Las frases que lo definen a uno

No hay como tener un hijo para enfrentarse a sus propias muletillas. Las ves respirar de nuevo en la boca de otra personita que realmente no les encuentra sentido, pero que se las apropia con descaro. Una de las mías es “a veces, uno tiene que…”

Por qué digo una cosa tan resignada, tan jodida y de cierta manera tan mal traducida del inglés al español, es un misterio. Equivale quizás al “sometimes, you just gotta…” y en otras ocasiones quiere decir “there comes a time in every man’s life…” una cita de Churchill nada menos, que viene de un amigo mío y que incluyo en ese el sentido redondo de ese “a veces”.

Lo digo porque hoy, tempranito, me puse a leer un cuento y no pude terminarlo. A la mitad lloré y lloré y lloré. Desee con fervor… por favor, por favor, por favor, que el protagonista pudiera salvar a una enferma mental antes de que todos los ferrocarrileros la violaran en hilerita otra vez.

Desee que el tipo ganara la pelea, que hubiera algo en su blancura y sus tetas chatas que le impusiera, como una orden, salir de ahí aullando, resoplando, corriendo con esa chica envuelta en una toalla, cubriendo su desnudez.

¿Cómo pudo hacerme esto el autor? ¿Cómo pudo desnudarme a mí en media cuartilla?

Y ahí fue que me acordé: “a veces uno tiene que…” A veces, uno tiene que agarrar el maldito toro por los cuernos y ponerse a trabajar una historia así. Llega un momento en la vida de todo hombre y de toda mujer que necesita empezar a contar las malditas historias que no pueden quedarse calladas. Las de la crueldad que se mezcla (¡siempre, me lleva el carajo, siempre!) con la humanidad más exquisita, la más amorosa, la única que sirve.

Quise de pronto ver una película o leer un cuento o una novela gráfica que contara la historia de estos dos: una chica a merced del  demonio que también tiene cola y por lo tanto es un pinche humano, como todos los demás.

¿Deberé escribirla?

Quizás sí.

Por cierto, el cuento ese que me tiene llorando se puede leer aquí. Aún no me doy el valor para terminar de leerlo. ¿Qué tal que no la pudo salvar? No sé si voy a poder con eso todo el día.

http://blogdetextos2013.blogspot.com.ar/2013/08/queria-taparla-con-algo-jorge-accame.html

The Counselor

Escribí un post el domingo sobre esta película pero se borró.

Ahora no sé si diré lo mismo. Vi esta película con guión de Cormac McCarthy y salí preguntándome por qué madres no le gustó a nadie. ¿Son los diálogos pesados, como de novela teatralizada que les parecieron imperdonables? ¿Los bits and pieces dramáticos de alguna forma desligados o con eslabones tan largos que se necesitaba alguien con experiencia en coser filigrana para notar las uniones?

Esta vez no coincido con ninguno de los críticos que frecuento, ni mexicanos, ni gringos, ni ingleses. Esta vez también es la primera en que eso no cambia, ni tantito, mi forma de ver esta película.

Es más: cada vez que leo una falla la considero un punto a celebrar.

(Spoiler alert)

Aquí un ejemplo:

The narrative pings around as meaninglessly and entertainingly as a pinball machine at first, but the comic timing feels off, without the finish of Christopher McQuarrie’s The Usual Suspects or, say, Tarantino’s version of Elmore Leonard in Jackie Brown. McCarthy woefully runs out of ideas before the end of this long film, especially as far as poor Laura is concerned. (en The Guardian) http://www.theguardian.com/film/2013/nov/14/the-counsellor-review

Un pinball narrativo es exactamente lo que yo necesito para mantenerme atenta. Ese storytelling que te lo tiene ya hecho como una línea de pólvora que al final explota sin remedio me tiene cansada, absolutamente agotada. Ustedes críticos (mexicanos) y su puta “solvencia narrativa” pueden ir a ver televisión si gustan.

