Diccionario Jázaro

Aún no puedo hablar del libro porque no lo he terminado de leer. Sólo puedo decir que de lejos parecía un libro más inofensivo…update…no mames, Ira, no se puede ser MÁS inofensivo, ¡escribe bien chingado! Me disculpo con quien haya recibido daño visual.

Se le veían apenas unas garritas pero es como el comercial de la margarina que todo mundo recuerda: de repente Pavic abre la boca y lo traga a uno bondadoso y desprevenido lector.

Copiaré regularmente algunos párrafos de este interesante libraco, de aquí a que lo termine, en honor a aquel lector de zoológico que prefiere ver a estos animales detrás de una zanja. (No los critico: ahora me doy cuenta que ver de lejos a los libros no significa pasar por alto su majestuosidad).

“Imagínese que dos hombres tengan cogido a un puma con dos cuerdas. Si quieren acercarse uno al otro, el puma atacará, pues los lazos se aflojan: sólo si los dos tiran al mismo tiempo, el puma quedará a la misma distancia de uno y de otro. Este es el motivo por el que el que lee y el que escribe difícilmente se acercan: entre los dos, capturado, está el pensamiento en común, atado con cuerdas que tiran en direcciones opuestas. Si ahora le preguntásemos al puma, es decir al pensamiento, cómo ve a estos dos hombres, podría responder que los seres comestibles están tirando con las cuerdas de algo que ellos no pueden comer…”

“…y obtendrá de este dccionario, al igual que de un espejo, tanto cuanto invierta en el mismo, pues de la verdad -como se apunta en una de las páginas de este léxico- no puede obtenerse más de lo que se pone.”

Milorad Pavic, Diccionario Jázaro (ejemplar femenino), Anagrama, 1989.

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Malísima memoria

¿Ser culto es igual a tener buena memoria?

Si es así, soy la persona más inculta del mundo. Mi cerebro es queso cottage de Lyncott y ni cómo hacerle.

Acabo de darme cuenta de que no puedo hablar de mis libros o cuentos favoritos porque dependo del pinche google para acordarme de los detalles.

No puede ser. Tengo que hacer algo urgente. El otro día escuché hablar a Nicolás Cabral y su erudición me acongojó toda. No sólo se da uno cuenta que ha leído todos esos libros (la mayoría de la gente habla de libros que jamás ha leído), además recuerda detalles, nombres, páginas, aaaashh.

Dentro de mí había una niñita mensa pensando “ay, pero si yo leí ese libro, pick me, pick me, yo lo leí, quiero comentarlo contigo carajo, pero no me acuerdo, nomás me quedó la sensación y uno no puede comentar sensaciones ¿o sí?”.

Si alguien tiene una técnica mnemotécnica je je efectiva, ahí le encargo.

***

Hoy quise, por ejemplo, acordarme de ese cuento de José Emilio Pacheco donde un barco llega al puerto de Veracruz, pero al pasado.

La tragedia es que no sólo estoy dudando del título del cuento, del libro en que venía, sino en la trama. ¿Sí llegaba al pasado o esa me la inventé yo?

Aggggh.

¿Dirán algo los títulos?

No importa cuántas palabras le pongas a una novela, a un texto, a un artículo, 22 mil 100 mil, hay una que proviene de las profundidades del helado mar del inconsciente y se antepone como un sino, como si te la hubieran dictado. Es esa palabra que discutimos siempre. Que le queda o no le queda, que nadie pasa por alto. Las otras 21 mil 900 pueden estar sobradas o cursis, pero a nadie parece importarle.

El título de una canción, de un libro, de una película, de una relación. (El título de una persona es su nombre y ya sabemos que “A rose is a rose is a rose”…aunque yo no estoy tan segura de que la rosa tuviera el mismo aroma si se llamara de otro modo. Concuerdo con mi amigo Ernesto: no sería así).

