Más frases

Advertencia: este es un post pacheco, si ud. está muy en sintonía con que la realidad es la onda, mejor ni lo lea.

Tal vez uno es lo que logra retener en la memoria de todo lo que se oye diariamente.

En franco uso de mi libertad –es una estupidez, really– ayer me metí al cine sola, pasadas las 11 de la noche, atascada que soy, a ver Vicky Cristina Barcelona por tercera, ejem, segunda vez. (…me siento como Al Pacino en Scarface, con toda la coca en la mesa y yo esnifando hasta sangrar. Lo mío es un vicio, no tengo duda).

Pero el vicio tiene una razón de ser, o eso quiero pensar: a veces cuando voy sola al cine me dejo tocar, realmente tocar por las películas. Esta vez mi memoria de queso cottage se quedó con algunas líneas:

“Let us say thank you for all the beautiful moments, and let us say goodbye with love and respect”. (Bardem, al despedirse de su amor tripartita…no sé si la estoy refraseado, así se me quedó pues).

“We’re meant for each other and not meant for each other. It’s a contradiction. Only a poet like my father can understand it, because I can’t. ” (Bardem, tratando de explicarse por qué no puede estar con la mujer que ama).

Luego venía  en el auto disfrutando el par de cds que me grabé para el tráfico decembrino. Al playlist le puse “Ardillita mañanera 1 y 2”, quería referirme al dulce dolor (ardor) que me produce la belleza del sol de invierno. Amo el sol frío, me recuerda los domingos de chilaquiles y las visitas en mi casa; me recuerda cuando aprendí a tirarme al piso con mis gatos, me recuerda mis primeros días de soledad creativa preadolescente, cuando terminé de leer mi primer libro.

Los cds “Ardillita mañanera” traen canciones de Barzin, de Blonde Redhead, de Glasvegas, de Iggy Pop y hasta de Led Zeppelin. Por ahí está “Qué monstruos son” de Lost Acapulco, “Ever fallen in love” con Nouvelle Vague, “Wolf like me” de Tv On the Radio, “Monkey gone to heaven” de you-all-should-know-who y hasta cometí la cursilería de meter “Sonnet” de The Verve, nomás para que ardiera a gusto.

El cd 1 termina con Ramble On y el 2 con The Future, de the-man-Cohen.

Hay dos canciones que repito y repito del Cd 1:

Details of the War, de Clap your Hands Say Yeah

(Bloody sheets
Tenderly she moves me
An opera star
Dying hard for love
You say I’m hurt
I will take your word)

y

Life is long, de David Byrne en colaboración con Brian Eno en ese estupendo álbum del 2008 “Everything that happens will happen today” (es una maravilla, vaya ud a oirlo al sitio oficial, por cierto).

Everybody says that the living is easy
I can barely see ‘cause my head’s in the way
Tigers walk behind me- they are to remind me that
I’m lost- but I’m not afraid

Entonces hoy amanezco y soy una persona que entiende mejor el amor, que entiende que sólo la poesía puede nombrar algunas cosas  y también soy una estrella de ópera que no se da cuenta de que está lastimada.

Sobre todo soy alguien que habla con tigres que le recuerdan que está perdida, perdida pero sin miedo.

...and I’m a wounded bird, I will take your word…

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Esa soy yo

Creo que uno tiene preconcepciones hasta de sí mismo.

Pero esa que estaba allí, esa que negaría a sí misma en una conversación, la que me cuesta trabajo reconocer en público, la que no sabe qué hacer nunca, esa soy yo.

Nacer del cine

No es cierto, no odiamos realmente a los gringos. Sin ellos, los cines no venderían palomitas: quizás la gente iría realmente a ver la película.

Los estados de Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México son, según los propios de la región, de las cosas más bonitas que dios dejó caer cuando estaba dormido. (Parece que la imagen Mafaldesca es internacional).  Son precisamente esos Estados los que se intersectan por territorio perteneciente a indios Navajo y Ute, (principalmente). Las famosas reservas.