El “comic timing” está malogrado, claro, porque los personajes no están en farsa cómica, sino en farsa trágica. Están aumentados, caricaturizados, pero no tienden hacia la histeria (tan recurrente hoy), sino hacia el expresionismo: son farsa porque queremos ver las altas sombras que los persiguen. Como en Nosferatu de Murnau, el efecto de terror nos lo dará aquello que viene detrás del personaje, no sus tristes camisas de colores.

Que no se parece a The Usual Suspects o a Jackie Brown, pfff. Ni siquiera voy a comentar sobre ese lamentable momento en que al crítico se le acabaron las palabras.

Más importante es que el británico piense que a Cormac McCarthy se le hayan acabado las ideas cuando hace que Laura sea remolcada por una pala mecánica hacia los tiraderos de basura. ¿Se le acabaron las ideas? ¿Más o menos cómo qué cree que les pasa a las chicas que matan por allá?

Los menos avezados preguntan, ay chiquillos: ¿Qué pasó y por qué? Con la cantidad de gente que no sabe leer entre líneas lo que hacen sus gobiernos, no me extraña. Quizás ésta sea una película para gente culta, capaz de seguir un texto muy difícil, quizás capaz de leer poesía sin preguntarse ¿qué significa? ¿qué pasó y para qué? So be it.

Hay varios diálogos capaces de separar el agua de la tierra. Momentos como en el que Malkina ve correr a los cheetahs, en los que, como un gato se masturba con el auto de Bardem, no para shockear al público sino para shockear a Bardem y tenerlo siempre listo para engullirlo. Hay momentos que se notan escritos con calma para que el director lo filme con calma. El tipo que matará al motociclista se toma lo que parece una eternidad en colocar un cable que rebanará una cabeza de tajo. Eso es mucho más violento y sagaz que todas las películas del Tarantino. Pero es una violencia para adultos y en este mundo adolescente, le toca muy poco.

Qué bueno que Syd Field les dijo cuántos momentos narrativos debe tener un guión, cómo deben conectarse las causas y consecuencias de una historia… ahora por favor, olvídenlo y pónganse a escribir algo propio, que cambie un poquito el curso del contar historias. McCarthy, con los tamaños que lo caracterizan, lo hizo a los 80.

¿Será que podamos ver esta película con ojos menos adolescentes (la edad en la que es uno más viejo)?

Sobre el viejo y el nuevo Rock 101

¿Seré yo una buena fuente (con mi memoria de queso gruyere) para analizar el regreso de esta estación de radio?

No.

De hecho no soy buena fuente para casi nada… mis recuerdos están distorsionados, en este caso por el putazo de hormonas que recibió mi cuerpo justo a los 11 años, cuando entré a la secundaria y me corté el pelo como niño; me empecé a poner mousse; me crecieron las tetas y de repente me di cuenta de que mi mamá era mi peor enemiga. Jo jo jo.

Entrábamos a las 7 am a la escuela; mi enemiga mami tenía debilidad por despertarnos de las formas más extrañas. Desde la violencia verbal hasta la música. Ésta última era la que más me gustaba. Le subía el volúmen al único aparato de sonido que existía en la casa, alrededor del que nos juntabamos a ¡oír discos completos! algunas tardes de domingo, aunque por las mañanas la onda era prender el radio. La niña de 11 años empezaba a soñar que estaba “dancing, with tears in her eyes” o que vivía una historia de “tainted love” y así, tarareando “where did our love go?” se quitaba las lagañas y recorría enojadísima el camino a la adolescencia.

El recuerdo de esas canciones durante el día hacía menos pesado que ese güey de prepa, Alberto Victoria, nunca pasaría de ser un letrero hecho con plumones en el cuaderno.

