Fiebre

Tengo una extraña fiebre de imágenes. No puedo pensar en letras, leeeeetraaaas, la palabra leeetras, por ejemplo, se me convierte en un animal, una cabra que salta, que saaaltRA tra tra, salta. Es un animal salvaje que golpea a la siguiente palabra.

La sobredosis de cine y caminatas últimamente me ponen en guardia: quizás ya nunca más pueda escribir, quizás tengo que sacar fotos o pintar o volverme una de esas máquinas viejas que proyectaban diapositivas. Tacatá, tacatá, tacatá.

El bosquecito de la Unam, por ejemplo, es para darse un atracón de imágenes… tacatá, tacatá.

Como lo importante no es VER sino TRADUCIR, estoy maniatada, yo traduzco regularmente en palabras (ahora mismo la palabra ‘palabras’ se vuelve una parvada de cuervos blancos que se me escapa de las manos y me deja sin ellas) pero traducir a imágenes no es lo mío.

Es lo bueno de andar con un fotógrafo:

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Así se ven los grillos pre-navideños en el bosquecito de la Unam. Mejor dicho: así los ve Dante Castillo.

Hayao (o cómo le doy vueltas a un tema)

Los géneros narrativos son inherentes al relato: uno no puede ‘escoger’ el género de una historia a priori ni pretender escribir una tragedia o una pieza sin reconocer que el personaje principal ya tiene un conflicto y necesita ser contado de cierta manera. Los géneros vienen implícitos en la forma en que se nos ocurren las historias, incluso las más simples.

Las personas, como los pueblos, se cuentan a sí mismas sus propias historias. Por eso sería extraordinario que los periodistas y los políticos supieran de géneros literarios.  ¿Y si nos empezáramos a contar la historia en otro género, estaríamos tan jodidos?

Encuentro que los espacios noticiosos (mexicanos, sobre todo) casi siempre están en melodrama (el punto de vista de la víctima), desde los verbos que utilizan: “Le hizo” “Le infringió” “soporta” … Aquí hay varios ejemplos:

“Imposible evaluar a policías”.-melodrama (el protagonista, un tal secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública Tello Peón está encerrado en la mazmorra de un gran castillo, tiene las manos atadas y no hay nada que él pueda hacer).

“México ruega a laboratorios que adelanten vacunas”.- melodrama (el protagonista es un país también encerrado en la mazmorra, ay pobrecito, de veras, ruega, ruega, ruega porque cuando tuvo presupuesto, el Rapunzelito no invirtió en ciencia). Melodrama…que siga rogando pues hasta que llegue el príncipe de las farmacéuticas con su espadita y nos la meta donde nos quepa.

“Exigen más seguridad en Metro”.-melodrama… ésta en particular es un poquito más difícil de distinguir, pues “exigir” es un verbo que no remite a la sumisión, pero si lo analizamos bien, el discurso es el de unos niñitos enfadados, indignados (los ciudadanos) que sacan su corajito pateando una puerta que saben 1. nunca les abrirá 2. no sabrían qué hacer si les abrieran. Puro melodrama, pues.

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Me encanta pensar en qué genero amanezco y en qué género están los países, las calles y las personas que me gustan. Tengo una debilidad por la gente que anda permanentemente en Pieza (se le llama pieza a la tragedia moderna, en la que el personaje principal se queda inmóvil, se petrifica ante la felicidad) quizás porque yo soy igual. Por un desatino admiro también a los héroes trágicos de a devis, esos seres feos que destruyen lo que aman.

A veces se me antoja vivir en una tragicomedia y que a mi alrededor haya más héroes positivos, gente que luche contra los monstruos marinos como Homero y regrese a contarme la historia.  A veces por supuesto, se me antoja más ser Homero.