Las fotos que puede sacar, hasta una camarita taruga como la mía, son espectaculares porque el paisaje no puede dar menos.

Lo terrible ocurre cuando se deja de ver el paisaje. Entonces vemos a la gente.

Es difícil no salir dándose golpes de pecho occidentales/freudianos/católicos/culpígenos: pobres indios, occidentalizados, son los payasitos que cobran por función, pinches gringos ojaldras.

Bueno sí, todo eso es cierto. Pero tiene sus contradicciones y sus asegunes.

Cuando uno llega a la reserva de los Navajos en Utah y se baja del inefable jeep turístico (hay partes a donde no está permitido entrar en vehículo particular), ya lo espera a uno un indio subido en un caballo que se deja tomar fotos.

La foto es así:

Habrá unas trescientas fotografías diarias idénticas a esta, pues todo lo que ven es un simulacro, una representación que los indios tienen bien estudiada de ellos mismos. Por hacer esto cobran propinas “ahí lo que sea su voluntad por darte el placer de ser lo que tú piensas que yo soy“.

(Ya sé, ya sé, tengo que leer a Baudrillard).

Venden artesanías, joyería de una plata que importan de dios sabe dónde, hecha dios sabe por quién, copiada de un catálogo de joyería de fantasía tipo Avon o similar. Es exactamente la misma artesanía que venden aquí en Xochimilco, en Coyoacán o en Rumania. No sé si son los chinos, los gringos, qué diablos, no sé qué es, pero en este mundo ya no hay cabida para la diferencia. Todo tiene un eco desechable, homogéneo, triste.

Por una corta lana, los navajos se dejan sacar fotos y responden tooooda clase de preguntas idiotas de los gringoides retirados, su público ideal. ¿Usted todavía vive así? ¿Tiene agua y luz en su casa? ¿Habla usted Navajo, qué significa Navajo, esas ovejas son suyas, le rezan a las rocas?

Pendejas que pueden parecer las preguntas, es de lo mejor que se puede oír en ese jeep. La mayor parte de los comentarios son de un tipo de gringo tan centrado en sí mismo que no alberga en su cerebrito la más mínima curiosidad: están más preocupados por lo que puede hacerle a su pielecita el sol y el viento y en qué restaurante va a comer después. Llevan gorras, lentes, bloqueador solar y hasta tapa-bocas. Que no los toque nada, nada, nada.

Pasamos junto a un conejo. El jeep se detiene para que lo veamos de cerca. “Miren miren, están en un lugar donde los conejos no son dibujos animados y no hablan con una zanahoria en la mano”, parece decir nuestro guía. Una de las gringas frente a mí jura que es un ‘animatronic’.

Así lo dijo “That’s not real, that’s one of those animatronics”.

Es extraordinario, (triste pero extraordinario) comprobar cómo los gringos están tan embebidos en su simulacro, que no saben reconocer la realidad cuando la ven. Pero quizás ellos no sean los únicos culpables. Quizás es que en esas tierras la imaginación es un tesoro perdido: cuando el guía Navajo nos mostraba las formaciones rocosas a lo lejos, sus referencias eran hasta dolorosas: “Y allá a lo lejos, pueden ver el dedo de E.T. y la cabeza de Ross Perot”:

Los gringos, claro, se cagaban de la risa. Yo me iba poniendo triste triste, pensando que sus referentes están igual de vacíos que los de los gringuetes que van en el jeep, pero luego me puse aún más triste porque sé perfectamente bien quién era el imbécil de Ross Perot y me acuerdo perfecto del dedo de E.T.

Estamos perdidos, todos.

***

Luego me contaron la historia del lugar: dicen que el primer gringo que vino  a vivir aquí fue por allá de la década de los 30 y lo primero que se le ocurrió (of all things possible) fue venderle la idea de una locación al cineasta John Ford.

