vs. la crisis: Conrad

Es raro que ninguno de mis reportajes para revistas culturales me haya llevado a tantas referencias literarias como el que estoy realizando ahora para una revista de negocios. El tema es cabrón: si uno tiene 40, 45 o más, ¿cómo madres le hago para que estos hijosdesu”y”generation no se queden con mi puesto cobrando la mitad?

Es decir: crisis económica mundial  + crisis de la mitad de la vida = sociedad semi-suicida, deprimida, aunque en último de los casos también una sociedad que deviene en un salto creativo. (Siempre y cuando la sociedad en cuestión muestre un poco de huevos, digo yo).

De acuerdo con un artículo al que hace referencia la fundación psicoanalítica Travesía, el inglés de origen polaco Joseph Conrad habló como nadie de la crisis de la mitad de la vida.

Marino profesional, Joseph Conrad publicó su primera novela a los 37 años.

“La creatividad de Conrad fue movilizada por la severa crisis en su madurez. Creando habría elaborado su profunda ansiedad depresiva, en su punto crítico por ese entonces. La autora hace referencia a los escritos anteriores a esa primera novela, relacionando creatividad con posición depresiva”.

Aquí un párrafo escrito por Conrad, citado en el mismo artículo que me pareció bellísimo:

“Sólo los jóvenes tienen estos momentos. No digo los muy jóvenes. No, los muy jóvenes no tienen, propiamente hablando, momentos. Es el privilegio de la temprana juventud vivir anticipándose a sus días, en continuidad plena de esperanza, lo que destierra toda pausa y toda introspección… Si, uno sigue andando y el tiempo sigue andando hasta que uno percibe adelante una línea de sombra, aviso de que debe dejar atrás, también, la región de la temprana juventud… Es este el período de la vida en que aquellos momentos de que hablaba pueden venir. ¿Qué momentos? Y bien, son momentos de aburrimiento, de hastío, de insatisfacción; momentos de arrebato. Quiero decir momentos en los que todavía los jóvenes propenden a las acciones arrebatadas, como casarse repentinamente o abandonar un oficio sin razón”.

***

Justo estoy pensando en la atemporalidad del blog, en que esto igual lo pude haber escrito hoy o mañana o en un mes y me entran ganas de decir que amo el olor a lluvia, que después de ese tremendo calor que nos azotó toda la tarde es como si la ciudad nos diera chance de reunirnos para beber o nos instara a platicar bajo las deliciosas gotas que todo lo limpian.

Y justo pienso que esto no podría escribirlo ni mañana ni pasado ni en un mes. Que sólo puedo escribir de ese olor a lluvia prematura este martes a las 6.43 pm.

***

Quiero hablar de lo idiotas que me parecen las campañas políticas, sobre todo esa que promueve la pena de muerte y el pago de medicinas. Pero es que hay tantas cosas buenas, tantos libros, tanta música. Hasta parece un despropósito.

Deténganse

Ora que Banksy ya no está hot:

“One of those magical media transmutations has taken place. Banksy is no longer hot. Only six months ago it was the bane of a critic’s life to be asked to comment on Banksy every couple of days. Now it’s hard to persuade editors to let me mention him. You live by the media, you die by the media”.

Jonathan Jones, The Guardian, 15 abril 2009.

Hace 6 meses sí, ora no. Ay yaaa, por favor, ¿hasta dónde podemos estirar esta manía del mundo por lo nuevo? Nos hemos vuelto y convertimos todo lo que nos rodea en moscas de la fruta, hemos perdido las ganas de tener memoria.

Los blogs son oh-so-very-2004, el facebook oh-so-very-2007 y el boom del Twitter nos llegó (atrasado) en el 2008. Estoy un poco harta de aburrirme de todo tan pronto.

Por ejemplo, acabo de descubrir una banda que me gusta mucho, se llama Tune-Yards y el rarísimo disco se puede bajar acá. Lo que me encabrona es pensar que será una cosa de una tarde, que en tres minutos podría llegar a ser una banda muy famosa, en cuatro decadente y en cinco, sólo cinco minutos los batos tendrán que dedicarse a otra cosa porque ya nadie los pela.