Luego llegaron las voces, los tipos que narraban conciertos insólitos (cualquier concierto era insólito en esta ciudad donde se habían prohibido, ajá, sí, los conciertos, estaban P-r-o-h-i-b-i-d-o-s ¿no es de risa loca?). Llegaron unos tipos que le daban importancia a los nombres de los álbumes, al productor, al compositor, al género. Bueno, con ellos hasta se enteraba uno de que el arte de las portadas tenía un autor y un significado…

Yo sé que para usted que creció cuando ya había internet esto es pecata minuta, pero en ese tiempo, donde las canciones (los éxitos pop) parecían sacados de un sombrero por las pocas estaciones de radio que las tocaban, la acción de documentar la música era un verdadero rompehielo cultural.

(ya ya…no faltará quién me diga que eso no lo hicieron ellos, que sus papases les habían enseñado a hacer eso en sus casas y no sé qué cosa. Pues a mí no. A mí nadie me había dicho que los productos culturales creaban redes profundas y que si las conocía podía disfrutarlas más ).

Si no por otra cosa, eso sí se le reconoce a Rock 101: en tiempo de secas, unos loquitos se pusieron a repartir vasitos de agua.

***

Ahora bien, si esta ciudad no ha podido superar esa época es otro cantar.

Rock 101 sólo puede regresar en este caldo de cultivo defeño, que no olvida, no puede sacar de su conciencia y de su deseo, los malditos años ochenta.(Ahora hay unos chamacos que confunden los ochenta con los noventa, pero hablamos de la misma melancolía pitera).

Luis Gerardo Salas et al son dueños (no sé si legales, pero por derecho propio, faltaba más) de una marca. Y la van a usar: al tiempo que abren su estación de radio por internet también están abriendo un bar “101”, en el merito corazón de la Condesa, para que no quede duda de a qué le tiran. Dirán “aayyy qué manera de querer hincharse de dinero con nostalgias pasadas” y yo me quedo fría y pregunto:

¿De verdad creen que las industrias culturales deben seguir viviendo del aire? ¿O es que los de Rock 101 deberían buscar escuincles que trabajen por cacahuates y pretender que la gente no necesita dinero para vivir? O qué, ¿una bequita del gobierno? ¿Volverse a meter al cuarto de servicio en casa de papá para que alguien financie sus sueños? ¿O cómo?

Me parece extraordinario que los de Rock 101 aparejen su estación de radio gratuita con un side project que les deje dinero. Eso quiere decir que, al menos para algunos, los ochenta quedaron atrás.

Ellos tienen una marca que todavía vende y sería medio idiota no ponerla a trabajar. Dirán que la gente que ahora hace Rock 101 vía internet ronda los 50 años y en mi opinión, esa edad es tan buena como cualquier otra para dirigir una estación de radio.

Súper ochentera es esa imbécil idea mexicana de que los géneros músicales están pegados a una cierta edad. Que uno debe vestirse de cierta forma, que debe acudir o dejar de hacerlo a ciertos centros bares según la edad.

No mamen.

Hace poco recordábamos cómo aquellos chiquillines pendejos que les mordían los talones a los de Rock 101, los ‘Radioactivos’ se quejaban amargamente de que la radio para jóvenes la hacían treintones. Hoy, ese chiquillín que asustaba a todos programando hip-hop en un país cegado por las guitarras se llama Rulo, tiene 38 años y sigue programando una estación de música ‘joven’ (whatever the fuck that means).

Lo que quiero decir es: bajémosle a los golpes de pecho de pureza. (¿Por qué somos tan dados a esto en México? Si alguien tiene una respuesta o una teoría, me encantaría escucharla).

Si en Rock 101 tienen aún algo que decir, algo que aportar y lo vuelven a hacer bien está por verse.

Démosle unos meses y regresemos a medir el experimento.

Y en otras noticias…estas son nuestras librerías…

La foto fue tomada por Dante en Huehuetoca, Puebla Edomex, en un evento teletonesco donde pretendían que ‘el pueblo’ (así, en abstracto) donara.