No quiero sonar determinista pero así como el escritor no escoge en qué género se narra esa particular historia, creo que es complicadísimo  librarse de narrar la propia desde una cultura y una tradición, (¿una nacionalidad?); me temo que las historias que me cuento muchas veces están en melodrama. Las propias y las ajenas. Cuando trato de explicarme por qué pasan esas cosas, como la balacera del Metro o el sistema educativo en Guadalajara donde de plano ya les borraron los penes y las vaginas a las figuras anatómicas. Busco una respuesta y siempre está en pinche melodrama. “Así es. Ni modo. Pinche país. Exigimos otra cosa. Ríete de ello. Jo jo, ya viene la puta navidad, jo jo. Estamos de la chingada, pero vistes qué bonito iluminaron el Zócalo?”

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En este ánimo semi-determinista por el que ya me mentarán la madre, queridos tazistas, me parece lógico que el imperio donde todo es posible, la tierra del sueño americano, allí donde “hasta cuando pierden ganan” tengan esa forma de narrar una historia en la que el protagonista aprende algo. El cine gringo que tanto disfrutamos está escrito en tragicomedia; está visto desde el héroe que recorre un camino real, espiritual o emocional para regresar fortalecido. Vamos, hasta las comedias románticas son así –el adolescente siempre acaba su rito iniciatorio cogido y feliz–.

Y toooooodo este chorizo porque yo quería hablar de Hayao Miyazaki y cómo se las arregla para alimentar el género de la tragicomedia en El Castillo Vagabundo. En efecto, se trata del recorrido emocional y físico de una adolescente enamorada, el fantasma de la guerra, la develación de los misterios finales de todos los personajes y su transformación a algo mejor; cualquier gringo puede hacer esto muy emocionante.

La clave está en cómo pinta Miyazaki a los enemigos. La bruja que le lanza el hechizo a la protagonista, Sophie, por ejemplo, termina siendo una especie de maestra involuntaria.

En la tragicomedia gringa clásica, los enemigos acaban destruyéndose ellos mismos por un vicio o por una falla estructural: muertos, finitos, jodidos, vilipendiados, asesinados aunque sea a nivel simbólico.

En El Castillo Vagabundo a la bruja le acaban dando de comer en la boca. Se le entienden sus cochinadas porque, vamos, ¿nadie esperaba de una bruja que fuera buena, o sí?

Aunque la lógica de este japonés es la del héroe ganador, siempre contempla los matices. Hay espacio en su ‘ganar’ para los demás, aunque no sean parte de la planilla heróica.

Ay Hayao Miyazaki, cómo se te va a extrañar en este mundo cuando faltes.

Música política

Debido a un bache de tiempo en el que se le salió el aceite de la dirección a mi vida (calculo unos 8 años perdidos entre corazones rotos, duelos varios y solipsismo desmedido) a pesar de que intuyo muchas cosas, casi nunca puedo articular metódica y racionalmente lo que pienso.

El hecho es que lo pienso y voy a intentar lanzar una hipótesis: que los grupitos de estudiantes acostados en los jardines de la UNAM sigan escuchando  a los Fabulosos Cadillacs, Molotov y Los Héroes del Silencio es síntoma de un rezago socioeconómico, una avenida de ida y vuelta hacia un menor acceso a la información, incluso en esta supuesta democracia del MP3 downloadeable y el disco pirata.

Mentimos al generalizar ‘¡pero si ahora todo el mundo oye lo que quiere por internet!’

¿Qué hacen estos niños oyendo eso tan viejo? Si se tratara de una moda revisionista podrían igual estar interesados, qué sé yo, en los Beach Boys o en Agustín Lara.

No es eso. No oyen cualquier cosa. Oyen bandas semi-rockeras, pseudo contestatarias (algunos hasta trova, pues, que ya es exceso), grupos de hace 15 o 20 años que nunca fueron muy buenos pero que hace 15 años al menos eran la novedá.

Mientras tanto, los hijos de los empresarios y políticos se atiborran de indie en Ibero90.9 y ‘descubren’ un grupo nuevo cada tres días (no se pierden Jobo Novo, pues). “Escucha esto, es súper desconocido güey, son como TV on the Radio cuando todavía eran buenos güeeeey” …es decir hace dos meses.

Este es justo el vicio contrario, insulsos ambos, casi se tocan de tan similares.

