It will again.

The Road by Cormac McCarthy, 2006.