Todo esto porque con este pinche frío he cambiado mi oficina al cuarto de arriba. Mientras estoy en el cuarto de abajo y escribo, mis ojos se pierden a veces en los lomos de los libros. Un librero desordenado  todavía contiene restos de cultura familiar que me viajan: abajo están las colecciones de filosofía, los tratados de biología y química para mis hermanas, alguna vez interesadas en las ciencias exactas; dos o tres libros de psicología clínica de mi hermano quien a pesar de no haber estudiado la carrera, le ayudaba a pasar los exámenes a una novia y con ese conocimiento le bastaba para torturarme diciendo que mis traumas sexuales infantiles me hacían morderme las uñas a los 13 años.

Yo soy la que más ha vivido en esta casa, así que mi colección se ha ido sumando a la preexistente.  A mi casa le salen libros como sarampión mal curado.

Cuando no puedo hacer nada, cuando la concentración no me da para escribir, doy rondines y leo los títulos.

Los de mi cuarto, por ejemplo, están en tres libreritos.

No los dispuse yo, quedaron en orden aleatorio,  “por época de mi vida”.

En el más viejo está El Origen de las Especies, de Darwin, el primer libro que leí. Está también la edición ilustrada de The Lord of the Rings, junto a Agatha Christie y mi libro favorito de todos los tiempos: Tom Sawyer. Hay un tratado de Sociología general, de cuando pensé que me iba a dedicar a eso; los diálogos de Platón que he leído muchas veces y nunca he comprendido, las novelas del boom latinoamericano (Galeano, Vargas Llosa, García Márquez) y uno que otro librito de texto de idiomas. Francés, inglés, diccionarios.

En el librero que sigue está Stephen King. Octavio Paz, Bret Easton Ellis, el primer Gaiman, Poe y Rulfo. (Aunque pienso que hoy cambiaré a Rulfo de estante). ¿Qué diablos hace Pascal allí? No recuerdo cuando lo subí. Allí está Volpi, blagh. Javier Marías, Fuguet que me regaló Edgar y uno de Joe R. Lansdale que quizás pertenezca a otra época.

En el más reciente hay varias novelas gráficas, Clowes, McCloud, Gaiman, uno que amo de Historias de la guerra civil española. Allí está la novela Pilotos Infernales de mi amigo Gerardo Sifuentes que acabo de volver a hojear. Los libros de Bef a los que les doy vueltas de vez en vez. Los que me dio en prenda Ernesto de álbumes clásicos, colección 33 un tercio: en libro tengo el Doolitle, el Meat is Murder y el de los Stone Roses.

Beckett está allí también. Las comedias de Molière, los de Almadía. Vida y hechos de Rimbaud y el de Basho.

Junto a mi cama están los que leo ahora mismo: la novela gráfica Marvel 1602 y Espíritu zen de Robert Kennedy. Ah y Lejos del Noise que no he querido volver a meter a los estantes.

Si sólo me fijo en los títulos no podría decir que me ha ido mal en la vida.

Lo que quería decir con este post (y en lo que probablemente fallé estrepitósamente) era que quizás el cambio de oficina, los nuevos títulos que tengo enfrente, cambiarán también mi forma de escribir.

Vanity

En la Vanity Fair España de octubre sale un artículo de Marin Amis que toca el tema de la vanidad de refilón, mientras trata de explicarse por qué el número de atentados terroristas suicidas ha crecido de manera tan exhorbitante.

Amis advierte que en la mayoría de los casos, se trata de jovencitos-borrego y no de verdaderos fanáticos rabiosos.

Jovencitos que harían cualquier cosa por ser famosos, aun explotar.

No es igual pero se parece a lo que les ocurre a muchos miembros de la clase media mexicana, algunos de los cuales eligen el arte para llegar a tan preciado destino.

“La necesidad de causar una impresión es abrumadora, y una impresión negativa es mucho más fácil de conseguir que una positiva. En nuestra época, esto se traduce a la sed de fama. Probablemente, nadie menor de 30 años pueda comprenderlo totalmente, pero la fama se ha convertido en un tipo de religión, de opio, y ahora en el “polvo de ángel” del individuo en masa”.

…en su lectura de la psique terrorista Joseph Conrad (en El agente secreto) enfatiza persistentemente las cualidades de la vanidad y la pereza, esto es, del deseo de la máxima distinción con el mínimo esfuerzo”.