Según lo que me platican, los organizadores hablaban de donar ‘a los necesitados’. No había una agenda clara ni un responsable de a dónde se irían esos fondos.

Dante iba a sacar fotos de un grupo de rock que tocó allí de forma gratuita, para entretener la tertulia donadora, pues.

Los asistontos les gritaban ‘¡Que los del grupo también donen, que den dinero!”.

No era suficiente donar su chamba, su música, pues. Pagar su caseta y dar cinco u ocho horas de su vida, pararse a tocar allí. Había que donar, no se sabe a quién o para qué.

Esta librería estaba por allí, haciéndola de metáfora metálica. Así son las librerías del país, así son nuestras fuentes de conocimiento: están cerradas, viejas, vacías y parecen puestos de tacos.

Así aprendemos a pedir en este país: poniendo la mano en cunita, encabronados porque todo lo merecemos. ¿Qué se están creyendo? ¡Que nos den, que se organicen Teletones, que se organicen mítines políticos y se prometan cosas!

Al final nadie va a pedir cuentas. Nadie hará el trabajo duro de dar y recibir: verificar que lo dado forme parte de un ciclo productivo. O ponerse a chambear para que al rato no me tengan que dar, por ejemplo.

Bienvenidos a las librerías mexicanas, pegadas a esa mexicanidad que luego, paseando por Santa Fé, se nos olvida a todos.

Cada día, los días

Será que cada día me queda menos: cada día los días se me vuelven más valiosos.

Solía ser más tolerante con el desperdicio, sobre todo con el tiempo, pero ya no es tan fácil. Empiezo a envejecer, me pongo de malas si las cosas se postergan, me pongo de malas (peor) si soy yo quien posterga.

***

En la red, pu, cuánto desperdicio.

***

Como decía Kurt Vonnegut: el talento es muy común. Lo que es poco común son las ganas de trabajar.

Lo oigo lo oigo y pienso que el cabrón me conocía y conocía a muchos de mis amigos.

Entonces me pongo una fecha de entrega, una disciplina de trabajo, la empiezo a cumplir, me empiezan a salir cosas.

(Y de inmediato se me hace un hoyo en el corazón. Es un arco reflejo del alma diciendo: nooooovaaaaaasaaaaaapoddeeeeeeeeeer! Pinchi alma cabrona con la que nació uno.)

***

Pero nada. Apagamos la bocina y seguimos trabajando.Que no se diga que somos unas lloroncitas. A veces hay que mandar a la chingada a todos, hasta el alma propia.

***

Fuimos el otro día a divertirnos a la calle de Jerónimas, paralela a la de Regina en el Centro. (Somos un gran equipo en eso de la diversión).

Allí vimos este letrero y no podemos olvidarlo:

***

Hay mucho desperdicio en la red, pero el sitio colaborativo de Cory Doctorow Boing Boing no es uno de ellos. Su muy canadiense idea del copyright y los archivos compartidos es indispensable para el buen gobierno de esta cosa que se llama Internet. La razón más importante por la usted debe interesarse en estos conceptos de autogobierno de la red es que, ejem, usted me lee desde una terminal electrónica conectada a ella.

Además es buen novelista (Doctorow, no usté). Le hace a la ciencia ficción, como casi todos quisiéramos hacerle, pues. Si usté lee en inglés, puede bajar acá de a grapita china la novela Makers la más reciente del buen Doctorow.

***

Desde 2004, Doctorow pone sus novelas a disposición de los lectores en la red, bajo licencia de Creative Commons, que permite usarlas siempre y cuando se atribuya la autoría y  se haga sin fines comerciales.

“… one can now make derivative works from the book without permission, provided the license and attribution is retained with each new work and the derivatives are not used commercially. Already, fans of the book have begun Russian and Spanish translations, an audio book version, and several amusing re-arrangements of the text. Doctorow has noted that he is pleased that people are building on his work, and that he hopes that further innovations will follow”.

***

El trabajo derivativo no es pirataje, es creación.