El caso es que los dos fenómenos -el de la nostalgia sensiblera que no cambia de grupo favorito y el de ‘todo debe ser nuevo y medio desconocido o ya no es cool- responden a roles sociales opuestos.

Aventuro: el empleado y el empleador.

¿Los gustos en la música marcarán diferencias cuando ambos estudiantes quieran acceder a un puesto de trabajo?

Después de todo, arte también es información.

Y ya embarrándome bien, (por qué no chingao, si el derecho que mejor ejerzo es el derecho a cagarla), ¿no será que ningún gusto es inocente? ¿No será que algunas obras de arte que apreciamos, no todas, vamos, pero algunas, no serán inducidas también, copiadas, aspiracionales, vehículos para perpetuar el status quo, vehículos de poder?

No sé si estoy observando de más o haciéndome demasiadas preguntas.

It’s a dirty job, but someone’s gotta do it.

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Si aceptamos la hipótesis anterior (o su espíritu, vamos) tenemos como corolario 1 que:

Aquellos exquisitos que juzgan a los otros por sus gustos, que se la pasan gritando a los cuatro vientos cuán malos son todos los grupos y que maten a los fans de no-sé-quién y que prohiban los discos de no-sé-qué, no son más que unos inseguros ham-burguesitos come-uñas queriendo reivindicar/inflar/esconder la clase sociocultural a la que pertenecen desde que nacieron.

SOMOS, quise decir.

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No tiene que ver con nada, pero creo que mis caminatas por los jardines de la Facultad son el medicamento que tomo ahora en dosis pequeñas y constantes para apartarme de los baches de tiempo.

Es un medicamento lento, pero eficaz.

Mr. Grieves na na na na hope everything is alright

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Es más fácil verlo cuando pegan las fotos de los muertos en una pared.

Lo que sigue son fotos de mi visita al Newseum en Washington, donde estaba de cursi y lloré en cada uno de los pisos.

Salía de una sala y pensaba “ya por dios, qué vergüenza, límpiate las lágrimas” y nomás no podía. Las historias detrás de las historias, las historias de periodistas haciendo su chamba son conmovedoras. Justo allí me pienso no-periodista, me pienso dolorosamente entretenedora, me muerdo las uñas y me pregunto si alguna vez sería capaz de ponerme en riesgo. Ahora lo único que arriesgo son adjetivos. No puedo evitar sentirme una gallina, una gallina con un aviso futuro…

you can run on for a long time, sooner or later god’s gonna cut you down, decía Johnny Cash.

Y luego llega uno al memorial de los asesinados y no hay más que contar la incidencia de la palabra “México” con letras bien claritas para darse cuenta que en este país nos cuentan mucho menos de lo que realmente ocurre. ¿Será que no nos cuentan, Ira? ¿Será que nosotros no nos tomamos la molestia de preguntar? Ni le buigas compadre, no vaya a ser que nos toque también a nosotros.

A quien se lo menciono me mira con descreimiento: en 2006 la organización Reporteros sin Fronteras reportaba que era más peligroso ser periodista en México que en Irak.

Hoy, el listado de abusos al periodista más largo en el sitio electrónico de Reporteros Sin Fronteras tiene las mismas letritas: “México”. A veces uno ya no sabe qué significan esas letras. ¿Es un país, una sucursal, un llano de tiro libre, un búnker? ¿Qué mierdas es esto?

En el sitio de RSF hay esperanzadores encabezados como los siguientes:

-El Fiscal Especial excluye que el asesinato de dos periodistas comunitarias en Oaxaca tenga alguna relación con la profesión

-Secuestran y torturan durante doce horas a periodista de Noticias de Oaxaca

Casos Brad Will y Roberto Mora : “Las autoridades federales se empeñan en permitir la impunidad”, según Reporteros sin Fronteras

Asesinado en el Estado de Tabasco un periodista radiofónico en lucha contra el crimen organizado

-Asesinado un periodista en el Estado de Chihuahua, en un contexto de violencia generalizada

-Agredido en la redacción el subdirector de un diario de Nayarit; un periodista chihuahuense obligado a exiliarse

El director de un semanario de Veracruz sale ileso de un atentado a disparos; un colega de un diario de Tabasco recibe una cabeza cortada

Caso Lydia Cacho: la justicia del Estado de Quintana Roo se niega a dictar las órdenes de detención de los principales sospechosos

Todos fechados los últimos seis meses.