Quizás por eso hay ahora tantos libros de publicación reciente que prefiero saltarme. Siento que no son recíprocos: no se exponen, no echan carne al asador, no arriesgan piel, puro perfume. Y cuando yo leo creo estar haciendo todo eso.

***

Lo que quise articular ayer con un amigo, se encuentra escondido en alguna interlínea de este artículo. Pasa que soy bien burra para hablar (siempre me consuela ganarme la vida de escribir y no de hacer locución), así que luego llego a mi casa y me doy de topes en las paredes porque sé que no pude comunicar lo que pensaba realmente.

Jueves de extrospección

La realidad anda pegadora.

Hoy nos amanecimos con que nuestro Carlitos Slim (de casi 70 años ya, chiquillo) adquirió una participación nada despreciable de acciones en el diario The New York Times. Lo que uno se pregunta es: ¿como pá qué? Nunca subestime ud. la vanidad de un millonario. Igual quiere formar opinión, un legado. Vaya ud a saber qué pretende.

***

Ya no sabe uno. La onda de la violencia y la contra violencia es un tema delicado. Recibo al menos un mail al día avisándome que “no me pare en los retenes de la ciudad porque son falsos”, que “no me oponga al asalto con pistola porque me pueden matar” (daaaa!) “que no me ponga al brinco porque estos son los malos y aquí no hay ley”.

Otros mails tratan el delicado contrapunto al tema de la seguridad: hablan del estado de excepción (aquí el fragmento de uno muy sesudo, de Salvador Rivera):

Un señor de nombre Giorgio y apellido Agamben asegura que: en la casi totalidad de las así llamadas “democracias occidentales” , la declaración formal de Estado de Excepción ha sido sustituida por una generalización sin precedentes del paradigma de la “Seguridad”. Desde esta lógica el clamor de “Más Seguridad” debería ser re-codificado entonces, en su contenido auténtico, es su acepción original: “¡Impongamos Estado de Excepción!” (véase, por ejemplo, el articulo de Néstor de Buen: “¿Guerra Civil?” en La Jornada del 31 de agosto, 2008) . Cuando Marcelo Ebrard, Ulises Ruiz, Mario Marín…y Felipe Calderón ponen en el centro de sus respectivos programas y acciones de gobierno la expansión de los dispositivos policíacos, lo que en realidad hacen no es, desde luego, procurar el bienestar común
por conducto de la consagración del Derecho sino que, por el contrario, suspender toda normatividad jurídica con el objeto de aplicar La Ley . Pero ¿Qué Ley es ésta que pretende ser aplicada por conducto, precisamente, de su propia suspensión?: Esta Ley es La Ley de la Necesidad… La ley que asegure la acumulación capitalista agran escala por medio de la violencia extra-legal.

La cosa se está poniendo de la chingada, pues.

***

Y hablando de estados de excepción, por otro lado estalla el asunto de las becas del Fonca, un escándalo que llega con algunos sexenios de atraso porque desde que yo recuerdo, las cosas siempre han sido así: es más fácil que te la den si conoces a uno o varios de los jurados. No importan mucho tus credenciales creativas, tu trayectoria o la seriedad ante tu propia obra; importa que te ubiquen. Así ocurre también en Imcine, en Conacyt y  en cualquier otra instancia culturosa mexicana: somos profundamente príistas, estamos acostumbrados a charolear. El tráfico de influencia es nuestra onda, lo mamamos a edades tempranas.

Yo tomé clases de dramaturgia con la ahora letra-escarlateada Ximena Escalante. No podría hablar mal de ella: recuerdo su generosidad con los integrantes del Laboratorio. La conozco y sé que este desmadre se lo va a sacudir del hombro como pelusita. Una vez le dije que era la soberbia con patas. Y lo es. Supongo que estará en su casa pensando de qué forma ‘no los va a pelar’. Hijoos, ess el diablo esa mujer.

Lo que pasa es que a Ximena nadie le puede decir que vive de ser jurado o de hacer gestión política: es creadora en activo con una o dos obras estrenadas cada año desde hace al menos tres y eso tiene que valer de algo. No puedo decir lo mismo de todos los jurados.

