Sobre el viejo y el nuevo Rock 101

¿Seré yo una buena fuente (con mi memoria de queso gruyere) para analizar el regreso de esta estación de radio?

No.

De hecho no soy buena fuente para casi nada… mis recuerdos están distorsionados, en este caso por el putazo de hormonas que recibió mi cuerpo justo a los 11 años, cuando entré a la secundaria y me corté el pelo como niño; me empecé a poner mousse; me crecieron las tetas y de repente me di cuenta de que mi mamá era mi peor enemiga. Jo jo jo.

Entrábamos a las 7 am a la escuela; mi enemiga mami tenía debilidad por despertarnos de las formas más extrañas. Desde la violencia verbal hasta la música. Ésta última era la que más me gustaba. Le subía el volúmen al único aparato de sonido que existía en la casa, alrededor del que nos juntabamos a ¡oír discos completos! algunas tardes de domingo, aunque por las mañanas la onda era prender el radio. La niña de 11 años empezaba a soñar que estaba “dancing, with tears in her eyes” o que vivía una historia de “tainted love” y así, tarareando “where did our love go?” se quitaba las lagañas y recorría enojadísima el camino a la adolescencia.

El recuerdo de esas canciones durante el día hacía menos pesado que ese güey de prepa, Alberto Victoria, nunca pasaría de ser un letrero hecho con plumones en el cuaderno.

Luego llegaron las voces, los tipos que narraban conciertos insólitos (cualquier concierto era insólito en esta ciudad donde se habían prohibido, ajá, sí, los conciertos, estaban P-r-o-h-i-b-i-d-o-s ¿no es de risa loca?). Llegaron unos tipos que le daban importancia a los nombres de los álbumes, al productor, al compositor, al género. Bueno, con ellos hasta se enteraba uno de que el arte de las portadas tenía un autor y un significado…

Yo sé que para usted que creció cuando ya había internet esto es pecata minuta, pero en ese tiempo, donde las canciones (los éxitos pop) parecían sacados de un sombrero por las pocas estaciones de radio que las tocaban, la acción de documentar la música era un verdadero rompehielo cultural.

(ya ya…no faltará quién me diga que eso no lo hicieron ellos, que sus papases les habían enseñado a hacer eso en sus casas y no sé qué cosa. Pues a mí no. A mí nadie me había dicho que los productos culturales creaban redes profundas y que si las conocía podía disfrutarlas más ).

Si no por otra cosa, eso sí se le reconoce a Rock 101: en tiempo de secas, unos loquitos se pusieron a repartir vasitos de agua.

***

Ahora bien, si esta ciudad no ha podido superar esa época es otro cantar.

Rock 101 sólo puede regresar en este caldo de cultivo defeño, que no olvida, no puede sacar de su conciencia y de su deseo, los malditos años ochenta.(Ahora hay unos chamacos que confunden los ochenta con los noventa, pero hablamos de la misma melancolía pitera).

Luis Gerardo Salas et al son dueños (no sé si legales, pero por derecho propio, faltaba más) de una marca. Y la van a usar: al tiempo que abren su estación de radio por internet también están abriendo un bar “101”, en el merito corazón de la Condesa, para que no quede duda de a qué le tiran. Dirán “aayyy qué manera de querer hincharse de dinero con nostalgias pasadas” y yo me quedo fría y pregunto:

¿De verdad creen que las industrias culturales deben seguir viviendo del aire? ¿O es que los de Rock 101 deberían buscar escuincles que trabajen por cacahuates y pretender que la gente no necesita dinero para vivir? O qué, ¿una bequita del gobierno? ¿Volverse a meter al cuarto de servicio en casa de papá para que alguien financie sus sueños? ¿O cómo?

Me parece extraordinario que los de Rock 101 aparejen su estación de radio gratuita con un side project que les deje dinero. Eso quiere decir que, al menos para algunos, los ochenta quedaron atrás.

Ellos tienen una marca que todavía vende y sería medio idiota no ponerla a trabajar. Dirán que la gente que ahora hace Rock 101 vía internet ronda los 50 años y en mi opinión, esa edad es tan buena como cualquier otra para dirigir una estación de radio.

Súper ochentera es esa imbécil idea mexicana de que los géneros músicales están pegados a una cierta edad. Que uno debe vestirse de cierta forma, que debe acudir o dejar de hacerlo a ciertos centros bares según la edad.

No mamen.

Hace poco recordábamos cómo aquellos chiquillines pendejos que les mordían los talones a los de Rock 101, los ‘Radioactivos’ se quejaban amargamente de que la radio para jóvenes la hacían treintones. Hoy, ese chiquillín que asustaba a todos programando hip-hop en un país cegado por las guitarras se llama Rulo, tiene 38 años y sigue programando una estación de música ‘joven’ (whatever the fuck that means).

