Renegando/Mindless good time

Ayer caí sin querer a una fiesta burlesque, organizada en el corazón de la colonia Nativitas. Me resistí a entrar todo lo que pude pues me sentí incómoda cuando vi una tribu de darketos-emos-punks-talla-cero y 18 años, pero (gracias diosito porque mis amigos  no me toman tan en serio como a veces lo hago yo) entramos.

En realidad era una especie de Babilonia-Barrio-Pobre. Me sentí como Tom Cruise en la fiesta de las mujeres encueradas de Eyes Wide Shut, nomás que sobre Calz. La Viga y Eje 6.

Hombres vestidos de mujeres, mujeres de hombres. Grupos con mohawks-retro-punk y otros, los más interesantes, con look rockabilly de los 50. Niñas de 19 en calzoncitos, quitándose las faldas rojas de can-can. Un hombre como de 50 años con chamarra de flecos y botas vaqueras, mirando. Un escuincle vestido de Pachuco y actitud de Zoot Suit. Un güey con un bozal tipo Hannibal Lecter en la puerta se me quedó viendo (casi puedo asegurar que me sonrió).

Todo indicaba que habíamos llegado a un sitio de excepción, al purgatorio o a una película de David Lynch: la luz roja, las lonjitas cheleras de las darketas que se iban encuerando, una tras otra, en la tarima central al ritmo de los Tiger Lilies, mientras alguien mezclaba música y efectos de sonido en una laptop.tetitas

Luego un grupo de rock de la colonia Escuadrón 201, morenos a rabiar y muy malos con los instrumentos, cantando en inglés. ¿Por qué en inglés? No importa, pensé. ¿Qué nomás los güeros pueden?

La fiesta entera un performance; los asistentes disfrazados de sí mismos, la casa abandonada con techos post art-decó, con escalinatas y candiles sucios de imitación; la sordidez caminando por ahí con su guadaña, lista para rebanar cabezas.

Fue la sordidez quien me mostró, ya cuando nos íbamos, una darketa casi de guardería, no tendría más de 15 años, a quien no pude evitar pedirle me dejara tomar una foto.

Estaba allí, recargada en un muro de dos colores y le pegaba una extraña luz en la corbatita tornasol que traía alrededor del cuello.

Cuando me respondió la oí gangosa, de un terrible y mal operado labio leporino o paladar hendido o god knows, con una nariz aguileña y enorme que sólo la hacían más interesante, (más un personaje y menos una niña que seguramente sufre burlas cada minuto del día).

Le pregunté cómo se llamaba. “No me vas a entender”, me contestó. Broma macabra de sus padres que le pusieron un nombre con una ’eme’ y una ‘ene’ demasiado cerca. Samanta, “saaammmnamnmnmnttta” en labio leporino mal operado.

Posó para la foto, con todo y su impedimento para hablar. Quise decirle que era sexy y que esa noche se veía hermosa. Quizás no lo supiera, quizás nunca lo va a saber, pero de verdad se veía hermosa.

Salí de allí con el corazón arrugado pero feliz de que haya lugares donde hay tantos disfrazados que la gente se entrena a ver más allá del disfraz.

Aquí algunas fotos, aunque de ninguna forma  hacen justicia a la noche de ayer:

nina-b

La niña bonita.

nino-rocka

El niño rockabilleando/vaquero-de-leningrado.

punka

La Punka.

Still

Hay cosas que tomamos por sentado de la ficción.

En las pelis estamos acostumbrados a ver contraplanos de gente que platica y a interpretar fácilmente lo que no están diciendo, como lo hacemos en la vida real.

Close-up de protagonista 1 que baja un poco la mirada, Big close-up de los labios de protagonista 2, contraplano del primero ladeando la cabeza.

There you go. No hemos dicho nada y allí tenemos ya una escena de tensión sexual. Escena di amor, para los menos avezados. Nomás le añadimos un soundtrack en el que cante Damien Rice y ya estuvo. Hasta poesía y contención, todo en tres planitos babosos.

Y está bien; esas son las ‘palabras’, las unidades lingüísiticas de una cinta. Nomás creo que en el cine, con tanta palomita y sufrimiento por las patadas del de atrás, se nos olvida cuestionar. Analizamos palabras, no frases completas.

Si pensáramos en los significados de las frases, habría menos directores ‘de culto’, elevados hasta allá por nuestra propia güeva semiótica, si se me permite el barbarismo.

Lamento que muchos directores no se detengan un poco a pensar si estos planos…cada plano, se puede usar de una forma distinta. Lamento que no revisen las frases completas, sobre todo.

***

Par exemple, ayer en Rockanrolla, de Guy Ritchie se me ocurrió que este hombre usa el estilo para enmascarar sus fobias. (El estilo es como el sabor a chocolate: te pueden meter una buena dosis de cualquier cosa y ni cuenta te das).