Eso no significa que el escandalito es en vano. La única forma en que el Fonca y en todos los demás culturo-providers practique algo parecido a la transparencia es a periodicazos (somos priístas, qué se le va a hacer).

Pero aquí creo indispensable dejar de echarle tierra a las personas envueltas en estos abismos de libertad montessori donde nadie sabe y nadie supo y buscar que la dependencia plante bases de transparencia para que esto no siga ocurriendo.

Ahorita saltaron los dramaturgos (que soon, hijos del diablo…tooodos) pero igual podrían hacerlo los novelistas y hasta los de lenguas indígenas. En todos los ramos está igual.

*Aclaro que nunca fui jóvena-creadora aunque respeto a todo aquél que sí lo fue. Ocurrió que yo nunca encontré el tiempo para  postular. Sentía que la precariedad económica (en mi caso particular) no se podía paliar con ‘una bequita’. Pensaba ‘se termina la beca ¿y lueeego?’ Preferí hacerme de un oficio on the side y esas cosas. No sé si me arrepiento… Lo que sé es que una vez que te la dan, como a mi amigo Ernesto y te mandan a vivir al segundo lugar más caro del mundo, declarar que no te la renuevan por “falta de trascendencia” (trascendencia que ellos confirmaron tan solo un par de años atrás) es, al menos, una hijodeputez.

Si ella no puede nadie podrá

Hablo de la literatura.

Ayer me fui a la cama pensando lo de siempre: el camino más largo, pero más exquisito para llegar a donde necesito es la literatura.

Esta máquina anónima de la memoria humana -entendida como un todo, suma de las partes, sin importar cuántos libros inservibles haya uno leído, sin importar también quién haya firmado esos libros- ofrece la más potente salvación.

Ni la religión ni el psicoanálisis (y miren que últimamente soy fan de la última) son capaces de hacer que tu lavadora interna centrifugue con tal espectacularidad. Y es que cuando uno lee un libro no abreva sólo del que tiene en las manos: cuando lees un libro estás leyendo todos, todos los que has leído y los que leyó el autor al escribirlo.

La vedadera evolución de tu memoria, incluso de tu memoria corporal, se detiene cuando dejas de leer y avanza exactamente desde el punto en que la habías dejado cuando vuelves a tomar un libro.

Powerful those little thingies.

Y eso que todavía no llego a lo que puede hacer un libro por la realidad. Hace un momento, en mi lectura matutina de blogs saludé a Bef, quien últimamente ‘blande’ su blog como exquisita arma contra la ignorancia.

En su más reciente post, discute aquella falacia de que la Ciencia Ficción es un género muerto. ¿De qué hablan cánones, acaso no han echado un vistazo a la cartelera cinematográfica ultimamente?

Jeez.

Concuerdo completamente con Bef en aquel señalamiento (enorme, punk y lapidario por cierto, I’m certainly impressed):

“Y es que estoy convencido de que si el estado totalitario que vislumbraba Orwell en 1984 no existió nunca se debió, en parte, a la propia existencia del libro“.

Termina su post con una frase hermosísima, que he tenido la suerte de oírle en viva voz:

“El futuro no será de nadie. Pero alguien tendrá que soñarlo”.

So, let’s.

Yo sí soy leyenda

…al menos me digné leer el libro de Richard Matheson.

Lo que no entiendo es para qué se molestaron en pagar los derechos para ponerle el mismo título.

Tampoco me esperaba gran cosa. Digo, sale Will Smith.

Fue raro porque además me tocó sentarme junto a Lyn May. 051222_lyn_3.jpg

Me hizo la noche. Esa señora de pómulos como una telera hablaba bajito y preguntaba todo el plot. Que por qué hizo esto y por qué no hizo aquello. Ayyy qué tonto.

Soy leyenda, soy leyenda. Voy al cine con pura celebridá.

De la peli lo único interesante fue comprobar el predecible resultado del viejo experimento (no sé si tan posmoderno), ese que que tanto éxito le ha cosechado a directores como Tarantino: la copia de la copia de la copia de un original del que ya no queda nada.

Como estudio semiótico es una joyita.