Me preocupa porque al rato la gente va a pensar que así son también los amigos y los estudios y los libros y las enfermedades y las felicidades. Todas estas cosas están hechas de tiempo, no hay fórmulas inmediatas y uno paga muy caro pensar que son mágicas. Y si el siglo XX nos enseñó algo es que nosotros no vamos tan rápido como nuestros inventos.

Un pequeño manifiesto: démosle a lo nuevo un poco más de tiempo.

***

Aparte y ya en terrenos del “self-righteous prick” quiero expresar mi total desacuerdo con este miembro del jurado de premio Turner (el que se da a artistas británicos) que escribe en The Guardian:

…I believe in education. The reason I don’t like street art is that it’s not aesthetic, it’s social. To celebrate it is to celebrate ignorance, aggression, all the things our society excels at. For middle class people to find artistic excitement in something that scares old people on estates is a bit sick.

Que no mame.

Como las olas del mar

Tengo muchas cosas que decir acerca de mis cuatro días en La Habana, pero no encuentro las frases exactas pues aún es una sensación visual o una sensación física, como el paso del tiempo, como se sienten las olas frías en el calzón cuando entras primero al mar y luego el cuerpo se va acostumbrando y todo se entibia y ya no tienes ganas de salirte nunca más aunque te vuelvas viejito.

Solo puedo decir que todos escritores deberían conocer La Habana. No conozco ningún otro lugar donde sea tan evidente que la vida (vestirse, cojer, bailar, comer, hacerse pendejo en una plaza pública, esas cosas) tiene una membrana viscosa hecha de minutos que queremos romper siempre pero de la que no podemos salir porque somos muy chiquitos.

No sé hablar de La Habana, estoy conmovida, enojada, feliz, llena de ritmo, llena de miedo. Lo único que puedo dejarles son fotos. Fotitos. My own private point of view.

dsc00956

La Habana Vieja (el centro) tiene partes donde, si no supiéramos historia, podríamos pensar que ha caído una bomba o  están en guerra. Y están… la baja intensidad no le quita lo guerra.

En este edificio viven ratas y personas que sacan cables hasta el alumbrado público y saltan entre vigas húmedas para llegar a los cuartos de atrás.

Pensaba en el perrito de la RCA Victor…ese perrito bien podría ser mascota y símbolo de La Habana Vieja,  sería el mismo perrito blanco pero tan sarnoso que ahora es casi rosado, viejo, a punto de morir de desesperación por rascarse, pero que le sigue haciendo fiestas a los ritmos afroamericanos que salen por el cuerno del fonógrafo.

dsc00990

La diversidad racial es extraordinaria y la gente es tan guapa que duele (como se puede apreciar, son hermosos desde chiquititos). Según me cuentan el racismo es casi inexistente según me contó una chava blanquísima, protoperiodista, pues dice “nosotros sabemos que lo bello nos viene de los negros, sabemos que la música y el baile son de ellos y los cubanos somos eso, música y cuerpo, no podríamos vivir ya sin esta mezcla”. Por desgracia no tuve tiempo de preguntarle lo mismo a un negro.

Lo cierto es que los cubanos (con los que hablé, pues) son super articulados. Se les nota la educación, las lecturas, oyes a gente normalita, sin doctorado ni nada dominar el pensamiento abstracto. Añora uno cosas de esas en la educación mexicana. Sigh.

dsc01195

Un obrero con su ejemplar del “Granma”, periódico oficial y plenipotenciario donde me cuentan, el cabrón del Fidel se dedica últimamente a chochear. No se cumplen 83 años sin consecuencias, creo: “Compañeros cubanos: hoy quiero hablarles del juego de pelota, ¿se acuerdan que yo predije que los japoneses ganarían? ¡Pues ya ven! “. Y se arranca, totalmente chocho a discutir sobre por qué se los echaron al plato en el beis.

Mientras tanto, la obra de teatro de todos los pueblos, la de los ricos y los pobres y los que tuvieron suerte y los que no, se lleva a cabo por las calles (porque claro-que-agüevo-que hay clases sociales y toda clase de privilegios en Cuba).