Lo que quiero decir es: bajémosle a los golpes de pecho de pureza. (¿Por qué somos tan dados a esto en México? Si alguien tiene una respuesta o una teoría, me encantaría escucharla).

Si en Rock 101 tienen aún algo que decir, algo que aportar y lo vuelven a hacer bien está por verse.

Démosle unos meses y regresemos a medir el experimento.

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Renegando/Mindless good time

Ayer caí sin querer a una fiesta burlesque, organizada en el corazón de la colonia Nativitas. Me resistí a entrar todo lo que pude pues me sentí incómoda cuando vi una tribu de darketos-emos-punks-talla-cero y 18 años, pero (gracias diosito porque mis amigos  no me toman tan en serio como a veces lo hago yo) entramos.

En realidad era una especie de Babilonia-Barrio-Pobre. Me sentí como Tom Cruise en la fiesta de las mujeres encueradas de Eyes Wide Shut, nomás que sobre Calz. La Viga y Eje 6.

Hombres vestidos de mujeres, mujeres de hombres. Grupos con mohawks-retro-punk y otros, los más interesantes, con look rockabilly de los 50. Niñas de 19 en calzoncitos, quitándose las faldas rojas de can-can. Un hombre como de 50 años con chamarra de flecos y botas vaqueras, mirando. Un escuincle vestido de Pachuco y actitud de Zoot Suit. Un güey con un bozal tipo Hannibal Lecter en la puerta se me quedó viendo (casi puedo asegurar que me sonrió).

Todo indicaba que habíamos llegado a un sitio de excepción, al purgatorio o a una película de David Lynch: la luz roja, las lonjitas cheleras de las darketas que se iban encuerando, una tras otra, en la tarima central al ritmo de los Tiger Lilies, mientras alguien mezclaba música y efectos de sonido en una laptop.tetitas

Luego un grupo de rock de la colonia Escuadrón 201, morenos a rabiar y muy malos con los instrumentos, cantando en inglés. ¿Por qué en inglés? No importa, pensé. ¿Qué nomás los güeros pueden?

La fiesta entera un performance; los asistentes disfrazados de sí mismos, la casa abandonada con techos post art-decó, con escalinatas y candiles sucios de imitación; la sordidez caminando por ahí con su guadaña, lista para rebanar cabezas.

Fue la sordidez quien me mostró, ya cuando nos íbamos, una darketa casi de guardería, no tendría más de 15 años, a quien no pude evitar pedirle me dejara tomar una foto.

Estaba allí, recargada en un muro de dos colores y le pegaba una extraña luz en la corbatita tornasol que traía alrededor del cuello.

Cuando me respondió la oí gangosa, de un terrible y mal operado labio leporino o paladar hendido o god knows, con una nariz aguileña y enorme que sólo la hacían más interesante, (más un personaje y menos una niña que seguramente sufre burlas cada minuto del día).

Le pregunté cómo se llamaba. “No me vas a entender”, me contestó. Broma macabra de sus padres que le pusieron un nombre con una ’eme’ y una ‘ene’ demasiado cerca. Samanta, “saaammmnamnmnmnttta” en labio leporino mal operado.

Posó para la foto, con todo y su impedimento para hablar. Quise decirle que era sexy y que esa noche se veía hermosa. Quizás no lo supiera, quizás nunca lo va a saber, pero de verdad se veía hermosa.

Salí de allí con el corazón arrugado pero feliz de que haya lugares donde hay tantos disfrazados que la gente se entrena a ver más allá del disfraz.

Aquí algunas fotos, aunque de ninguna forma  hacen justicia a la noche de ayer:

nina-b

La niña bonita.

nino-rocka

El niño rockabilleando/vaquero-de-leningrado.

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La Punka.

El doce es sagrado

Ayer hubo guerra de luces en las barrancas.

La perra se movía nerviosa y me arañaba con la pata preguntando ¿a qué horas caen las bombas por acá en la casa? También repetía con los ojillos de pastor alemán aguzado: ¿y si nos vamos de aquí, a un lugar más seguro? Vamos, anda, tú, yo y los gatos, metámonos en un búnker para que no nos pase nada.

Intentaba decirle que sólo eran los festejos a la virgen, que estábamos a salvo. ¿La virgen?, preguntó.