Como estudio del la correcta factura de un guión cinematográfico también resulta ejemplar…

Ayer aprendí por ejemplo:

-que no importa cuántas personas YA NO existan en el mundo, la electricidad la genera dios, chingao, y dios pus ni modo que no trabaje.
-que cuando las dos llantas traseras de tu troca ya tocan el aire en un precipicio todavía es posible jugar arrancones.
-que una mujer sola de 50 kilos puede burlar a 20 zombies rabiosos y sacar a Will Smith (que debe andar por los 2 metros y los 90 kilos) de un auto volcado en menos de dos segundos.
-que cuando llevas tres años sin ver un alma te preocupa muchísimo que toda tu ropa combine, esté planchadita y limpia, pus ni modos de tirarse al caño.
-que Mustang paga muy bien el product placement.
-que seguramente Blockbuster no invierte en esas tarugadas.
-que cuando el mundo se termine y nomás queden los gringos previsores, en el ‘fuerte’ (una especie de comunidad “Volvamos a empezar”) te vas a soplar, quieras o no, la santísima trinidad: un par de soldados cuidando las fronteras, una bandera gringa y una pinches campanas de iglesia protestante anglicana al mediodía.

Igual te valía más quedarte a probar suerte con los zombies.

En fin.

Mejor dirija usted sus esfuerzos cinematográficos en ver El Orfanato que es la neta.

***
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Ahora bien, si su onda es el revisionismo, hay que ver The Omega Man y Last Man on Earth, nomás para clavarnos en eso de la copia de la copia de la copia de la copia que ya nada tiene que ver con esa bellísima novela originaria.

Facebook vs. Blogger

Mi hermana me tira una oveja.
Rafa pide que me conteste una pregunta, siempre cerca del Noise.
Andrei no tiene sus tres palabras, pero ya las va a poner. En realidad tiene más de tres, pero le gusta decir que no.
El Felipe tira netas y novias.
Raquel pregunta si falso o verdadero.
Mauricio quiere que le diga una verdad en su face.
Betty me manda un tatuaje.
Rebeka pregunta por qué.
Hugo manda chelas.
Guillermo me guiña un ojo.
Kevin me llama bonita.
Rose me enseña fotos de la boda.
Alberto me invita a terminar su historia.
Noé insiste en que el teatro es una buena causa.
Erick me quiere mordisquear de vampirito.
Pablo quiere jugar piedra papel y tijera.
Alguien, uno que no conozco pero que me dio no sé qué negarle la autorización, vuelve a arreglar las letras de mi refrigerador virtual.

El Facebook me tiene muy entretenida.

…mientras tanto, el blog espera que le diga cosas y yo le digo, pero como ahora empiezo a hablar en Superpokes no me entiende.


El jueves fui a la presentación del libro Vilamatas Portátil en la Casa Refugio Pico de Orizaba.
Por tonta quizás o por ingenua, pienso que se trató de un asunto de vida o muerte: hablar de literatura. La presentación de un libro solía ser todo un evento y ahora, la mayoría de las veces, es una reunión valorativa: quién es quién y de qué lado masca la iguana.

Pero este, por alguna razón, parecía distinto. Aunque Christopher Domínguez hizo lo suyo cuando empezó su comentario con: “Yo fui la primera persona que leyó a Vila-Matas o al menos la primera que le hizo una crítica en México y adivino que en Latinoamérica”, lo que siguió fue una charla que se alejó de la ‘personalidad’ del escritor y habló, por fin, del libro. Cosa rara en este tipo de presentaciones, huelga decir.

Allí estaba Juan Villoro con su sonrisa del Colegio Alemán. Habló dos segundos conmigo. Le pude decir que lo admiro. Me hizo feliz.

Andrei y yo volvimos a dejar(nos) claro que el blog era un género único y difícil de domar.
Decíamos que aquél que abra un blog en 2008 tendrá muchos problemas para darle una posición y que aquél que lo mantenga limpito, interesante por una decada (con la condición de haberlo empezado hace por lo menos dos años) se convertirá en una especie de héroe. Hagan sus apuestas.

(Aquél a quien no lo haya atrapado antes un hijo, un matrimonio, un divorcio, una novela, un largometraje, un Alzheimer o el puritito síndrome del adulto contemporáneo).