Y aquí la onda: sí, hay ricos y pobres, clase media y eso, pero la desesperación por tener, por ser, por pertenecer, por dominar, por chingar, por ser recordado como “el mejor”, por prevalecer, por sobresalir, (esa de la clase media mexicana), esa no la vi. No sé, quizás no busqué bien.

dsc01091

Pensaba yo que en Cuba un diseñador gráfico se muere de hambre. La total falta de anuncios por las calles es rarísima (exceptuando estos de propaganda política y el aún presente y cabroncísimo “Patria o Muerte”).

Más raro para mí que vivo en esta ciudad gritona. Una ciudad que GRITA “coca-cola-pantene-galletas-pingüinos-compre-casa-no-mame-hágase-la-mamografía”.

La falta de publicidad da una paz casi desquiciante, pero sin duda podría volverme a acostumbrarme a ella… como cuando éramos niños que los anuncios en las calles sólo murmuraban ¿se acuerdan?

dsc01060

Uf, los coches. La revancha más grande hacia el coleccionismo, hacia lo exclusivo, lo in, lo particular, lo mío que no es de nadie, es que un Cadillac ’59 en Cuba es nomás un taxi para cubanos.

No dejan subir a los turistas, so pena de que les quiten el auto, así que nos la pelamos.

Pero son unas bestias hermosísimas.

Como dinosaurios corriendo por las calles.

***

Un dios muy viejo duerme allí en La Habana.

Grimoire

La hermosísima palabra grimoire (grimorio en español) designa un libro de magia, el recipiente de los secretos más preciados del hechicero.

Existen, no los invento. Un rápido y somero wikichapuzón puede hablarles de San Cipriano, que era todo un coleccionista de estas ondas egipcias y del enorme Aleister Crowley, escritor británico loquísimo que además fue master ocultista, satanista y hasta yogi del siglo XIX. (Además, creo, tenía un nombre estupendo).

La cosa es que Alan Moore, una especie de Crowley moderno, lleva años de investigación sobre misticismo, buscando desde los orígenes pitagóricos de la Cábala hasta la verdadera historia del Dr. Faustus. El autor de Watchmen está a punto de convertirlo en un comprehensive grimoire, que espera tener listo en dos años. Moore being Moore, quiere que el libro sea, además, divertido:

We want this thing to have a lot of really fun inserts, fun features. Something that would delight a child. We want to make this not only a perfectly lucid and accurate book about magic, but we really want to make it a book about magic that would not disappoint an 8-year-old child if they came across it.

Back when I was a child and I first heard about magic, then I kind of knew instinctively what a book of magic would be. It would be unimaginably wonderful. It would have fantastic things in it. It would be much better than the children’s comics annuals I got at Christmas, and they were pretty wonderful.

El hecho de que Moore vea el paralelismo entre recibir esos comics para navidad y un libro de magia es absolutamente entrañable.

Estoy segura de que si a más gente le enseñaran el placer de leer cómics, este sería un mundo donde la magia iría caminando por las calles como si nada.

La entrevista completa con Moore está acá. Está buenísima, por cierto.

***

rorschach

Claro que vimos Watchmen en Imax (acompañantes de lujo, por cierto) y claro que me divertí y amé el momento y me emborraché un poco a la salud de una película que, sin embargo, sigo pensando que no tenía ningún sentido de ser realizada. Dinero mal gastado, que como dice el propio Moore, serviría más en un rescate a víctimas de algún desastre natural.

Zack Snyder, pobre fan deshuevado, respetó tanto que se diluyó en un megamultimillonario tributo a Moore. Un Moore que no necesita ni quiere ni entiende por qué diablos alguien querría hacerle un tributo así, quitándole la oportunidad a tanta gente de interesarse y leer la novela. Ok, ahora todo el mundo sabe de qué se trata Watchmen, en qué acaba y cómo se ve…¿y? Después de verla nadie va a sentirse ni más subversivo ni más disgustado con nada. Puro empacho palomero y a casa a querer comprar más.

Parece mentira que haciendo un filme político (por que eso es Watchmen, aunque al director se le escape) Snyder no se preguntó por qué madres era relevante hoy. No tiene ni un sólo comentario, ni un solo ensayo sobre lo que pasa ahora…me atrevo a decir que a quienes nacieron después del 90 (quienes ya tienen casi 20 años, god I’m old) van a salir pensando que en los 80 teníamos un gusto malísimo para la ropa y nada más.