Las ideas no son de nadie. El TRABAJO lo es.

***

Lo que pase en la red pasará en nuestras vidas, no lo dude usté.

Por eso, es muy interesante cuando Doctorow pone en práctica el pensamiento de izquierda y no pierde oportunidad para analizar los efectos del miedo.

Este es un fragmento de su post de hoy, sobre un fotógrafo de la BBC al que detuvieron por quererle hacer una foto a la Catedral de San Pablo en Londres.

“The real damage from terrorist attacks doesn’t come from the explosion. The real damage is done after the explosion, by the victims, who repeatedly and determinedly attack themselves, giving over reason in favor of terror. Every London cop who stops someone from taking a picture of a public building, every TSA agent who takes away your kid’s toothpaste, every NSA spook who wiretaps your email, does the terrorist’s job for him. Terrorism is about magnifying one mediagenic act of violence into one hundred billion acts of terrorized authoritarian idiocy. There were two al Quaeda operatives at St Paul’s that day: the cop and her volunteer sidekick, who were about Osama bin Laden’s business in London all day long”.

***

Izquierda mexicana, ¿cuándo empezaremos a dejar de pelear por huesos sin carne para desmenuzar los tramos más sutiles del pensamiento de derecha? Eso son los tramos que importan, digo yo.

Fiebre

Tengo una extraña fiebre de imágenes. No puedo pensar en letras, leeeeetraaaas, la palabra leeetras, por ejemplo, se me convierte en un animal, una cabra que salta, que saaaltRA tra tra, salta. Es un animal salvaje que golpea a la siguiente palabra.

La sobredosis de cine y caminatas últimamente me ponen en guardia: quizás ya nunca más pueda escribir, quizás tengo que sacar fotos o pintar o volverme una de esas máquinas viejas que proyectaban diapositivas. Tacatá, tacatá, tacatá.

El bosquecito de la Unam, por ejemplo, es para darse un atracón de imágenes… tacatá, tacatá.

Como lo importante no es VER sino TRADUCIR, estoy maniatada, yo traduzco regularmente en palabras (ahora mismo la palabra ‘palabras’ se vuelve una parvada de cuervos blancos que se me escapa de las manos y me deja sin ellas) pero traducir a imágenes no es lo mío.

Es lo bueno de andar con un fotógrafo:

4088017851_4e2b0c44c5

Así se ven los grillos pre-navideños en el bosquecito de la Unam. Mejor dicho: así los ve Dante Castillo.

Vivo para ti, cuaderno

En los muchos años, no me acuerdo cuántos, de este blog, nunca había estado tan absolutamente segura de que la cordura de mis escritos comerciales, por llamarles de alguna forma, depende por completo de lo que pueda decir aquí.

Lo que escribo es lo que leo, pero también es lo otro que escribo.

Ayer, por ejemplo escribí cosas del Twitter para una revista de viaje que me pidió algo para lectores ‘promedio’ (según yo esto no puede decirse NUNCA de la gente, pero es una certeza falsa con la que duermen tranquilas las revistas). Al cabo de un rato me di cuenta de que el artículo me gustaba y si me gustaba era porque, según yo, se leía como post.

Mientras lo escribía, parecía que estaba blogueando. Una sección distinta de mi cerebro se prende cuando escribo aquí y empiezo a intuir que es la parte que me salva de mí misma, de mi idiotez, de mi cerrazón natural.