Yo me imaginé un futuro cercano en el que hubiera un gran crítico de blogs, tipo Christopher de la republiquita de las letras mexicanas, pero del blogspot.

No puedo creer lo nerd que soy.

Ayer me encontré a Juan Carlos Reyna en el Tower Records. Lo saludé con mucho cariño, aunque sólo lo he visto una vez, 45 minutos.

Después de ver lo que sentí al ver a Rafa Saavedra y a chelear con Omar Pimienta empiezo a pensar Tijuana put a spell on me. No vayan allá o una parte del alma se les quedará en la línea irremediablemente.

Pinchi Tijuana. Me caes a toda madre.

Salta salta salta

Cierre usté sus ventanas, bájele a la radio y saque al marido(a) del cuarto. Un momento de soledad hace este video más disfrutable.

Una cámara borracha capta a dos latinoamericanos en la India mientras tienen una regresión a sus años de primaria. Lo casual del evento, el desparpajo, la falta de intención en el camarógrafo, todo confabula para hacernos sentir que miramos algo privado, levemente bochornoso y es mucho mejor cuando se trata de dos escritores cuya diplomacia y corrección (más de ya sabemos quién que del otro) cruzaron todos sus actos en vida.

Brincan, saltan, se divierten, se acomodan el cabello, están pintados de rojo, se ríen sin el menor asomo de pudor. Se trata del buen Julio Cortázar y el buen je je Octavio Paz.

No se me habría ocurrido ponerles ‘el buen’ antes, pero no hay nada que me haga tenerle más confianza a alguien que verlo divertirse como un niño.

Si usté es de los que a)le prenden velitas a don Julio y se saben su ‘beso’ de memoria b) consideran que Paz encarnaba el mismísimo demonio del salinismo antes que el propio Salinas o c)alguna de las opciones extrañamente invertidas, no importa. Véalos, enternézcase, piense en los hombres, (no en los escritores) y dígame si saltar no es uno de los actos más liberadores que haya ideado el cuerpo humano.

Después de ver este video sólo pude pensar:

“La función más encomiable del arte es proveer consuelo”.

Seguro alguien más inteligente que yo ya lo había dicho. Si alguien tiene el dato de un teórico del consuelo, ahí me dice. (NO es ironía, nomás ignorancia).

Acá se puede leer al listo pero harto mamila del Guillermo Sheridan en su Minutario sobre el video.

Crueldad

Pocas cosas tan crueles como una noche poblada de mosquitos.

Debe haber al menos igual número de textos dedicados al tormento-mosquito que a las guerras. Sobre el desvelo-por-animal-zumbante se me ocurren al menos dos:

El buenísimaonda… /Pican, pican los mosquitos, / pican con gran disimulo, /unos pican en la cara /y otros pican en el cu… hasta Mosquitoes, la segunda novela de Faulkner.

Creo que nunca terminaremos de preguntar exactamente qué parte del plan maestro universal cumplen los cabrones moscos. Para esto está la literatura, creo. Para saber qué parte del plan maestro cumplimos todos o qué parte pensamos que cumplimos, porque, después de muchos libros, uno acaba por preguntarse ¿cuál plan maestro? ¡He sido engañado como un chino!

Y como mosquito zumbante que ya picó, el pensamiento vuelve a detenerse, da una vuelta con la panza cargada de sangre, ¿y si los dichos contra chinos forman parte de ese plan maestro? ¿Y si el mosquito me fue enviado por el hacedor del plan maestro para escribir sobre él?

En fin.  Algún sesudo estudiante de letras ya habrá hecho una antología. Seguro Harold Bloom le dedicó un año a este tema, suena probable.

***
Por la mañana escuché en el radio a una pobre chamaca de 19 años a la que el novio había botado el día anterior, tenía gripa y para colmo, los pinches moscos le habían picado toda la cara.

Hinchada, botada, cuerpo cortado, desvelada, triste y mocosita. Mendigando canciones a los locutores más mamones que ha dado este país.

¡No sean manchados, pónganle su canción de Porter!

Me dieron ganas de abrazarla fuerte.