Creo que el pobre Ritchie esconde una  misoginia baratona. Además de un leve miedo al padre y a la patria, que en Londres debe ser casi lo mismo, methinks. Y no, no se le perdona nomás por con quien se casó… cada quién se busca sus propios karmas.

Rockanrolla es una de esas pelis de asaltos y robos chistosones con un reparto testosterónico, en donde la única mujer es hiperflaca, amargada y llena de obsesiones ‘masculinas’. Quiere cojerse al escocés y se lo coje. Quiere dinero y lo tiene porque es muy listilla con los números. Pero se le castiga, el autor la castiga, con una nula capacidad para disfrutar de la vida, como por ejemplo sí se la da al escocés. Es como si Ritchie quisiera decirnos: “estas perras tienen todo, pueden aspirar a lo que era sólo de los hombres, pero miren nomás cómo lo pagan…jaja”. Ash, güeva.

Las otras mujeres que aparecen en la película son dos putas-tabledancers a las que, como si fueran perritos, se les pide que dejen la mesa porque “van a hablar cosas importantes, cosas de mafiosos”. “A ver lindas, ahuequen el ala porque ahora vamos a hablar los mayores”.

Me pregunto cuántas veces veremos una escena igualita, idéntica antes de despertar de nuestra inmunidad y reflexionar en su muy soslayada misoginia.

No es para abrirse las venas tampoco, pero ¿no sería extraordinario que algún día en una peli las putas nomás no se levantaran de la mesa? ¿O que fueran mujeres las que pidieran a sus escorts masculinos que las dejaran solas? Digo, just for a change. Tampoco se trata de intercambiar papeles a lo idiota.

El problema no es tener traumas y fobias, el problema es usar películas de robos chistosones para perpetuarlas sin profundizar en ellas.

Es más, el problema no es ni siquiera ser misógino (después de todo, estoy segura de que despreciar a la mitad de la población mundial debe tener un precio cotidiano muy alto), el problema es que glamorizar perpetúa, de alguna manera.

¿O ya me clavé mucho? je.

Más frases

Advertencia: este es un post pacheco, si ud. está muy en sintonía con que la realidad es la onda, mejor ni lo lea.

Tal vez uno es lo que logra retener en la memoria de todo lo que se oye diariamente.

En franco uso de mi libertad –es una estupidez, really– ayer me metí al cine sola, pasadas las 11 de la noche, atascada que soy, a ver Vicky Cristina Barcelona por tercera, ejem, segunda vez. (…me siento como Al Pacino en Scarface, con toda la coca en la mesa y yo esnifando hasta sangrar. Lo mío es un vicio, no tengo duda).

Pero el vicio tiene una razón de ser, o eso quiero pensar: a veces cuando voy sola al cine me dejo tocar, realmente tocar por las películas. Esta vez mi memoria de queso cottage se quedó con algunas líneas:

“Let us say thank you for all the beautiful moments, and let us say goodbye with love and respect”. (Bardem, al despedirse de su amor tripartita…no sé si la estoy refraseado, así se me quedó pues).

“We’re meant for each other and not meant for each other. It’s a contradiction. Only a poet like my father can understand it, because I can’t. ” (Bardem, tratando de explicarse por qué no puede estar con la mujer que ama).

Luego venía  en el auto disfrutando el par de cds que me grabé para el tráfico decembrino. Al playlist le puse “Ardillita mañanera 1 y 2”, quería referirme al dulce dolor (ardor) que me produce la belleza del sol de invierno. Amo el sol frío, me recuerda los domingos de chilaquiles y las visitas en mi casa; me recuerda cuando aprendí a tirarme al piso con mis gatos, me recuerda mis primeros días de soledad creativa preadolescente, cuando terminé de leer mi primer libro.

Los cds “Ardillita mañanera” traen canciones de Barzin, de Blonde Redhead, de Glasvegas, de Iggy Pop y hasta de Led Zeppelin. Por ahí está “Qué monstruos son” de Lost Acapulco, “Ever fallen in love” con Nouvelle Vague, “Wolf like me” de Tv On the Radio, “Monkey gone to heaven” de you-all-should-know-who y hasta cometí la cursilería de meter “Sonnet” de The Verve, nomás para que ardiera a gusto.

El cd 1 termina con Ramble On y el 2 con The Future, de the-man-Cohen.

Hay dos canciones que repito y repito del Cd 1:

Details of the War, de Clap your Hands Say Yeah

(Bloody sheets
Tenderly she moves me
An opera star
Dying hard for love
You say I’m hurt
I will take your word)

y

Life is long, de David Byrne en colaboración con Brian Eno en ese estupendo álbum del 2008 “Everything that happens will happen today” (es una maravilla, vaya ud a oirlo al sitio oficial, por cierto).