Perdió la oportunidad Snyder de enfurecer a los fans (me hubiera encantado salir furiosa del cine), perdió la oportunidad de volverse autor y se quedó en maquilador de páneles directamente sacados de los dibujos de Gibbons. Las mejores líneas de la película por cierto, también son de Moore.

Fue lindo recordar algunas:

Night Owl (tratando de evitar un muerto más): What’s happened to America? What’s happened to the American dream?


The Comedian (después de disparar a un civil): It came true. You’re lookin’ at it!

Y ésta, que hizo particular mella en mi cansada memoria amorosa:

Rorschach: Used to come here often, back when we were partners.

Dan Dreiberg/Night Owl: Oh. Uh, yeah… yeah, those were great times, Rorschach. Great times. Whatever happened to them?


Rorschach: You quit.

***

Eso sí, la veré tres o cuatro veces más: porque para mí es relevante, porque quiero volver a llorar la (spoiler…) muerte de Rorschach, porque no mamen, ¡dónde encontraron ese actor! Es más Rorschach que Rorschach himself, porque The Comedian está increíblemente quesito (se parece a Robert Downey pero en mamado), porque la cogida es hiper ochentera y extrañaba esa estética de 9 1/2 semanas cursi-caliente, porque nomás en la secuencia inicial Snyder, tan estupendamente pop él, hace un video extraordinario á la MTV-1986, porque el cabrón  la hizo para complacernos y, masturbatoriamente, tristemente, lo logró.

This time tomorrow, where will we be

Por eso digo que uno debería enmarcar sus planes y dejarlos de recuerdo en la sala. Si acaso sirven para adornar, nada más.

Ayer un par de hospitales y como 10 horas de pensar que a uno se le va la vida esperando. Esperé a Godot ayer, pero nunca llegó. (Tiene esa manía el cabrón). Entonces, como un Beckettsito aprendiz de la vida, a mí también (como supongo ya les pasó, pues casi todos son más listos que yo) me cayó el veinte de que la vida ES la espera.

Casi hay que darle gracias a quien te deja esperando. Propongo que las salas de espera se conviertan en altares paganos, donde todos demos vueltas con el celular en la mano, incapaces de provocar el abrazo del médico o al abrazo telefónico que necesitas. Mientras esperas, la vida no se te va, se te queda.

Los hermanos Davies, dueños de un grupo sesentero (Los Kinks) lo dijeron mejor que yo y lo dijeron antes de que yo naciera.

Amo esta canción, me hace sentir acompañada. Un poco triste, pero mucho menos sola.

This time tomorrow where will we be
On a spaceship somewhere sailing across an empty sea
This time tomorrow what will we know
Well we still be here watching an in-flight movie show
Ill leave the sun behind me and watch the clouds as they sadly pass me by
Seven miles below me I can see the world and it aint so big at all

Memoria olímpica

¿Te acuerdas qué grande se veía Jimmy Hendrix cuando ibas en la secundaria?

Y luego va uno y cumple la edad en la que Hendrix murió (27) y la sobrepasa por varios años y sigue sin sentirse ni tan sexy ni tan barbón ni tan capaz ni tan grande como Jimmy Hendrix.

Y luego me acuerdo que sólo pienso en la edad de Hendrix cuando siento el paso del tiempo arrastrándoseme por las piernas y también pienso que las Olimpiadas son buenas para llevarte al pasado… ¿qué estabas haciendo en Sydney 2000? ¿Y en Atenas 2004?

¿Con quién compartías la cama? ¿A quién ibas a ver esa tarde, después de ver los clavados femeniles?

O, mejor aún ¿por culpa de quién no viste ni una sola competencia y las olimpiadas se te pasaron en blanco?

Estaría bien llevar un diario olímpico: el año en que Michael Phelps, el del wingspan de 2.10 rompió todos los récords y ganó ocho medallas de oro; el año en que el de Jamaica, el mamililla del Bolt, rompió la barrera de los 9.70 en los 100 metros planos, ese año estuve contigo.