***

Aquí algunos fragmentos de ese artículo:

“¿Alguien se acuerda cómo hacíamos amigos antes de que existiera Facebook o Twitter? Hagan memoria: solíamos ir a bares,  paseábamos al perro, hablábamos por teléfono, nos inscribíamos en cursos, sonreíamos por la calle, abordábamos a gente en el Metro o en el asiento contiguo del avión. Los más sofisticados hasta respondíamos cadenas de mails durante la prehistoria de las redes electrónicas, es decir, hace unos cinco o seis años.  “Ja, el mail es taaan 2001”, diría un twittero…”

…el potencial que tienen para reconocer y almacenar todos y cada uno de nuestros gustos, opiniones y patrones de conducta, que más tarde podrían ser utilizados (y ya se hace, aunque de forma ilegal) como bases de datos legibles por computadoras diseñadas para interpretación y la predicción por referencia cruzada; sistemas de mercadotecnia de nueva generación que usarían todo lo que saben de ti para ofrecerte exactamente lo que ‘aún no sabes’ que quieres comprar. Si ellos saben que me gustan los cómics y que este mes estoy eufórica o que estoy por el contrario muy triste, acabo de tronar con mi novio, por ejemplo ¿qué los detendría, en un maquiavélico futuro de marketing personalizado ofrecerme, qué sé yo, chocolates o un servicio de apoyo psicológico o simple pornografía a mi medida? Las  implicaciones de ser una persona ‘semi-pública’ (a través de un blog o un microblog o mi status del Facebook) que señala todos los días y a cada minuto lo que quiero, lo que me gusta y cómo pienso, podría también poner en riesgo la esencia de la red como la conocemos: la circulación libre de datos e información. ¿Qué detiene a los gobiernos o a los poderes fácticos de analizar mi información y venderme propaganda política o de plano censurar mis opiniones? (Como ya lo hace la cuenta de Facebook de la Presidencia de Felipe Calderón, por cierto, como lo documentó el mes de agosto la revista Proceso). De alguna forma, es como si la misma red estuviera escribiendo su propio epitafio, en 140 palabras a la vez

…las redes también modificaron ya las costumbres de etiqueta social. En estos momentos, cualquier persona interesada en saber más de otra puede empezar por hacer una búsqueda en Google con su nombre y ver en cuántas cosas está implicado. A lo mejor tiene un blog (taaan 2001) o una cuenta de Facebook donde además sube fotografías, su estatus marital y se puede conocer a su red de amigos. Todas esas cosas tomaban años antes, pero ya no es así. ¿Quién puede prever lo que le hará esta dinámica a las relaciones interpersonales? Se  ha dicho de estas redes “son parte de aquello que no sabíamos que necesitábamos hasta que lo tuvimos en las manos”, como el celular, el procesador de texto, la lavadora y mucho antes la electricidad, la imprenta o el papel de baño.”

***

Es extraño tratar de ‘bajarle de watts’ a un tema y una discusión que en plataformas electrónicas ya se encuentra a años luz de distancia. No sé si llamarle triste, pero encuentro que es así: los medios impresos siguen en el siglo XX, adiós, se quedaron allá, su discurso (¿quizás forma es fondo, después de todo?) está en un idioma viejo.

Acá pueden ver de lo que hablo.  (vía, ya saben quién, claro).

Mientras tanto, y hasta que sean los medios electrónicos me den de comer, seguiré padeciendo esta esquizofrenia.

Música política

Debido a un bache de tiempo en el que se le salió el aceite de la dirección a mi vida (calculo unos 8 años perdidos entre corazones rotos, duelos varios y solipsismo desmedido) a pesar de que intuyo muchas cosas, casi nunca puedo articular metódica y racionalmente lo que pienso.

El hecho es que lo pienso y voy a intentar lanzar una hipótesis: que los grupitos de estudiantes acostados en los jardines de la UNAM sigan escuchando  a los Fabulosos Cadillacs, Molotov y Los Héroes del Silencio es síntoma de un rezago socioeconómico, una avenida de ida y vuelta hacia un menor acceso a la información, incluso en esta supuesta democracia del MP3 downloadeable y el disco pirata.

Mentimos al generalizar ‘¡pero si ahora todo el mundo oye lo que quiere por internet!’

¿Qué hacen estos niños oyendo eso tan viejo? Si se tratara de una moda revisionista podrían igual estar interesados, qué sé yo, en los Beach Boys o en Agustín Lara.