Everybody says that the living is easy
I can barely see ‘cause my head’s in the way
Tigers walk behind me- they are to remind me that
I’m lost- but I’m not afraid

Entonces hoy amanezco y soy una persona que entiende mejor el amor, que entiende que sólo la poesía puede nombrar algunas cosas  y también soy una estrella de ópera que no se da cuenta de que está lastimada.

Sobre todo soy alguien que habla con tigres que le recuerdan que está perdida, perdida pero sin miedo.

...and I’m a wounded bird, I will take your word…

Una pelea

Tengo muchos años peléandome y todavía no lo sé hacer. Esto está mal, porque aunque todo el mundo diga que pelearse es una pérdida de tiempo, a mí me parece tan inevitable que ni siquiera es importante si se pierde o no el tiempo. Hay que aprender a hacerlo correctamente. (Digo, ya está uno aquí).

Enumero aquí algunas cosas que después de tantos años, comienzo a intuir sobre una pelea:

-muchas de las cosas que se dicen se dicen para establecer superioridad. El juego del poder es muy sutil en las relaciones diarias, pero en una pelea se hace clarísimo.

-el tono, los gritos o los silencios son armas para distraer al enemigo y asestarle la frase-espada que no olvidará jamás.

-cuando uno golpea cosas casi siempre sublima un golpe al otro. (Mejor así, que quede claro)
-dejar al otro con la palabra en la boca es uno de los triunfos más viejos pero más efectivos.

-no todo es malo cuando te haces de palabras: a veces, después de la madriza, recuerdas cuántas cosas NO dijiste para no herir al otro. ESO que lograste contener, allí es donde vive el amor.

Qué violencia, chingá.

Bestias

Hablando de mosquitos se me antojó diseñar un bestiario personal.

Harvey Pekar habla de mi segundo animal preferido en el mundo: las ratas.

No es por dármela de punk, en verdad me parecen animales harto inteligentes, enigmáticos, fuertes…Además me caen bien porque no se andan con tarugadas. Si te les pones enfrente y las retas, no importa tu tamaño, te atacan.

Eso es plantarse en la vida.

Tampoco son idiotas. Si pueden corren.

Para mí son reinas por una sola razón: aquél que come basura está destinado a triunfar.

O pregunten por ahí entre sus superiores, a los políticos o a cualquiera que vean estrenando coche. Pregúntenle también a su papi (después de todo, se quedó con la chica) y al escritor al que todos parecen querer.

Por cierto, me muero de ganas de ver Ratatouille. La idea de que uno que nació rata sepa cocinar me parece estupenda.

(Como yo que nací rata y escribo. Out of your league, babe).

De la serie NYC: ser punk

A ver si nos ponemos de acuerdo.
Según lo que logré concluir después semana y media en NY y toda la vida observándolo, el punk nació muerto.

Un movimiento gestado dentro de una tienda de diseño (McLaren) tiende a apegarse a las reglas del mercado y éste siempre supo por dónde iba el bisne.

Mis pobres entrevistados, de forma igualmente patética que tierna, sostenían una amarga sonrisa mientras contestaban mi pregunta.

-Where’s punk rock in NY?
-Punk’s dead as a rats ass.
-But did punk really exist?
-Oh yeah.
-But how? In what form? What was it you called punk and how is it dead?

Bebían y posaban. Cantaban y POSABAN para la cámara de Ilán.

Posaban, como siempre han.. ejem, hemos posado cuando nos ponemos la máscara de punks o de freaks o de geeks o de listos o de cualquier etiquetita en la que quepan nuestras pasiones.

Los deditos en cuerno, la lengua de fuera, la actitud de perdonavidas.

-I suppose you still call yourself a true punk, don’t ya?
-You’re damn right I do. I’m the only one left here. Probably one of the last ones in Manhattan.

Je. Me daban ganas de decirle, ‘ayyy peque’.

Está visto que todos entendemos el punk de forma distinta. Unos, incluyendo a un tal Burroughs, decían que la palabra no significaba nada; si acaso cierto desdén a la autoridad.

(Luego lo nombraron el ‘padre’, o el abuelo del movimiento, así que hubo que apechugar, pero eso decía antes de entender de qué carajos le preguntaban).

El punk se asocia a veces con una actitud, otras con una postura política y otras con el uso de pantalones rotos y pegados a los tobillos.

Metimos PUNK en una cajita y como la cajita se rompió decimos que ya no existe.

¿Pero no era justo esa la idea? ¿Salirnos de una vez por todas de todas las putas cajitas?

Entonces yo entendí mal.

Si trabajo de 8 a 5 no soy punk.

Si blogueo de 9 a 6 no soy punk.

Si me cae medio mal el Sid Vicious por taradito no soy punk.

Si soy vegetariana no soy punk. (Ok, yo como carne, but still).

Si oigo a Celso Piña no soy punk.

Pos yo digo que sí soy. Y al que no le guste que se largue a un blog más flower power.