Dicen que quería “reactivar económicamente” el lugar, un eufemismo de “ya chingamos paleta, de aquí se puede hacer negocio”; así que se le plantó al director en sus oficinas de Hollywood y lo convenció de que Monument Valley, Utah, era el escenario perfecto. Ford ya  había escogido a John Wayne para hacer sus épicas de vaqueros y la onda le encantó. Parece que ya nunca filmó en otro lado.

Es curioso porque entonces los habitantes de Monument Valley se convirtieron en extras (como lo son ahora, qué cabrón, extras de sus propias vidas).

Toooodos los Cheyennes, Chipewas, Shoshones y anexas en las películas, son en realidad Navajos haciéndola de Cheyennes, Chipewas y Shoshones. ¿Lindo, no?

Desde entonces, en este lugar se filman a cada rato toda clase de películas: de aquí son las carreteras polvosas de Thelma & Louise y la llanta ponchada de las National Lampoon Vacation con Chevy Chase; de aquí es un pedazo de Marte de Total Recall y un escenario de Back to the Future III (que me disculparán, tuve a bien saltarme). Hasta el juego de Playstation 3, Motorstorm, está basado en Monument Valley.

Ánnndale, ya caigo.

Entonces, mi idea de vacío frente al referente cinematográfico está al revés: tal parece que este lugar no tendría la vida que tiene de no ser por el cine. Los indios se habrían retirado de un sitio inhóspito sin agua ni posibilidad de prosperar en el sistema capitalista. Los turistas jamás habrían venido y yo no les estaría contando esto.

Como vil pueblo minero, los indios Navajos de Monument Valley encontraron una veta que inauguró un estilo de vida y sigue dándoles de comer: el cine.

No sé si eso está bien o está mal, pero no creo que me toque juzgarlo.

This time tomorrow, where will we be

Por eso digo que uno debería enmarcar sus planes y dejarlos de recuerdo en la sala. Si acaso sirven para adornar, nada más.

Ayer un par de hospitales y como 10 horas de pensar que a uno se le va la vida esperando. Esperé a Godot ayer, pero nunca llegó. (Tiene esa manía el cabrón). Entonces, como un Beckettsito aprendiz de la vida, a mí también (como supongo ya les pasó, pues casi todos son más listos que yo) me cayó el veinte de que la vida ES la espera.

Casi hay que darle gracias a quien te deja esperando. Propongo que las salas de espera se conviertan en altares paganos, donde todos demos vueltas con el celular en la mano, incapaces de provocar el abrazo del médico o al abrazo telefónico que necesitas. Mientras esperas, la vida no se te va, se te queda.

Los hermanos Davies, dueños de un grupo sesentero (Los Kinks) lo dijeron mejor que yo y lo dijeron antes de que yo naciera.

Amo esta canción, me hace sentir acompañada. Un poco triste, pero mucho menos sola.

This time tomorrow where will we be
On a spaceship somewhere sailing across an empty sea
This time tomorrow what will we know
Well we still be here watching an in-flight movie show
Ill leave the sun behind me and watch the clouds as they sadly pass me by
Seven miles below me I can see the world and it aint so big at all

My Melody

La última semana he buscado desesperadamente una canción que acompañe una particular sensación que recorre mi cuerpo, pero hasta ahora la melodía correcta me elude. Estoy empezando a sospechar que necesito abrirme a otros géneros musicales para encontrarla.

Busco un poco de teoría para documentar mi derrotismo y me encuentro esta entrevista en el archivo de la Wired de agosto del 2006, en la que se insinúa que mucho antes de Prozac existió la música.

Una de las razones evolutivas por las que pudimos haber desarrollado la música como seres humanos fue esa sempiterna comezón por proporcionarnos un poco de placer y guiar nuestras emociones. Tantito después de las palabras, de la capacidad para articular ideas en ellas –o quizás porque nunca hemos podido articular del todo en ellas, justamente– vino la música.

Otra teoría expone que la música es un asunto evolutivo: señala algunos tipos de superioridad intelectual, física y de potencia sexual que preferimos en una pareja.