Chingado, me pone hiper sensible hablar de periodistas muertos.

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Acá unas fotos del memorial en Washington:

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Y aquí cinco paginitas nomás con el conteo de periodistas mexicanos ‘oficiales’ muertos on duty.

Chale.

Los días, los motivos

Ahora debo escribir una carta de motivos. Redactar bien, enganchar al académico que leerá las primeras dos líneas, un par de enmedio, las del final. Hacerle una especie de ‘cht, cht’ en la voluntad, ‘ei, acá, acá fíjate en mí, soy elegible, soy lo que buscas’…zip zap zoe, sea el alma de las fiestas, decía la Pantera Rosa.

Aquél que pueda escribir una buena carta de motivos, creo que puede con una novela. Es el mismo principio, nomás que las nachas duelen más.

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Dice Vila-Matas en una entrada de su Dietario Voluble: “A veces, el humor se revela como el único sentido del universo”.

El universo hace cosas graciosas como dejarte sin dinero para comprar pan mientras te asigna un trabajo de reportar el estado de los pastelitos de frambuesa.

O te da una intuición de miedo para casi todo pero no te da disciplina para ejecutar.

Sentidazo del humor, pues.

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DC, as in DC Washington, as in DC Comics, as in Batman, as in I’m Batman, as in I miss my happy self, as in I have a mask that covers up my ophanhood, as in I miss you bastards a lot, as in don’t you think it’s been enough? DC as in Driving Cars, as in Dying Cars, as in Dios Castiga, as in Damage Control, as in Don’t Care, as in Dionisios Celebra, as in one of these days I’ll just be Bruce Wayne and leave everything behind me.

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This time tomorrow. Qué sanquintín esto de viajar. A esta hora mañana ya estaré sentada en las piernas de Lincoln, como la Lisa Simpson que siempre quise ser.

G navegador

Encontré la palabra gnosis como “el conocimiento introspectivo de lo divino”. La busqué porque a Yépez le encanta que uno lea sus escritos con diccionario en mano.

“Nosotros los gnósticos dejaremos atrás la literatura como tal. Esta parvada apócrifa que somos extremará su tangente, hasta abismarnos en lo desconocido: un saber que aún no poseemos, que es ya la única meta real de la escritura: descubrir o construir –verbos inesenciales mientras haya acto drástico– un conocimiento nuevo.

No saber qué sigue será la señal…

La gnovela es gnosis. La gnovela es la búsqueda del total poder creativo; que ordinariamente se encuentra dividido.”

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No saber qué sigue en mi novela me tiene muy ocupada. Estoy descubriendo un placer contradictorio: mientras escribo busco la forma de romperle la madre a todo lo que había escrito antes.

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Narrativa de navegador:

(Abrí Firefox. Pestaña 1 Gmail-Inbox-usted tiene 2 nuevos mensajes, pestaña 2 wordpress Si alguien corta tu oreja, pestaña 3 Demiurgo – wikipedia, pestaña 4 licuadora.jpg, pestaña 5 discernimiento, pestaña 6 Gnosis – wikipedia).

Escondido en los intersticios de estas pestañas hay un relato corto que quiero escribir ahora mismo. Espero que sea el primer relato inspirado en en los tabs del navegador Firefox.

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Por fin regresé a mí. Por fin volví de Oaxaca. Me tomó varios métodos combinados: música y café en el suelo de mi cuarto un día; acuarelas y plumones al siguiente día y hoy, por fin, dibujitos.

With all your power

Un síntoma de morir con éxito sería encontrarme en el lecho de muerte leyendo y riendo en silencio de mis pecados de juventud. Si algún día me toca esperar la muerte en una cama hecha toda una viejita pachiche, me gustaría que me acompañara un libro lleno de antiguas recetas de cocina y listas de situaciones que no quisiera olvidar. Estas son las primeras entradas para ese libro:

Momentos en que reviví una infancia llena de globos y confetti, con alberca de hule espuma y muchos amigos, un infancia que nunca tuve:

-los 5 minutos iniciales del concierto de los Flaming Lips, en el Motorokr 2008.