No es eso. No oyen cualquier cosa. Oyen bandas semi-rockeras, pseudo contestatarias (algunos hasta trova, pues, que ya es exceso), grupos de hace 15 o 20 años que nunca fueron muy buenos pero que hace 15 años al menos eran la novedá.

Mientras tanto, los hijos de los empresarios y políticos se atiborran de indie en Ibero90.9 y ‘descubren’ un grupo nuevo cada tres días (no se pierden Jobo Novo, pues). “Escucha esto, es súper desconocido güey, son como TV on the Radio cuando todavía eran buenos güeeeey” …es decir hace dos meses.

Este es justo el vicio contrario, insulsos ambos, casi se tocan de tan similares.

El caso es que los dos fenómenos -el de la nostalgia sensiblera que no cambia de grupo favorito y el de ‘todo debe ser nuevo y medio desconocido o ya no es cool- responden a roles sociales opuestos.

Aventuro: el empleado y el empleador.

¿Los gustos en la música marcarán diferencias cuando ambos estudiantes quieran acceder a un puesto de trabajo?

Después de todo, arte también es información.

Y ya embarrándome bien, (por qué no chingao, si el derecho que mejor ejerzo es el derecho a cagarla), ¿no será que ningún gusto es inocente? ¿No será que algunas obras de arte que apreciamos, no todas, vamos, pero algunas, no serán inducidas también, copiadas, aspiracionales, vehículos para perpetuar el status quo, vehículos de poder?

No sé si estoy observando de más o haciéndome demasiadas preguntas.

It’s a dirty job, but someone’s gotta do it.

***

Si aceptamos la hipótesis anterior (o su espíritu, vamos) tenemos como corolario 1 que:

Aquellos exquisitos que juzgan a los otros por sus gustos, que se la pasan gritando a los cuatro vientos cuán malos son todos los grupos y que maten a los fans de no-sé-quién y que prohiban los discos de no-sé-qué, no son más que unos inseguros ham-burguesitos come-uñas queriendo reivindicar/inflar/esconder la clase sociocultural a la que pertenecen desde que nacieron.

SOMOS, quise decir.

***

No tiene que ver con nada, pero creo que mis caminatas por los jardines de la Facultad son el medicamento que tomo ahora en dosis pequeñas y constantes para apartarme de los baches de tiempo.

Es un medicamento lento, pero eficaz.

Tortuguera

Tanto que hacer, tan poca gente con ética.

Le pregunté “Oiga, ¿y por qué tortugas? ¿Por qué lleva usted haciendo un trabajo sin paga veinte años (por el que el gobierno le debería un premio o dos, o un ejército de ayudantes bien pagados, al menos)? ¿Para que viene a esta playa cuatro o cinco veces a la semana a mal pasar la noche, esperando que las tortugas desoven, compacten, se vayan, esperándolas a que hagan lo que instintivamente deben hacer, para luego desenterrar los huevos y replantarlos en un lugar seguro, donde no se los puedan comer los tejones o los humanos?”

A ver, me dijo, yo nací aquí, mi padre arreaba vacas a las orillas de esta playa; yo alcancé a ir a la Universidad de Guadalajara. Cuando hacíamos prácticas yo propuse hacerlas acá y cuando terminé, pues me quedé.

Son seis kilómetros de playa que antes me caminaba a pie, todas las noches buscando nidos (las tortugas desovan cuando se esconde la luna, por ahí de la 1 am y terminan como a las 6 o 7). Cuando empecé desovaban unas 4 tortugas al año, hoy ya logramos que sean 1000.

¿Veinte años después?

Si, veinte años. Es que de 1000 huevos, sólo una llega a ser adulta…

…pero si usted me pregunta por qué tortugas y no otro ser vivo, no lo sé. Me enteré hace poco que a dos pueblos está el segundo lugar más pobre de México, de esos donde la gente se muere por agua sucia y esas pendejadas.