Levitin: (Research has shown that) if women could choose who they’d like to be impregnated by, they’d choose a rock star. There’s something about the rock star’s genes that is signaling creativity, flexibility of thinking, flexibility of mind and body, an ability to express and process emotions — not to mention that (musical talent) signals that if you can waste your time on something that has no immediate impact on food-gathering and shelter, you’ve got your food-gathering and shelter taken care of.

Lástima que ese atractivo se termine una vez que uno habla con ellos. Salvo honrosísimas excepciones, la mayoría de los rockeros que conozco no podrían encontrarse el propio trasero en un cuarto con la luz apagada.

Sin embargo, hay algo en las personas altamente musicales (no tanto los músicos) que se me figura insobornable; quizás sea la seguridad que otorga conocer el delirio y la embriaguez de primera mano.

***

Hay otra parte de la misma entrevista que habla sobre el talento:

Daniel Levitin: I think we’ve debunked the myth of talent. It doesn’t appear that there’s anything like a music gene or center in the brain that Stevie Wonder has that nobody else has.

There’s no evidence that (talented people) have a different brain structure or different wiring than the rest of us initially, although we do know that becoming an expert in anything — like chess or race-car driving or journalism — does change the brain and creates circuitry that’s more efficient at doing what you’re an expert at.

Meaning: sígale chingando a lo suyo, el ‘talento’ llega en el tren que sigue.

¿Ya vieron pa qué sirve hacer periodismo “aspiracional”?

Aparte del millón de personas que intenta suicidarse diariamente en el mundo según la ONU y del suicidio de menores como tercera causa de muerte en edades de 10 a 14 años, según El País, acá hay otra nota sobre lo que implica estar vendiéndoles todo el tiempo la idea de felicidad en forma de coches y latas de mejillones a la gente:

Secuestran por whisky y cigarros
El grupo de ‘El Gato’ exige una parte del rescate en efectivo y otra en especie. Gustan de latería fina en general. Suman 13 plagios en San Miguel de las Cruces…

…Así, para dar respuesta a las exigencias de los plagiarios, los parientes de las víctimas se las ingenian para conseguir las cajas de whisky y enlatados que contengan camarones, salchichas y atún, además de decenas de paquetes de cigarros importados. En ocasiones, en el pliego petitorio de la gavilla de El Gato también se incluyen navajas suizas y zapatos y calcetines para hombre —se enlistan hasta las tallas requeridas.

La onda de que vayan a premiar a Tomás Urtusástegui, el peor dramaturgo que haya pisado esta tierra, no será tampoco responsable de los suicidios, pero bien que ayuda.

Ay dios, qué mal andamos.

Healing Melodic Death Metal (dead metal)

Bajando música porque si.

Al rato corriendo al concierto de Carcass, oh si señor why not, porque nada como un poco de Death Metal y Perfume de Putrefacción para hacerte olvidar que eres todo menos fuerte, todo menos invulnerable.

…esta otra rolita me pone en ese otro mood. Soy vulnerable, un día me pueden matar. Un día pueden venir por mí, qué sé yo, los narcos o los duendes del suicidio como lo hicieron con aquel periodista gringo que escribía o escritor que periodisteaba, es igual.

(Yaaa, quiero que sea de noche y olvidarme de todo chingá)…nomás que apenas son las 2 y falta mucho Interpol y mucho Third de Portishead y mucho Blonde Redhead y mucho del innombrable R. Ouch quiero una sopita caliente.

Particularmente cruel es ésta que no puedo dejar de oír del Our Love to Admire:

Nobody warned you
Nobody told you
To make up your mind

Nobody told you
That I could just waltz through
And shake up your style

I’m inside
Like the wrecking ball
Through your eyes

And I change it all from inside

Prefiero pensar en esa Wrecking Ball porque hoy, felicidades pinche Porfirio Díaz, en lo que hubiera sido tu cumpleaños número 178, hoy te celebramos así…

-Ocho muertos en Morelia, muertos de Independencia. Si viviéramos en el mundo de la novela Ubik de Philip K. Dick podríamos llevarlos a una cámara de conservación y hablar con ellos durante algún tiempo, antes de que la fuerza vital se les escapara por completo del cuerpo desnudo. Les preguntaríamos ¿qué hacías en esa plaza tan llena de gente un 15 de septiembre? ¿qué celebrabas, eh?