Algunos placeres no reconocidos:

-ir a un concierto y llorar en agridulce complicidad con el desconocido de junto. Limpiarnos las lágrimas mientras cae más confetti y sonreirnos al terminar la canción.

Cosas que quizás debí preguntarme más seguido:

with all your power, what would you do?

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El concierto de ayer sigue provocando suspiros en mi pobrecito tórax adolorido. Me metí un poco al slam, calculando el tiempo que pasará para que sea demasiado tarde para volver a realizar esta actividad que me parece un poco idiota pero que me divierte horrores. Aún no lo sé.

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Tres hombres ultra atractivos para casi todas las mujeres que ayer coreaban todo en perfecto inglés (¿soy yo o la raza casi no washawasheaba?) en el Foro Sol –Wayne Coyne, Scott Weiland y Trent Reznor– confirmaron la teoria evolutiva esa de que, si pudiéramos, escogeríamos con un rock star any given time.

Un par de brassieres volaron hacia el escenario sin que ya nadie les pusiera atención.

Pensaba en qué distintos tipos de hombre estos tres cantantes.

Weiland es ultra sexy. El junkie con quien las mujeres quieren secretamente perderse a sí mismas y volverse putas (que no les mientan, todas lo han deseado alguna vez).

Reznor ese con quien coges riquísimo, educada e indefinidamente, vas a fiestas superultrahifiplus y te aguantas los celos pues todas tus amigas quieren con él.

Coyne en cambio es ese con quien puedes hablar todo el día de tonterías y de cosas importantes; el que te cuenta chistes tontos de los que acabas riendo inexplicablemente y con quien los silencios (donde uno ordena sus discos y el otro teclea alguna estupidez en la computadora) te llenan de emoción. Ir al súper y tener sexo con él es divertidísimo aunque la mayoría de las veces no puedas determinar la diferencia entre una y otra actividad.

Huelga decir que yo soy mujer tipo Coyne.

Ah, por cierto, este post debe leerse mientras se escucha esta canción:

Encierro

Otra de domingo: tratar de imaginar un encierro prolongado sin material de lectura.

Por eso me propongo aprenderme un texto de memoria. Como si viviera en Farenheit 451, donde un libro pudiera salvarme de la inopia. Cuando paso algún tiempo sin leer puedo empezar a ver cualidades literarias en las cajas de cereal. No quiero estar tan sola el día que me quede encerrada. Quiero saberme algo.

Trato de pensar en un texto no tan largo, benevolente a mi cerebro de queso maduro y poroso. Algo que me regresara la fé (quizás, uno nunca sabe) perdida en el otro. L’autre. Algo en español, pueque.

Me gustaría saberme Piedra de Sol pero “un sauce de cristal, un chopo de agua, un alto surtidor que’l viento arquea” es lo único que puedo recordar o Muerte sin Fin, del que sólo recuerdo que “¡sí, es azul! ¡tiene que ser azul! Un coagulado azul de lontananza” y eso porque hasta leer ese poema yo no sabía que lontananza era una sola palabra.

Quiero citar sin sentirme perdida El Laberinto de la ya saben qué.

De Esperando a Godot ni se diga, todos los diálogos se me hacen unas bolas horribles hasta que lo vuelvo a leer.

Pienso en otro texto, chiquito, autocontenido que pudiera salvarme la vida durante mi hipotético y apocalíptico encierro.

Un beso, ya que soy tan cursi. Un beso escrito sounds like a plan.

Así que voy a Rayuela y empiezo a leer como quien recalca tres veces sobre la misma palabra, hasta que me lo aprendo.

De “Rayuela”

Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Ujú. Ya me sé algo de memoria.

(Por si la mnemotecnia funciona más así, acá dejo la lectura del mismo texto con la voz del propio Cortázar).