“I never expected…”

Gaiman y yo… diablos qué bien se siente decir eso, ejem… últimamente Gaiman y yo andamos vibrando algunos temas de forma simultánea. Aquí un extracto interesante de por qué este magnífico escritor sigue apoyando al Comic Book Legal Defense Fund (CBLDF), una organización dedicada a preservar la libertad de expresión en los cómics:

When people ask me about why I support the CBLDF and what it’s for, I talk about the First Amendment, and the countries that don’t have it — places where, as you’ll learn in in this Wall Street Journal article, you can be arrested for drawing cartoons…

On a sunny May morning, six plainclothes police officers, two uniformed policemen and a trio of functionaries from the state prosecutor’s office closed in on a small apartment in Amsterdam. Their quarry: a skinny Dutch cartoonist with a rude sense of humor. Informed that he was suspected of sketching offensive drawings of Muslims and other minorities, the Dutchman surrendered without a struggle.

“I never expected the Spanish Inquisition,” recalls the cartoonist, who goes by the nom de plume Gregorius Nekschot, quoting the British comedy team Monty Python. A fan of ribald gags, he’s a caustic foe of religion, particularly Islam. The Quran, crucifixion, sexual organs and goats are among his favorite motifs.

Mr. Nekschot, whose cartoons had appeared mainly on his own Web site, spent the night in a jail cell. Police grabbed his computer, a hard drive and sketch pads. He’s been summoned for further questioning later this month by prosecutors. He hasn’t been charged with a crime, but the prosecutor’s office says he’s been under investigation for three years on suspicion that he violated a Dutch law that forbids discrimination on the basis of race, religion or sexual orientation.

If you’re offended by something, you talk about it. You make your own cartoons. You out-argue your opponents. You don’t stop them talking, or cartooning. That’s wrong. Because if you can do that to them, someone else can do that to you.

It’s why supporting freedom of speech so often involves defending the indefensible, and is, often uncomfortably, the right thing to do.

De regreso

De regreso.

Ujúu.

Extrañaba mi cama, tus brazos y la nariz húmeda de mi gata.

***

Vivir de viaje es muy cansado. En lugar de ojos cargas pequeños obturadores con la obligación de cerrarse y guardar todo lo visto. Pequeñas fotografías de esto y de aquello, todas listas para mostrarse a quien quiera escuchar.

Lo malo es que, después de un rato, casi nadie quiere escuchar. Es como contar un sueño del que despertaste sudando: ves cómo el otro se aburre del cuarto oscuro que tanto te impactó; cómo esa vaca que iba a arrollarte en una sala de espera más bien suena cómica, cuando para tí fue como si te arrancaran una pierna.

El tiempo transcurre, discurre de tantas formas en un viaje.

Allá pensaste que lo realmente quieres hacer de tu vida es ser carpintero, que el trabajo manual dignifica, que la vida en tu colonia pasa muy rápido y estás harto de senitr como que se te va. Piensas, mientras vas en la carretera o en el avión y te sirven yet another preposterous airplane sandwich, que ser carpintero te va a regresar un sentido de utilidad, de comunión con el entorno…

Corte a: toma general de tu oficina, de tu casa, de tu novio, de tus gatos. Close up de los ojos de tu gato tomando el sol. Toma en picado de tu cama desocupada.

Jump cuts a todos tus conocidos. Desayunan con prisa una quesadilla, viven una o dos horas de tráfico, van al cine, se masturban, se mandan mensajitos de texto. La aplastante normalidad.

Para ti todo es nuevo, así que tienes la obligación de asombrarte en cada punto. No tienes derecho a ponerte de malas. No hay tiempo de recluirse. Te mata la culpa si prendes el televisor o te seduce una novela. Allá afuera, se yergue, yo qué sé, la Sagrada Familia, el Mar Mediterráneo, el Museo Pompidou.

Quedarte en tu cuarto es poco menos que una falta capital.

Hay tanto que ver.

Tantas fotos mentales que sacar.

Y tantas fotos te hacen otra persona.

Es cansado viajar. Uno regresa, al menos los primeros días, convertido en ‘el otro’, ese que un día quiso ser carpintero.