Luego un sueco me dijo que los mexicanos cada vez estamos mejor, “cada vez hay más gente con dinero”, me dijo. Seguro por eso mataron a esos morelianos, pienso yo. “¿Por qué será que los mexicanos nunca pueden ver nada bueno de su país?” No sé, no sé.

También dijo que si López Obrador hubiera ganado, muchos extranjeros hubieran salido por patas de este país. Ahí fue cuando mi ya mítica incorrección política salió al quite: “Chingá, nomás por eso merecía la pena hacer un recuento de votos”.

Se ofendió el sueco, por supuesto. Como buen sueco me dijo civilizadamente “resiento ese comentario”. Yo le dije que no era personal, pero claro que era personal. Yo no quiero que se vaya mi amiga argentina, ni mi amigo catalán ni mi amigo chileno ni mi amiga guatemalteca ni mis cuates colombianos o mi amiga gringa. Lo que quiero es que ese pinche sueco, igualito a otros muchos mexicanos que se sienten suecos se vayan o que por lo menos se pongan a leer los chingados periódicos un día.

El pub

Iba con la compañía correcta: cuatro o cinco personas con ese aire de no pertenecer.

Nos dedicamos a ver. No ‘estábamos’ (bueno, ella ‘estaba’ sólo mientras cantaba, él mientras veía el futbol, él mientras me miraba), pero el resto del tiempo buscamos un motivo, casi sociológico para quedarnos allí.

Se llamaba pub, que en otros lugares quiere decir pub, pero aquí quiere decir “sitio especialmente diseñado para los treintones solitarios cuyos gustos musicales se encuentran extrañamente homogeneizados”.

Un sitio oscurecido artificialmente, lleno de pósters de rockeros de los ochenta y motivos futboleros. Dos teles prendidas en un partido nacional, una mesera chilena con el rubio deslavado, un grupo de covers con un cantante washawashero vestido con un desafortunado crossover entre skato y early punk. (No hay nada peor que unos pelos mal parados con gel) Un guitarrista aburrido. Un bajista que, mientras acompaña OTRA, OTRA, OTRA de los Killers, piensa en su hija y su mujer, en la mensualidad de la casita que quiere comprar. Un baterista que sólo piensa en largarse.

Hay una mesa en que celebran un cumpleaños (¿32, 33?) Cuando se paran a bailar, (sobre todo el peloncito) señalan al cantante.

¿Por qué señalan al cantante? Quieren que el cantante los mire y recite para ellos. Quieren sentirse atendidos, conectados por una canción. Quieren demostrar que se la saben.

Ya entiendo por qué los gustos homogeneizados. Sería demasiado doloroso salirse del grupo. Sería odioso en una buena peda no tener qué cantar. ¿Entonces qué hacer? No pertenecer. (Y aunque en mi mesa, decía, nos las damos de ‘no pertenecer’ también nos las sabemos. Diosito).

Detroit, rock city. Qué extraña selección. Seguida por Wonderwall y OTRA de los Killers. Y yo que me había reconciliado con los Killers hace poco. Ya me los volvieron a hacer sopa (diría Mafalda).

Pero si parecen estarse divirtiendo, ¿por qué me amargan tanto? ¿por qué la pena ajena? Ahhh, pienso. Ahí está la respuesta. La pena no es ajena. Su frustración, esa que saca el peloncito cantándole al cantante, ES mi frustración, pero yo me la guardo y la posteo.

Cositititas

Tengo ganas de poner más links en este blog (no se pierdan lacolumna.wordpress.com, por ejemplo, ni el de Lluvia lipstickymamadas.blogspot.com si quieren saber lo que es estar enamorada como una perra salvaje –no offense, of course–, en un estado de total abandono, que es la única forma de enamorarse y no perder la dignidad).