Le dije que tenía mucho sueño como para explicarle el significado de ‘ser guadalupano’ en este país, pero insistió; no dejaba de revolcarse enseñándome la pancita peluda, andale, dime que esto no es una guerra (mi perra es un ser muy influenciado por las películas de la Segunda Guerra Mundial, nada más oye tronar algo y piensa en tanquetas), estoy nerviosa, cuéntame una historia para poder dormir.

Le platiqué de cómo, desde mi punto de vista, La Vírgen era una extensión edípica que le quedaba perfecta a esta cultura donde las madres son omnipresentes y todopoderosas, y que por eso el festejo a La Guadalupana era uno de los más vistosos. “Prenden luces artificiales hasta morir, gastan miles y miles de pesos en ello, como si la virgen pudiera medir su fervor en las partículas efímeras prendidas de pólvora en el cielo”. También hay que decir que se trata del único festejo que no implica comer, regalar o emborracharse. Es quizás un festejo más espiritual…es que la madre es la madre, ¿me entiendes?

Ah, pero esos son los católicos nomás, dijo mi perra.

No no. Quizás no me expliqué bien. Guadalupanos somos todos. Por más ateo y revolucionario que lo hayan enseñado a ser a uno. Según mi experiencia se puede ser sacrílego con todo lo demás; hacer chistes de cómo se le caía el chamoy entre las manos a Cristo en la cruz, pero a ver, búscame un chiste de la virgen que no te censuren con los ojos todos los oyentes.  Es como el príismo: algunos ni siquiera nos damos cuenta de que lo traemos en la sangre, pero seguimos actuando como si no hubiera mañana o mejor dicho, como si la idea del ‘mañana’ no fuera finita.

“Uy no”, me dijeron en la herrería “es día de La Guadalupana, no le podemos recibir ningún trabajo…ora hasta el lunes”.

Guadalupanos y priístas. ¿Ves, Lola, qué tremenda combinación?

Contenerse

Un día Benjamín me dijo que Björk le caía mal. Sus razones eran extrañas. Me dijo “es talentosísima, pero no se sabe contener. Vomita talento y eso no me gusta.”

Benjamín es un artista plástico con un gusto casi japonés y está bien.

La contensión es importante (sobre todo cuando mero se te queman las habas) porque hace que la luz se vuelva un rayo dirigido en lugar de una lamparita fofa, pero cuando uno escribe la novela que yo estoy escribiendo, contenerse es absolutamente imposible.

No sé si es la novela que se derrama en otras partes de mi vida o al revés. Sólo a veces, mientras escribo tengo ganas de gritar.

For today I am a boy

Anthony (el de los Johnsons) piensa lo mismo que yo; a veces uno tiene cosas que hacer de hombre y a veces de mujer.

El otro día me soñé como hombre, protegiendo a una mujer (que era yo misma, of course). La abrazaba, como me abrazaba mi papá y le decía que todo iba a estar bien.

Luego pensé que proteger en femenino es diferente que en masculino. En mi experiencia lo femenino odia y araña y grita para proteger. Lo masculino aguanta vara y embiste sólo cuando está dispuesto a que lo maten.

No sé qué me da que me obsesiona ese hombre en mí.

Ayer oía a los Emos en el Canal Once. Le decían al entrevistador, un tal Ricardo Raphael (del que jamás había escuchado una palabra, pero que se parece sospechosamente a Héctor de Mauleón) que había otras formas de sentirse hombre. “A lo mejor a nosotros nos gusta sentir, antes que otra cosa”, dijo el Sugu (¿qué no era el Sugus?). “Nos gusta sentir como sólo se les permite sentir a las mujeres y eso no tiene nada que ver con nuestra preferencia sexual”. Tómela.

Yépez dice que los Emos nacieron sin agenda política y a pesar de mi profunda admiración a Yépez permítome diSENTIR: creo que tienen una que nunca se revisó en el pasado: ¿qué es ser hombre/mujer? ¿cómo vamos a vivir ahora lo femenino/masculino? Porque ya nos desclosetamos de con quién cogemos –ser gay ya no es un crimen tan grande– ahora queremos desclosetarnos de nuestras propias imposiciones: yo soy niño, tú eres niña y se acabó.

Pos nel. Ahí no se acaba nunca.

Ahí en medio del deseo y la eterna pregunta de quién chingados soy, ahí está la pregunta que nos hacen los Emos. (No UN emo, sino todos juntos. Entre todos saben todo).

Por eso mi nuevo motto es: ¿semos o no semos emos? (gracias Andrei).

One day I’ll grow up and be a beautiful woman…
One day I’ll grow up and be a beautiful girl…
For today I am a child
For today I am a boy

One day I’ll grow up and feel the power in me…
For today I am a child
For today I am a boy