Viaje de placer

Este es el primer viaje ‘de placer’ que hago en dos años.  Cuando uno (se) viaja para vivir, el placer es quedarte en tu cuarto, bañarte y mientras todavía estás en batita urgar hurgar 🙂 en las recónditas fisuras del cuerpo.

Por primera vez en mucho tiempo soy una de esas ronchas que le salen a los aeropuertos: soy turista. No tengo nada que apuntar, nada que recordar, nada que declarar. Mi gran trabajo hoy será dejarme tocar por la arena en la playa, leerle un poco a mis sobrinos, tratar de compartirles estos placeres que tantas veces me han salvado la vida: los rayos del sol que te cierran los ojos y los libros.

Les compré un par de supesoakers, de esas pistolas de agua para que mojen a discreción cualquier cosa que no ‘deba’ humedecerse.

Que el agua se lleve mi gripa distímica, que mis niños abran la pausa en el tiempo, el tiempo entre lo que quiero y lo que tengo que hacer.

Suena como un buen deseo.

Pienso en Jack

Pienso en mi sobrino putativo al que adoro desde que me sonrió en la carreola con su cabeza de pelota. Pelotín, le decía su papá.

Me acuerdo de su cumpleaños número 6, cuando nadie más fue a su fiesta, aunque ni a él, ni a su hermana ni a mí nos importó un demonio pues siempre hemos sabido divertirnos solitos. Pusimos el iTunes de su madre y mientras ‘los grandes’ platicaban de cosas importantes, nosotros nos apostamos en un rincón y nos pusimos a bailar. Repetimos como 10 veces Precious de Depeche Mode, (el que haya tenido un niño cerca no me dejará mentir sobre lo atascados que son cuando algo les gusta. Otra veeeez, decían).

Ese día Precious se volvió nuestro himno y hasta ahora, esta tarde que lo estaba extrañando como una imbécil, me di cuenta de qué estábamos cantando.

Angels with silver wings
Shouldn’t know suffering
I wish I could take the pain for You

La canto y la canto y deseo que mi niño esté bien. Luego la vuelvo a cantar porque dice todo lo que le quiero decir hoy.

I pray You learn to trust
Have faith in both of us
And keep room in Your heart for two

***

Matsuo Basho y Paz, caray.

***

En ese libro traducido por Paz (Sendas de Oku, FCE, 2005) encuentro una despedida justa para mí.

“Calma alerta y que nos aligera: Oku no Hosomichi es un diario de viaje que es asimismo una lección de desprendimiento. El proverbio europeo es falso; viajar no es “morir un poco” sino ejercitarse en el arte de despedirse para así, ya ligeros, aprender a recibir.

Desprendimientos: aprendizajes. “

Con esta idea emprendo un viaje sui géneris. Lo raro no será a dónde voy (el destino es lo de menos), sino, –por primera vez en varios años–, no saber bien a qué regresaré.