Tengo ganas de cambiarle la foto de arriba, quizás intentar un nuevo template. Siempre me pasan estas cosas después de que algo o alguien toca una fibra sensible. Quiero estar linda y lista para lo que viene. Me llena de esperanza lo que viene. Cualquier cosa que esto sea.

Esta vez fue lo de la carta. El fantástico desmadre que se armó por ella y que esperemos arme dos o tres fueguitos más.

Luego se extinguirá, como se extingue casi todo. Y ahí es donde, confío, entrará al quite la eterna juventud de esta vieja Ira, esta vieja yo que se rehusa a envejecer como Peter Gabriel y más bien quiere hacerlo como David Bowie: alimentado por esa furia controlada con la que aún disfruto todo y con la que siento que todo me atañe, me concierne, me ocupa.

Tengo ganas de decirles a todos “no estamos desviando la máquina, pero le estamos haciendo unas ronchotas al maquinista”.

Confío en mi. Espero no defraudarme.

***

Ayer le decía a Andrei que no sé si unas cuantas opiniones encontradas y vertidas en blogs son suficientes para que alguien cambie de opinión o por lo menos lo piense. Creo que a este respecto (si ser escritor o ser jardinero, si ser un animal político o no) casi todos ya tomaron una decisión. Unos lo saben, otros no.

Lo que me encanta es saber que hay gente callada, asustadita detrás de sus blogs políticamente correctos pensando “yo pa’ qué me embarro”. Gente cuyo silencio es de lo más elocuente. Están al pendiente del asunto (si no ¿por qué han subido casi al triple la vistas diarias de este blog?) pero se guardan.

Esa es justamente la postura política más interesante. La más despreciable, pero la más interesante desde el punto de vista sociológico. Porque el silencio y la abulia SON POSTURAS POLÍTICAS. ¿A poco creen que con no pensar en eso deja de existir? ¿A poco creían que por no opinar dejan de participar en la vida política? Je je. Ni madres. Ojalá fuera tan fácil.

Así estamos todos (sobre todo la izquierda exquisita, a la que no pertenezco por supuesto, nunca tuve tanta lana) en este país, calladitos detrás de nuestros autitos, nuestros departamentitos, nuestras fiestecitas, nuestras droguitas, nuestras chelitas.

Aquí todo es chiquitito.

Hoy leí

Si uno es lo que lee:

Soy el blog de un amigo al que admiro mucho que no me tiene entre sus links. (Primero me puse un poco triste, pero luego pensé: él y yo no somos fellow bloggers, just friends).

Soy la noticia de un gato nigeriano que al ser atropellado por una motocicleta se convirtió en mujer.

Soy los nicknames de mis amigos en messenger.

Soy las entradas al twitter de Rafa Saavedra.

Soy una pareja de periodistas neoyorkinos que pasaron un día entero a menos de 15 pies de distancia, en un experimento neo-budista, tratando de meterse en la conciencia del otro.

Soy Persépolis, que no Marjane Satrapi.

Soy el mail de una socialité mexicana mal llamada “escritora” a la que hubo que responder con cautela.

Soy un chingo de annoying work-related mails. Todos annoying excepto, por supuesto, el que firmé “Besit”.

Soy una mirada (que también se leen) que me desarmó en el pasillo de la editorial.

Soy esta carta abierta mía que descontextualicé como ejercicio de autocrítica. Ahora sé de dónde vendrá el ranazo.

Soy el silencio (otro que también se lee) de una persona en el trabajo que decidió ya no hablarme.

Soy el reportaje de la revista Eme-equis de abril del año pasado, en el que nombran a los 25 dueños de las letras en México.

Soy también la falta de sorpresa. Son los mismo dueños de este año. Acá todo sigue siendo sexenal.

Soy la poesía de esta nota en Wired. ¿Para qué nos servía el pensamiento abstracto, el pensamiento poético? Para subir árboles, of course.  Eso era antes…y ahora también.

Soy la biografía mínima de Lars Von Trier. Soy sus cortometrajes.

Soy mucho, hoy.