“A veces me pregunto por qué vengo todas las noche a salvar tortugas, mejor debía ponerme a ayudar gente”.

Esas fueron sus palabras exactas. Este cabrón biólogo me estujó el alma completa.

***

El biólogo, tan acostumbrado a entender cosas sin que se las digan, apeló a una niña que todavía vive en mí, la misma que decidió con fuerza a los 8 años que estudiaría biología y se puso a leer El Origen de las Especies. Me dejó recoger los huevos de un nido mientras la tortuga compactaba la arena (y yo escondía mi conmoción)  me habló de los nombres científicos, de las constelaciones, los periodos de la luna y decenas de ciclos naturales que pasan sin pena ni gloria en las ciudades.

Tuve una regresión, casi toqué a mi papá.

El mar tan punk golpeando los riscos, vigorosa, amigablemente, como si estuviera en medio de un mosh pit queriendo celebrar la música de la noche, las estrellas fugaces cayendo como migajitas sobre nosotros, suish suish el cielo se desmoronaba. La risa de los tortugueros, sus memorias de mojados, la alegría agridulce de estar de vuelta en una tierra que llaman suya, aunque no lo sea. (A veces está bien cabrón no creer en dios).

Esta foto le hace un flaco favor a mi experiencia, pero igual es puro registro:

DSC00211

A través de un espejo de feria

Algo anda muy mal cuando la voz más coherente en esta crisis es la de un capo.

Trato de comprender la lógica que priva en Servando Gómez Martínez, aka La Tuta,uno de los jefes de la organización La Familia, quien pidió una entrevista a Milenio TV para dirigirse al Congreso de la Unión, al ejército y al presidente.

Como exigía Rimbaud, La Tuta es completamente moderno: tiene la sangre fría y entiende su negocio. Le habla de CEO a CEO al panista. Entiende que el gobierno y el narco son dos grandes y exitosas empresas –una exporta mexicanos a EU y con las ganancias embellecen los cachos de país que van vendiendo baratubaratu, muy baratu/ la otra emplea o embrutece a los mexicanos que lograron quedarse.

Son dos pujantes empresas, el negocio va muy bien, ¿pa qué nos peliamos, digo yo? 

“Hace algunos años no teníamos está situación de conflicto. Pasó algo… Se rompió algo entre la familia y el gobierno. Por eso queremos que alguien nos escuche y preste atención…”, dijo La Tuta.

Negociemos, no se aprieten de su calzón, lo han hecho toda la vida y estábamos tranquilitos. A nadie le convienen tantos decapitados, tanto pinchi encobijado. ¿Luego quién va a trabajar el negocito? Dios (es decir, nosotros) aprieta pero no ahoga. ¿Qué quieren, que la gente se canse de verdad y empiece a PENSAR o peor, a actuar en consecuencia? Con todo respeto, no chinguen. 

No me extrañaría que algún día La Tuta se hiciera de algunos andamios políticos y hasta se lanzara de senador. Con la memoria histórica que nos cargamos, muchos de mis conocidos hasta votarían por él.

*** 

De acuerdo a la nota publicada ayer por Proceso:

La Tuta aseguró que La Familia respeta a los militares, a las fuerzas armadas. “No tenemos nada contra ellos. Que no se dejen engañar. Que vean los expedientes. En todos los casos es el mismo modo. En Yucatán, en Baja California, Villahermosa, Veracruz”.
Por todo ello, hizo un llamado a la Cámara de Diputados y a la Cámara de Senadores para que sepan que es lo que esta sucediendo en nuestro país, y que “encontremos la manera de dialogar”.

De Gómez a Gómez, La Tuta aseguró que respeta al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, pero que también lo están engañando.

“Lo que quiero que sepan es que nosotros no nos metemos con  inocentes.

“Si en su momento atacamos algunas corporaciones, fue porque ellos anda detrás de nosotros, coludidos con Los Zetas.”