Escenas de setso

En The Guardian, Nerve y el Independent Film Channel proponen recordar las mejores escenas de sexo de la historia del cine.

Lo mejor no es calentarse ante el teclado, sino pensar ¿exactamente qué hace buena una escena de sexo?

¿La edición, el contexto, la credibilidad de los actores, lo buenos que están, la música, la literalidad, la expresión llana de material inconsciente que no deberíamos estar mirando, la represión, nuestros propios espejos, nuestras propias perversiones, la habilidad del director para recordarnos cómo se siente ser animal?

Creo que ya escribí de la vez que fui con mi noviecito de la secu a ver Dirty Dancing, cuando la hormona me atrapó y casi me quito lo virgen nomás que el mentado bato era del Opus Dei (no exagero) y no quiso. Supongo que esos bailes serían mis prepúberes mejores escenas sexuales.

En mi top está  Monster’s Ball, de Marc Forster con Billy Bob Thorton y Halle Berry. Putísima qué cogida se ponen esos dos en la sala de la casa, junto a la mesita de centro.  Esa tiene el mérito de hacerme sentir toda una voyeur. La recuerdo con vergüenza, creo que hasta la boca me tapé en el cine para que no me vieran morderme los labios.

Con el magnífico Billy Bob Thorton está también Bad Santa de Terry Zwigoff (director de la versión cinematográfica de Ghost World) en donde Lauren Graham, la mamá joven en Gilmore Girls, me acaba de caer poca madre: “Fuck me Santa, Fuck me Santa, Fuck me Santa, Fuck me Santa”.

Pues eso, si se acuerdan diuna, ahí avisan.

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Dejó de vender

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Es triste. El porno es una industria en plena decadencia. Es realmente triste.

Ahora es más fácil ver videítos chafas de ‘debutants’ semiencueradas por YouTube. Los dizque ‘real people doing real stuff’, les están comiendo, ajem, el mandado.

La güera fingiendo orgasmos se ha cambiado por parejas con un webcam y sexo viejito, del que solía ser privado. No sé si alguna vez han visto una de estas transmisiones, pero son patéticas.

Ambos fingen estar super excitados, pero se conocen demasiado para estarlo. Su gran handicap es que se les nota la ternura que sólo es bella cuando se siente, no cuando se ve.

Llámenme loca, pero prefiero al hombre del cable super mamado y la imposible ama de casa enrollarse en un historia delirante, inverosímil.

Whatever happened to good old fiction?

Para que en mi vida haya realidad, prefiero que lo de la tele sigan siendo mentiras.